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Por Johan Madriz

Los días 11, 12 y 13 de junio de 1919 cientos de estudiantes, docentes y trabajadores se manifiestan en el centro de San José contra el gobierno dictatorial de Federico Tinoco. En respuesta la policía avanza con una represión brutal que provoca decenas de muertos y cientos de heridos. Estas jornadas se consideran uno de los puntos clave en la oposición al régimen que conducen a su caída dos meses después, el 12 de agosto.

Un golpe de Estado bien visto por la burguesía

El 27 de enero de 1917 Federico Tinoco Granados, Ministro de Guerra y Marina, y su hermano el general José Joaquín, encabezan una rebelión militar contra el presidente Alfredo González Flores. Rápidamente toman los principales cuarteles y propinan un golpe de Estado.

Es esos años el país se encuentra sumido en una severa crisis producto de la reducción de los ingresos fiscales del gobierno por la contracción de las exportaciones resultado del estallido de la Primera Guerra Mundial. Los ingresos disminuyen cerca de un 70% ya que la mayor parte de las mercancías vendidas al exterior (café, banano y otros productos agrícolas) no son esenciales para los esfuerzos de guerra.

En 1914 tras unas elecciones sumamente cuestionadas ninguno de los candidatos a la presidencia logra la cantidad de votos necesarios para ganar, lo que lleva a la designación, por parte del Congreso, de González Flores como presidente. Ante la necesidad de sostener la economía propone la reforma al sistema tributario incorporando el impuesto de renta al capital. De ahí su conocida frase “que el rico pague como rico y el pobre como pobre”[i].

Esta propuesta, evidentemente, lo enemista con la burguesía que comienza a distanciarse del gobierno y a clamar por un cambio. Para legitimar el golpe, se toman como detonantes otros motivos: los rumores de una posible reelección (que está prohibida en ese momento), el despido del comandante de la policía y el veto a un contrato petrolero con Estados Unidos.

Así, el golpe militar se sustenta (contradictoriamente) en un discurso de “defensa del orden constitucional” e inicialmente es apoyado por la prensa y la burguesía. Incluso obtiene el apoyo incondicional del empresario Minor Keith (magnate bancario, ferrocarrilero y dueño de plantaciones de banano).

Para el 1 de abril se convocan elecciones para una Asamblea Constituyente –cuyo texto es aprobado en junio– y el 23 del mismo mes Tinoco es electo, sin contrincantes, como presidente de la Republica.

Tras el golpe, González Flores se dirige a Washington donde se reúne con el presidente estadounidense Woodrow Wilson requiriendo el no reconocimiento del nuevo régimen, solicitud que es apoyada. Tras este revés, Tinoco, tratando de congraciarse para revertir esta decisión, le declara la guerra a Alemania y le ofrece los puertos del país a la marina de Estados Unidos. Ninguna de estas gestiones logra el reconocimiento diplomático ansiado.

La dictadura comienza a mostrar su verdadera cara

Pronto las medidas adoptadas por el régimen generan malestar y oposición. Algunas de las más despóticas son la propuesta de restablecer la pena de muerte, la eliminación del voto directo en las elecciones presidenciales y la clausura de los diarios que critican al gobierno. Además, se establece una jurisdicción militar para los delitos de sedición y rebelión, siendo que cualquier discurso anti gubernamental es catalogado como tal.

Por otro lado, se transforma la Policía del Orden y la Seguridad en un Cuerpo de Detectives (que popularmente es denominado como “los esbirros”) bajo la jurisdicción de la Secretaria de Guerra, al mando del hermano del presidente. Este cuerpo represivo tiene como función vigilar y encarcelar a los opositores.

Producto de la declaratoria de guerra a Alemania se establece la ley marcial, la censura de la correspondencia postal y telegráfica, y, además, se prohíbe la entrada de periódicos extranjeros que critiquen al gobierno. A estas medidas se le suma que la situación económica no mejora, lo que convierte los reclamos por las subsistencias y contra la especulación en una de las grandes reivindicaciones populares.

En medio del creciente descontento un contingente de opositores se atrinchera en Nicaragua, donde reciben el apoyo del entonces presidente de ese país Emiliano Chamorro, e inician una incursión desde el norte en la llamada “Revolución del Sapoa”. La rebelión es pronto disuelta tras el envío del gobierno de cinco mil soldados para detenerles.

