Por José Luis Rojo, Editorial SoB n° 421, 13/4/17

Categoría: Argentina Etiquetas: , ,

Tenemos un Plan B

“’Estamos trabajando en un Plan A. La Argentina, después de cinco años de cero crecimiento, está creando nuevos empleos formales. Entiendo lo que estás diciendo’, dijo Macri ante la interpelación de un periodista, quien le consultó ‘cuál era el Plan B’ si la economía no aceleraba” (Clarín.com, 5/04/17).

Pasado el primer embate desde abajo que tuvo que soportar Macri, el gobierno se mantiene firme contando con el apoyo unánime de la patronal y el imperialismo.

Sin embargo, el costo político ha sido muy alto. Si bien cuenta con una base social que le es fiel, una franja entera de los trabajadores ha roto con el gobierno; cuestión que le dio el contenido político al reciente paro general, expresión de dicha ruptura.

En estas condiciones, la coyuntura política permanece abierta colocando sobre la palestra, por añadidura, algunas discusiones de fondo como la de la “democracia” y el “modelo” (¿sistema?), expresando que lo que está en juego tiene profundidad.

“Thatcherismo”

Lo primero a subrayar es que el gobierno ha ratificado el giro a la derecha que viene expresándose desde comienzos del año recambio de Prat Gay por Dujovne mediante. Es evidente que su orientación pasa por intentar imponer una derrota aplastante a los docentes, transformando dicha derrota en un caso testigo para las demás actividades.

Esta orientación “a lo Thatcher” se puede apreciar en el endurecimiento de su política frente a los cortes de rutas, de calles, acerca de los piquetes. Luego del desalojo del piquete de la Panamericana el pasado jueves 6 (desalojo que, atención, ocurrió después de tres largas horas de exitoso piquete), y del desalojo de AGR-Clarín (que el PO erróneamente no orientó a resistir por al menos unas horas), el gobierno la emprendió el domingo 9 por la noche, con la represión al grupo del docentes de la dirección del SUTEBA que se habían lanzado a poner en pie una “escuela itinerante” en el Congreso.

Dicha represión, sin embargo, desató semejante repudio democrático que no sólo motorizó una serie de acciones del movimiento estudiantil (un actor social que hasta el momento había estado ausente de la oleada de luchas), sino que motivó un nuevo paro general de CTERA ayer martes 11 y que, en definitiva, la carpa haya sido finalmente instalada[1].

Está claro que, de todas maneras, el gobierno aparece reafirmado; cuenta para ello con la unidad de la burguesía en torno suyo, burguesía que más allá de algunas contradicciones (la preocupación creciente por el atraso del dólar), lo sostiene frente al terror que le produce sólo pensar en la vuelta al “populismo” K.

Al carácter de gobierno fortalecido pero también minoritario (del apoyo del 51% en el balotaje ahora estará en un 30% más o menos), se le agrega otro problema, que podría transformarse en grave si no logra ser revertido. Se trata de la situación de la economía. En este terreno las cosas están yendo mal para el gobierno. No se trata de que carezca de financiamiento, ni de que podría armarse una crisis financiera en un futuro previsible. Esto no es así porque cuenta hoy con un “colchón” de reservas de 50.000 millones de dólares, habiéndose visto beneficiado por los ingresos del “blanqueo”, así como por la confianza de los inversores “por el retorno de la seguridad jurídica” al país.

Pero la paradoja es que el ingreso de estos dólares le está causando problemas. Por un lado, en la medida que son dólares que vuelven a recrear la “bicicleta financiera” tan conocida por la Argentina: se compran dólares baratos (porque se está verificando ya un atraso cambiario), se pasan a pesos a altas tasas de interés, se vuelven a recomprar dólares baratos y se los lleva fuera del país; ¡no hay mejor negocio que este hoy en la Argentina!  

Al atraso cambiario se le viene a sumar una inflación que se ha vuelto a desbocar. Lo que demuestra, por otra parte, que en condiciones de reacomodamiento de los precios relativos, tranquilamente puede convivir una inflación alta y un dólar planchado; precios como las tarifas -que aumenten en dólares- serán así más caros en términos reales, objetivo que es el perseguido por el gobierno.

