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El Imperio y la
construcción de "alternativas democráticas"
Evo Morales (o
"Lula bis") la crónica de un presidente anunciado
IAR–Noticias,
20/12/05
Después de la larga
experiencia latinoamericana con presidentes "progres" (ganar
elecciones por "izquierda" y gobernar con la
"derecha") lo de Evo Morales ya no sorprende y solo se
parece a una página más del manual que iniciaron los Lula, Kirchner,
Tabaré y compañía.
Es más, Evo Morales es
un producto tardío de la misma matriz que llega al estrellato sin
sorprender a nadie, ni siquiera a su eventual usufructuario y
protector, el Imperio norteamericano, que ayer le envió una
felicitación con la calidez de un glaciar.
Lo primero que hizo el
"indígena" (así llamado por el conjunto de la prensa
internacional) fue –como es lo usual en cada turno de comienzo
"progre"– tranquilizar
al establishment y la sociedad "blanca" diciendo que no
tocará la propiedad privada ni expropiará las empresa petroleras.
En verdad, nada más
lejano del pensamiento del establishment boliviano y de la propia
embajada norteamericana la idea de que Evo Morales, un claudicante
estadístico con el poder, un boicoteador constante de los procesos de
lucha construidos por los "combativos" (que lo consideran un
"traidor"), pueda tocarle una sola moneda a la oligarquía o
a las multinacionales.
El
rol de Evo Morales en la estrategia y en los planes inmediatos del Departamento de Estado para quebrar la protesta social y
restablecer el "orden democrático" del dominio petrolero en
Bolivia es tan evidente, tan estadístico y demostrable que resulta
obvio explicarlo.
Para los sectores
populares que conducen la protesta y las luchas callejeras siempre
estuvo en claro que, tarde o temprano, la CIA y el Departamento de
Estado lo iban a jugar a Morales como "caballo de troya"
para dividir al sector combativo del sector reformista, quebrando la
unidad de la protesta social.
Imitando al
"hermano mayor"
Es en este punto donde
la figura pública de Morales (construida por el aparato mediático
del sistema) se emparenta con la del brasileño Lula a quien el
Departamento de Estado y Condoleezza Rice elogian como representante
de la "izquierda democrática".
El llamado líder
cocalero es (más allá de la "leyenda negra" que difunden
de él los sectores halcones y gusanos del Departamento de Estado y de
la mafia cubano americana) un dirigente político arribista que se
encuentra precisamente en las antípodas de un
"revolucionario".
Como se podrá apreciar
cuando inicie su gestión, Morales ni siquiera encaja en los moldes de
la romántica visión "progresista" que tienen de él las
ONG y la izquierda latinoamericana "civilizada" que cierra
filas alrededor de Lula, Chávez, Kirchner y Fidel.
Por otra parte, son públicos
los dichos de los funcionarios de Washington (desde Bush para abajo)
admitiendo que la "izquierda democrática" es tan viable y
"amiga" como la derecha neoliberal en el esquema de dominio
"democrático" que la Casa Blanca tiene diseñado para América
Latina.
Diferenciar a la
"izquierda democrática" (que no plantea conflictos ni se
enfrenta a Washington) de la izquierda combativa (que genera
conflictos y se opone al dominio de Washington) ha sido una táctica
permanente por medio de la cual el Departamento de Estado impuso
el estilo de presidentes que "hablan con la
izquierda", y luego
"ejecutan con la derecha" los programas del FMI y las
estrategias de Washington en la región.
El brasileño Lula
(en el decálogo del Departamento de Estado) es el ejemplo paradigmático
a imitar.
Los sectores combativos
bolivianos, que lo conocen bien, dicen que Morales gobernará al
estilo Lula (al que llama constantemente su "hermano
mayor"), provisto de una gran artillería
verbal "anti–Bush" y anti–EEUU pero respetando y
defendiendo a rajatabla los intereses de los bancos y trasnacionales y
acatando las directivas estratégicas regionales de Washington y el
Departamento de Estado.
