Por Rafael Salinas, SoB 420, 7/4/17

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“El chavismo-madurismo ha contribuido, como otros gobiernos llamados «progresistas», a desacreditar, no sólo en sus respectivos países sino en todo el mundo, la idea de socialismo. Y para eso han contribuido no pocos opinólogos falsoprogresistas, con sus artículos elogiosos y desprovistos de espíritu crítico de dichos regímenes.  Eso ha llevado a que mucha gente diga: si eso es el socialismo, no gracias.” (Alejandro Teitelbaum, “Rescatar la idea de socialismo”, 06/04/2017)

El desastre sin fondo de Venezuela bajo el chavismo en decadencia, no sólo es una tragedia social para sus trabajadores y sectores populares. También es un golpe –y en varios sentidos– para sus hermanos de América Latina y, más específicamente, para la (verdadera) lucha por el socialismo en el mundo.

En estos momentos, en América Latina, Europa, EEUU y otras regiones, se habla mucho del avance de la derecha… a veces en términos exagerados. Pero se habla menos de las responsabilidades que tienen los “progresistas” Obama, Clinton & Cia., para que hoy un Trump ocupe la presidencia. O, en Europa, de las inmensas consecuencias de la traición de Tsipras y Syriza capitulando ante la Unión Europea, que ahora se concretan en distintos países en el fortalecimiento de la extrema derecha “anti-europea”, estilo Marine Le Pen…

En el caso latinoamericano, la catástrofe del chavismo en Venezuela tiene proyecciones y consecuencias que sobrepasan nuestro continente. Es que, además, Chávez tuvo la funesta idea de presentarse como el “socialismo del siglo XXI”[1]. Fue una falsificación con la que logró un éxito político-publicitario enorme, no sólo latinoamericano sino internacional… pero que hoy, en mayor o menor medida, lo estamos pagando todos los que nos reclamamos socialistas. Y esto lo sufrimos tanto las corrientes que como nosotros denunciamos desde el principio la estafa chavista, como las que se compraron ese buzón… que lamentablemente fueron la gran mayoría.

Ahora, en esta situación de crisis sin fondo de Venezuela, con repercusiones latinoamericanas y mundiales, es necesario más que nunca poner las cosas en claro.

En la “Declaración de la Corriente Internacional Socialismo o Barbarie”, emitida el sábado pasado y que publicamos también aquí, fijamos nuestra posición sobre las cuestiones políticas fundamentales que cruzan la situación venezolana. En este artículo, comentamos algunos temas que es necesario aclarar.

De Chávez a Maduro: ¿ruptura o continuidad?

Este es uno de los debates más importantes, con vistas a una recomposición de la izquierda (realmente) socialista venezolana. Diversas corrientes tratan de cavar un abismo entre Chávez y su sucesor. Un sociólogo venezolano de izquierda, Edgardo Lander –profesor de la Universidad Central de Venezuela– explica bien que, ante todo, hay continuidad:

“Venezuela –recuerda Lander– ha tenido 100 años de industria petrolera… girando en torno a cómo se reparte la renta petrolera. Esto ha conformado no sólo un modelo de Estado y de partidos, sino también una cultura política e imaginarios colectivos de Venezuela como un país rico, de abundancia, y la noción de que la acción política consiste en organizarse para pedirle al Estado… En el proceso bolivariano, a pesar de muchos discursos que aparentaban ir en dirección contraria, lo que se hizo fue acentuar esto. Desde el punto de vista económico se acentuó esta modalidad colonial de inserción en la organización internacional del trabajo. El colapso de los precios del petróleo simplemente desnudó una cosa evidente, cuando uno depende de un commodity cuyos precios necesariamente fluctúan.

“[…] ¿Cómo se compara esto con la situación bajo el gobierno de Hugo Chávez? Primero hay que tomar en cuenta qué fue lo que pasó en el tránsito de Chávez a Maduro. La mayoría de los problemas con que nos encontramos hoy, venían acumulándose con Chávez.

