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Unicef denuncia que más de 17 millones de niños son
sometidos a explotación en América Latina
AFP/La Jornada
Enviado por Correspondencia de Prensa,
05/08/04
Acorralados por la
pobreza, 17 millones de niños latinoamericano en edad de jugar,
estudiar y recibir afecto de los padres laboran en condiciones paupérrimas
en las minas de América del Sur, viven esclavizados como
"trabajadores domésticos" en la mayoría de los países del
continente o son explotados sexualmente.
Los niños
latinoamericanos aparecen en las calles de las capitales de México y
Argentina limpiando parabrisas y pepenando basura; en Bolivia y Perú
son utilizados para bajar a las minas, lo cual les reduce la esperanza
de vida a sólo 45 años; son explotados sexualmente lo mismo en los
puertos de Costa Rica, las playas de República Dominicana o en las
principales ciudades de Guatemala y Brasil, o son reclutados como
combatientes en Colombia.
Curiosamente, todos los países de América Latina están de
acuerdo en combatir la explotación infantil -26 naciones del
continente han ratificado la convención de la Organización
Internacional del Trabajo (OIT) para la erradicación de las peores
formas de trabajo infantil-, pero en la realidad no cesa, va en
aumento por los bajos salarios que obtienen frente a un adulto, la
facilidad para utilizarlos en trabajos peligrosos al fondo de las
minas y su fácil integración a la red de explotación sexual a lo
largo y ancho de América Latina.
Informes recientes del Fondo de Naciones Unidas para la
Infancia (Unicef) estiman que en México trabajan más de 3.5 millones
de niños menores de 16 años, y 25 por ciento de los niños
trabajadores del Distrito Federal no llegan a los 12 años de edad y sólo
subsisten de propinas.
El 80 por ciento de los niños que trabajan aportan buena
parte o la totalidad de su ingreso al hogar, y su contribución se
convierte en parte vital del sustento de la familia, según documentos
de Unicef y del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF),
consignados por la agencia Afp en sus despachos.
Citando los mismos documentos, la agencia asegura que los niños
trabajadores de la ciudad de México realizan un abanico de labores
que van desde empacadores (46 por ciento), vendedores ambulantes
(23%), ayudantes en mercados públicos (10%) y limpiadores de
parabrisas (4 por ciento), además de lavadores de autos, lustrabotas
o mendigos.
Los pequeños mineros
En Perú, 50 mil niños trabajan en actividades relacionadas
con la explotación del oro y manipulan mercurio sin protección
alguna. La mortalidad allí es significativa, asegura la coordinadora
regional del Programa de Erradicación del Trabajo Infantil, de la
OIT. Los niños mineros de Perú mueren de asfixia, aplastados en
derrumbes o por el avance inexorable de la silicosis, enfermedad que
corroe los pulmones por inhalación de sílice.
La mayoría de los 120 mil niños mineros quechuas y aymaras
de Bolivia tienen tan sólo entre siete y 17 años y son utilizados en
las labores dentro de las minas, donde muchos adultos ya no quieren
regresar jamás. Incluso manipulan dinamita y separan estaño mediante
productos químicos de alta peligrosidad. Su esperanza de vida no
supera los 45 años.
En la comunidad de San Juan Sacatepéquez, Guatemala, los niños
de la pólvora son tristemente conocidos. Desde los siete años de
edad, en mesitas colocadas en improvisados talleres en el patio del
hogar, hunden sus manos en bolsas de pólvora y la esparcen sobre
bastidores que contienen cientos de cartuchos. Son los armadores de
petardos que compran los padres de niños más afortunados para
detonarlos en las fiestas populares.
Con el cuerpo teñido de gris por el contacto con la pólvora,
muchas familias trabajan jornadas de 12 horas o más porque se les
aplica la modalidad de pago a destajo. Los más afortunados reciben 50
quetzales a la semana (6.4 dólares).
Los combatientes
Un informe reciente de Human Rights Watch calcula que 11 mil
menores de edad combaten actualmente en las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia y el Ejército de Liberación Nacional o
en los grupos paramilitares denominados Autodefensas Unidas de
Colombia.
La cifra, sin embargo, no puede ser exacta, pues contrasta
con la del Instituto Colombiano de Bienes Familiares, el cual señala
apenas 7 mil niños, o los datos actuales de Unicef, el cual estima
que a comienzos de 2004 en el país había 14 mil menores
combatientes.
La falta de oportunidades en el ámbito laboral y la fantasía
de poder que despierta en un niño el manejo de las armas son las
principales causas del enrolamiento voluntario de menores en los
grupos guerrilleros o paramilitares. En las décadas recientes, el número
de víctimas mortales civiles en conflictos armados creció en 90 por
ciento, y la mitad de esa cantidad son niños, según estimaciones de
la Organización de Naciones Unidas.
Pero la explotación sexual entre menores es aún mayor,
porque abarca la mayoría de los países de Latinoamérica. Existe en
los campamentos mineros de Brasil, en las cercanías de los puertos de
Costa Rica, en las playas de los países del Caribe o en la turística
ciudad de Cuzco, en Perú. Cientos de niños de entre siete y 17 años
de edad venden su cuerpo para poder sobrevivir o llevar algún
alimento a su familia.
Los personeros de las redes de prostitución infantil seducen
a familias pobres prometiendo jugosos salarios para emplear a sus niños
en hoteles y restaurantes inexistentes. Cerca de 20 por ciento de los
viajes internacionales se realizan con fines sexuales y 3 por ciento
son protagonizados por pedófilos, de acuerdo con las cifras
presentadas en el Congreso Mundial sobre Explotación Sexual Infantil
celebrado años atrás en Estocolmo, Suecia.
Niñas entregadas para ser violadas en pago de deudas, abuso
reiterado de padres, hermanos o tíos, o prostitución como único
camino de supervivencia, confirman la dramática cara de la explotación
sexual en Brasil.
En julio pasado, el Congreso brasileño pidió que se
investigara a 250 personas por su pregunto vínculo con la explotación
sexual. El informe, que puso en la opinión pública con nombres
propios a políticos, jueces, religiosos, empresarios y médicos,
reveló la existencia de 241 rutas terrestres, marítimas y aéreas
"para llevar mujeres jóvenes y niños brasileños" al
exterior con fines de explotación sexual.
Para Iza María de Oliveira, directora de la organización no
gubernamental Foro Nacional de Prevención y Erradicación del Trabajo
Infantil, la clandestinidad que rodea la explotación sexual infantil
hace difícil elaborar un censo que permita dimensionar
cuantitativamente el problema. Calcula que en el presente año tan sólo
la organización que preside atenderá a 28 mil niños y adolescentes
que han sido o son explotados sexualmente en Brasil.

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