En estas condiciones, ¿a quién van a poder convencer que la inflación estará en 2017 en torno al 18% como miserablemente pretenden imponerle a los docentes? Esto es más descabellado aún cuando en marzo nuevamente los precios se han ido para las nubes motorizados centralmente por tarifas, indumentaria, educación y alimentos, llevando el proyectado anual a algo en torno al 30%.

Para colmo, y como respuesta, el BCRA comandado por Sturzenegger ha vuelto a aumentar las tasas de interés, lo que directamente conspira con la inobservable “recuperación económica” que tanto venía anunciando el gobierno, así como contra la inversión productiva (¿para qué invertir en la producción si las tasas de interés pagan mucho más?).

El deterioro económico creciente, que se combina con más despidos y suspensiones, es lo que motoriza la bronca y alejamiento popular del oficialismo; bronca, desilusión, alejamiento que se observa en los lugares de trabajo, en las fábricas, en las escuelas, en los barrios populares, e, incluso, entre porciones de las clases medias.

¿Creerá el gobierno que las cosas pueden resolverse con “thatcherismo”? Un poco esa parece ser la idea cuando ante un panorama económico que no muestras mejoras reales, y la primera irrupción desde abajo que se observó en marzo, intenta imponer una brutal caída del salario como “ancla inflacionaria”, así como dando muestras de autoridad como el reciente giro más represivo en el que, de todas maneras, el tiro le puede terminar saliendo por la culata[2].

La calle y el palacio

Ocurre que como hemos señalado en estas páginas, mientras el gobierno se ha desplazado hacia la derecha, amplios sectores de masas lo han hecho hacia la izquierda. Y no se trata solamente de la bronca que crece entre los sectores populares. Se trata de un mes y medio de movilizaciones masivas que dieron lugar a un paro general (impuesto por el desborde en el acto del 7/03), que además de ser una acción de lucha si bien pasiva (más allá de los piquetes organizados por la izquierda), constituyó una suerte de “referéndum” contra Macri.

Es que se trató de un paro general especial, no meramente reivindicativo: el primer paro general contra Macri, expresión política de cómo la clase trabajadora pasó a la oposición.

Es en el contexto de estas jornadas de lucha que se colocó el problema de la “democracia”. Yasky y Acuña se apresuraron a afirmar que “quieren que Macri gobierne hasta el último día”. Al mismo tiempo, el oficialismo no tuvo vergüenza en convocar, de manera indirecta, a la jornada del 6A como una jornada en “defensa de la democracia”…

El tema se instaló en la cabeza de muchos docentes y trabajadores, algunos viendo con claridad el carácter maniobrero del mismo, otros con confusión. ¿Desde cuándo se ha visto que la movilización popular cuestione las libertades democráticas?

Es sabido que el cuestionamiento a las mismas siempre ocurre desde la derecha; sea directamente por la vía de un golpe militar, sea por alguna maniobra gubernamental que gira a orientaciones más autoritarias, a funcionamientos de “excepción”, “estado de emergencia”, etcétera, como se está observando en varios países internacionalmente en condiciones donde la situación se polariza.

Pero cuando se trata de la irrupción desde debajo de las masas, se está ante otra: el cuestionamiento a la gobernalidad de un gobierno que comienza a ser justamente repudiado (de ahí como estuvo rondando en la cabeza de muchos la imagen del helicóptero).

Seamos claros: no se está hoy en un nivel de crisis tipo el 2001. La primera oleada de repudio masivo de alguna manera pasó y todos los signos que está dando la CGT es que no pretende ni por un instante romper con el gobierno, que se avendría a la negociación sector por sector que propone Triaca.

De todos modos, es verdad que en las últimas semanas se vivió una suerte de contrapunto entre “la calle y el palacio”: entre un gobierno electo por el mecanismo de la “democracia indirecta”, que luego de asumir hizo lo que se le antojó, un brutal ajuste, y la democracia directa expresada en las calles.

