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Por Víctor Artavia

En los últimos años atravesamos un giro a la derecha en la situación mundial, caracterizado por ataques de los gobiernos y los sectores conservadores contra los derechos de la clase trabajadora, las mujeres y la juventud. Pero esta ofensiva de los de arriba provoca una respuesta desde abajo, con luchas muy progresivas donde las nuevas generaciones (obreras, estudiantiles y de mujeres) realizan sus primeras experiencias de organización y politización.

En este contexto, segmentos de la juventud comienzan a reivindicarse como “socialistas”. De acuerdo a un artículo publicado por The Economist (publicación bicentenaria de la burguesía británica), “alrededor del 51% de los estadounidenses de entre 18 y 29 años tienen una visión positiva del socialismo”[1].

La combinación de este ascenso en las luchas de resistencia y una creciente afinidad de la juventud hacia el socialismo (aunque por ahora de forma muy confusa), representa un elemento novedoso y progresivo para el relanzamiento del proyecto socialista en el siglo XXI, con más razón dada la continuidad de la crisis capitalista abierta en 2008.  

Lo anterior replantea una serie de debates estratégicos, siendo uno de ellos ¿qué tipo de partidos de izquierda construir? Dentro del Nuevo Partido Socialista (NPS) estamos desarrollando esta reflexión como parte de nuestras jornadas de formación política, y el presente texto hace parte de un esfuerzo para aportar a la formación política desde una perspectiva estratégica.

¿Qué entendemos por estrategia?

Estrategia es un concepto que proviene de la terminología militar y su incorporación al acervo teórico del marxismo es producto del impacto que suscitó la obra del militar prusiano Karl von Clausewitz, cuyo libro De la guerra brindó una definición muy política de los conflictos militares: “la guerra no constituye simplemente un acto político, sino un verdadero instrumento político, una continuación de la actividad política, una realización de ésta por otros medios”[2]. Esta obra fue reivindicada por grandes pensadores del marxismo revolucionario, como Marx, Engels, Lenin y Trotsky[3], quienes la estudiaron para extraer enseñanzas útiles en el terreno de la lucha de clases.

En un sentido general, entendemos por estrategia los objetivos finales que determinan una lucha, mientras que la táctica son los medios que se emplean para lograrlo. Desde el punto de vista militar la estrategia es un planteamiento para ganar la guerra, pero eso obliga a ganar las batallas o enfrentamientos episódicos, los cuales constituyen momentos tácticos con respecto a la estrategia.

Nótese que hay una relación de medios y fines entre la estrategia y la táctica, pues son conceptos complementarios, el uno se sustancia con el otro. Cada batalla o enfrentamiento parcial debe estar supeditado a un plan estratégico global. Esto mismo explica Clausewitz: “La estrategia es el uso del encuentro para alcanzar el objetivo de la guerra. Por lo tanto, debe imprimir un propósito a toda la acción militar, propósito que debe concordar con el objetivo de la guerra. En otras palabras, la estrategia traza el plan de la guerra y, para el propósito aludido, añade la serie de actos que conducirán a ese propósito; es decir, traza los planes para las campañas por separado y prepara los encuentros que será librados en cada una de ellas”[4].

En otro sentido, la estrategia también remite al arte de aprender a pelear para ganar. Entramos a la lucha con el objetivo de triunfar, para lo cual es indispensable aprender a interpretar de forma correcta la situación objetiva, determinar en qué terreno hay mejores condiciones para el enfrentamiento, o cómo pasar de la defensiva a la ofensiva (y viceversa).

Para esto es necesaria la formación política, la cual comprende la teoría pero también la práctica, o lo que nos gusta llamar el oficio militante. La política revolucionaria es una ciencia y un arte[5], combinación que retrata a la perfección que se nutre de categorías y análisis científicos, pero también es un terreno donde juega un rol preponderante la acumulación de experiencias (sobre todo para un equipo de dirección partidario) que cultiva el sentido de intuición ante los desarrollos inmediatos y potenciales de la lucha de clases.

¿Cuál es la estrategia socialista?

La estrategia socialista es el conjunto de pasos a seguir para llegar al objetivo de la revolución y la instauración de una sociedad de transición al socialismo[6]. Las huelgas, elecciones nacionales y universitarias, los volanteos obreros, las campañas por aborto legal, entre otros, son momentos parciales que deben estar dominados por ese esfuerzo estratégico como parte de una lucha de clases.

