Arde Bolivia

 

A un mes de la asunción de Evo

Entre lo dicho y lo hecho

Por Carla Punkoya
Socialismo Revolucionario, La Paz, periódico de SoB Bolivia, marzo 2006

Dicen que un mes es poco tiempo como para emitir juicio de valor sobre el gobierno de Evo Morales. Sin embargo, en ese lapso Evo ha dado algunos pasos en la implementación de su plan de gobierno y hubo claras señales y medidas concretas que ya dan cuenta y marcan la pauta de lo que será el gobierno del MAS. El rol desempeñado por el Ejecutivo y sus colaboradores durante los primeros conflictos sociales que ya se han desatado empieza a cuestionar la supuesta esencia “popular” del nuevo gobierno. La exigencia por parte de sectores de trabajadores y organizaciones sociales de que se cumpla con las promesas electorales está aguando la “luna de miel” y poniendo a prueba al gobierno frentepopulista del MAS.

La prueba de fuego que debe sortear ahora el gobierno es el hecho de que tiene que hacer realidad los ofrecimientos electorales que lo llevaron al gobierno. El MAS hizo su campaña ofreciendo a los trabajadores la triplicación de sus salarios y la abrogación del 21060. Mientras tanto, tranquilizaba a los empresarios nacionales y extranjeros dándoles garantías de que “nada tenían que temer”. Prometió tierra para los campesinos mientras aseguraba la protección y el “respeto a la propiedad privada” de los terratenientes. Se comprometió con el pueblo boliviano a nacionalizar el gas mientras garantizaba las inversiones y ganancias de las transnacionales a cambio de algo más de regalías e impuestos. Ha prometido un gobierno de “conciliación de clases”, de conciliación de intereses (como si esto fuera posible) entre explotadores y explotados. Pero sus primeros pasos evidencian, antes que nada, que Morales no sólo no cumplirá con lo prometido, sino que el MAS cumple su primer mes gobernando a favor de los explotadores.

Ya hemos remarcado que se incurre en un error al pretender caracterizar el futuro político de un gobierno a partir del origen social, racial, los discursos, la inclinación sexual o la religión de sus funcionarios, líderes o dirigentes. Nada de esto determina el carácter de clase de un gobierno. Lo que determina la esencia clasista es su práctica y su posición política frente al Estado y el sistema de explotación. O sea, su postura frente a las transnacionales, a la burguesía, a los terratenientes, frente a los Organismos internacionales como el FMI y el Banco Mundial y frente a las instituciones que sustentan el régimen de explotación y dominación imperialista. Todo esto nos indica que el de Evo no es un gobierno “popular”, no es nuestro gobierno, sino una nueva variante de gobierno capitalista.

Así, el impacto provocado por la llegada al poder del primer presidente indígena comienza a perder parte de su fascinación inicial ante las primeras medidas emprendidas, que continúan manteniendo los fundamentos y las bases de las políticas capitalistas (y neoliberales), priorizando a las grandes transnacionales y a los grupos locales de poder. Mientras tanto, el día a día de la inmensa mayoría de los trabajadores y de pueblo pobre continúa siendo angustioso y frustrante. Es esta la percepción de un importante sector de la población, que aún con sus expectativas pendientes en el nuevo gobierno, ve que las promesas y sus reclamos se dejan “para más tarde”…

La trampa de la austeridad

El gobierno ha puesto en marcha la recientemente aprobada “Ley de Austeridad”, por la cual se rebajan en un 50% los sueldos del ejecutivo, ministros y personal jerárquico. Además de que, aun rebajados, los sueldos de funcionarios siguen siendo un insulto a la miseria que cobran la mayoría de los trabajadores del país, el impacto de la nueva “política de austeridad” es muy limitado. Porque sólo se reduce el salario de 409 autoridades con un ahorro de 3 millones de dólares, monto casi similar al gastado en la ceremonia de posesión de Morales.[1] Sin embargo, lo que se esconde bajo el nombre de “política de austeridad” es el hecho de que busca trasladar la austeridad a los presupuestos estatales, aprovechándola así para desalentar la exigencia de los trabajadores de ver incrementados sus salarios.[2]

Esta es gran la trampa y el principal engaño de la austeridad promovida por el gobierno, pues resulta que luego del triunfo electoral, y como “estamos en austeridad”, las promesas se esfuman y ahora no hay dinero, cuando desde hace tiempo los sueldos están congelados mientras aumenta el costo de vida.

