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Ayo Ayo o la justicia comunitaria
de los aymaras
Redacción de
Econoticiasbolivia,
La Paz,16/06/04.
"Hemos hecho justicia",
dicen los comunarios que secuestraron, asesinaron y quemaron al
alcalde de Ayo Ayo, acusado de robar a los más pobres y de usar la
corrupta justicia oficial para perseguir y encarcelar a sus
detractores
Campesinos y comunarios aymaras de
Ayo Ayo, en el altiplano boliviano, justificaron el linchamiento de su
alcalde, al que prendieron fuego y asesinaron por supuestos actos de
corrupción y robo de los escasos recursos de esa población, una de
las más pobres de la región.
Según los pobladores de Ayo Ayo,
el linchado, Benjamín Altamirano, habría infringido la ley moral de
los indígenas aymaras y quechuas que ordena "no robar",
"no mentir" y "no ser holgazán" (ama sua, ama
llulla, ama kella).
"El alcalde Benjamín
Altamirano cometió actos de corrupción con los fondos de la
Participación Popular". Don Nicasio, comunario del lugar dijo
que Altamirano fue una autoridad corrupta que nunca hizo nada por la
región que necesitaba obras, razón por la que le aplicaron la
justicia comunitaria.
"Las autoridades de los
poderes Legislativo, Judicial y Ejecutivo no escucharon las decisiones
de los pobladores", se quejó a la red radial Erbol, don Nicasio,
quien explicó que la justicia comunitaria se aplica ante la
persistente injusticia de la justicia burguesa, de la justicia
oficial, una de las más corruptas e ineficientes de Sudamérica, que
deja impunes a quienes roban y asaltan los recursos y dineros de los más
pobres.
"Para los pobres no hay
justicia, para los pobres no hay perdón", dicen los pobladores
de Ayo Ayo, concentrados en la plaza principal, tras los sangrientos
sucesos que conmocionaron al país.
La acción de los comunarios recibió
el respaldo del "Mallku" Felipe Quispe, el líder de la
Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB).
"Yo creo que si es una acción comunaria, la CSUTCB va a defender
a los comunarios, porque los comunarios no son los culpables (del
linchamiento) . Los culpables son los que manejan las leyes, los que
administran las leyes, aquellos doctores que se corrompen hasta los tuétanos
y que dejan en la impunidad y sin castigo a los que le roban al
pueblo, dijo el "Mallku", un ex guerrillero indigenista que
hace dos semanas renunció a su diputación para "estar en la
lucha al lado de su pueblo y no corromperse con el
parlamentarismo".
Según los comunarios de Ayo Ayo,
el ex alcalde Altamirano habría, por el contrario, utilizado los
resortes de la justicia oficial para perseguir a sus opositores y a
quienes cuestionaban su gestión. Varios de los comunarios habían
sido acusados de robo en la Fiscalía en la ciudad de El Alto y La
Paz, donde residía el linchado y desde donde dirigía el municipio
altiplánico.
El secretario Ejecutivo del
Sindicato de Campesinos de la provincia Aroma, Ramón Copa, recordó
que cuando Altamirano se constituía en esa población era para
iniciar procesos judiciales contra los miembros del Comité de
Vigilancia y dirigentes sindicales de Ayo Ayo, buscando dividir a los
comunarios.
Cecilio
Huanca, representante de la
Central Agraria de Ayo Ayo, dijo que la ex autoridad vivía en La Paz
y que nunca se constituyó en el lugar para elaborar el plan operativo
de acción ni entregó obras en favor de los campesinos de la tercera
sección.
Una mujer anciana del lugar le dijo
a la red Erbol: "Esa persona era corrupta porque no se han visto
obras en la región".
Pero la acción de los comunarios y
campesinos ha sido cuestionada y criticada por la Iglesia Católica,
por el gobierno, los partidos políticos, los grandes medios de
comunicación y muchos otros. Las autoridades aseguraron que se buscarán
y castigarán a los culpables, a pesar que la Policía no tiene
entrada a los pueblos del Altiplano. Desde Sucre, el Presidente de la
Corte Suprema de Justicia dijo que no se debía tomar como excusa la
justicia comunitaria para quitar la vida de una persona.
En La Paz, donde se velan los
restos de Altamirano, también eran intensas las acusaciones contra
los comunarios y la Policía. Sin embargo, el Comandante Nacional de
la Policía, Jairo Sanabria, rechazó las acusaciones de que su
institución no habría atendido a tiempo la denuncia del secuestro
del difunto.
"Cuando se abrió la denuncia
la Policía actuó inmediatamente haciendo patrullajes. Se actuó con
la Policía Caminera para hacer la revisión de los vehículos que salían
de La Paz", dijo. Sin embargo, una de las hijas de Altamirano
dijo que la Policía llegó ocho horas después del linchamiento y no
pudo quedarse en Ayo Ayo porque el pueblo los echó a pedradas y
apenas se pudo recoger el cadáver de su padre.
El informe del Fiscal William Alave
establece que "Altamirano fue secuestrado por un grupo de
personas el lunes en la ciudad de La Paz y que luego fue llevado a Ayo
Ayo, donde lo torturaron primero y lo quemaron después". El
Fiscal presume que un golpe de pala en la cabeza habría matado a
Altamirano, al promediar la una de la mañana del martes, para ser
quemado después cuando ya estaba muerto. "Los dos policías que
trabajan en la población de Ayo Ayo vieron que los campesinos
encendieron una fogata el lunes en la noche, pero no se imaginaron que
allí se quemaba el cuerpo del alcalde", relató el Fiscal
En las ciudades se alzaron muchas
voces de condena contra los campesinos de Ayo Ayo, aunque la Comisión
de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados advirtió que lo
sucedido este martes no era un hecho aislado y que habían más de dos
decenas de casos muy similares, en los que la población tomaba
justicia por propia mano.
En los barrios marginales de las
ciudades, donde convive la extrema pobreza y la total desatención
gubernamental, cada mes hay por lo menos un caso en el que los vecinos
flagelan, queman, cuelgan y asesinan a los ladrones o a quienes son
acusados de delitos como la violación o el hurto. Una costumbre
ancestral de los pueblos que soportan la histórica injusticia de los
poderes públicos y que sólo encuentran justicia cuando la ejecutan
con sus propias manos. Esto al menos es lo que dijeron los comunarios
de Achocalla, otro pueblo en las afueras de la ciudad de La Paz, que
amenazaron esta mañana a su alcalde Gastón Cárdenas con aplicarle
la justicia de Ayo Ayo si no renunciaba al cargo.
"Va a haber casos similares a
Ayo Ayo en todos los lugares, las habas van a cocer en todas
partes", sentenció el "Mallku" Quispe.
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