Por Antonio Soler, SoB Brasil, 8/3/2017

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Vivimos en situación política de ofensiva patronal marcada por el avance de los ajustes neoliberales y por la imposición de contrarreformas históricas. Después de la destitución de Rousseff y la asunción del gobierno reaccionario de Michel Temer, hubo una fuerte alineación de la mayoría del Congreso, los medios de comunicación y la burguesía para imponer medidas reaccionarias, creando así una coyuntura desfavorable para los trabajadores y la juventud. Sin embargo, esta situación no elimina el hecho de que hay enormes y crecientes contradicciones políticas en la escena nacional actual. Contradicciones que si fuesen combinadas con un proceso masivo de resistencia de los trabajadores y la juventud (que aún está por suceder) en las calles, puede crear un nuevo equilibrio en la correlación de fuerzas, detener el progreso de la agenda reaccionaria y comenzar a partir de allí, a introducir una situación política más favorable para los de abajo.

Un giro a la derecha se impuso
El juicio político a Dilma fue el resultado de una maniobra parlamentaria reaccionaria apoyada en las calles por un movimiento masivo capitaneado por una capa de la clase media alta que colocó a millones de personas en las calles entre el 2015 y  el 2016. En contra partida, el gobierno de Dilma Rousseff, su partido (PT) y la CUT no fueron capaces de hacer frente a esta ola reaccionaria, esto porque después de las elecciones de octubre de 2014, Dilma pasó a aplicar el programa de su rival en la segunda vuelta (Aécio Neves-PSDB).
Es decir, pasó a un duro ajuste neoliberal mediante el aumento de las tasas de interés, efectuó recortes presupuestarios que superaron los 80 mil millones de Reales, restringió el acceso a un seguro de desempleo y creó instrumentos legales para una mayor represión del movimiento social, como fue el caso de la “Ley antiterrorista”. Incluso  ante la inminencia de perder su cargo, Dilma y el PT no hicieron ninguna inflexión en sus políticas neoliberales para tratar de recuperar el apoyo perdido entre las masas (terminó su mandato con una popularidad de menos de 4%, de acuerdo con la mayoría de las investigaciones) y resistir la ofensiva reaccionaria, aceptando así el juego de cartas marcó el proceso de destitución, el resultado todos lo sabemos.

¿Junio se terminó?

Sería un terrible error analítico desconocer, al igual que algunas corrientes políticas, que el proceso del Impeachement fue la expresión más evidente de una ofensiva reaccionaria global que finalmente estableció un gobierno neoliberal de línea dura con el fin de establecer una correlación de fuerzas desfavorable a los trabajadores. Por lo tanto, a pesar de la deriva neoliberal de Rousseff, la clase dominante terminó después de dos años de crisis política crónica inclinándose  en su mayoría por la posición de que un gobierno de coalición de clases no sería capaz de llevar hasta el final su política de ajuste estructural, por eso se unificó en torno a la salida del juicio político. Lo que significaba en la práctica la imposición de un nuevo gobierno de coalición integrado por las oligarquías políticas y el capital financiero, es decir, un gobierno burgués de “sangre pura” que pudiese garantizar hasta el final la imposición de medidas históricamente regresivas que están en marcha.
Esta situación política claramente reaccionaria abierta por el juicio político se puede ver desde la composición socio-política del gobierno (hombres blancos, oligarcas políticos regionales, representantes de los capitales financieros y reaccionarios en general) hasta la agenda regresiva en el Congreso, a través de la privatización del Estado y la intensificación de la represión de los movimientos sociales.

La primera victoria importante del gobierno fue aprobar por un amplio margen de votos el Proyecto de Enmienda Constitucional (PEC), que estableció una congelación del gasto público durante 20 años, el famoso PEC 55. Con esta modificación, el gasto público primario (pago de intereses y amortizaciones de la deuda están fuera de la enmienda) puede crecer de acuerdo a la inflación del año pasado. Es decir, mientras que para satisfacer las necesidades crecientes de la población trabajadora el presupuesto federal se congelará en términos reales, los banqueros y los grandes inversores tendrán su sed de lucro cada vez más saciada, pues quedará una parte más grande del presupuesto para este fin.
Además de la PEC 55, ya fue aprobada en el Congreso la contrarreforma de la enseñanza media cuyo principal efecto será empobrecer el programa escolar, ya que los estudiantes podrán a partir del segundo año de la escuela secundaria elegir el área de conocimiento en la que continuarán estudiando. Se trata de una contrarreforma, porque al  llegar los estudiantes brasileños a la escuela secundaria están lejos de haber alcanzado el nivel de conocimientos necesarios para ir a la especialización en cualquier área de conocimiento.

