Abr - 7 - 2016

Una cloaca del capitalismo global a cielo abierto

Las implicancias y lecciones de la revelación de los archivos de un estudio panameño que llevaba 240.000 empresas fantasma radicadas en paraísos legales son tantas y tan profundas que habría que escribir un libro entero. Aquí sólo nos detendremos en las consideraciones más generales y el posible impacto local del hecho de que el mismísimo presidente esté implicado no en una sino en varias firmas pantalla con el inequívoco fin de cometer delitos fiscales.

Un curro universal donde se anotó medio mundo

El estudio cuyos archivos se filtraron es Massack Fonseca, de larga trayectoria haciendo una de las actividades más oscuras (aunque no ilegales) del capitalismo mundial: el negocio de las compañías que son una cáscara vacía utilizada por otras empresas y por personas como vía para una de estas tres cosas (y ninguna otra): a) transferir operaciones a otras jurisdicciones donde se pagan menos impuestos, declarando todo; b) lavar dinero de origen ilegal, y c) esconder la identidad del dueño de dinero, de operaciones o ambas cosas ante el fisco de los países de origen para evadir impuestos. Sólo la primera actividad es legal (por ahora); por eso mismo, es la menos habitual.

Estos mecanismos, que existen hace décadas, han tomado tal magnitud que hasta el establishment capitalista mundial (el G-20, por ejemplo) decidió hace años, en 2009, que hay que terminar con esto, o al menos acotarlo. Por eso hay cada vez más presión sobre los estados que son sede de estas prácticas. En general son islas (muchas del Caribe o del Índico), estados minúsculos (Andorra, Hong Kong, Mónaco, Liechtenstein, Luxemburgo) o dependencias de estados imperialistas, como las islas británicas de Man y Jersey y el estado de Delaware, en EE.UU. (donde están nuestros conocidos Paul Singer y el Grupo Clarín, por ejemplo).

Lo interesante de Panamá es que se trata de la “pantalla” más oscura, es decir, más eficaz, de todas. Al menos eso dice la OCDE (foro que agrupa a 34 países, incluidos los más desarrollados). El encargado de la entidad para la lucha contra los paraísos fiscales, Pascal Saint-Amans, dice que “el dinero negro se concentra en las jurisdicciones más opacas, y la más opaca de todas es Panamá” (Ámbito Financiero, 5-4-16). Y el secretario general de la OCDE, Ángel Gurría, directamente definió a Panamá como “el último mohicano de la evasión fiscal” (ídem).

Por ejemplo, Panamá es de los paraísos fiscales más reacios a eliminar el sistema de “acciones al portador”. Explicamos: en general, las acciones son nominales, es decir, tienen el nombre de quien las compró. Y por lo tanto, están sujetos a la obligación de declararlas como patrimonio. Pero en Panamá, muchísimas compañías fantasma se manejan con acciones al portador: el dueño es el que las tiene. Es exactamente igual que si fuera dinero en efectivo, o fichas de casino. No hay nombre, no se declara, no tiene rastro. Y, por supuesto, no paga impuestos. Es el caso de las acciones de la compañía de Néstor Grindetti, de quien hablaremos enseguida.(1)

¿Por qué es tan importante esta filtración del estudio panameño? Porque manejaba una cantidad asombrosa de compañías fantasma, 214.000, radicadas no sólo en Panamá sino en todo el planeta. Por ejemplo, la primera que se conoció de Macri y familia (2) tenía sede en las islas Bahamas. Y en la lista de clientes, como es sabido, aparece medio mundo. Literalmente.