Esto lo explicó de forma magistral Rosa Luxemburgo (una de las principales exponentes del pensamiento estratégico dentro del marxismo revolucionario) como parte de sus debates contras las desviaciones reformistas y aparatistas del Partido Socialdemócrata de Alemania (PSD), la principal organización obrera socialdemócrata hasta la primera guerra mundial: “¿Qué es lo que realmente constituye el carácter socialista de nuestro movimiento? Las luchas prácticas reales caen en tres categorías: la lucha sindical, la lucha por reformas sociales, y la lucha por democratizar el estado capitalista. ¿Son realmente socialistas estas tres formas de nuestra lucha? Para nada (…). Entonces, ¿qué es lo que nos hace a nosotros un partido socialista en las luchas de todos los días? Sólo puede ser la relación entre estas tres luchas prácticas y nuestro objetivo final. Es sólo el objetivo final el que constituye el espíritu y el contenido de nuestra lucha socialista, el que lo transforma en una lucha de clases”[7].

Nuevamente se nos presenta la unidad entre la estrategia socialista y la táctica cotidiana, pues su disociación solo puede conducir a un desvío oportunista o reformista, donde el objetivo final se diluye en la lucha gremial o sectorial: “la escisión de ambos planos o la jerarquización de los momentos puramente tácticos sólo puede significar concentrase en los medios perdiendo los fines, o haciendo de los medios un fin en sí”[8].

De igual manera podemos hablar de estrategia en ámbitos más restringidos. Por ejemplo, como organización política tenemos una estrategia para la reorganización del movimiento obrero, otra para desarrollar la lucha por el aborto legal o refundar el movimiento estudiantil; pero todas estas estrategias sectoriales son tácticas con respecto a nuestro objetivo final de luchar por la revolución socialista.

¿Cuál es la relación entre la estrategia y la teoría de la revolución?

Sería errado asumir la estrategia desde un ángulo meramente instrumental o militarista. Para los partidos socialistas la estrategia está directamente relacionada con el tipo de revolución que aspiramos consumar. En este sentido hacemos una reivindicación crítica de la obra de Clausewitz, comprendiendo que era un militar prusiano que pensó la guerra desde la lógica del Estado burgués, dando por descontado que tenía un ejército constituido con el cual ingresar al campo de batalla.

Sucede lo contrario en la lucha de clases, donde el partido apuesta a ganar la revolución dirigiendo a la clase obrera y los sectores explotados y oprimidos, para destruir el poder burgués e instaurar una transición hacia el socialismo. A diferencia del Estado burgués que cuenta con su destacamento profesional de fuerzas armadas, la fuerza beligerante revolucionaria (partidos, organizaciones amplias de clase, sectores desorganizados, etc.) se construye al calor de la lucha de clases, donde acumula experiencias políticas que la configuran en su consciencia previo a la lucha por el poder.

Daniel Bensaid[9], en su obra Estrategia y Partido, analizó agudamente que en las revoluciones burguesas no estaba muy presente la idea de estrategia, principalmente porque suponían la entronización en el poder de una nueva clase social propietaria que previamente había conquistado posiciones económicas, culturales y políticas. De esta forma, la conquista del poder político por la burguesía representó la coronación de una relación de fuerzas desarrollada con anterioridad por décadas o siglos[10].

Es totalmente diferente con la revolución socialista, pues la clase obrera parte de un menor desarrollo cultural que la burguesía y no se desarrolla el socialismo subterráneamente en el  mundo capitalista. De ahí que “la revolución socialista es la primera revolución en la historia que supone un grado previo de organización y de consciencia del objetivo, es decir un verdadero proyecto estratégico”[11].

En un sentido similar, desde Socialismo o Barbarie sostenemos que la revolución socialista está estrechamente vinculada a la noción estratégica de la centralidad de la clase obrera, con más razón luego de la experiencia del siglo XX, donde hubo revoluciones que expropiaron al capitalismo pero fueron realizadas por sectores no obreros (campesinado, partidos-guerrillas), las cuales devinieron en estado burocráticos donde la clase obrera no tenía el poder político (aunque se autodenominaran “estados obreros socialistas”) y, por ende, progresivamente fueron reabsorbidos al capitalismo que es una forma más estable de apropiación del plusproducto social[12].

¿Cuáles son las características del pensamiento estratégico?

El pensamiento estratégico reniega de todo automatismo en la historia y tiene como premisa que se puede transformar la realidad, no como producto de la acción unilateral o voluntarista de pequeños grupos aislados, sino como parte del desarrollo de la lucha de clases que se realiza a escala de millones, donde las organizaciones revolucionarias pueden transformarse en un factor determinante para radicalizar la lucha y cambiar el curso de la historia.

Si la perspectiva del partido está colocada en la revolución socialista, significa que diariamente se prepara para destruir el poder burgués e inaugurar la transición al socialismo. De ahí que para el pensamiento estratégico el tiempo no sea uniforme o vacío, sino que está “compuesto de enfrentamientos, de cambios bruscos,  de momentos de que percatarse”[13].

