Por Claudio Testa, SoB 427, 1/6/17

Categoría: Estados Unidos, Medio Oriente Etiquetas: ,

Mientras la casa se incendia, Trump realiza una gira internacional que culmina en choques con potencias europeas y agrieta la OTAN

En la semana que va del sábado 20 al sábado 27 de mayo, Donald Trump realizó una gira internacional que sigue dando que hablar. Es que quizás algunas de sus consecuencias podrían implicar cambios notables, como la ruptura o, por lo menos, el agrietamiento de las alianzas geopolíticas históricas que se constituyeron después de la Segunda Guerra Mundial, a saber, la de Estados Unidos con las potencias de Europa occidental.

Esta alianza se corporizó militarmente en la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), pero también en infinidad de políticas y lazos orgánicos comunes del llamado “bloque occidental” o “atlantista”, encabezado por EEUU, seguido del Reino Unido, Alemania, Francia, Italia, etc.

La gira de Trump duró una semana. Se inició en Arabia Saudita, donde estuvo el sábado 20 y el domingo 21. Siguió, el lunes 22 y martes 23, en Israel-Palestina. El miércoles 24 saltó a Europa, comenzando por una audiencia con el papa Francisco en el Vaticano. El jueves 25, continuó en Bruselas con reuniones con la Unión Europea y la OTAN. Finalmente, el viernes 26 y sábado 27 en Sicilia, en una reunión del G-7 se encontró con Merkel (Alemania), Macron (Francia), Theresa May (Reino Unido), Trudeau (Canadá) y representantes de Italia y Japón.

Su viaje tuvo, entonces, dos tramos muy diferentes, tanto en lo geográfico como en lo político: el inicial en el Oriente Próximo, y el segundo tramo europeo. Aquí veremos este último y, en nota aparte, el de Arabia Saudita e Israel-Palestina.

Focos de incendios se extienden en Estados Unidos

“Nunca ha habido un presidente de EEUU que iniciara su primer viaje internacional siendo perseguido por escándalos como estos.” (Larry Sabato, University of Virginia Center for Politics, AP-Time, May 19, 2017)

Trump inició el pasado sábado 20 una gira internacional mientras en EEUU seguían extendiéndose varios focos de incendio. Su viaje también estuvo lleno de claroscuros. En algunos lugares, como en Arabia Saudita, recibió aplausos delirantes… En otros, como en Europa, se dio de narices… Este contraste habla por sí mismo del saldo final…

Aquí haremos un recuento inevitablemente incompleto del viaje. Pero da una idea de las contradicciones y crisis cada vez más complejas –y sobre todo cada vez más peligrosas– que cruzan hoy al “mundo feliz” de la globalización neoliberal, a menos de tres décadas de la caída del Muro de Berlín.

Lo primero a tener en cuenta, es que mientras se desarrollaba esa gira, en Estados Unidos la crisis generada por revelaciones sobre contactos previos de Trump con el Kremlin –presuntamente “ilegales” o, por lo menos, “irregulares”–, se fue inflando cada vez más.

Apenas subido al avión que lo trasladaba a Europa, a Trump le estallaron dos nuevos petardos. El primero, las revelaciones de John O. Brennan, hasta hace poco director de la CIA, ante el “House Intelligence Committee” (Comité de Espionaje de la Cámara de Diputados) sobre reuniones del entorno de Trump con funcionarios del Kremlin durante la campaña electoral del año pasado. El otro escándalo compromete directamente a su yerno –y principal operador político– Jared Kushner. Habría intentado “crear una línea de comunicación directa con Putin por fuera de los canales diplomáticos establecidos”.[1]. Para eso habría hecho gestiones ante un banquero ruso, notorio agente de los servicios de espionaje de Putin.

Es imposible saber en qué medida esas “investigaciones” –que desde que asumió la presidencia llenan diariamente la primera plana de los grandes medios como el New York Times y la CNN– son sólo presiones y amenazas  para “disciplinar” a Trump y hacerle marcar el paso… o si ya, a pocos meses de su asunción, operan en un terreno “destituyente”…  algo que sería insólito en la historia política de EEUU.

Esto es difícil de responder… y no es quizás lo más importante. Lo fundamental es que revelan una seria crisis política y de dirección del imperialismo yanqui… crisis que no se sabe en qué irá a parar finalmente…

En verdad, el Estado norteamericano venía arrastrando sus problemas en ese sentido desde antes de Trump. Por supuesto, una “crisis de dirección” como la actual, no se da en el aire. Tiene diversas fuentes que la alimentan, desde su relativa decadencia como la superpotencia imperialista que antes mandaba sin rivales en el planeta, hasta los graves deterioros sociales y el descontento por abajo, y las divergencias de intereses por arriba, que la globalización provocó en la sociedad estadounidense.

