Por José Luis Rojo, Editorial SoB 423, 27/4/17

Categoría: América Latina, Argentina Etiquetas: , ,

Una estabilidad que no está asegurada

“Todo el mundo desea que la Argentina sea un modelo, un ejemplo de contrapeso al populismo. Pero esto todavía no está escrito, hay elecciones en octubre’ recordó Peter Schetcher, vicepresidente del Consejo Atlántico. En Washington ‘todos quieren que al gobierno argentino le vaya bien’, agregó. ‘Es como si fuéramos todos espectadores en una chancha hinchando para el mismo equipo, pero todavía el partido no se ha acabado y hay que jugarlo hasta el último segundo’ graficó” (La Nación, 26/04/17)

Macri está cumpliendo sus primeros 500 días de gobierno. Es importante comprender cómo llegó hasta aquí y lo que se viene. Nos dedicaremos a esto a continuación.

Una transición sin crisis general

Lo primero para entender el gobierno de Macri es que la transición a la que dio origen su gestión se procesó sin una crisis general; crisis general que sí ocurrió cuando el pasaje de Alfonsín a Menem en 1989 y el 2001, cuando la caída de De la Rúa (hasta la llegada de Néstor Kirchner).

En aquellas oportunidades fue el estallido económico el que vehiculizó la irrupción desde abajo de las masas populares que terminó con Alfonsín y De la Rúa. Irrupción independiente que es una clave de importancia porque las direcciones burocráticas siempre actúan para contener los procesos de lucha. Si Alfonsín y De la Rúa terminaron eyectados del gobierno, es porque ocurrió un desborde desde abajo.

Sin embargo, para que ocurra este desborde, debe haber una condición material: que la economía sufra semejante deterioro que empuje a la acción a amplios sectores.

En 1989 la situación económica se volvió incontrolable. La escalada de los precios dio lugar a una hiperinflación, un fenómeno combinado económico y político que da lugar a un aumento de precios sin límites. En el caso de De la Rúa ocurrió otro fenómeno: la hiperdesocupación, el que al igual que la hiperinflación, impedía la subsistencia cotidiana de millones de personas[1].

En el pasaje de Cristina Kirchner a Macri no ha ocurrido algo parecido. El deterioro económico heredado de los K no ha sido revertido por Macri; más bien, su ajuste lo está profundizando (lo que está generando un descontento creciente; volveremos sobre esto más abajo). Sin embargo, el recambio presidencial no dio lugar a una crisis global, esto entre otras cosas porque un deterioro económico no es igual a una crisis general.

Un elemento de importancia es que si bien el kirchnerismo no logró normalizar del todo al país, trabajó concienzudamente para reabsorber los fervores populares desatados en el 2001; en consecuencia, el régimen político de democracia de los ricos llegó a este recambio en mucho mejores condiciones de lo que había quedado cuando la caída del presidente radical.

Existe otra condición fundamental de la estabilidad macrista: en el 2007 la burguesía argentina se dividió a propósito del conflicto con el campo: pasó a la oposición a los K. El kirchnerismo ya había cumplido su cometido (al igual que otros gobiernos populistas de la región, estabilizarla luego de las rebeliones populares); ahora la patronal exigía gobiernos agentes directos de sus designios.

El gobierno de Macri reestableció la unidad burguesa. Y esto es lo que explica que aun siendo un gobierno minoritario institucionalmente, llegue a sus primeros 500 días con un grado de estabilidad envidiable para los usos y costumbres del país.

A la espera del resultado electoral

Sin embargo, los primeros 500 días días de Macri no han pasado en vano. Su luna de miel con la sociedad terminó hace tiempo y entrado este 2017 Cambiemos no logra la tan prometida recuperación económica.

Este miércoles 26/04 aparecieron los datos del PBI de febrero y el resultado es un balde de agua fría a sus promesas de recuperación económica: el PBI cayó un 2.2% respecto de igual mes del año anterior: “El dato es muy malo, aunque ya se sabía. Esto ratifica la sensación de que la salida de la recesión está, pero será lenta. Y que no es sencillo que en el año se crezca 3.5%, como espera el gobierno” (Miguel Bein, La Nación, 26/04/17).

No sabemos si la salida de la recesión “está” como dice Bein; pero en todo caso el bache económico de febrero desmiente las ampulosas declaraciones de Dujovne de que el país ya estaba en una senda “ascendente”. Para colmo, la escalada de los precios no para.

¿Qué consecuencias políticas está teniendo la continuidad del deterioro económico? Que los primeros 500 días de Cambiemos no hayan pasado en vano: una amplia franja de los trabajadores ha roto con Macri en las últimas semanas. Y si bien existe actualmente un impasse en las luchas, difícilmente el oficialismo recupere los favores populares perdidos.

A esto se suma otro elemento de peso. El gobierno logró transitar el recambio presidencial sin una crisis general; además, de momento, a pesar de que la economía no se recupera, tampoco está fuera de control. ¿Por qué razón entonces la gran patronal y el imperialismo siguen a la expectativa esperando ver si Macri se consolida?

