Por Violeta Roble, SoB 438, 7/9/17

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Cannabis en Uruguay

Más allá de las contradicciones de ley de legalización del consumo, autocultivo y comercialización de marihuana en Uruguay; la cotidianeidad en la sociedad uruguaya en torno al consumo cannábico cambió de forma sustancial. Fumar dejó de ser un peligro para la juventud y el cultivo para el autoconsumo está legalizado. Lo que parecía un avance democrático en boga se ve hoy amenazado directamente por la intervención yanqui.

El 16 de agosto el Banco de la República Oriental del Uruguay informó que tendrá que rever las condiciones de sus negocios con las farmacias uruguayas que vendan marihuana. El problema surge a partir de que varios bancos estadounidenses entre ellos el Bank of America han advertido al Estado uruguayo que deberán retirar el financiamiento a todo cliente que comercie con marihuana o estarán en incumplimiento de la Ley Patriótica de los Estados Unidos. El argumento es que, al tratarse de la comercialización de un producto ilegal para las normativas yanquis, verse involucrado en el comercio del mismo aislaría financieramente al banco. Es decir que para poder mantener su negocio los farmacéuticos están obligados a dejar de vender marihuana o desbancarizarse por completo. El problema de la desbancarización, más allá de las trabas económicas que implica no contar con crédito, es que la legislación laboral uruguaya vigente obliga a pagar los sueldos de los empleados a través una cuenta bancaria. Es decir que mediante disposiciones y políticas económico-financieras los capitales internacionales están logrando pasar por encima del propio parlamento nacional uruguayo. Se trata nada más y nada menos que de una férrea protección de las industrias que sí le resultan redituables al capital -el narcotráfico y la industria farmacéutica-, ignorando cualquier proclama de soberanía.

El 19 de julio de este año fue el lanzamiento de la venta en farmacias uruguayas, se sumaron otros bancos, de tipo privado, como Santander y Scotiabank, a la arremetida contra la comercialización de la marihuana. La estrategia de desbancarizar el comercio apunta a devolver la venta de marihuana al espectro que los negocios ilegales, los que se dan de espalda al Estado, pero sobre todo de espaldas al pueblo trabajador. Hay que tener en cuenta que José Mujica por mucho que quiera pintarse de progresista zurdo no es ningún antisistema e incluso en su propia defensa de la actual legislación sobre la marihuana hizo hincapié en la necesidad de robarle una porción del mercado al narcotráfico, la discusión siempre fue sobre las ganancias que se llevan ellos. La discusión es entre los grandes productores y el Estado, disputa también visible en la ecléctica y contradictoria legislación yanqui que mientras en estados como California el cultivo y comercialización de marihuana están completamente legalizados -y bancarizados- a nivel federal sigue siendo ilegal, considerado en el mismo rango de estupefacientes que el LSD. La dirección yanqui siempre marcó la tónica en nuestro continente en torno a este debate, el cual se encuentra en otro estadio en el resto del mundo. El eclecticismo genera estos vaivenes en la legislación local y representan un peligro real para aquellos cultivadores que se encuentran por fuera de la protección legal.

No va de suyo recordar que hace menos de dos meses en la provincia de Córdoba se empezó un proceso judicial contra un reconocido activista cannábico y productor de aceite, Daniel Landgreen, que implicó el allanamiento de su domicilio y diversas detenciones. Indigna pensar en los recursos del Estado gastados en perseguir y encarcelar a esta persona mientras todos los días se mueren en las villas pibes en las manos del paco y ante la mirada inerte de todas las instituciones. Los pibes son descartables pero el negocio debe ser defendido con uñas y dientes, esa es la lógica capitalista. En este marco, la única salida inmediata para la juventud es la legalización del autocultivo.

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