El propio Macri declaró que se estaba poniendo sobre la mesa un debate de “modelos”; pero que ese debate sólo se podría “saldar con las elecciones”, exactamente como Magario, intendenta K de La Matanza, y tantos otros miembros de filas kirchneristas y peronistas afirman que la salida es “ir a votar en octubre”…

Esa es la trampa de la discusión: porque la calle, las movilizaciones, los piquetes, los paros y ocupaciones de fábrica son la expresión por antonomasia de la democracia verdadera; pero esta democracia es otra muy distinta de aquella que les gusta a los de arriba: es la democracia desde abajo, directa, la que se forja en las luchas (que incluso está consagrada constitucionalmente cuando la Constitución reconoce el derecho a levantarse contra una tiranía).

El debate sobre la “democracia” –tal cual la plantean el gobierno y los burócratas sindicales- encierra una trampa: la trampa del sindicalismo.

Su lógica es la siguiente: los políticos (patronales) son los que gobiernan; los sindicalistas sólo estamos para hacer reclamos; reclamos que por definición sólo pueden ser parciales. Entonces, se puede “patalear” mucho, pero paciencia: en el límite hay que aguantarse a Macri y, en todo caso, votar otra alternativa patronal en las elecciones de este año y del 2019[3].

¿Cuestionamiento al sistema?

La semana pasada Eduardo Fidanza tituló una nota en el diario La Nación: “Los que se discute detrás de las movilizaciones es el capitalismo”; lo paradójico del caso es que dicha temática no llegó a ser desarrollado en el artículo.

En realidad tomó un aspecto de la cosa, pero no el más profundo. Dio cuenta del elemento de (falsa) polarización entre los de arriba: entre Macri y los K. Ambos bandos políticos patronales están promoviendo esta polarización (neoliberalismo versus populismo) en su propio beneficio.

Sin embargo, Fidanza dejó de lado el aspecto más rico que parecía anticipar su nota, aspecto que ha estado muy presente en los medios en las últimas jornadas: el lugar de la izquierda anticapitalista (trotskista) en la coyuntura nacional.

Porque este lugar tiene dos aspectos de enorme importancia. El primero tiene que ver con su carácter militante, con su acumulación en el seno de sectores de vanguardia de los trabajadores, con el hecho que haya sido la protagonista de los cortes del paro general, de integrar la Lista Multicolor como alternativa de izquierda a la conducción de Baradel, etcétera.

Pero también tiene que ver con la vacancia política que se generó en las últimas semanas; a cómo lo social y lo político se han realimentado positivamente dándole una mayor profundidad potencial a los desarrollos.

Es que habitualmente el terreno electoral es utilizado para llevar las cosas a las aguas calmas del voto. No quiere decir que en esta oportunidad no se intente igual operativo. Pero la riqueza de las cosas aquí es que al calor de las jornadas de lucha de las últimas semanas, se ha procesado una vacancia política que la izquierda revolucionaria podría llegar a ocupar (un elemento que constituye un “revulsivo” que de proyectarse mucho no le debe gustar a las fuerzas del sistema).

Sectores de masas de los trabajadores se están alejado del macrismo; pero no está claro que quieran volver a acercarse al kirchnerismo (cuya experiencia está muy fresca aún en el recuerdo popular). Es verdad que últimamente los K se han recuperado (hasta parece que se han vuelto a fortalecer dentro del PJ). Pero entre muchos trabajadores y jóvenes se hace sentir el repudio a ambas alternativas (por su parte, “la ancha avenida del medio” por la que le gusta transitar al Frente Renovador parece haberse transformado, de momento, en un callejón sin salida); así las cosas, la alternativa que aparece en la cabeza de muchos, es la izquierda.

Lo que Fidanza no desarrolla pero queda dando vueltas en su artículo (algo que se reitera en las tantas alusiones al “trotskismo” los últimos días), es que cuando se habla de la izquierda argentina, efectivamente, se habla de una izquierda anticapitalista, superadora de los dos modelos capitalistas en danza (PRO y K), lo que de alguna manera habla de las potencialidades intrínsecas de la situación nacional, o, dicho de otra manera, del lugar de privilegio que de manera creciente ha venido ganando la izquierda en nuestro país, un lugar que, quizás, tenga un peso “simbólico-político” muchísimo mayor que su realidad orgánica, pero que de todas maneras, ese mismo peso “simbólico” podría ser una palanca fenomenal para el desarrollo de una mayor construcción orgánica.