La reforma previsional es una regresión histórica

Como hemos visto, las contrarreformas del gobierno de Temer están avanzando sin parar. Además de estas medidas, el gobierno está preparando un proceso de concesiones que permitirán a los grandes empresarios un negocio altamente rentable con nuevas infraestructuras y privatizaciones. Pero “la niña de los ojos” del gobierno es la reforma de las jubilaciones. Esta contrarreforma, de ser aprobada, significará un retroceso histórico en la legislación de seguridad social y el establecimiento de uno de los sistemas más restrictivos del mundo. La propuesta del gobierno es establecer sin distinción entre hombres y mujeres, ramas de actividad o región, 65 años de edad mínima y 39 años de período de aportes para que el empleado tenga acceso a la utilidad integral de la jubilación. Sin tener en cuenta así la doble jornada de las mujeres, la insalubridad de diversas profesiones y las diferencias en la esperanza de vida entre las regiones del país.
Esta propuesta es clave para el gobierno debido a que la enmienda constitucional que estableció la congelación del gasto público sólo será viable si el gobierno puede reducir drásticamente los ingresos para la jubilación y pensión. En lugar de aumentar los impuestos a las grandes fortunas o dejar de pagar intereses de la deuda pública a los grandes inversores, el gobierno quiere reducir drásticamente los fondos de pensiones y jubilaciones para cubrir el gasto primario que con el crecimiento de la población va a colocar nuevas demandas, que se sumarán a una situación ya catastrófica en la infraestructura de saneamiento básico en el sistema de salud pública y la educación.

Unifiquémonos contra la reforma previsional

Presentamos elementos que demuestran que de hecho se ha establecido una correlación de fuerzas claramente desfavorable para los trabajadores en los últimos años. Sin embargo, es necesario ver la otra cara de la moneda. La ofensiva reaccionaria por el Impeachment a Dilma impuso un gobierno mucho más reaccionario (no es apenas una continuación del anterior, aunque ambos están al servicio de la clase dominante) y una correlación de fuerzas claramente desfavorable para los trabajadores, no es lo mismo que decir que ya estamos en medio de una derrota histórica de la juventud y los trabajadores.
En nuestra opinión, es muy prematuro decir que el giro coyuntural a la derecha después de la destitución cierra el ciclo de la combatividad y la polarización política abierta en junio de 2013, porque las batallas claves de la lucha de clases aún están por ocurrir y será en función de su resultado que esta ofensiva patronal pueda ser frenada en los próximos meses.
Hay varias expresiones de combatividad de la clase obrera, como es el caso de los funcionarios públicos del Estado de Río de Janeiro que libraron verdaderas batallas campales frente a la Asamblea Legislativa del Estado contra la votación de proyectos de recorte de derechos, salarios y privatización de empresas públicas. Otra expresión de la combatividad que demostró potencial de lucha fue la de los estudiantes secundarios y universitarios que inmediatamente después de la destitución llegaron a ocupar las escuelas y universidades en contra de la reforma de la escuela secundaria y contra los recortes presupuestarios en la Universidad, y nada indica que esta juventud haya sido derrotada y no vaya a reaccionar en el próximo período.

Por otro lado, no podemos ignorar que el gran ausente en la lucha de clases en los últimos años es la clase obrera industrial y que si ésta no entra en juego va a ser muy difícil de contener la ofensiva reaccionaria. Pero no podemos decir que este sector está derrotado y ante las contrarreformas no irá a entrar en el campo de juego. Por el contrario, comienzan a surgir expresiones de lucha que muestran que la clase trabajadora brasileña no será derrotada sin luchar.
Obviamente, que si sufrimos derrotas seguidas esta coyuntura de giro a la derecha acabará estableciéndose no sólo como fenómeno político momentáneo y la ola de rebelión abierta en el año 2013 se cerrará definitivamente, abriendo así una nueva etapa más conservadora de conjunto. Pero en lo que se refiere a los elementos políticos más fundamentales y de largo plazo en la lucha de clases, están a punto de definirse con más precisión, por lo que la posición fatalista es la peor, porque termina desarmándonos frente a las grandes batallas que se van a producir.