Durante los primeros meses de 1918 se propagan levantamientos armados en diferentes partes del país, desorganizados, sin coordinación y generalmente en zonas rurales alejadas de los grandes centros provinciales. A inicios de 1919 diferentes sectores trabajadores comienzan a oponerse al gobierno organizadamente. En mayo los gremios de panaderos, pureras y cigarreras se declaran en huelga. Días después se les unen los empleados municipales de San José dirigidos por Carmen Lyra. Para junio se unen las y los maestros y estudiantes.

El Diario La Información fue quemado por los manifestantes por ser el medio servil del regimen

Las jornadas de junio

La creciente represión del gobierno, el retroceso en diversos derechos, el desabastecimiento, la crisis económica, los abusos a los presos políticos, el reclutamiento forzoso y los atropellos a los funcionarios públicos que no adherían al régimen fueron caldeando los ánimos.

El gremio docente llama a movilizaciones el 11 y 12 de junio. Los estudiantes del Liceo de Costa Rica y el Colegio de Señoritas (los principales de la época) llaman a apoyar a sus maestros. A estos se les unen diversos gremios obreros. Avanzan desde el Liceo de Costa Rica sobre la calle 9 –al grito de “muera Tinoco” y “abajo el gobierno” – hasta llegar al Parque Morazán donde son enfrentados por la policía. Resultado del combate se contabilizan 19 muertos y 180 heridos.

El 13 de junio vuelven a realizarse marchas y enfrentamientos. Los manifestantes queman los diarios La Información y La Prensa Libre al ser los medios más serviles a la dictadura. El Diario de Costa Rica describe este suceso así: “lenguas de fuego y columnas de humo negro y viciado de desvergüenzas, detritus del fuego más purificador que haya caldeado el ambiente de la ciudad para en seguida trepidar sus paredes y desplomarse el edificio maldito”[ii].

Este día la policía convoca a los bomberos para que dispersen la protesta con bombas de agua, pero “fueron los niños que se encontraban en ese momento quienes se encargaron de desconectar la bomba y dejarla inservible” (Bonilla, cit.: 1526), ante lo cual la policía continua disparando. Al final del día hay siete muertos e innumerables heridos.

Estas jornadas son decisivas en el fin de la dictadura ya que potencian las ansias de una rebelión liberadora. “La acción colectiva de los sectores populares, encabezados por los obreros, artesanos y docentes de la ciudad de San José, se constituyeron en el choque moral que, entre otras razones, provocó la caída estrepitosa del régimen. Estos, además ayudaron a madurar a los sectores populares en una tradición de movilización ciudadana que se venía gestando desde el siglo XIX y que definitivamente prepararon el camino a la obtención de las reivindicaciones en la década de 1920” (cit.: 1525).

El 10 de agosto el general José Joaquín Tinoco es asesinado de un balazo en la cabeza y el 12 el presidente presenta su renuncia al Congreso que la acepta el 20. Tras esto el dictador sale al exilio hacia Francia donde muere en 1931.

La juventud luchadora

“Entre los líderes de los movimientos de junio de 1919, resalta el hecho de que los alumnos, tanto del Colegio de Señoritas como los del Liceo de Costa Rica, hayan tomado la iniciativa en este papel” (cit.: 1524).

La movilización popular es la que desencadena la caída de la dictadura de los Tinoco, y en ella tienen un papel de suma importancia las jornadas de junio, donde la juventud es protagónica. Este elemento es uno de los que más hay que resaltar ya que expresa la potencial fuerza revolucionaria que tienen los jóvenes para transformar el mundo.

En 1937 la calle 9, desde el Liceo de Costa Rica hasta la avenida Segunda se convierte en un boulevard y se nombra como Paseo de los Estudiantes en reconocimiento a estas acciones. Sin embargo, en años recientes la Municipalidad de San José, bajo el mandato del alcalde Johnny Araya, ha intentado desvanecer este tributo ubicando en esta calle el Barrio Chino.

A 100 años de estos eventos es necesario recuperar y reivindicar esta tradición de lucha.


[i] Si bien esta medida es progresiva en cuanto grava al capital la posición de González Flores se enmarca en el liberalismo de inicios del siglo XX que acepta cierta distribución de la riqueza como forma de contención social para proteger a largo plazo el modelo de explotación capitalista.

[ii] Citado en Bonilla Castro, Alejandro, Movimientos sociales y represión del Estado en la dictadura de Tinoco. 1918-1919. 1523. Extraído de https://revistas.ucr.ac.cr/index.php/dialogos/article/view/31250/30970