Es que junto con el problema económico, el gobierno enfrenta otro desafío mayúsculo: terminar de dar vuelta unas relaciones de fuerzas que en el país vienen desde el 2001 y que implican que los trabajadores, el movimiento de masas, no acumulan fuertes derrotas.

Estas relaciones de fuerzas se expresan en una serie de manifestaciones, una de las cuales se expresa en cómo la Argentina sigue siendo un país movilizado. Las recientes jornadas de marzo y abril han sido otras tantas muestras de lo que estamos diciendo.

De ahí que Macri haya escenificado un “giro thatcheriano” en las últimas semanas, sobre todo alrededor de intentar imponerle una ejemplificadora derrota a los docentes, así como hacer pasar una política represiva hacia la protesta social expresada en el intento de aplicación del protocolo para la protesta (ver el desalojo del piquete de la Panamericana durante el paro general del 6 de abril), así como las reaccionarias reformas que pretende llevar adelante en el Código Penal (ver la columna de Manuela Castañeira en esta misma edición).

Independientemente del curso concreto de estas batallas (volveremos sobre esto enseguida), lo que nos interesa subrayar aquí es que la burguesía está a la espera de que el gobierno gane las elecciones de este año a modo de una suerte de ratificación de su legitimidad para llevar adelante el ajuste económico; Macri logró llegar hasta aquí sin una crisis general, pero deberá ratificar sus credenciales para que la patronal tenga confianza en sus perspectivas a futuro.

La borrada de la CGT

Aquí es donde se coloca el rol traidor de la CGT renovado luego del paro del 6. La larga siesta a la que se han echado es la explicación del corte en seco de la dinámica luchadora ascendente que se venía expresando desde comienzos de marzo.

Parece como si la CGT hubiera pasado a la clandestinidad… Su Consejo Directivo se mostró fugazmente la semana pasada en la vergonzosa escenificación de la pelea entre Facundo Moyano y Héctor Daer.

Su borrada tiene que ver con que ninguno de sus sectores quiere tomar posición contra Macri. Daer y Acuña han sido explícitos en esto. Pero también el moyanismo, que la juega de “combativo”, se cuida de esconder que Moyano padre sigue siendo el principal interlocutor de Macri.

Por su parte la CTA esboza una táctica algo distinta. En las jornadas de marzo y abril se mostró a la “izquierda” de la CGT, ubicación que le dio cierto aire para fortalecerse. Ahora ha salido a convocar a una Marcha Federal con acto en Plaza de Mayo para el 19 y 20 de junio sobre la que todavía faltan elementos para fijar posición.

De todas maneras, esta escenificación crítica de la CTA no le ha impedido que donde le aprieta el zapato, el gremio docente, haya administrado el conflicto de tal manera de ir desgastándolo para que no la desborde. De ahí que el SUTEBA haya levantado las medidas de lucha y esté en plena negociación con el gobierno de Vidal (así como que CTERA haya abandonado el reclamo de paritaria nacional), sin al mismo tiempo cerrar de todo el conflicto.

Carpa itinerante mediante, busca estirar la negociación hasta después del 17 de mayo, no vaya a ser que la docencia, que no se siente derrotada, castigue a Baradel por su entregada del conflicto…

Si no fuera esta la realidad, porqué razón la CTA no adelanta la convocatoria a la Marcha Federal para colaborar en reabrir el conflicto del gremio que es el caso testigo del endurecimiento de Macri.

En todo caso, la paradoja de la circunstancia es que a pesar del rol traidor de la dirigencia sindical, el empresariado repite un mantra para terminar de comprometerse con Macri: esperar al resultado electoral.

Es que el gobierno está en minoría institucional. Y si de todos modos esto no cambiará con las elecciones, sin embargo saldría muy fortalecido si las ganara. Significaría una ratificación del rumbo, cerrarle la puerta a cualquier crisis de gobernabilidad.

Es que las elecciones de medio término en la Argentina tienen mala fama. Cuando los oficialismos las ganaron, se afianzaron. Pero cuando las perdieron, la crisis desencadenada término echándolos siempre antes de tiempo del poder; al menos esta ha sido la historia desde 1983.

La “renovación” del peronismo

Esto nos lleva a profundizar en el rol del peronismo. Este aparece en una encrucijada. La figura que más mide en la provincia de Buenos Aires es Cristina Kirchner. Pero el kirchnerismo no podrá aparecer como un recambio confiable para la burguesía salvo que gire de manera categórica a la derecha o que una gravísima crisis lleve las cosas nuevamente hacia la izquierda; en cualquier caso, incluso en esta circunstancias, es difícil apreciar cómo podría recuperar del todo su lustre “progresista” luego del desgaste acumulado por 12 años de gestión.

