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La Plataforma de Izquierda realizó un llamado para la conformación de un “movimiento político-social amplio” de frente único contra la austeridad y el tercer “rescate”. Esto es enormemente progresivo, ya que significa enfrentar abiertamente al gobierno de Tsipras y comenzar una dinámica de ruptura con el mismo. Significa también el llamado a la movilización en las calles (rompiendo con la lógica de pasividad que intentó imponer Tsipras), y a la unidad de acción con otros grupos de la verdadera izquierda radical, que se encuentran por fuera de Syriza (tales como Antarsya, los sindicatos, los colectivos activistas, etc.)

Lo que moviliza el llamado al frente único es la necesidad de darle una continuidad y una perspectiva política al resonante “OXI” (NO) que el 62 por ciento de los griegos manifestó en el referéndum de julio. Y aquí no se trata solamente de los resultados del referéndum (en el que fueron derrotados de manera aplastante los grandes capitalistas europeos y griegos, los partidos tradicionales, etc.). Se trata también de la dinámica de movilización por abajo, de radicalización y de polarización político-social a la que le dio lugar en el referéndum: por el NO votaron e hicieron campaña la mayoría de los trabajadores y de los jóvenes, mientras que por el SÍ lo hicieron las clases medias-altas y las viejas generaciones.

El gobierno de Tsipras, al aprobar el “rescate”, le pasó por arriba a todas sus promesas electorales y a ese 62 por ciento de los griegos (es decir, a toda su base social). Esto abre enormes grietas políticas que podrían dar lugar a un gran desborde por izquierda cuando el descontento popular termine de decantar políticamente.

Un primer hecho político de importancia para medir hasta dónde llega este quiebre es el congreso extraordinario de Syriza que está convocado para septiembre: allí se verá como es la relación de fuerzas existente al interior del partido gobernante.