“Los análisis de parte de la izquierda que reivindican la época de Chávez como la época de gloria, en la que todo funcionaba bien y de repente aparece Maduro como incompetente o traidor, son explicaciones maniqueas y que no permiten desentrañar cuáles son las lógicas más estructurales que llevan a la crisis actual.

“El proceso venezolano, por decirlo muy esquemáticamente, siempre estuvo sustentado sobre dos pilares fundamentales: por un lado, la capacidad extraordinaria de Chávez de comunicar y de liderazgo, que generó una fuerza social; por otro lado, precios del petróleo que llegaron en algunos años a más de 100 dólares el barril.

“En forma casi simultánea, en 2013, estos dos pilares colapsaron: murió Chávez y los precios del petróleo se vinieron abajo. Y el emperador quedó desnudo. Quedó claro que esto tenía un alto grado de fragilidad, por depender de cosas de las cuales no se podía seguir dependiendo.

“Además, hay diferencias muy importantes entre el liderazgo de Chávez y el de Maduro. Chávez era un líder con capacidad de dar orientación y sentido, pero también tenía un extraordinario liderazgo dentro del gobierno bolivariano como tal, de manera que cuando él decidía algo, esa era la decisión. Eso generó falta de debates y muchos errores, pero también una acción unitaria, direccionada. Maduro no tiene esa capacidad, nunca la ha tenido, y ahora en el gobierno cada quien jala por su lado.

“Por otra parte, durante el gobierno de Maduro ha habido un incremento de la militarización, quizá porque Maduro no viene del mundo militar. Entonces para garantizar el apoyo de las Fuerzas Armadas tiene que incorporar a más de sus integrantes y darles más privilegios. Se han creado empresas militares, actualmente la tercera parte de los ministros y la mitad de los gobernadores son militares, y están en lugares muy críticos de la gestión pública, donde ha habido mayores niveles de corrupción: la asignación de divisas, los puertos, la distribución de alimentos. El hecho de que estén en manos de militares hace más difícil que sean actividades transparentes, que la sociedad sepa qué es lo que está pasando.”

El núcleo social dirigente del chavismo, ayer y hoy

Como habíamos advertido desde los primeros tiempos del fenómeno chavista, “Chávez se sostiene sobre dos columnas fundamentales: una, conformada por sectores del aparato burocrático del Estado y ante todo por las fuerzas armadas, en especial, el Ejército. Este ha sido desde el inicio su partido… El otro sostén decisivo, lo encuentra en algunos sectores de la clase obrera y sobre todo en las masas pobres y excluidas…” [Roberto Ramírez, “¿Revolución Bolivariana? – La naturaleza del régimen de Chávez”, Socialismo o Barbarie, revista nº 16, Abr. 2004]

Asimismo, la cerrada oposición de la burguesía tradicional haría surgir, como en otros regímenes similares, “al amparo de los negocios del Estado, una capa burguesa específicamente enriquecida bajo su tutela, y que goza de las mieles de la corrupción estatal. Prácticamente a esta capa se reduce la «burguesía nacional».” [José Luis Rojo, “Tras las huellas del «socialismo nacional»”, Socialismo o Barbarie, revista nº 21, Nov. 2007]

Esto ha crecido notablemente con Maduro, sobre todo cuando gran parte de la clase obrera y en menor medida de las masas populares le han dado la espalda.

Hoy los militares dirigen y controlan toda clase de empresas, como bancos (el BANFANB), de construcciones (CONSTRUFANB), de petróleo, gas y minería (CAMINPEG) que se mide con PDVSA, la petrolera estatal tradicional, de agricultura (AGROFANB)… y muchas otras, en las que se incluye hasta un canal de TV. Asimismo, están en el comando del operativo entreguista más gigantesco, el de la Franja Minera del Orinoco y la Faja petrolera cercana.