Rapidito, empecemos por jefes de Estado, actuales o ex: Putin (Rusia: amigos varios), Xi Jinping (China: el cuñado), Poroshenko (Ucrania), Macri, Peña Nieto (México: la constructora de su casita de 7 palos verdes), el papá de David Cameron, la familia del sirio Bashar al Asad, el rey saudita Salman bin Abdulaziz, el presidente de los Emiratos, ex primeros ministros de Qatar, Jordania e Iraq, y no nos olvidemos del pobre (ahora ex) primer ministro de Islandia, Sigmundur Gunnlaugsson, que es la primer “víctima” del affaire y debió renunciar. Además, familiares y allegados de presidentes o primeros ministros de Azerbaiján, Pakistán, Marruecos, Egipto, Ghana, Costa de Marfil, Sudáfrica, Malasia y Guinea, junto con infinidad de políticos de primera línea, como los Le Pen padre e hija de Francia, la hermana de Juan Carlos de España, el vicepresidente de Brasil (que se frotaba las manos para suceder a Dilma y parece que se va a ir él primero) Michel Temer, el presidente de la Cámara de Diputados de Brasil (y segundo en la línea de sucesión de Dilma), Eduardo Cunha; el hijo del presidente de la principal entidad patronal brasileña, Paulo Skaf, y los dos candidatos con más chance en las próximas elecciones en Perú. Es la ONU de la evasión fiscal…

Los grandes bancos son el primer eslabón de una cadena delictiva

Sin embargo, lo potencialmente más peligroso para el establishment no son las consecuencias para los políticos implicados, con lo importantes que puedan ser, sino que lo que queda al desnudo es el papel perfectamente delictivo de varios de los más grandes bancos del planeta. Porque, naturalmente, no sería posible llevar a cabo estas operaciones sin la asistencia, colaboración y complicidad de las entidades financieras que tienen las herramientas técnicas, legales y financieras para evadir y/o lavar.

No estamos hablando de un negocio marginal; todo lo contrario: “El World Investment Report, 2015, de la UNCTAD, encontró que sólo una forma de giro de beneficios ocasionó pérdidas anuales a los países en desarrollo por cerca de 100.000 millones de dólares. Investigadores del FMI encontraron que las pérdidas para los países en desarrollo serían el doble de eso, y que las pérdidas globales estarían en 600.000 millones de dólares. La Unión Europea calcula la pérdida en 660.000 millones de dólares, el 27% de las ganancias brutas de las multinacionales de EEUU, aproximadamente el 0,9% del PBI mundial. Y el giro de beneficios ha crecido rápidamente después de la crisis 2007-9. Actualmente representa el 25-30% del total de los beneficios, contra el 5-10% en los 1990” (R. Astarita, “Panamá Papers y los argumentos de Macri”).

Y en este negocio, los bancos implicados son siempre los mismos. Las sociedades-pantalla armadas por bancos y registradas en el estudio Mossack Fonseca son 15.600. De ellas, el HSBC es responsable de 2.300; los bancos suizos UBS y Credit Suisse, de 1.100 cada uno; el Societé Générale francés, casi 1.000, y luego siguen el Commerzbank alemán y el Royal Bank of Canada.

Curiosamente, varios de esos bancos fueron designados por el gobierno argentino para llevar adelante la operación financiera de pago a los buitres. Amigos son los amigos y nos encontramos en Davos, en Nueva York… o en las Bahamas.

La conexión argentina: Macri, el PRO y el empresariado

Aclaremos algo de entrada, porque la línea de defensa de Macri, del papá de Macri, de la vice de Macri y de los funcionarios de Macri es que “tener una empresa en un paraíso fiscal no es delito”. Esta frase fue citada por la impresentable titular de la Oficina Anticorrupción (??), Laura Alonso, como si eso liquidara la cuestión.

Pues bien, no. No es delito todavía, pero no tiene otro fin que cometer delitos. Veamos. Si yo compro barriles de efedrina y otros precursores de cocaína, no es delito. Si compro balanzas de precisión, no es delito. Si compro implementos de laboratorio, no es delito. Y si compro y registro armas de fuego, no es delito. Pero si la policía entra en mi casa y encuentra la efedrina, el laboratorio, las balanzas de precisión y las armas, me temo que la explicación de que “todo lo que hice es legal” y “de acá no salió ni un gramo de cocaína” no le va a caer bien al juez.

Debe ser por eso que la declaración de que “todo está perfecto, no hay delito” no convence ni siquiera a muchos votantes de Macri. Hasta el más crédulo y despistado entiende que quien arma una empresa fantasma en un paraíso fiscal lo hace para lavar guita o para evadir impuestos. Una cosa es haberlo votado y otra es permitir que a uno lo tomen por idiota. Suficiente, sigamos.