La cuestión ahora es con qué política iremos a encarar los desafíos de enfrentar esta ofensiva reaccionaria de conjunto. Sabemos que a pesar de la muy baja popularidad de Temer y la desaprobación a su gobierno y de la operación “lava Jato” que al día de hoy produce acusaciones de corrupción que involucran directamente al gobierno, hay una enorme cohesión entre la clase dominante para apoyar al gobierno en la tarea de imponer contrarreformas.
Además de la unidad de la clase dominante, la burocracia sindical y el PT tienen en el centro de su acción política desgastar al gobierno y recuperar la confianza de la clase dominante para competir con Lula a la cabeza, que aparece con un 24,8% de intención de votos para las elecciones presidenciales de 2018. Por eso este partido y la burocracia de la CUT no resistieron el juicio político, no apostaron por la lucha contra el PEC de congelamiento del gasto público y ahora operan en cámara lenta en relación con la contrarreforma previsional. Además, sabemos que cuando los trabajadores y los jóvenes salgan a las calles para enfrentarla harán todo lo posible para dividir, frenar y sabotear la lucha.
Por otro lado, a pesar de la desmoralización del PT, debido al trágico final del gobierno Dilma, este partido, en particular el lulismo, en tanto que mayor expresión del reformismo sin reformas nacionales, sigue siendo hegemónico dentro del movimiento sindical, popular y estudiantil. Esto se debe a que el agotamiento de esta experiencia política no fue el resultado de una lucha de la clase obrera por sus reivindicaciones y a través de sus métodos de lucha, sino a través de una maniobra parlamentaria reaccionaria que estaba basada en una movilización masiva de cuño derechista. Por lo tanto, como resultado contradictorio, y a pesar de la derrota electoral del PT en las elecciones municipales en todo el país en octubre del año pasado, hay un relativo fortalecimiento de petismo en los sindicatos y el movimiento estudiantil.

Por lo tanto, creemos que es necesaria una combinación de tácticas que propicie impulsar las manifestaciones masivas contra los ataques en curso y presentar una alternativa política al petismo. En primer lugar, hay que hacer todos los esfuerzos para construir manifestaciones masivas y organizaciones amplias para enfrentar la contrarreforma previsional. En este sentido, todas las tácticas que favorecen la movilización y organización popular y trabajar en contra de la reforma deben ser utilizadas. Debemos trabajar sistemáticamente para involucrar a todas las centrales, partidos políticos, movimientos sociales, parlamentarios, artistas, personalidades, etc., en la lucha contra esta reforma. Frente a este ataque debemos hacer la unidad de acción, incluso con el diablo, para que los actos sean enormes; por supuesto, que el liderazgo político debe estar en manos de los trabajadores y la izquierda debe luchar desde el interior para que tenga un programa de lucha independiente.

Dos tácticas de frente único para desarrollar
Pensamos que para favorecer la unidad de acción contra los ataques inmediatos de Temer y los patrones, debemos desarrollar una táctica de frente único que nos permita, en primer lugar, impulsar directamente en la base las luchas contra los ataques del gobierno y los patrones y para exigir a la burocracia, y denunciar cuando no lo hace, que organice la resistencia.
Es preciso también que esta táctica de frente de lucha sirva para construir una alternativa política de masas a la burocracia. Creemos que es necesario poner en pie un frente independiente que unifique todas las corrientes sindicales que rompieron con la CUT (CONLUTAS e Intersindical), el Frente Pueblo Sin Miedo y otros sectores independientes. Es precisamente ahí donde debemos colocar la regla, porque para nosotros este frente único de lucha política debe estar dirigido a la unificación de la izquierda socialista con los demás sectores independientes y con el fin de comenzar a poner en marcha, de hecho, una alternativa sindical, popular y estudiantil de lucha independiente.
Además, es necesaria una alternativa política al PT. Para esto es necesario construir desde ya un frente de izquierda que unifique a todos los sectores de la izquierda socialista, como el conjunto del PSOL, PSTU y otros sectores. Iniciativas importantes se están llevando a cabo en varios estados, como el Bloque de Izquierda en Sao Paulo. Sin embargo, una serie de organizaciones no están presentes y todavía no tienen organismos nacionales de coordinación.
Por último, a la ofensiva reaccionaria, la confusión entre las masas y en la vanguardia debido al fracaso de los gobiernos del PT y de la crisis de la alternativa socialista en la que vivimos, es esencial dedicar la máxima atención a la combinación de tácticas de unidades de acción y los frentes únicos que permitan ir a la resistencia masiva, organizar a los luchadores para enfrentar a la burocracia y presentar una alternativa socialista a la crisis.

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