Bolivia

 

Bush pierde a un títere, pero gana a otro Lula

Econoticiasbolivia, 19/12/05

La Paz. La administración Bush quedó notificada este domingo desde Bolivia con dos noticias, una mala y otra casi buena. La amarga le dice que la ficha favorita de Washington, el ultraderechista Jorge "Tuto" Quiroga, fue aplastado en las elecciones. La casi buena le dice que el vencedor en las urnas y futuro presidente de nueve millones de bolivianos, el líder indígena Evo Morales, quiere y puede convertirse en un nuevo Lula, en un nuevo Kirchner.

Los primeros resultados de la votación, –que dan cuenta que Evo, el líder cocalero y jefe del Movimiento al Socialismo (MAS), logró el 51 por ciento de los votos y que Tuto, el ex presidente de la República y conductor de la agrupación fascistoide de Podemos, alcanzó apenas el 31 por ciento–, no sorprendieron sin embargo demasiado a Washington, que ya desde la pasada semana cambió de estrategia y viró hacia el primero, abandonando al segundo. La nueva orientación de Bush, impuesta por las circunstancias y el voto, es liquidar la insurgencia popular de los andinos a través de un gobierno populista que controle y ponga en cintura a los sindicatos más rebeldes y ya no mediante la ultraderecha y los militares. Al menos temporalmente (Ver: EEUU ya juega con la opción Evo presidente, en www.econoticiasbolivia.com).

La contundencia del repudio popular a los políticos y partidos ligados a Estados Unidos, a las transnacionales y al neoliberalismo, reflejadas masivamente en las urnas, le confirma a Washington que ya no tendrá un títere a la cabeza del gobierno boliviano, tal como había ocurrido desde el último cuarto de siglo con Gonzalo Sánchez de Lozada, Carlos Mesa, Hugo Banzer, Jaime Paz y el propio Quiroga, todos ellos obsecuentes y sumidos con el Imperio y muy duros con el pueblo.

Pero como premio consuelo, en vez de la acostumbrada marioneta, emerge el líder indígena, el cocalero Evo Morales, que está dispuesto a seguir el ejemplo de los Lula y los Kirchner, que muestran a plenitud su antiimperialismo pagando la deuda externa al Fondo Monetario Internacional (FMI) con el hambre de sus pueblos, manteniendo en pie las políticas que fomentan la pobreza y destruyen la economía popular.

En la línea del hermano mayor

El líder cocalero es, a despecho de la leyenda negra que le tejen los halcones de Washington y los sectores más reaccionarios y fascistas dentro y fuera de Bolivia, un dirigente campesino que ha moderado mucho su lenguaje y sus propuestas y que ahora está muy lejos de ser un revolucionario, como dice interesadamente la romántica visión propalada por los organismos internacionales no gubernamentales y la izquierda continental que rodea a Lula, Chávez, Kirchner y Fidel.

El propio Morales ya advertido que gobernará al estilo Lula, el obrero que gobierna Brasil defendiendo al gran capital, al que llama constantemente su hermano mayor, lo que significa que lo hará con gran virulencia verbal contra Estados Unidos, pero sin tocar los grandes intereses y negocios de las transnacionales y el Imperio.

Evo es, en lo esencial, un representante de la izquierda democrática, capaz de dividir a los sindicatos y organizaciones más combativas y revolucionarias, tal como lo hizo en el pasado. Su estilo de gobierno no será ajeno al de los presidentes y gobiernos que lanzan ardientes proclamas antiimperialistas, pero que gobiernan con las recetas de Washington, con las mismas políticas contrarias al pueblo definidas por los organismos internacionales.

Y esto lo sabe la administración Bush, notificada en las últimas semanas por el propio Evo y su estado mayor, que ya han reconocido que gobernarán con las mismas políticas y leyes neoliberales que rigen en Bolivia desde 1985, respetando la propiedad privada, la inversión extranjera y los multimillonarios negocios de las petroleras (ver: Indigenismo sumiso, ultraderecha y revolución, en www.econoticiasbolivia.com).

El timo de la nacionalización

En todo caso, la política gubernamental que se impondrá en Bolivia es poner el guiñador para la izquierda, pero para marchar hacia la derecha. Y el caso más emblemático de esta nueva política es la "nacionalización" de los hidrocarburos que harán Evo y el MAS. Según anunció oficialmente el primer senador electo del MAS y miembro de la cúpula masista, Antonio Peredo, el gobierno del cocalero pondrá en plena vigencia la ley de hidrocarburos 3058 y firmará nuevos contratos con las petroleras que controlan las reservas de gas y petróleo de Bolivia, valuadas en más de cien mil millones de dólares. Esta acción, que reportará anualmente más de 100 millones de ingresos al Estado, es presentada como una nacionalización "responsable".