Que se discuta el capitalismo más como un “fantasma” que conscientemente (el “fantasma del Comunismo” del que hablara Marx; un temor a algo más potencial todavía que real), tiene que ver con la vacancia política que podría ocupar la izquierda en las próximas elecciones; la preocupación que podría surgir en torno a esto.

En todo caso, esto refleja el peso creciente que entre sectores de amplia vanguardia de los trabajadores, las mujeres y la juventud, y proyectado más ampliamente en el terreno electoral, viene ocupando la izquierda clasista en nuestro país, que como hemos escrito muchas veces, de manera lenta pero persistente y a depender de una eventual radicalización real de la lucha de clases, podría cumplir un rol histórico en nuestro país.

1° de Mayo. Vení al Congreso con la Izquierda al Frente por el Socialismo

Es aquí donde se coloca el rol de la izquierda en la actual coyuntura. Por un lado, jugándose a brazo partido en las luchas de los trabajadores, las mujeres y la juventud, apostando al desborde a las direcciones tradicionales, a derrotar los intentos represivos del gobierno.

Pero también en el terreno de las propuestas generales, de las alternativas. Macri ha dicho que “no hay un Plan B”. Pues bien: la izquierda, la Izquierda al Frente por el Socialismo, sí tiene un Plan B. ¿Y qué es este Plan B? Sencillo: un conjunto de medidas de emergencia de los trabajadores para que la crisis la paguen los capitalistas.

¿Cuáles son algunas de estas medidas?: a) Aumento salarial del 35% indexado trimestralmente que rompa el techo salarial; b) Prohibición de despidos y suspensiones, basta de precarización laboral, pase a planta de todos los trabajadores; c) Estatización bajo control obrero de toda empresa que vaya a la quiebra o cierre fraudulentamente; d) No pago de la inmensa deuda externa que está creando el gobierno de Macri; e) Ni una menos, perpetua a los violadores; f) Por el derecho al aborto libre, legal, seguro y gratuito en el hospital público; h) Triplicación de los presupuestos de salud y educación; i) Satisfacción del reclamo docente de paritaria nacional ya y aumento del básico del 35%; j) Basta de represión a las luchas, abajo el protocolo contra la protesta. Se trata de un conjunto de medidas de un programa de emergencia para que la crisis la paguen los capitalistas.

Es reivindicando este programa y en apoyo a las luchas, es que desde ahora mismo nos hemos puesto manos a la obra desde la Izquierda al Frente por el Socialismo para realizar el 1° de Mayo en la Plaza de los dos Congresos, un acto unitario de nuestro frente, al cual invitamos a todos los luchadores y organizaciones de la izquierda clasista que quieran hacer uso de la palabra en el mismo, así como llamamos a toda nuestra militancia, simpatizantes y amigos, a redoblar los esfuerzos en las luchas y en la invitación para nuestro acto de lanzamiento del frente.

[1] Otra cosa es el carácter tramposo que en sí mismo tiene la carpa respecto de la actitud de CTERA y SUTEBA de no profundizar las medidas de lucha cuando había posibilidades para ello.

[2] Nos hemos referido muchas veces a las subsistentes relaciones de fuerzas en la Argentina, que vienen desde el 2001 y todavía no han podido ser superadas, tal cual se han referido a ellas recientemente muchos analistas (ver a este respecto el propio Fidanza).

[3] Lo que, en todo caso, reenvía a otra cuestión que ha sido un clásico en nuestro país: mayormente las crisis de gobernabilidad luego de 1983 se han abierto cuando los gobiernos perdían las elecciones de medio término quedando entonces como “pato rengo” al borde de su salida anticipada.

  • Publicaciones de la corriente SoB

  • Elaboraciones estratégicas de la corriente SoB