Todavía falta ver cuántas empresas más aparecen, y de quiénes. Pero para tener una idea de hasta dónde creer en la virginal inocencia de Macri, nos permitimos recordar que él y su padre ya estuvieron implicados en una causa penal por evasión con una empresa pantalla, de la que ambos zafaron gracias a la Corte Suprema menemista y su mayoría automática con los amigos del poder (los campeones de la “república” prefieren no recordar el asunto).

Tampoco se puede decir que las empresas de la familia Macri tengan un historial impoluto de transparencia: como es sabido, SOCMA y otras empresas de Franco Macri fueron parte de la llamada “patria contratista” vinculada a los negocios con el Estado desde la época de la dictadura militar, período en el cual esas empresas, junto con muchas otras (especialmente bancos) gozaron de la estatización de su deuda privada vía un seguro de cambio ideado por el entonces presidente del BCRA, Domingo Cavallo.

Ése es el contexto. Pero sigamos. Uno que está bien complicado es Néstor Grindetti, ex ministro de Hacienda porteño, hoy intendente PRO de Lanús, por varias razones. No sólo es titular de una empresa offshore, Mercier Internacional, sino que las únicas acciones de esa empresa eran al portador, mecanismo que explicamos más arriba para lavar dinero. También se lo acusa de tener una cuenta en Zurich, que él no reconoce… por ahora. Ahora bien, ¿de dónde saca plata Grindetti para estos negocios? Porque lo que tiene declarado es una deuda de 400.000 pesos contraída con… Mauricio Macri (ésos son amigos). Y Grindetti no tenía de dónde manejar tanta guita con su sueldo en la función pública, ya que la empresa hizo operaciones offshore entre 2010 y 2013, justo mientras él era ministro.

Claro que hay quienes sospechan que capaz que tiene algo que ver una emisión de bonos del gobierno de la ciudad en la que se le pagaron comisiones extrañamente altas, extrañamente sin licitación, a una operadora financiera extrañamente desconocida, por lo cual Grindetti fue denunciado por la Asociación Civil por Igualdad y Justicia en 2010, según recordó Margarita Stolbizer.

¿Hay más? Por supuesto. También figuran el primo de Macri, Jorge, intendente de Vicente López y autopostulado candidato a las listas de 2017; Daniel Angelici (otro que en cualquier momento Carrió descubre que es corrupto), y, para alivio de Clarín, por fin algo que parezca K: el ex secretario privado de Néstor Kirchner, aunque dejó de serlo en 2009 y las cuentas son de 2013… mala suerte.

De todos modos, hay que decir que, con todo el terremoto político que este asunto significa y con todas las explicaciones que tendrán que dar (si pueden) Macri, su familia, sus ministros, sus amigos y su gobierno, no hay que perder de vista lo más importante. Macri es el síntoma: la enfermedad es la clase capitalista argentina.

Porque, para “orgullo nacional” (en realidad, vergüenza), hay un ranking mundial donde este país está bien arriba. Es el ranking de fugadores de divisas. Macri y su pandilla se muestran, en esto como en casi todo, dignos representantes de la burguesía argentina a la que pertenecen y a cuyos intereses, que son los propios, sirven.

Lo que hicieron Macri padre, Macri hijo, Macri sobrino, Grindetti, amigos de Macri, socios y compañeros de golf es lo que hizo toda la vida el empresariado de este país, su verdadera especialidad y aquello que la distingue de otras burguesías de la región. Su vocación más profunda es hacer guita (en lo posible robándole al Estado, y siempre explotando el sudor de los trabajadores), llevársela al exterior, evadir impuestos… y después pedirle a los millones de trabajadores que hagan sacrificios, que ganen menos, que se banquen la inflación, que pierdan nivel de vida, que vivan peor, para que ellos puedan disfrutar de sus ganancias mal habidas, fugadas y escondidas.

No hay más que mirar estos números: según diversas estimaciones como la de Tax Justice Net y otras, la clase ociosa argentina tiene entre 350.000 y 450.000 millones de dólares en el extranjero, la gran mayoría no declarados. Argentina está en el octavo puesto en el ranking de fugadores de divisas, pero si se considera el volumen fugado en relación con el tamaño de la economía, está en el tercer puesto.

