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El
paraíso perdido de Repsol
Por
Marc Gavaldà (*)
Diagonal,
11/05/06
Pese
a las limitaciones de la nueva medida, las petroleras pierden la
capacidad de fijar los precios y decidir los contratos.
El
1 de mayo, desde el gran campo gasífero de San Alberto, el presidente
boliviano Evo Morales anunció la nacionalización de los
hidrocarburos.
Según
el decreto, las empresas petroleras que actualmente realizan
actividades de producción de gas y petróleo en el territorio
nacional están obligadas a entregar a la estatal Yacimientos Petrolíferos
Fiscales Bolivianos (YPFB) toda la producción de hidrocarburos, la
que asume, en nombre del Estado, la propiedad de los mismos y su
comercialización.
Asimismo,
se nacionalizan las acciones necesarias para que YPFB controle como mínimo
el 50% más uno en las empresas privatizadas Chaco (hasta hoy, en
manos de BP-Amoco), Andina (Repsol-YPF) y Transredes (Enron- Shell) así
como también las refinerías de Petrobras y CLH.
Aunque
el decreto de nacionalización fue interpretado por las empresas
extranjeras como una agresión directa a sus inversiones, por el
momento, excepto la brasilera Petrobras que depende de los 50 millones
de metros cúbicos diarios de gas boliviano, han reaccionado con
cautela.
¿Por
qué Repsol puede continuar en Bolivia a pesar de la nacionalización?
En primer lugar, porque no va a soltar las enormes reservas gasíferas
que consiguió en Bolivia, convertidas en estratégicas por tener
mercados como Brasil, Argentina y Chile, estrechamente dependientes de
este recurso. Los megacampos gasíferos de San Alberto, San Antonio,
Mararita e Itaú, son un negocio asegurado durante las próximas décadas.
En
segundo lugar, Repsol sacaba un beneficio de uno a cien con la
anterior ley, de modo que ahora, aunque los beneficios se reducirán,
no dejará de ser todavía un negocio.
En
tercer lugar, habría que analizar los pormenores del decreto de
nacionalización. En general, el decreto se apoya y refuerza la Nueva
Ley de Hidrocarburos 3058, promulgada en 2005. Si bien este nuevo
decreto aumenta las regalías a un 82%, en la práctica sólo dos
megacampos de gas entrarán en este régimen, dejando a los campos de
gas menores y de petróleo intocables.
Pero
la diferencia es que ahora será Bolivia, a través de YPFB, quien
fije los precios y comercialice la producción, algo trascendental
teniendo en cuenta que Repsol fijaba el precio en un dólar por barril
cuando en el mundo vale 70.
Por
otro lado, las empresas capitalizadas, que fueron entregadas
gratuitamente en 1996, no serán confiscadas sino que sólo perderán
unas décimas de sus acciones para que YPFB tenga el control. Aparte,
el decreto tiene una duración transitoria de seis meses y alarga el
plazo, ya vencido, que tenían las empresas para poner en regla sus
contratos.
En
resumen, Bolivia con el decreto 28701 ha recuperado algo de soberanía
al fijar precios, un efímero control de sus antiguas empresas y ganará
algunos millones de más por regalías, pero no se puede hablar de
nacionalización porque los bloques y yacimientos siguen en manos de
las multinacionales.
Sin
embargo, Repsol-YPF, con 22 bloques en el país, denuncias por
contrabando, estafas y muertes, la posibilidad de veto de las
comunidades indígenas y ahora con más impuestos y la imposibilidad
de fijar precios, ya perdió para siempre su pequeño paraíso.
(*) Marc Gavaldà,
autor del libro “La recolonización. Repsol en América Latina”.
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