El gobierno, las promesas y los conflictos

Cuando aún se sufren las consecuencias provocadas por los desastres climáticos en varias zonas y regiones del país, al gobierno de Morales se le han abierto varios frentes de conflicto.

Mientras pobladores de Sica Sica, Conani y Uyuni mantenían bloqueadas las carreteras Oruro y Potosí exigiendo la renuncia de autoridades por hechos de corrupción a nivel de municipios y Alcaldías, los trabajadores de la empresa constructora Alfa Sudamericana interrumpían la vía Sucre-Cochabamba en reclamo del pago de cinco meses de sus sueldos. Junto con esto el gobierno ha tenido que “lidiar” con el problema de la importación y venta de ropa usada, que enfrenta a los industriales textiles y pequeños confeccionistas, por un lado, con los llamados ropavejeros, por otro. Es que Morales en campaña ha dado su palabra a los empresarios textiles de acabar con la importación de ropa usada y garantizarles mercados, y le exigen a Morales en las calles que cumpla.

Pero esta actividad da de comer a miles y miles de hermanos que no tienen trabajo y viste a miles y miles a los que sus ingresos no alcanzan. La “solución” del gobierno ha sido la de extender el plazo de la ley vigente que permite la importación y venta de ropa. Por supuesto que los textiles han puesto el grito en el cielo. Pero el verdadero fondo que este problema encierra y desnuda es que no se ataca ni se va al fondo de la cuestión: el problema del empleo o el flagelo del desempleo.

Por su parte, los trabajadores judiciales anunciaron medidas exigiendo la institucionalización, en contra del cuoteo político de pegas y cargos. Lo mismo que los trabajadores ferroviarios de ENFE, que se pronunciaron en contra de la designación de Gutiérrez como nuevo representante, ya que, dicen, “hemos peleado para que ese cargo lo ocupe un representante de los trabajadores y no para que se designe políticamente a dedo a un corrupto acusado de la venta ilegal de los terrenos de la empresa”. A pesar de esto, los trabajadores que se encontraban en vigilia para impedir la posesión de este corrupto fueron desalojados con insultos y golpes por una patota masista que “llevó a Gutiérrez al poder”

Con respecto al tema de la coca y con fraternales reuniones de por medio con el embajador yanqui Greenlee, Morales ha logrado establecer un cato por afiliado, dejando librado a los resultados de un “estudio” (que según el gobierno durará mínimo un año) el problema del excedente de coca , y ha logrado hacer retroceder el pedido de las bases de expulsar a los organismos internacionales argumentando que “todo el mundo tiene derecho a estar en Bolivia siempre y cuando respete la soberanía”. Mientras tanto, autoridades y funcionarios yanquis, como también la CIA y la DEA, continúan teniendo injerencia en los asuntos del país.

Si bien por la reacción a tiempo de sectores sociales se ha logrado detener la licitación del Mutún, queda ver ahora cuáles serán los nuevos términos del pliego de licitación. Todo parece indicar que sólo se incluirán modificaciones que fijen precios “más altos” y se garantice, supuestamente, “la industrialización”. O sea, pedirles un poco más, dejándoles el grueso de los beneficios a la empresa que se haga cargo, sea extranjera o nacional, quedando aún en veremos la reforma del Código Minero.

En cuanto a la estrategia de hidrocarburos, la promesa de “nacionalización” parece convertirse más en simbólica que en real frente a las relaciones y negociaciones del gobierno con las petroleras extranjeras que se desarrollan en un clima de cordialidad, respetando lo anunciado en el discurso de posesión de que “se necesitan socios y no patrones”. Mientras tanto, la Ley de Hidrocarburos aprobada bajo el gobierno de Mesa y fruto del tramposo referéndum de junio del 2004 (que apoyó el MAS cuando Morales era parlamentario) continúa vigente y garantizando monstruosas ganancias a los pulpos transnacionales, porque “el gobierno boliviano va a ejercer su derecho de propiedad, pero eso no significa expropiar ni confiscar”.[3]

Vemos entonces a un gobierno que, con una sonrisa en la cara y bajo un ambiente fraternal, prioriza las relaciones con los organismos internacionales, con las transnacionales, con empresarios locales y extranjeros y alaba a todo aquel que esté de su lado.