De modo que ésa es la lección profunda del “capítulo argentino” de los Panamá Papers. ¿Tenemos un presidente envuelto en una trama insondable de corrupción? Sí. ¿Hay una fuerte complicidad de sectores empresarios, de la prensa y de la justicia para que eso no progrese? Sí. Pero eso es sólo la punta del ovillo: lo que ahora queda al descubierto, para cualquiera que lo quiera ver, es que no se trata más que de un espejo en el que refleja toda la clase capitalista de este país, en sus prácticas económicas, financieras, políticas y morales.

Notas

1- Hablando de efectivo, es candoroso el intento del gobierno y los medios adictos de tratar de tapar el escándalo PRO con la súbita detención (qué coincidencia) de Lázaro Báez, el mismo que contaba plata, aparentemente, del kirchnerismo. Desde ya, Báez es casi seguro un delincuente y es muy probable que enchastre al entorno íntimo K. Pero las cosas tienen proporciones: toda la causa Báez es por 5 (cinco) millones de dólares. Fósforos apagados en comparación con lo que mueve sólo el “capítulo argentino” de los Panamá Papers. Como dijo un periodista especializado en delitos de evasión: si la plata se puede contar a mano, estamos hablando de un quiosco; el negocio grande es con cuentas electrónicas.

2- Decimos la primera porque ya apareció otra, sugestivamente llamada Kagemusha SA, que a diferencia de Fleg Trading, la de Bahamas, está radicada en Panamá y sigue activa. Los cinéfilos tal vez recuerden que la película de ese nombre, de Akira Kurosawa, cuenta la vida de un ladronzuelo que usurpa la identidad de un millonario moribundo. En Japón se usa la palabra como sinónimo de señuelo político. Curioso, ¿verdad? Y todos esperamos que sigan apareciendo empresas; ¡esta novela se pone verdaderamente apasionante!

Otro gol del “periodismo independiente”

El affaire Panamá Papers deja también algunas lecciones sobre el sacrosanto rol en el que la prensa se autodesigna como guardián de la verdad. Por empezar, la famosa “investigación” originada por el periódico alemán SüddeutscheZeitung no tiene nada de tal: sencillamente, es una filtración de alguien que ofreció los archivos al diario (seguramente habrá cobrado una jugosa suma) y punto. A partir de ahí, el “trabajo de investigación” consistió en revisar la inmensa de archivos digitales con una información tan copiosa que va a seguir llegando, para indignación (o diversión, a esta altura) de todo el planeta.

Resulta que ese procesamiento de información lo hizo el pomposamente llamado Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (sigla en inglés ICIJ), al que por alguna razón pertenecen La Nación y Canal 13. Pues bien, esa gente está “investigando” desde hacen un año. Y a alguno se le escapó que una fecha tentativa para publicar esto era el 15 de noviembre. ¡Oia, justo una semana antes del ballotage! No hace falta pensar qué habría pasado.

Otra confesión involuntaria de asombrosa franqueza fue la de la “periodista” Mariel Fitz Patrick, que admitió, muy suelta de cuerpo, que lo de Macri “no se podía ocultar”. ¿Esa mujer se escucha lo que está diciendo? ¡El sueño de todo periodista, lanzar una primicia bomba como la que involucra al presidente en un escándalo mundial, y su primera reacción es ocultarla; lástima que en este caso “no se podía”! ¡Increíble!

Debe ser por eso que vemos cosas como la “entrevista” de Marcelo Bonelli y Edgardo Alfano a Macri, que era más bien una puesta en escena amable de su equipo de prensa para que hiciera un descargo sin repreguntas ni dudas insidiosas; todo eran sonrisas de comprensión y complicidad. Lo mismo pasó luego con La Voz de Córdoba, otro diario del grupo. Y el broche de oro fue el manijazo fuera de toda proporción a las detenciones (con timing perfecto de los jueces amigos) de Ricardo Jaime y Lázaro Báez.

Con razón en el SüddeutscheZeitung se asombraban de la “benevolencia” con que la prensa argentina trató a Macri. Claro, no saben, pobres. Hay que explicarles que acá el “periodismo independiente” es en realidad una oficina de prensa de los políticos con los que hacen negocios.

