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Álvaro García Linera,
vice electo En su casa de La Paz recibió a Página/12. Anunció
“una nueva economía, un nuevo sistema y un nuevo comportamiento político.
Hay que nacionalizar los hidrocarburos y recuperar la presencia del
Estado”.
“Una revolución
en democracia”
Por Eduardo Febbro y
Pablo Stefanoni
Desde La Paz
Página 12, 19/12/058
Alvaro García Linera
acababa de poner un pie en la historia y recibía en su casa con la
modestia de un hombre que vuelve al hogar después de un día de
trabajo. Le faltaba la voz y, cuando hablaba, se notaba que buscaba en
el fondo de sí mismo la serenidad que el momento imponía. El ex
guerrillero, ideólogo del movimiento Ejército Guerrillero Túpac
Katari, acababa de ganar en las urnas lo que no logró con las armas.
La historia le dio la razón más elevada que se pueda obtener: la
consagración por medio de la voluntad de la mayoría. En esta
entrevista exclusiva con Página/12, cuando las pantallas ya mostraban
la dimensión del triunfo de la izquierda indígena, el virtual
vicepresidente de Bolivia ofrece un esquema del país futuro y de las
claves del triunfo de Evo Morales.
–Usted ya es casi
vicepresidente, ¿cuál es su primera reacción ante este triunfo que
superó todo lo soñado y calculado?
–Bolivia se ha
levantado, esta es una revolución democrática y ha dado una señal
clarísima a América latina y al mundo que apuesta por cambiar este
país, y lo va a hacer de manera estructural, sin medias tintas, ese
es el mandato del pueblo. Recogemos con enorme alegría, humildad y
agradecimiento esta señal y vamos a conducir lo que nos ha marcado la
voluntad popular.
–¿Para usted es la
derrota de un poder aristocrático que no supo entender a su pueblo o
la victoria de una fuerza que supo entenderla?
–Son ambas cosas, es
el cierre de un ciclo de veinte años, nefastos, terribles, que
dejaron al país maltrecho, que dejaron al país postrado, que
destruyeron nuestra economía, que debilitaron el Estado. Es el inicio
de una nueva etapa que consideramos que va a durar décadas, en la que
se va a reconstruir el poder del Estado, en la que se va a superar el
colonialismo de 513 años, en la que se va a construir una economía
al servicio de la gente, en la que la población va a recuperar su
confianza y esperanza de vivir en esta patria de manera honesta, sana
y con bienestar.
–¿Qué va a cambiar
en Bolivia después de este triunfo plebiscitario de la izquierda?
–El mandato es muy
claro: una nueva economía, un nuevo sistema y un nuevo comportamiento
político. Hay que nacionalizar los hidrocarburos, recuperar la
presencia del Estado. En el ámbito estratégico hay que acabar con
las privatizaciones y el debilitamiento del Estado y potenciar la
microempresa, potenciar al empresariado boliviano, potenciar la economía
indígena y campesina. En lo político: Asamblea Constituyente, fin
del colonialismo, presencia de indígenas en el poder. El poncho y la
corbata consolidándose como el símbolo de la unidad de Bolivia. Y un
Estado descentralizado política y administrativamente que dé paso a
un nuevo régimen de autonomías consolidando la unidad del Estado.
–En Santa Cruz los
resultados están dando el 31 por ciento para el MAS, ¿eso acaba con
el discurso de las dos Bolivia?
–Ya no hay una
Bolivia polarizada entre regiones. Este mandato de cambio está
presente en todo el país, desde el Oriente hasta el Occidente, en la
ciudad y el campo, entre mestizos e indígenas, entre empresarios y
trabajadores. Es un mandato de la Nación, no un mandato de clase, ni
de una región ni de un grupo étnico, es la Nación la que se ha
puesto de pie. Es un mandato solamente comparable al de revoluciones,
como la Revolución Nacional (de 1952). Solamente en esas etapas se
llegó a resultados semejantes. Y quedaron atrás los intentos de
dividir artificialmente el país.
–¿La Bolivia que
usted encarna es la Bolivia del Mercosur, de la Comunidad Andina o está
más cerca de Chile, mirando hacia el mercado estadounidense?
–Es una Bolivia de
integración regional. Una Bolivia que ve al continente, a los países
andinos, como el gran escenario para irconstruyendo una gran
plataforma continental que nos ubique de manera firme, de manera sólida,
en condiciones de igualdad a las grandes plataformas planetarias.
Respecto de Chile, nuestra posición es contundente, quisiéramos que
Chile rompa la marginalidad en la que se ha movido respecto del
continente y se integre a la región. Nosotros estamos dispuestos a
abrir los brazos pero la salida soberana es la salida soberana de
Bolivia al océano.
–En una entrevista
con usted hablamos de aquel pasado en el Ejército Guerrillero Túpac
Katari, de la lucha armada, ahora nos dice que la democracia permite
obtener las mismas reivindicaciones por otras vías. ¿Esto es una
legitimación por las urnas de una gran fase histórica de América
latina?
–Definitivamente, lo
que hicimos 15 años atrás era buscar la igualdad, el poder y el
reconocimiento de los pueblos indígenas. Lo hicimos por una vía, y
hoy el mismo objetivo se está realizando a partir del voto y de la
acción democrática. Por eso decimos que es una gran revolución
democrática, un ciclo abierto en 2000 que ahora se está completando
con esta revolución descolonizadora a través del voto y de la
democracia.
–¿Sigue vigente lo
de la salida pactada después de esta avalancha de votos?
–Se mantiene,
seguimos manteniendo la línea. Esta lucha por el poder debe
resolverse de manera pactada. Lo que ahora se ha dirimido es qué
sector va a encaminar, a dirigir ese pacto. Y lo que se está
mostrando es que los indígenas tienen el liderazgo moral e
intelectual de esta salida que redistribuya el poder entre regiones,
grupos étnicos y sociales. Hay una nueva hegemonía histórica que
hoy se consagra democráticamente con la elección y debe
cristalizarse institucionalmente con la Asamblea Constituyente.
–¿Cómo imagina la
relación con Estados Unidos a partir del 22 de enero?
–La señal es muy
clara. El pueblo se ha pronunciado. Nuestra esperanza es que el pueblo
y el gobierno norteamericano entiendan y acepten esta señal. Vamos a
mantener la continuidad de los lazos de cooperación y de diálogo.
Pero ningún presidente norteamericano ni funcionario ni embajador
definirá lo que tenemos que hacer los bolivianos. Nadie va a definir
ministros ni leyes. Va a haber relaciones sobre el principio de la
soberanía y el respeto mutuo entre Estados.
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