Pelea con sus tradicionales aliados

Como señalamos al inicio, el poder global del imperialismo norteamericano después de la Segunda Guerra Mundial tuvo, por así decirlo, una “espina dorsal”, la alianza atlántica; es decir, con las potencias europeas. Es una alianza que asumió expresiones militares –como la OTAN– pero también políticas y económicas.

Esto fue puesto en cuestión desde que Trump tuvo sus primeras reuniones en Bruselas el jueves 25 con la UE y la OTAN y culminaron en la posterior reunión del G7 en Sicilia.

La prensa occidental ha difundido mucho los incidentes tragicómicos en que Trump es campeón indiscutido, como por ejemplo, empujar hacia atrás a un primer ministro para colocarse en primera fila. Pero ha aclarado menos las diferencias geopolíticas y económicas de la reunión.

En primer lugar, Trump había agitado en su campaña electoral su rechazo el art. 5 del Pacto de la OTAN… que por otra parte es la “piedra fundamental” de esta alianza. Este artículo dice que un ataque contra cualquiera de sus miembros se considera como un ataque contra todos. Asimismo, recordemos que Trump en su campaña había declarado a la OTAN “obsoleta”.

Trump no ha vuelto a repetir textualmente esos conceptos, pero tampoco los ha desechado explícitamente. Evitando ese terreno peligroso, ha pasado a la ofensiva contra sus socios de la OTAN en el tema económico y en otros aspectos… Reclama a los Estados europeos un aumento significativo de sus contribuciones a la OTAN: por lo menos, el 2% del PBI, algo que ni Alemania garantiza.

El presidente yanqui dedicó un buen tramo de su discurso del jueves 25 en la reunión de la OTAN a reprochar que casi todos los Estados miembros no cumplen con sus contribuciones obligatorias del 2% del PBI… Y añadió que “con el aumento de las amenazas, incluso ese 2% del PBI es insuficiente”. O sea, quien quiera OTAN, que la pague.

Pero las exigencias de Trump no se detuvieron allí. También reclamó que los europeos envíen un número substancial de tropas a Afganistán. El ejército afgano, que opera con respaldo militar y económico de EEUU –ya habría gastado 70.000 millones de U$A–, está perdiendo la guerra contra el Talibán. Y Trump exige que Europa también contribuya con tropas a cubrir ese vacío. No necesitamos aclarar la impopularidad que tendría esa medida si se tratase de aplicarla en serio, enviando algo más que algunos simbólicos especialistas o instructores…

Irán: ¿guerra o inversiones?

La cruzada contra Irán, agitada por Trump en Arabia Saudita e Israel, es otro punto de colisión. Europa apoya con todo el acuerdo del G5+1 con Teherán. Ahora, después que las recientes elecciones ratificaron a Hasán Rohaní en la presidencia, los planes del gran capital europeo no son los de participar en una guerra santa anti-chiíta –como desearían Trump y sus amigos de Arabia Saudita e Israel–, sino aprovechar la oportunidad para sus inversiones en Irán. Aunque lo de Irán no es la “gran divergencia”, Alemania y las potencias europeas que firmaron el acuerdo G5+1 apuntan en un sentido opuesto al de Trump.

Rechazo categórico al Tratado de París sobre cambio climático

No menos terminante fue el rechazo de Trump al Tratado de París sobre el cambio climático. Desde ya, ese Tratado no implica un conjunto de medidas consecuentes para enfrentar este gravísimo peligro que amenaza a la humanidad. Pero lo de Trump es muchísimo peor. Es un negacionista total del cambio climático, en sintonía con los sectores más retrógrados de sus votantes… y sobre todo de sus amigos de las corporaciones que producen y consumen carbón… que aumentan la contaminación, pero también sus ganancias.

Este es otro choque frontal con un continente donde la conciencia de las amenazas ecológicas es muy alta.

El tema económico, otro “casus belli”

Finalmente, el conflicto con Europa y en particular con la Unión Europea desemboca en el tema económico. Allí, los choques con Trump no fueron menores que en el tema OTAN y otros rubros. Y también, principalmente, la pelea se personalizó en Trump versus Merkel. Es decir, EEUU contra Alemania.

Aunque, como advierte The Economist (May 28th 2017), “Angela Merkel no es la reina de Europa”, la personalización de Trump tiene que ver con que Alemania sí encabeza hoy a las principales burguesías del continente y sus Estados.[2]

En su estadía europea, Trump aprovechó para reprocharle de todo, desde la “competencia desleal” de “vender millones de automóviles” a EEUU que arruinan a la industria estadounidense, hasta que Alemania es deudor moroso de la OTAN.

