Por Roberto Sáenz, Cierre de la Segunda Jornada del Pensamiento Socialista, 1/12/17

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Cierre de la Segunda Jornada del Pensamiento Socialista

La ardua tarea de la defensa crítica del bolchevismo

“Decir lo que es”1

Roberto Sáenz

Bueno, hay muchísimas cuestiones y es complejo dedicarse a todas, me voy a dedicar a algunas. Primero, por la pregunta de P. sobre las dificultades para que se repita un escenario como el de la Revolución Rusa. Hay dificultades. En el caso de la Revolución Rusa había otro tipo de mediaciones, no existía el reformismo y la burocracia sindical, ni las corrientes reformistas con el peso orgánico inmenso que tienen hoy. Tampoco existía el imperio universal de la democracia burguesa. Menciono estos temas no para dedicarme a ellos sino para mostrar que hay matices, hay diferencias, hay problemas a pensar y, al mismo tiempo, hay enseñanzas universales.

Una revolución sin igual

No se trata de una apropiación doctrinaria de la experiencia revolucionaria, hay un problema de tiempos compañeros: la temporalidad de la revolución rusa fue impresionante. En ocho meses de la Revolución Rusa, que fue la revolución que se radicalizó más rápido en la historia de la experiencia humana, el conjunto de experiencias que se realizaron fue impresionante.

La Revolución Francesa también se radicalizó, pero llevó varios años: entre la toma de la Bastilla en 1789 y el apogeo revolucionario de los jacobinos, con sus límites, en 1793-1794, pasaron cinco años. En la Revolución Rusa la radicalización del proceso histórico se da en solo ocho meses. Lenin en enero de 1917, en Suiza, estaba dando una charla en un círculo socialista y afirmaba que su generación quizás “no iba a ver la revolución” y en enero de 1918 ya hacía varias semanas que era el presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo…

Hay especificidades de la Revolución Rusa, evidentes. Pero también hay enseñanzas universales: la forja de otra forma de militar que efectivamente hace a nuestro quehacer militante cotidiano y que tiene que ver con el sujeto. Nuestro quehacer militante cotidiano es un embrete al desarrollo de la conciencia de la clase trabajadora, en un sentido amplio: es un sujeto social y político muy distinto de la idea militarizada, guerrillera de la revolución, donde no hay ninguna apelación al protagonismo histórico de los trabajadores2.

Hay una práctica política que viene del bolchevismo, a pesar de todas sus dificultades, que tiene que ver con una interpelación de la clase trabajadora, en un sentido amplio, a que sea sujeto de su propia revolución. Eso es el bolchevismo: cuenta con el progreso en la conciencia de los trabajadores que hacen su revolución.

Este tema es muy importante y no se entiende ni siquiera dentro del trotskismo, que está plagado de sustituismo en el sentido negativo de la palabra. Esa práctica, esa forja que Lenin le incorpora al tema del partido: la apuesta a la elevación política de la clase obrera por encima del sindicalismo, del “tradeunionismo” como lo llamaba él. Se forjó una nueva tradición que después se alimenta con el balance del siglo XX, que es otro problema porque no hay balance.

El balance antibolchevique

Me meto entonces rápido en la pregunta de R. ¿Cómo es el “balance antibolchevique”? Este balance es evaluar el gobierno de Lenin y Trotsky por fuera de las circunstancias concretas de la revolución y la contrarrevolución, de la guerra civil que obligó a tomar decisiones muy difíciles, porque no fueron las mismas condiciones que cuando el ascenso de la revolución: lo que significaba cuando el proceso iba hacia arriba (con la participación consciente de los trabajadores en 1917) respecto del escenario de la guerra civil.

La guerra civil es un lío bárbaro porque se militariza el enfrentamiento3; vos no podés enfrentar a un ejército sin un ejército: se centraliza, se “burocratiza”, tiene dificultades el desarrollo político y democrático de la revolución. Los bolcheviques tuvieron un conjunto de interrogantes (de verdaderas aporías4) que hacen a nuestro aprendizaje sobre la estratega política, sobre la acción, que debe ser crítico pero no descontextualizado; los bolcheviques se vieron obligados a improvisar sobre la marcha; de su experiencia debemos aprender para improvisar eventualmente menos.

Los bolcheviques fusilaron, compañeros. Si los Blancos toman rehenes y vos no tomas rehenes, la población indefinida, centrista, vé que tenés miedo y se va con la contrarrevolución. Son cuestiones planteadas objetivamente y sumamente complejas. Aun así, también están los errores, las cegueras de los bolcheviques: es evidente que hubo errores varios. Uno muy claro en 1921. Lenin, para forzar la unidad del partido, mecánicamente, planteó la prohibición de fracciones y tendencias… ¡Gravísimo error!