Pero simultáneamente, mostrando los dientes y en una actitud sumamente reaccionaria (totalmente opuesta a la de un gobierno que se diga popular) se enfrenta, desestima e incluso amenaza a los trabajadores que salen a pelear por sus fuentes de trabajo o por sus salarios. Así lo revela el rol del gobierno frente a los conflictos del Lloyd Aéreo Boliviano (LAB) y el surgido a causa de la propuesta casi provocadora del ejecutivo de un 7% de aumento salarial, los conflictos claves a los que tiene que hacer frente el gobierno de Morales.

Luego de prometer en la campaña un salario mínimo de Bs 1.500, ahora se desdice por completo y sólo ofrece un mísero aumento del 7%, aumento que en los hechos significaría no más de 50 Bs, lo que ni siquiera alcanza para cubrir el costo de la movilidad diaria.

Y en una actitud totalmente reaccionaria, el gobierno salió a atacar y amenazar a los sectores, sobre todo al Magisterio, salud y mineros, que salieron a denunciar esta situación y a exigir que se cumpla con lo prometido. Así, el ministro de Hacienda instó a los trabajadores a “poner los pies sobre la tierra antes de pedir aumentos, ya que el país no tiene la capacidad de atender esta demanda”. Y Morales, en una postura absolutamente de derecha, conminaba a los trabajadores de la educación a no atreverse a pedir un solo punto más de aumento “porque la oferta del gobierno no se negocia”, amenazándolos con movilizar a los padres de familia.

Por otro lado, durante los ocho días que duró la huelga iniciada por los pilotos del LAB, parece ser que la política del gobierno se ha centrado solamente en dejar las cosas como están, pues sólo se ha determinado realizar una auditoría para investigar por qué la empresa ha llegado a esta situación. Sarcásticamente Morales declaró que esto “es simplemente una consecuencia de la capitalización”, mientras, con la excusa de no perjudicar a los usuarios, chantajeaba a los trabajadores para que volvieran a trabajar. Nada dijo el presidente respecto del desmantelamiento de LAB luego de su privatización, de las condiciones de trabajo, de la muerte de una compañera que falleció luego de dar a luz porque Asbún se robó los aportes de los trabajadores a las AFPS, de las deudas de LAB... Entretanto, la capitalización sigue vigente, sus efectos también, Asbún está libre y el LAB continúa en crisis.

Por una alternativa propia

Parece ser entonces que se hace cada vez más evidente y ancha la distancia entre las palabras y los hechos por parte del gobierno. En este marco, los socialistas revolucionarios decimos que los trabajadores y el pueblo no debemos confiar ni un minuto en el nuevo gobierno, a la vez que debemos rodear de solidaridad y brindar nuestro incondicional apoyo a todas luchas que se den. Opinamos que la COB debe llamar a movilizarse exigiendo que el gobierno dé respuesta a su pliego petitorio, poniendo bien en alto nuestras reivindicaciones más sentidas, como la nacionalización del gas y el aumento de salario ya, tal cual se prometió en las elecciones.

Junto con esto, reafirmamos que sólo serán los trabajadores en alianza con los hermanos campesinos y oprimidos, con sus propias organizaciones y en las calles los que impondrán el cambio y la transformación social, no un presidente por más indígena que sea. Por eso es que los trabajadores no debemos dejarnos engañar y nada debemos esperar de este gobierno, ya que no es nuestro gobierno. A los trabajadores y el pueblo nos corresponde la tarea de ir forjando nuestra propia herramienta independiente de lucha para pelear por una salida y alternativa clasista a la crisis. El Instrumento Político de los Trabajadores es esta herramienta. En pos de este desafío es que ponemos a disposición nuestras fuerzas militantes para pelear por una Bolivia socialista, obrera, campesina, originaria y popular.

Notas:

1. Econoticiasbolivia, 27-1-06

2. Tomado de James Petras, “el peculiar comienzo de Evo Morales”, en Econoticiasbolivia, 1-2-06

3. Econoticiasbolivia, 4-1-06