¿Adónde va Europa continental?

Las accidentadas reuniones con Trump, tanto de la UE y OTAN como del G7, dejaron un clima de crisis y trazaron líneas de posibles rupturas… pero que aún no se han concretado…

Esto se perfiló con más claridad días después, en un discurso de Merkel, esbozando un nuevo rumbo de Europa continental, principalmente en relación a Estados Unidos.

“Nosotros, los europeos –dijo Merkel– debemos efectivamente tomar nuestro destino en nuestras propias manos, por supuesto con amistad hacia los EEUU, con amistad hacia Gran Bretaña, y también con las mejores relaciones posibles con Rusia y otros países. Pero debemos saber que tendremos que luchar como europeos por nuestro futuro y nuestro destino.

“Han pasado ya los tiempos en que podíamos depender completamente de otros [léase, EEUU]. Esa es la experiencia de los últimos días… [es decir, de los días con Trump].”

Dicho de otro modo, cada uno por su lado. Después de la Segunda Guerra Mundial, “dependimos completamente” de EEUU, y pusimos “nuestro destino” en sus manos. Desde ahora, no podemos “depender completamente” de EEUU, debemos luchar solos por nuestro futuro.

Este discurso de Ángela Merkel tuvo enorme repercusión en Europa… pero hay que tomarlo con pinzas. Del dicho al hecho puede haber un largo trecho… y con más razón si se trata de la ruptura de uno de los dos principales bloques geopolíticos que se constituyeron tras la Segunda Guerra Mundial.[3]

Lo que es indiscutible, es que la crisis de la globalización neoliberal está generando fuerzas centrífugas cada vez más notables. Habrá que ver hasta dónde llegará este comienzo o, más bien, esbozo de ruptura del “bloque occidental” EEUU-Europa.

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1.- “Investigation Turns to Kushner’s Motives in Meeting With a Putin Ally”, New York Times, May 30, 2017.

2.- El Reino Unido es una excepción que, más allá del Brexit, dibuja hoy un gran signo de interrogación sobre sus rumbos futuros.

3.- El otro, fue el bloque de los Estados mal llamados “socialistas”, que se fue también disgregando en un largo proceso que finalizó en la disolución de la Unión Soviética.

Trump en Arabia Saudita e Israel

Grandes negocios, cruzada contra Irán  y bendición al genocidio del pueblo palestino

Trump sorprendió al mundo iniciando con Arabia Saudita su primera visita presidencial a un país extranjero. Las razones de esta extraña opción quedaron en claro poco después.

Es que además Trump, en su campaña electoral y desde el primer día de su presidencia, había dado muestras de una rabiosa islamofobia, que no distingue a los ínfimos sectores comprometidos con el terrorismo y el jihadismo, de los millones de creyentes que no tienen nada que ver con eso… y que suelen ser sus primeras víctimas.

Ya en la presidencia, uno de sus primeros decretos fue prohibir la entrada en EEUU de ciudadanos de una larga lista de países catalogados como “islámicos”…

De todos modos, esa visión “trumpista” del “terrorismo islámico” era muy  unilateral: sólo afecta a países “islámicos”… pobres. En cambio, Arabia Saudita estaba exceptuada, a pesar de haber sido la cuna de Osama Bin Laden y de Al Qaeda, y de donde salieron en su casi totalidad los que supuestamente realizaron el atentado de las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001. La islamofobia de Trump se derrite cuando se trata de dólares…

En ese marco, la visita y actividades de Trump en Arabia Saudita tuvieron dos coordenadas muy claras: una geopolítica y otra, la de lograr algunos billones de dólares.

El aspecto geopolítico se centra en dinamizar el enfrentamiento contra Irán como potencia regional. Para eso, se trata de exacerbar la hostilidad entre musulmanes sunnitas (encabezados por Arabia Saudita y gobiernos afines) contra la rama chiíta del Islam, que tiene su centro en Irán.

Por supuesto esto no es nuevo, ni mucho menos un invento de Trump. Agudizar las diferencias religiosas entre los pueblos que se quiere dominar, ha sido un truco clásico de los imperialismos. Ya antes de Trump, lo de “Arabia Saudita versus Irán” tuvo muchas expresiones, directas o indirectas. Una de ellas ha sido la proliferación –alentada y financiada desde Riad y otras capitales petroleras– de organizaciones yihadistas sunnitas que vienen operando en Irak y Siria, de las cuales finalmente nacería el Daesh, el Estado Islámico.