Pero quizás el privilegio más escandaloso, es que, a diferencia de las masas trabajadoras y populares, son el único sector –junto con la burguesía antichavista– que no tiene problemas para conseguir comida ni medicinas.

La gran burguesía recurre al “bachaqueo” del mercado negro, donde se consigue de todo, con tal de tener dinero para pagarlo. Los militares directamente tienen sus propios circuitos y organismos de abastecimiento. No tienen que pasar, como la gran mayoría de la población, por el horror de las colas interminables, y el desastre y humillación de los CLAP (Comités Locales de Abastecimiento y Producción), para obtener una bolsa de comida o una medicina.

Algunas graves consecuencias

Retomando la descripción de la crisis venezolana, Edgardo Lander subraya que “hay tres cosas que son extraordinariamente preocupantes de las consecuencias de todo esto a mediano y largo plazo. […] Se está desintegrando el tejido mismo de la sociedad. Hoy como sociedad se está peor de lo que antes de Chávez. Esto es algo muy duro de decir, pero efectivamente es lo que se vive en el país. Asimismo, se han revertido las condiciones de vida en términos de salud y alimentación. El gobierno dejó de publicar estadísticas oficiales y hay que confiar en estadísticas de algunas universidades, pero estas indican que hay una pérdida sistemática de peso de la población venezolana, algunos cálculos dicen que es de seis kilos por persona. Y eso, por supuesto, tiene consecuencias en desnutrición infantil y efectos a largo plazo.”

Pagadores seriales de las deudas al capital financiero

En esta situación social catastrófica, se da la paradoja de que el gobierno de Maduro es un pagador intachable de la deuda externa.

Aunque Venezuela en el año 2016 habría batido los records mundiales de inflación –un 550%– y de caída del PBI –un 15%–, Maduro pagó religiosamente los 16.000 millones de dólares de deuda externa que vencían ese año. ¡Los analistas financieros coinciden en caracterizarlo como una hazaña increíble, sobre todo en un país que depende de la importación de comida y medicamentos! ¡¡Ya sabemos quiénes realmente pagaron las consecuencias!!

Pero esta no es la única sangría financiera que sufre Venezuela. También, indirectamente, el gobierno de Maduro no sólo cumple con los vampiros de Wall Street y la City de Londres. También paga su cuota a Rusia y China. La deuda con Rusia de la empresa estatal de petróleo PDVSA llegaría a U$A 1.500 millones. Con China, a U$A 40.000 millones.

La salida: la entrega al capital extranjero… y la pelea con el parlamento por el reparto de la torta

Por último, frente a la crisis, Maduro y las FANB han encontrado una salida nada original en la historia de Venezuela: la entrega al capital extranjero. Está en remate internacional la Franja o Arco del Orinoco, una región con enormes riquezas mineras… pero cuya explotación podría producir una catástrofe ecológica. También la Faja petrolífera adjunta está en oferta.

En lo inmediato, esto ha sido el detonante material –poco comentado– de la reciente pelea entre el gobierno y Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), por un lado, y el parlamento (Asamblea Nacional) con mayoría opositora, por el otro. Es que la resolución del TSJ que detonó la reciente crisis, dejaba exclusivamente en manos del Poder Ejecutivo (Maduro y la FANB) la “constitución de empresas mixtas” para explotar esa riquezas mineras y petroleras. El TSJ, a su vez, se reservaba la “supervisión” del enorme negociado…[2]

¡La “Asamblea Nacional”, es decir, la burguesía opositora, quedaba así excluida de uno de los negociados potencialmente más fabulosos de la historia venezolana!

Hasta ese momento, la oposición parlamentaria de la MUD (Mesa de la Unidad Democrática) había tolerado a regañadientes escándalos tales como que Maduro sigue sin convocar las distintas elecciones regionales y departamentales que deben hacerse este año. Pretende patearlas al 2018. ¡Pero esa resolución de la corte que la excluía del negociado de las “empresas mixtas”, evidentemente rebalsó el vaso!