Sin embargo, pocos quieren recordar que la ley 3058, elaborada por los parlamentarios neoliberales que cogobernaron con el ex presidente neoliberal Sánchez de Lozada, fue la que precipitó la caída de su sucesor, el ex presidente Carlos Mesa, cuando las organizaciones sociales y populares, incluidos los cocaleros y el MAS, se opusieron a su aprobación en mayo y junio del 2005, porque esta norma posibilitaba, a cambio de un poco más de impuestos, legalizar los inconstitucionales e ilegales contratos de loas petroleras (tal como dictaminó el Tribunal Constitucional, la máxima autoridad judicial del país).

Así, desairando el pedido popular de rescatar los cien mil millones de dólares en reservas que están en manos de las transnacionales, Evo y el MAS están listos para negociar y legalizar los contratos petroleros al amparo de la nueva ley pro petrolera, indemnizando a las transnacionales por las pérdidas y/o daños económicos que tengan al adecuarse a la nueva ley, que aumenta ligeramente los tributos y las obligaciones de las petroleras. Toda una capitulación que muestra de cuerpo entero al primer presidente indígena que gobierna en América Latina.

Ante estas promesas, Repsol, Petrobras, Total, British Petroleum, Enron, Shell, Panamerican Energy, Pluspetrol, Vintage y otras ya anunciaron su disposición para negociar con el nuevo gobierno (ver: "Evo ofrece nuevas ventajas a las petroleras" en www.econoticiasbolivia.com). En cambio, las organizaciones de masas, como la Central Obrera Boliviana, la Federación de Mineros y la Federación de Juntas Vecinales de El Alto, que dirigieron las insurrecciones populares del 2003 y del 2005, conminaron a Morales para que nacionalice los hidrocarburos y expulse a las transnacionales.

La vía capitalista

En el campo económico, Evo y el MAS proclaman el fin del neoliberalismo, dicen que los votos le han dado un jaque mate al libre mercado. Pero éste es sólo otro discurso más, porque mantendrán en pie la libre contratación –que somete a los obreros al gran capital y que resta fuerza a los sindicatos–, y el libre comercio y la libre importación, que destruyen la economía campesina, que hunden en la miseria a los campesinos pobres y que aniquila las fuerzas productivas de la industria y la artesanía.

El ideario masista contempla una mayor intervención del Estado, pero sin menoscabar la inversión e iniciativa privada. El objetivo declarado es hacer una administración gubernamental que consolide el "capitalismo andino y amazónico" por los siguientes 50 o 100 años, prometiendo una "sociedad justa y equitativa" (ver: La verdadera cara del MAS de Evo Morales, en www.econoticiasbolivia.com).

Otra promesa de Morales es mantener la "estabilidad económica", controlando el déficit fiscal, reduciendo los gastos públicos e incrementando los ingresos, que viene sobre todo de los impuestos al consumo que paga la gente. Música grata para los organismos internacionales y para el FMI, que está listo para trabajar con los bolivianos, como lo hace con Lula y Kirchner.

En el tema de la coca, tampoco se prevé cambios significativos en la actual política. Evo y el MAS plantean mantener una producción y legalización limitadas de coca en El Chapare (3.200 hectáreas y un cato por familia), tal como rige actualmente, con la anuencia de la administración Bush.

Electoralismo

En los hechos, Evo y el MAS agitaron demagógicamente la nacionalización de los hidrocarburos, el fin del neoliberalismo y de la exclusión social y racial tan sólo como banderas electorales, para captar el voto ciudadano, para llegar al gobierno, y trazar desde allí las mismas políticas antinacionales y antipopulares de siempre, preservando en lo esencial los millonarios intereses de las petroleras, latifundistas, banqueros, empresas mineras, agroindustriales y todos aquellos que saquean impunemente Bolivia desde su fundación hace casi dos siglos.

La intención de Evo y el MAS es desactivar la lucha popular desde los propios sindicatos, coptando a las direcciones, combatiendo a los rebeldes y revolucionarios, neutralizando la rebelión de los más pobres, agitando la bandera antiimperialista para dividir a las organizaciones sociales más combativas y revolucionarias.

En este propósito, Evo y el MAS cuentan a su favor con la mayor votación de la historia democrática de Bolivia, con la adhesión de los Lula, Kirchner, Chávez y Fidel, con el apoyo activo de las direcciones sindicales y bases de cocaleros, de los mineros agrupados en cooperativas, de amplias capas de campesinos pobres, de las clases medias que tienen muchas esperanzas en ellos. Suficiente, por ahora, para detener a la COB, a la Federación de mineros asalariados, a gran parte de las juntas vecinales de El Alto, que han convocado a desconfiar de Morales, que tienen en alto la bandera de la nacionalización y el fin del neoliberalismo, y que esperan que se disipe el fervor electoral para que Evo y el MAS muestren su verdadera cara, y ahí se reactive con fuerza otra vez la rebelión de los pobres contra el imperialismo y las transnacionales (ver: La COB disputará el poder al nuevo presidente, en www.econoticiasbolivia.com).

