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Cooperativa,
Soros, Chávez…
SanCor: un nuevo fiasco de la “burguesía nacional”
Por Marcelo Yunes
Socialismo
o Barbarie, periódico, 07/12/06
La
crisis de la cooperativa láctea SanCor –una marca emblemática en
el sector– dio lugar a una serie de alternativas que muestran de
cuerpo entero el fraude conceptual que significa el parloteo sobre la
“burguesía nacional”.
En
realidad, a la vista de los frustrantes resultados de las
convocatorias oficiales a ese fantasmal sector, hace rato que Kirchner
dejó de referirse a él con el entusiasmo que desplegaba en los
primeros dos años de su mandato. Pero cada vez que alguna firma
argentina de larga tradición cambia de manos para ser absorbida por
algún pulpo multinacional, una “multilatina” –por lo general
brasileña– o algún fondo de inversión de propiedad y orígenes
dudosos, el gobierno exhala un suspiro lastimero: “qué bueno sería
tener una burguesía nacional”.
El caso de SanCor es
altamente ilustrativo de cuáles son las opciones que el capitalismo
mundializado ofrece a los países periféricos como la Argentina. Se
trata de una asociación de cooperativas, inicialmente de Santa Fe y Córdoba
(de allí el nombre, aunque luego se agregaron otras provincias) que
hoy atraviesa una situación financiera muy delicada, con una deuda
cercana a los 200 millones de dólares. Ante esta situación, los
candidatos al “salvataje” son tres.
El
primero es un personaje símbolo de la globalización capitalista
(aunque a veces se permita criticarla como gesto de burgués excéntrico):
el financista húngaro George Soros, dueño del grupo agropecuario
Adecoagro, con fuertes inversiones en el campo argentino. Soros
propone aportar 120 millones de dólares por el 62,5% de una nueva
SanCor transformada en sociedad anónima. Por supuesto, esto implica
que SanCor pierde su doble status de cooperativa y de argentina.
Solución que financieramente cierra –seguramente, el costo lo pagarán
los trabajadores y productores de la SanCor actual–, pero que políticamente
al gobierno mucho no le gusta. Lógico: sería una “perla” más de
la producción nacional que pasa a manos extranjeras, ¡y qué manos!
Tanto
como para ir calibrando el “nacionalismo” de nuestra burguesía,
los propios directivos actuales de SanCor abrazan sin disimulo la
asociación con Soros, con el argumento de que “más vale el 37,5%
de algo que el 100% de nada”.
La
opción “nacional”
Otra
posibilidad, auspiciada por los gobernadores de Santa Fe, Córdoba y
Entre Ríos, es aceptar la oferta de la sociedad Ezkenazi (dueño de
varios bancos provinciales privatizados) y Eduardo Eurnekian, el
hombre que maneja el negocio de los aeropuertos en Argentina (aunque
se hizo conocido como dueño de Cable Visión en los 90). La oferta es
más modesta, porque serían 80 millones de dólares y un plan para
renegociar deudas. Cabe tener en cuenta que el principal acreedor de
SanCor es el Estado, a través del Banco Nación. “Seguramente, a
todos nos gustaría que SanCor sea administrada por capitales
nacionales”, fue el argumento del gobernador entrerriano Busti.
Pues
estos “nacionalistas” se conforman con bien poco. Cualquier
lector de diarios sabe que darle un negocio a Ezkenazi y Eurnekian es
exactamente lo contrario de garantizar una gestión a cargo de
“capitales nacionales”. Ambos han hecho y hacen excelentes
negocios con capitales de cualquier origen, y si la tajada es buena no
tienen ningún miramiento en enajenar áreas estratégicas. El caso de
Eurnekian es paradigmático: vendió Cable Visión a multinacionales
yanquis y fondos de inversión extranjeros por muy buen dinero (en su
momento, unos 700 millones de dólares). En países capitalistas
“serios”, como EEUU, sería imposible que empresas del sector de
medios de comunicación y telecomunicaciones estuvieran en manos
extranjeras.