Es largo de contar. Pero no había realmente otra institución democrática en la vida de la revolución en ese momento (¡un momento sumamente difícil a la salida de la guerra civil!), que el partido bolchevique. En el décimo Congreso había ocho tendencias y todas desaparecieron. Lenin había declarado la medida como una “cláusula provisoria” (¡aunque esto no se explicitó así!), y después el propio Trotsky dirá que esa fue la justificación jurídica del estalinismo. Ya en 1923 Stalin saca el capítulo 7 de una resolución secreta que contenía dicha prohibición y les dice a los integrantes “Plataforma de los 46” (la primera plataforma anti-estalinista): “ojo que esa es una fracción y están prohibidas las fracciones”…

Este fue uno de los más graves errores del bolchevismo en el poder, aunque hubo muchos otros (ver las notas “Elementos para un balance del gobierno bolchevique”). Es complejo el punto. Lo dijo Bonavena muy bien: el atraso ruso se tomó revancha también, obvio. Es como cuando Engels dijo: “ojo con pegarle a la naturaleza porque la naturaleza es más objetiva que nosotros, que la humanidad, nos devuelve centuplicado el golpe”. Al bolchevismo le pasó algo parecido: el primer movimiento fue a la ofensiva con la revolución, pero después vino todo el atraso, todas las dificultades, etc. Requiere un balance honesto, crítico, a fondo; no la superficialidad autonomista que anda por ahí (superficialidad a la que se refería Camarero cuando hablaba del clima dominante en el trotskismo francés a propósito del balance de la revolución).

Trotsky en su charla de 1932 en Copenhague (“¿Qué fue la Revolución Rusa?”) afirma que una característica central de los revolucionarios es la honestidad: decir lo que es. Esta es también una pelea con el resto de las corrientes que en su doctrinarismo les cuesta mucho decir lo que es: hacer balance. Decir lo que es no es fácil compañeros, somos pigmeos, parece pedante que pensemos que podemos realizar críticas al bolchevismo. ¡Que entre Lenin por la puerta para salvarnos!

Porque, al mismo tiempo, decir lo que es desde nuestra estatura enana es muy difícil cuando vos llegaste con una experiencia a una cumbre más alta, universal. Decir lo que es no es sencillo: es un ejercicio de muchísima responsabilidad y seriedad, que lo hacemos desde el terreno de la defensa crítica del bolchevismo. A partir de ahí, humildemente, decimos cosas, tratamos de pasar elementos de balance.

Clase y partido  

Para terminar les señalo que leí un estudio reciente que dice que en África, de acá al 2050, ¡van a haber 700 millones de asalariados!, compañeros. Escucharon bien: ¡África va a tener una de las clases obreras más grandes del mundo en pocas décadas!

Ese es el debate con Claudio: la revolución es un evento donde interactúan y se enfrentan sujetos sociales y políticos; en el terreno creado por las condiciones históricas, por la lucha geopolítica, por la economía, actúan los sujetos sociales y políticos. ¿Cómo se define una estrategia transformadora sin una comprensión dialéctica de los sujetos en lucha? Nosotros tenemos una apuesta categórica en ese sentido: desde la clase obrera en un sentido amplio hacia la juventud, hacia el movimiento de mujeres, hacia el tema ecológico, etc.

Hay miles de razones. Pero hay un tema que tiene que ver con que la clase obrera tiene una tradición que no es teórica, que no la inventó Marx, sino que viene de su propia experiencia, que es la decisión colectiva. El compañero solo, individualmente, se siente poco y nada. Pero el compañero en la asamblea siente la fuerza del colectivo y tiene el quehacer de la lucha que no es algo inventado por los marxistas revolucionarios.

Es el quehacer de agruparse, de discutir en la asamblea, votar todos juntos: ahí el compañero se siente fuerte. Esa forja no es la misma del campesinado; porque el campesinado tiende a ser individualista por sus propias características; este es un debate histórico y estratégico. Por eso en el caso de los procesos anticapitalistas de posguerra, la clase obrera no pudo entrar inhibiéndose la dinámica socialista de los mismos.

El campesinado es más pasible de conducciones bonapartistas (desde arriba) que la clase obrera; que tiene elementos que son objetivos, no los inventamos los marxistas, tiene que ver con la propia lógica de agregación (Marx hablaba del campesinado como una “bolsa de papas” donde lo común era que todas eran papas, pero que no había más elementos de agregación que ese).

¡Ojo que la clase obrera es más grande que nunca! ¡Pregúntenle a la FOXCOM, que tiene cien mil trabajadoras juntas (son mayoría mujeres)! El sujeto es fundamental, no es una abstracción: hace a la definición de la política, la estrategia, del partido, que es o constituye el sujeto político por excelencia.

 

Notas

[1] Se trata de una afirmación de Trotsky sobre la honestidad que debía tener siempre el marxismo revolucionario, el bolchevismo: decir lo que es por más amargo que sea.

2 De un sujeto social deriva un sujeto político muy distinto: el partido revolucionario como máxima expresión de la subjetividad del sector más avanzado de la clase obrera y todas las enseñanzas de Lenin al respecto, absolutamente vigentes hoy. Volveremos sobre esto enseguida.

3 Pablo Bonavena se refirió varias veces en su intervención al “uso instrumental de la violencia en la revolución”. En cualquier caso habría que clarificar que con ser inevitable el uso de la violencia, más que “instrumental” debe ser siempre un medio para un fin: la emancipación del proletariado, el triunfo de la revolución en tanto que revolución socialista.

4 Paradoja y dificultad lógica insuperable.

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