Nada nuevo: es lo que
hacen Kirchner, Lula, Tabaré, y lo que seguramente harán los próximos
"progres" que continúen a Morales
en la senda de las urnas y las elecciones periódicas para
legitimar administraciones dóciles a Washington y al poder económico.
Morales (sin las luces
ni el dinamismo del resto de sus cofrades del mismo palo) aplicará,
sin sorpresas las archiconocidas recetas progresistas de siempre:
esgrimirá la bandera "antiimperialista" en el discurso, y
en los hechos aplicará los programas económicos, las legislaciones,
y las medidas de gobierno funcionales a los intereses de los bancos y
petroleras que se dividen Bolivia como un coto de caza.
El propio Morales
(emulando a su "hermano mayor" Lula) ya ha aclarado
que gobernará con las mismas políticas y leyes neoliberales
que rigen en Bolivia desde 1985, respetando la propiedad privada, la
inversión extranjera y los multimillonarios negocios de las
petroleras y de las empresas de servicios que controlan el sector económico–productivo
y los recursos naturales de Bolivia.
"Tranquilizar"
a los mercados
En esa línea, el
lunes, consagrado por la prensa internacional como el virtual
"presidente de Bolivia", Morales salió a
"tranquilizar" a los mercados:
"Vamos a ejercer
el derecho de propiedad sobre los hidrocarburos, como lo puede hacer
cualquier Estado. Esto no significa confiscar ni expropiar bienes de
las trasnacionales", señaló por las dudas de que alguien
estuviera pensando lo contrario.
Nada nuevo. Los
sectores combativos de Bolivia venían advirtiendo que al contrario de
nacionalizar el sector energético y de rescatar los 100.000
millones de dólares en reservas que están en manos de las
transnacionales, Morales y el MAS están listos para negociar y
legalizar los contratos petroleros al amparo de la nueva ley
petrolera.
Esto implica, según la
COB boliviana, indemnizar a las transnacionales por las pérdidas y/o
daños económicos que tengan al adecuarse a la nueva ley, que aumenta
ligeramente los tributos y las obligaciones de las petroleras.
La izquierda boliviana
y los sectores combativos (que ya tienen en su haber el derrocamiento
de Sánchez de Lozada y de su pálido delfín, Carlos Mesa), saben que
los objetivos planteados por Morales y su grupo están en las antípodas
de los reclamos populares que guían las protestas y los bloqueos de
rutas.
Y es muy sencillo de
explicar: la COB y los combativos plantean como prioridad esencial
terminar ya con el reinado explotador de las petroleras
multinacionales que desangran a Bolivia, y echar a sus gerentes políticos
del Parlamento y del Gobierno.
Evo Morales, en cambio,
prioriza el salvamento de las "instituciones democráticas"
(tradicional bastión de dominio oligárquico), como primer paso para
salvar a Bolivia de la "violencia".
La
"violencia" en este caso son las masas empobrecidas que
reclaman y protestan en las calles, con lo que la posición de Evo
Morales (salvo el tinte "antiimperialista" formal que le
pone al discurso) no difiere de la postura del establishment oligárquico
para el cual las movilizaciones populares son una expresión del
"terrorismo" organizado en la calle.
Si hoy el Departamento
de Estado y la CIA no contaran con la "alternativa Evo
Morales" no les quedaría otra salida que dar luz verde a la
represión de las protestas sociales y el encarcelamiento de
dirigentes, con lo que quebrarían el perfil democrático de dominio
que vienen manteniendo desde hace dos décadas en América Latina.
La "opción
democrática"
En pleno proceso de
bloqueos de rutas y movilizaciones populares de junio, medios y
analistas bolivianos hablaban de una fractura en el ejército, entre
el sector moderado que propiciaba una "salida pacífica"
(influenciada por la Iglesia) y la logia militar que se inclinaba por
la represión violenta, incluido el golpe de Estado.