Otra consecuencia terrible ha sido la intervención conjunta de Arabia Saudita, EEUU, Francia y otros en Yemen para castigar a los rebeldes houtíes que en el 2015 se apoderaron de su capital Sanaa. Su pecado sería que los houtíes responden a Irán. Entonces, es lícito un buen genocidio para que escarmienten. Los que se salvan de las bombas están muriendo de hambre y epidemias como el cólera. Este crimen viene siendo cuidadosamente silenciado por los grandes medios.

Para más complicaciones, recordemos que Obama, simultáneamente, maniobró junto con otras potencias para negociar con Irán un acuerdo que le impidiese lograr armas nucleares. Pero el pacto entre Irán y el G5+1 (Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania) molestó profundamente a los dos grandes enemigos regionales de Irán: a saber, Israel y Arabia Saudita. En EEUU, el acuerdo del G5+1 fue rechazado por los republicanos y, por supuesto, por su actual presidente Donald Trump.

Ahora, Trump logró en Arabia Saudita un buen clima para dinamizar la lucha del Islam sunnita contra los herejes de Teherán. Para eso el reino saudita cuenta con su cortejo de lacayos, los gobiernos de otros países “islámicos” a los que financian desde Riad. Así Trump presidió grandes reuniones con esos lacayos, que lo aplaudieron olvidando sus campañas islamófobas.

Montañas de dólares… ¿se harán realidad?

Pero lo más resonante fue el segundo rubro, las montañas de dólares que supuestamente desde Arabia Saudita se harían llover sobre EEUU. “Ha sido una jornada formidable”, proclamó Trump. “Centenares de millones de dólares de inversiones en los Estados Unidos… y empleos, empleos, empleos!!!”

Se anunciaron 36 acuerdos que van desde ventas de armas a construcción de infraestructuras en EEUU con fondos saudíes. El valor total de las inversiones superaría los 380.000 millones de dólares. Sólo la venta de armas –se supone que para enfrentar a Irán– llegaría a 109.000 millones. Asimismo, el “fondo soberano saudí” se uniría al gestor de activos Blackstone de EEUU para constituir un fondo de 40.000 millones de dólares para renovar las decrépitas infraestructuras estadounidenses.

Sin embargo, a nivel de los especialistas, hay grandes dudas sobre estas cifras. Es que Arabia Saudita no es un barril sin fondo ni la cueva descubierta por Alí Babá, como muchos creen. La caída de los hidrocarburos ha repercutido duramente sobre gran parte de la población… y también sobre las finanzas del Estado… que no hay que confundir con las fortunas inmensas de los 7.000 parásitos que componen la familia real de los Saud. ¡Esas son propiedad privada!

La tasa oficial de desempleo es del 12%, pero es una fábula estadística. El porcentaje real es mucho mayor. Los hospitales públicos están cada vez más faltos de medicinas. El mayor fondo del reino, el General Retirement Foundation (GRF), que paga las pensiones de los retirados del sector público y de las fuerzas armadas, acaba de anunciar que va a la quiebra.[1]

Son noticias como estas las que llegan desde hace un tiempo desde Arabia Saudita… Cumplir con las promesas de compras billonarias de armas y demás acuerdos con Trump, podría dar combustible para un estallido político-social. Por supuesto, Arabia Saudita no es Irán ni Egipto… pero sus trabajadores y sectores populares también necesitan comer.

En Israel, apoyo al genocidio del pueblo palestino

La visita a Israel, a diferencia de la de Irán, no produjo anuncios espectaculares, de miles de millones de dólares. No hubo novedades. Simplemente Trump ratificó su pleno apoyo a la barbarie de los colonizadores sionistas… En esos días ya estaba en curso la huelga de hambre de los presos políticos palestinos, con grandes movilizaciones de apoyo en las calles reprimidas brutalmente… Por supuesto, Trump no dijo una palabra. Pero hizo lo que ningún otro presidente yanqui: ir a la zona ocupada de Jerusalén, lo que implica un reconocimiento tácito de la soberanía de Israel sobre toda Palestina… aunque esto tampoco es novedad.

Sin embargo, el viaje tiene su importancia geopolítica porque Israel, junto con Arabia Saudita, es la otra potencia regional que rechaza el acuerdo del G5+1. No sabemos qué cooperación puede haber logrado en ese sentido, en sus negociaciones secretas en ambas capitales… Pero una cosa es rechazar el G5+1… Otra es lograr consenso en ambos Estados –Israel y Arabia Saudita–, para un acuerdo de frente único contra Irán.

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1.- “Saudi retirement foundation loses reserves…”, Middle East Monitor, May 15, 2017.

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