Más
aún: el hecho de que se trate de burgueses argentinos no significa
nada, porque no ven a SanCor como un puntal de la producción láctea
–de la que no tienen la menor idea– sino como cualquier otro
negocio, que hoy se compra porque es rentable y mañana se enajena
porque da pérdida. Son lo que se llama “inversores no estratégicos”,
forma elegante de decir que les da lo mismo fabricar armas, pelotas de
goma o piolines de chorizo, siempre que den ganancia. Llamar a esos buitres
“capitales nacionales” es forzar el concepto… o dar un diagnóstico
preciso de cómo es la burguesía argentina real,
no la soñada por los progresistas.
No
es de extrañar que el presidente del Instituto Nacional de
Asociativismo y Economía Social, Patricio Griffin, se mostrara muy
disconforme con las dos propuestas, la “extranjera” de Soros y la
“nacional” de Ezkenazi-Eurnekian. En cualquier caso, el carácter
cooperativo de SanCor –perfectamente capitalista, por otra parte–
desaparecería.
¿Burguesía
nacional… de Venezuela?
El
tercer actor en liza es Hugo Chávez, que ofreció entre 80 y 120
millones de dólares a cambio de pagos a largo plazo en leche en
polvo, según anunció la embajadora argentina en Caracas, Alicia
Castro. Esta ayuda financiera permitiría mantener a SanCor como
cooperativa y, según Castro, evitar que “se desnacionalice la
industria lechera”.
Cabe
la pregunta: si el gobierno argentino es tan “nacionalista”, y si
el principal acreedor de SanCor es el propio Estado, ¿por qué no la
nacionaliza o, al menos, no mantiene su actual status con aportes
financieros a cargo del Banco Nación? ¿Por qué hay que esperar que
otro estado proponga lo mismo?
Respuesta:
por la misma razón por la que el gobierno no estatiza el Hospital
Francés ni aporta el dinero necesario para el funcionamiento de la
salud y la educación. Por la misma razón por la que gasta el robusto
superávit fiscal no en infraestructura necesaria o en servicios sino
en subsidios a los capitalistas “amigos” y en los pagos a los
acreedores. Es decir: se trata de un gobierno que usa el progresismo
para la tribuna pero que usa la platita del Estado (que ahora, a
diferencia de los 90, abunda) en beneficio de los capitalistas, tanto
“nacionales” como “extranjeros”.
Justamente,
la oferta de Chávez ilustra que en las actuales condiciones del
capitalismo globalizado, cualquier movida económica que pretenda un mínimo
de independencia respecto del imperialismo y los “inversores” no
puede venir de ningún sector capitalista privado “virtuoso” y
“nacionalista”, sino desde el Estado, ya sea que esté en
manos de la clase capitalista o se trate de un Estado en manos de la
clase trabajadora.
El
mismo Chávez queda pintado de cuerpo entero: a pesar de que hable de
“socialismo”, la oferta que hace no es otra cosa que un
mecanismo de capitalismo de Estado adaptado a las circunstancias,
por el cual la gestión de la empresa es completamente capitalista
pero el sostén financiero lo da el estado capitalista. Es lo que dice
Alicia Castro: mantener el status de cooperativa –totalmente
compatible con el mercado capitalista– sin “desnacionalizar” la
propiedad, controlada por el estado capitalista.
El
hecho de que el gobierno argentino no haya sido capaz de esbozar
siquiera esta limitada “solución”, que se ubica enteramente en el
marco de la propiedad y el estado burgueses, demuestra lo que valen
las charlatanescas apelaciones de Kirchner a la “patria” y a lo
“nacional”. Y, de paso, las no menos vacías –aunque al menos
con repercusión política más útil– referencias de Chávez al
“socialismo”.
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