La MUD rompió la relativa tregua –gestionada el año pasado por el Vaticano– y que se mantenía aunque muy deteriorada.

A pesar de todo, apostamos a una salida independiente de los trabajadores y el pueblo venezolano

No hay que disimular la gravedad de la situación. El chavismo bajo Maduro no sólo ha desembocado en una catástrofe económico-social que castiga particularmente a los trabajadores y a los más pobres. Lo más grave es que estaría generando en las masas un clima de desmoralización y descomposición cuya amplitud y profundidad es difícil medir.

En ese contexto, hay muchas opiniones de extremo pesimismo, incluyendo la de Eduardo Lander, el sociólogo cuyas denuncias indignadas citamos. Esto es lógico, porque lo ocurrido con el chavismo es también una seria derrota de las expectativas de las masas.

Sin embargo, nos parece que sería unilateral quedarse en esas deducciones. De la dolorosa y frustrante experiencia con el chavismo, también pueden surgir–aunque inicialmente en una minoría– otras conclusiones. La de no volver a confiar en ningún salvador milagroso como Chávez, caído de los cielos, sino en sus propias fuerzas, sus luchas y organización independientes.

1.- Es menos conocido que lo de “socialismo del siglo XXI” no fue inventado por Chávez. Es un concepto acuñado en 1996 por el sociólogo alemán Heinz Dieterich Steffan, profesor en la Universidad Autónoma de México. Dieterich Steffan fue hasta 2007 “asesor” de Chávez, hasta que rompió denunciando luego el curso a la derecha del proceso chavista.

2.- “Decisión número 156 de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia”, 28/03/2017.


Recordemos que existe el imperialismo

Como subrayamos en la declaración de Socialismo o Barbarie, que aquí publicamos, lo de Venezuela también se juega, decisivamente, en el terreno internacional.

Por eso, los lacayos latinoamericanos del imperialismo yanqui –encabezados por Macri y gobiernos afines–, han puesto en marcha al “ministerio de colonias” de Estados Unidos. Es decir a la OEA (Organización de Estados Americanos), para arremeter contra Venezuela.

Demás está decir que a esa pandilla de lacayos le importa un rábano los sufrimientos del pueblo venezolano. Simplemente quieren ajustar cuentas con un miembro “desobediente” de la comunidad latinoamericana –el gobierno chavista–, tomando partido por la otra fracción burguesa venezolana, los “opositores” de la MUD, que son sirvientes incondicionales, títeres de Washington.

Para desnudar lo de la OEA, basta preguntarse qué hace esta organización ante problemas mucho más graves que la pelea Maduro vs. Capriles o el TSJ versus la Asamblea Nacional.

Por ejemplo, ¿qué medida va a tomar la OEA frente al Muro que comienza a construir Trump en la frontera con México y las deportaciones masivas de migrantes latinoamericanos que está impulsando? Los héroes de la OEA no van a la hacer nada, porque son sus sirvientes.

Dejando esto en claro, quedan sin embargo, otras cuestiones a debatir en la izquierda.

Para algunos, la defensa de Venezuela frente a cualquier intromisión del imperialismo yanqui, implica simultáneamente callarse la boca ante las barbaridades del gobierno de Maduro y la situación atroz por la que están pasando sus masas trabajadoras y populares. Esta suele ser la posición de las corrientes castro-chavistas, principalmente.

Pero también, en el campo de la izquierda y el “progresismo”, hay una posición “opuesta” pero no menos equivocada. Se denuncia la grave situación venezolana y se critica a su gobierno… pero se procede como si Venezuela fuese un planeta que gira solo en el espacio. No existe el imperialismo, ni tampoco los operativos intervencionistas de su instrumento, la OEA.

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