Esa guerra interna fue
dirimida con la derrota del senador Vaca Diez (cabeza visible de los
halcones golpistas) quien debió resignarse a que la embajada
norteamericana impusiese a un "moderado", el actual
presidente Rodríguez (asesor jurídico de la embajada), al frente del
proceso "democratizador" con el cual se paralizó las
marchas combativas de El Alto.
Y esa movida en favor
de la "salida democrática" se explicaba porque, en la
presente coyuntura, el Departamento de Estado norteamericano prioriza
(por razones de estrategia continental) la "salida sin represión"
planteada por los moderados, ya que su política de dominio en la región
se vertebra con gobiernos democráticos y partidos políticos con
representación parlamentaria, diferente del sistema de dominio con
dictaduras militares de hace 30 años.
De esta manera, y como
ya está demostrado, la embajada de EEUU en Bolivia echó mano a la
"solución democrática", con disolución del conflicto
por medio del
"divisionismo", y con Evo Morales actuando como ariete para
separar a los "moderados" de los "violentos"
debilitando al movimiento de protestas y desarticulando a las
conducciones combativas que marcaron el ritmo de las protestas de mayo
y junio.
Habíamos señalado, en
pleno conflicto de junio, que la CIA y sus usinas mediáticas lo
estaban fabricando a
Morales como "alternativa electoral de izquierda" para
proyectarlo como un presidente falsamente "opositor" al
establishment, en sustitución de los desgastados gerentes procedentes
del campo neoliberal.
Este proyecto, como
lo anticipamos, contaba con que, Evo Morales, en caso de ser candidato
presidencial, ganaría las elecciones por dos razones concretas:
A) la derecha política
está "dividida" y no tiene líderes prestigiosos y
aglutinadores que puedan imponerse por mayoría en una contienda
electoral;
B) el perfil de
"izquierda moderada y democrática" de Morales (bien
"maquillado y presentado" por el monopolio mediático local
e internacional), podía perfectamente captar votos de los sectores
populares, tanto como de las clases medias
que lo ven como un "izquierdista civilizado y democrático",
que podría "contener" (por proceder del mismo sector) a la
"izquierda terrorista y antidemocrática" que periódicamente
corta rutas y paraliza a Bolivia con las protestas.
Este es el punto
central por el cual surgió y se impuso la opción "Evo
Morales" entre los sectores más "moderados"
del departamento de Estado y del establishment de poder
boliviano.
El conflicto con las
protestas populares violentas en Bolivia, es una cuestión de
supervivencia del poder capitalista (tanto local como regional) y EEUU,
la potencia dominante, debe ordenar si o sí el proceso económico,
político y social de Bolivia para evitar un efecto dominó de rebeldías
populares en la región.
El Imperio
norteamericano (así como el sistema capitalista que se mueve bajo su
protección, tanto en Bolivia como en cualquier otra parte) actúa con
lógica pragmática: si falla el control social por medio de las
instituciones democráticas, se activan los mecanismos de control político
y social por medio de las fuerzas militares.
Todavía no hay estadísticas
en el mundo de que el Imperio capitalista (o cualquier otro Imperio en
la historia) haya entregado pacíficamente el poder a los movimientos
revolucionarios, por más legítimos y justicieros que fueran sus
reclamos. El Imperio norteamericano no actúa por emociones sino por lógica
pragmática de dominio.
Y ahí esta Evo Morales
(un "lider izquierdista" como lo define The New York Times)
para demostrar que en su estrategia regional EEUU utiliza
alternativamente a la "derecha" y a la "izquierda"
para controlar la región y ordenar "democráticamente" para
que las transnacionales y los bancos operen sus negocios en
"paz", sin huelgas, movilizaciones, o bloqueos de rutas.
Como dijimos, Evo Morales, nada nuevo, más de lo mismo, en la
gerenciación regional de los intereses del Imperio.
Solo hay un misterio a
develar: cuánto va durar Evo Morales en la "gerencia
boliviana" a partir de que los sectores combativos comiencen a
lanzar sus nuevas "guerras populares" para expulsar a las
petroleras del control de las riquezas de Bolivia.
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