Washington está conciente de ello y, por ahora, parece listo para trabajar y colaborar con Evo y el MAS, esperando que el nuevo Lula de los Andes tenga éxito y larga vida. Si fracasa, el Norte está listo para recurrir a sus fichas de siempre.


EEUU ya juega con la opción Evo presidente

Econoticiasbolivia, 14/12/05

La Paz. La representación diplomática de Estados Unidos en La Paz anunció oficialmente su predisposición para trabajar y colaborar con el líder cocalero Evo Morales, que está a un paso de convertirse en el primer presidente indígena de Bolivia.

"Vamos a trabajar y colaborar con el que ustedes elijan", dijo ayer el director de Asuntos Antinarcóticos de EEUU en Bolivia, William Francisco, cuando fue consultado sobre la posición de Washington ante la posibilidad cada vez más cierta de que Evo asuma la presidencia, tras las elecciones de este domingo en las que vencería ampliamente el jefe del reformista Movimiento al Socialismo (MAS).

La declaración del alto funcionario de la influyente Embajada de Estados Unidos pareció marcar un cambio de rumbo en la orientación de Washington hacia el líder cocalero, al que hasta hace poco lo vinculaban directamente con el narcotráfico y lo consideraban como un verdadero peligro para la estabilidad de toda la región si es que lograba concentrar más poder.

El anuncio de que Estados Unidos trabajaría con el cada vez más moderado líder indígena es mucho más revelador de lo que parece en términos diplomáticos, habida cuenta de la permanente injerencia norteamericana en los asuntos internos de Bolivia. Washington, que nunca ahorró comentarios y adjetivos para decir qué se debe hacer o que no en el centro de Sudamérica, trata a Bolivia como si fuera su colonia, definiendo sus grandes políticas, especialmente en los temas vinculados a la economía, la coca y a elección de sus autoridades.

El pragmatismo del gran capital

Pero, ante la evidencia de que este domingo Morales virtualmente arrasaría con los candidatos favoritos de la administración Bush (como son el ultraderechista ex presidente Jorge "Tuto" Quiroga y el millonario empresario de derecha Samuel Doria Medina) y la imposibilidad real de la derecha para revertir la previsible derrota electoral, a pesar de los millonarios y desesperados esfuerzos de la oligarquía, las transnacionales y de su propia Embajada, habrían obligado a Washington a desechar la alternativa "A" (Tuto Quiroga) y adoptar ahora la opción "B" (Evo), pese a todos sus peligros y ambiguedades.

Para la administración Bush, llevar a la Presidencia de Bolivia a Tuto Quiroga equivalía a defender los intereses imperialistas a través de la bala y la metralla, mientras que la elección presidencial del líder indígena significa preservar estos mismos intereses mediante el control y la estatización de los sindicatos y organizaciones populares y revolucionarias, que son el enemigo principal para Washington y que luchan abiertamente por expulsar a las petroleras y acabar con el neoliberalismo y la dominación capitalista.

La sumisión indígena

Para ganar este aval, el MAS, Evo Morales y el candidato a vicepresidente, Álvaro García Linera, habían intensificado en las últimas semanas su viraje hacia la derecha, renegado públicamente del socialismo y prometido respetar la propiedad privada y las inversiones extranjeras, impidiendo las expropiaciones de los recursos naturales y la tierra, tal como demandan las organizaciones más radicales que se alistan para derrocar al nuevo presidente, si es que éste no nacionaliza los hidrocarburos, reparte tierra a los campesinos y da fin con el neoliberalismo.

En una abierta derechización, el programa del MAS contempla otorgar compensaciones en dinero y especie para que las petroleras extranjeras, que saquean Bolivia y se han apoderado de más de cien mil millones de dólares en reservas de gas y petróleo, cambien sus inconstitucionales e ilegales contratos por otros que se ajusten a la nueva ley de hidrocarburos, cuestionada en su momento por Morales por ser muy favorable a las transnacionales.

En lo económico, el MAS y Evo postulan un "capitalismo andino y amazónico" para construir una "sociedad justa y equitativa", como dice machaconamente en un spot televisivo García Linera, el guerrillero converso que se había levantado en armas a principios de la década de los 90, curiosamente, en contra del capitalismo que hundía en la miseria a los indígenas, que son la mayoría de la población.