En este sentido, al peronismo quizás le convendría una renovación más “centrista” del tipo de la que esbozan figuras como el gobernador de Salta Urtubey, Randazzo o variantes fuera del actual PJ, un estilo más “trumpista” como podría ser Massa.

Pero el problema es que si los K aparecen demasiado de “izquierda” hoy para la burguesía (el cuco de “la vuelta del populismo”), a una renovación demasiado por la derecha le costaría dialogar con los amplios sectores populares que se están desplazando hacia la oposición a Macri.

Demasiados interrogantes están en presencia y no dependen sólo del país, sino de la dinámica regional y mundial, económica y también política.

Mientras tanto, hay dos definiciones a tener en cuenta en este punto. La primera es que el PJ, la CGT, el presidente del Frente para la Victoria en Senadores, Pichetto, etcétera, estarían encantados en ponerle coto al conflicto social, al creciente peso en la amplia vanguardia trabajadora de la izquierda. De ahí la provocadora reforma del Código Civil que el oficialismo presentaría en el Senado y que el bloque del FpV apoyaría; un escandaloso zarpazo reaccionario por donde se lo mire (ver la columna de Manuela Castañeira en esta misma edición).

La segunda hace referencia al rol específico de los K en la actual coyuntura. No es que estén cogobernando con Cambiemos (la propia realidad no exige algo así). Pero lo que sí están haciendo es ser garantes a fondo de la gobernabilidad, entre otras cosas jugando a fondo el juego de la falsa polarización que les propone Macri de manera de desviar todo el proceso en curso al terreno electoral, al tiempo que se cierra el campo político a otras fuerzas, sobre todo la izquierda.

Este papel lo está cumpliendo incluso a pesar de crisis políticas terminales como se está viviendo en la Santa Cruz gobernada por Alicia Kirchner, donde se enfrentan por dos recetas burguesas para hacer que los trabajadores paguen la cuenta de la crisis: el endeudamiento de la provincia que promueve Alicia, el súper ajuste de la plantilla del Estado que sostiene Macri; una crisis donde la única salida progresiva es la renuncia de la gobernadora y la convocatoria a una Asamblea Constituyente provincial, además de satisfacer urgentemente los reclamos de docentes, estatales y municipales.

 


 

Vamos por un paro general de 36 hs. y un Plan B para los trabajadores

¡El 1° de Mayo, todos al Obelisco!

Es en medio de estos desarrollos que se llega al 1° de Mayo. La izquierda tiene inmensos desafíos tanto en el terreno de las luchas cotidianas y la representación sindical de los trabajadores (ver las próximas elecciones del SUTEBA), como en el terreno electoral.

No se puede descartar que una parte de la franja que ha roto con Macri se niegue a volver a los K y termine apoyando a la izquierda en las próximas elecciones.

En este contexto, este 1° de Mayo mostrará dos actos importantes de la izquierda. El que se llegó in extremis por parte del FIT en Plaza de Mayo, y el primer acto nacional de La Izquierda al Frente por el Socialismo en el Obelisco.

El acto del FIT es un acto forzado obligado por la circunstancia de la formación de nuestro frente. Es una “tregua” transitoria en la guerra interminable entre sus integrantes. Si hay dos actos de la izquierda independiente el primero es por entera responsabilidad del FIT, que se negó a integrar a nuestro partido (y el MST) en sus filas.

Pero esto no quita que La Izquierda al Frente se venga desarrollando y tenga enormes desafíos por delante. Junto con comprometerse con las luchas cotidianas de los trabajadores, las mujeres y la juventud, está el difícil desafío de romper las PASO el próximo agosto. Un desafío que también significa cuestionar el regenteo sin principios de la ley proscriptiva por parte del FIT sobre el resto de la izquierda.

El compromiso del Nuevo MAS es sostener La Izquierda al Frente como un acuerdo de intransigente independencia de clase; también seguir bregando porque nuestro frente, sin despertar ninguna falsa expectativa que deje de lado las profundas diferencias entre nuestras organizaciones, siga asumiendo un perfil que vaya algo más allá de una mera cooperativa electoral.

Porque los desafíos y las posibilidades son inmensos, invitamos a toda nuestra militancia, simpatizantes y familiares a participar del acto del 1° de Mayo en el Obelisco, acto en el cual se expresarán delegaciones de las actuales luchas obreras, juveniles, docentes y del movimiento de mujeres y que tenemos el orgullo de anunciar que será cerrado por nuestra compañera Manuela Castañeira, la principal figura política de La Izquierda al Frente por el Socialismo.

[1] La hiperinflación y la hiperdesocupacion son dos desarreglos económicos mayúsculos pero de características distintas: en un caso la crisis viene por el lado de un espiral incontrolable de los precios; en el otro por la vía de una pérdida masiva del empleo. En ambos casos la crisis se encadena alrededor de una pérdida mayúscula del valor de la moneda como producto del deterioro de respaldo en divisas expresando una bancarrota del Estado.