Primer Mundo y países bananeros

Es en circunstancias como éstas que se ven las diferencias entre los países del Primer Mundo con “calidad institucional” y los países donde el poder político, la justicia y la prensa son un sancocho revuelto donde vale todo. Es así que en un país escandinavo como Islandia, el primer ministro, al verse implicado en el asunto, sufrió esto: primero, una entrevista muy punzante por parte de un equipo de periodistas que literalmente lo acorraló; después, una manifestación callejera; por último, reclamos de la justicia. Terminó renunciando a las 48 horas. En Francia, España, Suecia y Australia ya se han abierto investigaciones centradas en los nombres filtrados por el caso.

Como se ve, estos países “serios”, a los que Argentina había “abandonado” pero a los que ahora gracias a Macri estamos volviendo, se apresuraron a por lo menos dar la apariencia de que hacen algo. ¿Y nuestros defensores del Primer Mundo, admiradores de Obama, Occidente y el establishment financiero internacional, cómo reaccionaron?

Ya se vio: la titular de la Oficina Anticorrupción sale histérica a decir “Mauri no fue, Mauri no fue”. El papá de Macri dice que su hijo es más bueno que el pan, y que cuando fue designado directivo de la empresa de Bahamas tenía “38 años”, como si eso fuera la adolescencia (bueno, él es el padre y lo conoce mejor que nosotros). Elisa Carrió, encantada con su rol de distribuidora universal de absoluciones y castigos, dijo que a Macri “le creo” (y nos quedamos tranquilos), pero que “Grindetti siempre me pareció un corrupto (sic), y tenía razón”.

Pues que alguien le explique a esa señora que ese “corrupto” fue nada menos que ministro de Economía de la ciudad bajo la gestión Macri, y llegó allí por haber trabajado, como Mauricio, en las empresas de papá Macri. La próxima vez que Carrió tenga un pálpito así, le pedimos que averigüe bien. No sea cosa que, años después de hacerle votar a la gente cualquier cosa, y con la evidencia en la calle, termine diciendo, como el Chapulín Colorado, “lo sospeché desde un principio”.

En el Primer Mundo los implicados renuncian y la justicia se mueve inmediatamente; acá la encargada de investigar la corrupción sale a defender al acusado antes de hacer media pregunta, y el veredicto lo da una política mística que habla con la divinidad y se guía por corazonadas. Así estamos.

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Paraísos fiscales para todos

Eduardo Eurnekián es el segundo hombre más rico de la Argentina según la revista Forbes, con un patrimonio de más de 2.000 millones de dólares, ocupando el lugar 1.006 mundial.

Propietario de Argentinatambién opera el aeropuerto de la capital de Armenia.

Su fortuna tuvo un salto cuando vendió Cablevisión a mediados de los 90 por unos 750 millones de dólares. En 2001 fue denunciado por la AFIP por evasión agravada, delito no excarcelable y por el que llegó a estar prófugo de la justicia argentina.

Alberto Abad, titular de la AFIP en ese entonces decía “siempre planteamos que la utilización de derivados financieros y fideicomisos en paraísos fiscales son una plataforma para la elusión o la evasión fiscal” Eurnekián había creado dos fideicomisos en paraísos fiscales,  uno en Cayman, administrado por Citi Trust, y otro en Bahamas administrado por  ITK Trust Corp, al que le transfirió como “donación” la fortuna conseguida con la venta. Finalmente declarado inocente del delito de evasión, el episodio muestra sin embargo, que ya hace 20 años la burguesía argentina estaba lo suficientemente al tanto de los sofisticados mecanismos, argucias legales y relaciones con estudios jurídicos internacionales como para hacer uso impune de los mecanismos de evasión y fuga de divisas.

En su afán de encubrir a Macri, el mismo Alberto Abad, hoy nuevamente al frente de la AFIP, sale a decir que está todo bien, porque el padre de Macri declaró sus sociedades en el exterior: ya no hay más paraísos fiscales para la evasión. Lo dice el encargado de cobrarles impuesto a las ganancias a los jubilados y asalariados.

Por Marcelo Yunes, SoB n° 374 (Argentina), 7/4/16

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