Las promesas del MAS son mantener el libre comercio, la libre importación, la libre contratación, pilares que sustentan el modelo neoliberal que, desde 1985, hace gemir de hambre a un tercio de la población, mantiene en la pobreza al otro tercio de los bolivianos y concentra la riqueza en las trasnacionales y minúsculas élites que controlan las tierras, minas, bosques y yacimientos hidrocarburíferos. Razones suficientes para que Washington avale la opción "B", que también ya cuenta con la adhesión de círculos empresariales y militares de alta graduación.

Con apoyo militar y de la derecha

Ayer, durante una disertación de Morales ante las Fuerzas Armadas, la cúpula militar le dio su virtual apoyo si vence en las elecciones del domingo, lo que ya nadie, excepto los perdedores, parece discutir. Las palabras del jefe de Estado Mayor del Ejército, general Marco Antonio Vásquez, no dejan lugar a dudas: "Tenga usted señor diputado Evo Morales (la seguridad de) que siendo usted gobierno la institución también va a obedecer sus órdenes y cumplirá al pie de la letra lo que diga".

Días atrás, en un tácito apoyo a Morales, el comandante general de las Fuerzas Armadas, Marco Antonio Justiniano, demandó a todas las fuerzas políticas a respetar la primera mayoría en las elecciones del 18 de diciembre y ungir al vencedor como nuevo presidente de Bolivia.

De este modo, la cúpula militar, dominada por la mayoritaria tendencia "institucionalista", está lista para cumplir con las armas las órdenes presidenciales de respetar la propiedad privada, las leyes y la inversión extranjera, tal como ocurrió con los últimos gobiernos neoliberales.

En este escenario, la decisión del millonario empresario del cemento, Samuel Doria Medina, de la derechista Unidad Nacional (UN) para favorecer con su voto en el Congreso al candidato que gane las elecciones con cinco puntos porcentuales de ventaja, contribuye a viabilizar la presidencia de Morales. Según la Constitución Política del Estado, el Congreso elige al presidente de entre los dos candidatos más votados, si es que ninguno obtiene la mitad más uno de los votos. Las encuestas y sondeos más confiables ubican a Morales con cerca del 40% de apoyo electoral y a Quiroga con un poco más del 25%.

Los temores de Washington

En este escenario, no es casual la decisión de Washington de convivir con Evo y el MAS. Sin embargo, en el análisis de Econoticias, hay al menos cinco áreas conflictivas en esta relación y que obligarán a la administración Bush a ejercer una constante y férrea presión y vigilancia para que Morales cumpla desde la Presidencia los compromisos que adquirió con los organismos internacionales, las compañías nacionales y extranjeras y los gobiernos de Lula y Kichner. Los temas más conflictivos son:

Coca. Es y será uno de los principales focos de tensión y conflicto en la relación EEUU – Evo, a pesar de la intención del líder indígena para legalizar y preservar los cultivos de coca en escala limitada (3.200 hectáreas y un cato por familia en El Chapare), política que ya fue tolerada y parcialmente avalada por Washington, aunque de mala gana, durante el gobierno del ex presidente Carlos Mesa.

Confianza. Washington también tiene escasa confianza ante la sinuosa trayectoria de Evo y el MAS con relación a las luchas populares y a su doble discurso. La extraordinaria facilidad con la que Evo cambia de libreto y asume posiciones "radicales", especialmente cuando la protesta y el ascenso de la lucha de las masas parece incontenible, molesta a la Embajada, que no olvida que en las jornadas de mayo y junio, las direcciones campesinas y cocaleras del MAS se sumaron a la rebelión popular y amenazaron con expulsar a las transnacionales. Hay temor de que las bases rebasen a sus direcciones tradicionales.

Debilidad. Otro factor que inquieta en extremo a la administración Bush, complementario al anterior, es que Evo y el MAS en el gobierno sucumban fácilmente a la presión popular y contribuyan, por omisión y/o acciones incontroladas de campesinos y cocaleros, a la lucha antiimperialista de los sectores más radicales de la Central Obrera Boliviana, de la Federación de Mineros y Campesinos y de la Federación de Juntas Vecinales de El Alto.

Temor. El mayor temor de Washington es que el nuevo gobierno no sea capaz de garantizar la propiedad privada ni las inversiones extranjeras, y que no se atreva a usar la fuerza militar y policial en la escala necesaria para controlar a los revoltosos. La resistencia de Evo para dar inmunidad a las tropas norteamericanas que vayan a operar en Bolivia también molesta mucho al Pentágono y al Departamento de Estado

Chávez y Fidel. Los estrechos contactos de Evo y el MAS con los gobiernos de Hugo Chávez y Fidel Castro son otro foco conflictivo.

De todos modos, Washington toma sus previsiones y, simultáneamente a optar por la opción "B", ha procedido a estrechar su control sobre el Ejército boliviano y a desarmar a regimientos y militares que simpatizan con las demandas populares de la nacionalización de los recursos naturales.

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