En alguna medida, el pensamiento estratégico está dotado de cierto sentido de la epopeya, pues la militancia revolucionaria requiere de una alta dosis de voluntarismo para poner en pie partidos revolucionarios contra la corriente (más cuando se trata de organizaciones pequeñas), con la perspectiva de que es posible el triunfo de la revolución social y dar los pasos para construir un mundo nuevo. Este es un rasgo importante para partidos que nos concebimos como organizaciones para el combate, es decir, cuya finalidad es la intervención en la lucha de clases en todos sus momentos parciales (huelgas, bloqueos, tomas de edificios, marchas, revoluciones e insurrecciones) con el objetivo de conducir la lucha hacia la revolución y la toma del poder.

¿Cuál es la relación entre la estrategia socialista y la construcción partidaria?

La estrategia no es una cosa accesoria en la vida militante; por el contrario, tiene un impacto directo sobre qué tipo de partido vamos a construir. Por ejemplo, para una organización reformista el centro de su actividad son las elecciones para obtener más cargos de representación (diputaciones, regidores y síndicos municipales), por lo que se organiza de forma cantonal/barrial, pues esta es la unidad de intervención central para ganar votos (con los vecinos, amigos, familiares).

Caso contrario sucede con un partido revolucionario cuyo eje es la intervención en la lucha de clases para la revolución socialista, pues su apuesta es desarrollar una construcción orgánica sobre sectores claves del movimiento obrero o la juventud estudiantil[14], por medio de la organización de equipos sectoriales que planifiquen la táctica para intervenir en la asamblea sindical sobre la huelga, la toma de la facultad para la apertura de más cupos o las consignas para agitar en la marcha por el derecho al aborto. Es posible que un partido revolucionario que gane influencia tenga trabajo territorial en barrios obreros o populares, pero esto sin perder de vista que su eje son los centros de trabajo o estudio[15].

Cerramos con esta cita de Bensaid que ilustra a la perfección la importancia del pensamiento estratégico en la construcción de los partidos revolucionarios: “Para nosotros la estrategia es lo que define la base sobre la cual reunir, organizar y educar a los militantes, es un proyecto de derrocamiento del poder político burgués. Porque la revolución socialista comienza por ese acto político”[16].


[1] “La izquierda resurge en el mundo de la mano del socialismo millennial” (Publicado originalmente en The Economist). En https://www.lanacion.com.ar/2222594-la-izquierda-resurge-en-el-mundo-de-la-mano-del-socialismo-millennial (Consultado el 25/02/19).

[2] Karl von Clausewitz, De la Guerra (Barcelona: Editorial Idea Books, 1999), 47.

[3] Azar Gat. Clausewitz and the Marxists: Yet Another Look. En https://www.jstor.org/stable/260915?seq=1#page_scan_tab_contents (Consultado el 26/02/2019).

[4] Karl von Clausewitz,. De la Guerra, 175.

[5] Este abordaje lo tomamos de un texto de formación política de nuestra corriente, que lleva por nombre Ciencia y arte de la política revolucionaria.

[6] Roberto Sáenz, Ciencia y arte de la política revolucionaria (Buenos Aires, Editorial Antídoto, sin data), 57.

[7] Citado en Roberto Sáenz, Cuestiones de estrategia (San José, Editorial Gallo Rojo, 2019), 8-9.

[8] Roberto Sáenz, Ciencia y arte de la política revolucionaria, 58.

[9] Bensaid (1946-2010) fue un dirigente histórico del mandelismo, una de las principales corrientes trotskistas de posguerra. Su obra es muy amplia y marcada por un pensamiento estratégico. En sus últimos años desarrolló una interesante reflexión metodológica sobre Marx.

[10] Daniel Bensaid, Estrategia y Partido (Barcelona, Sylone Editorial, 2017), 48-49.

[11] Ídem, 49.

[12] En las sociedades burocráticas la fuente de privilegio es ostentar un puesto de poder político, sin capacidad de heredar o conservar propiedades. De ahí que los estados burocráticos donde se expropió a la burguesía terminasen reincorporándose al capitalismo, pues una sociedad de clases es una forma más estable y orgánica de asegurar el privilegio que emana de apropiarse del plusproducto social. 

[13] Daniel Bensaid, Estrategia y Partido, 52.

[14] Lo cual no excluye cumplir con los requisitos territoriales para lograr las legalidades electorales, pues las elecciones constituyen un vehículo central en el siglo XXI para potenciar la visualización y construcción de la izquierda revolucionaria.

[15] Roberto Sáenz, Cuestiones de estrategia, 25.

[16] Daniel Bensaid, Estrategia y Partido, 48.