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Polaridad
y crisis social y regional en Bolivia
Las
tres falsas premisas de Evo Morales
Por
James Petras
Econoticiasbolivia,
mayo 2006
Si,
como venimos afirmando, la polaridad emergente en América Latina se
produce entre los regímenes neoliberales centrados en el imperio y
los regímenes populistas, nacionalistas y reformistas, se sigue que
la resolución exitosa de este conflicto depende en parte de las
premisas de los estrategas reformistas y su creencia de que las
reformas socioeconómicas son compatibles con el desarrollo
capitalista nacional. En el caso del presidente de Bolivia Evo
Morales, puede decirse que su estrategia política electoral y programática
dictaba su análisis político y socioeconómico. Las políticas
reformistas de Morales se basan en algunas premisas dudosas:
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En primer lugar, la creencia de que el capital productivo puede
separarse del capital improductivo, y por consiguiente que una reforma
agraria limitada a las tierras no explotadas o a las "tierras sin
una función socioeconómica" no va a generar la oposición de
las élites y va a ser compatible con una coalición electoral
interclasista. Esta premisa ha demostrado ser incorrecta: los grandes
terratenientes productivos se oponen con toda firmeza a la reforma
agraria y cuentan con el apoyo de las élites de negocios y bancarias,
especialmente en Santa Cruz, porque tienen diversos holdings de
inversión transectoriales, que incluyen bancos, industria, tierra
productiva destinada a la exportación y tierra improductiva mantenida
con fines de especulación.
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La segunda falsa premisa de su estrategia consiste en un diagnóstico
erróneo de la dicotomía entre capital extranjero y capital nacional.
El presidente Morales que mediante la nacionalización, o más
concretamente la conversión de las compañías extranjeras de la
energía en empresas de propiedad conjunta pública y privada, podrá
financiar el desarrollo capitalista nacional y con ello ganar su
apoyo. Este análisis subestima radicalmente los vínculos económicos
y políticos entre las grandes y medianas empresas y las empresas de
propiedad extranjera. Muchas firmas bolivianas son suministradoras,
subcontratistas e importadoras que dependen de los mercados, el crédito
y la financiación extranjeros provenientes de las empresas
transnacionales y de los gobiernos extranjeros. No es sorprendente que
tanto la oposición política en el Congreso como los principales
grupos de negocios bolivianos se hayan opuesto a las reformas de
Morales, aun cuando sean sus futuros beneficiarios.
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La tercera falsa premisa de la estrategia reformista-nacionalista de
Morales es la idea de que los gobiernos considerados de
centro-izquierda de Brasil, Argentina y España van a estar dispuestos
a negociar y aceptar modificaciones de los contratos de explotación
de sus multinacionales y aceptarán unos aumentos modestos de los
precios de compra del gas. Morales sobrestima la efectividad de su
diplomacia personal y su afinidad ideológica con Lula da Silva,
Kirchner y Rodríguez Zapatero, y subestima completamente sus
poderosos y duraderos vínculos con sus respectivas empresas
transnacionales. Como resultado, el gobierno de Lula ha rechazado
todas las propuestas de Morales, entre otras su oferta de negociar un
incremento de dos dólares en el precio del gas, y más aún su
propuesta de crear una empresa mixta con Petrobras. Del mismo modo, el
gobierno de Kirchner ha pospuesto varias reuniones en las que se debía
discutir un aumento similar del precio del gas, y su representante no
ha fijado una nueva fecha, ni siquiera para discutir la propuesta.
Rodríguez Zapatero, con el apoyo del FMI, ha insistido en que se
compense total y rápidamente a las empresas españolas (REPSOL y
BBVA), tarea imposible teniendo en cuenta las limitaciones
presupuestarias bolivianas.
Es
realmente irónico que mientras que los presidentes de
centro-izquierda (Kirchner, Lula da Silva y Rodríguez Zapatero)
rechazan la propuesta de Morales de incrementar los ingresos fiscales
a costa de sus transnacionales, el reaccionario Congreso de Estados
Unidos aprobó una ley para aumentar la parte del gobierno de EE UU en
los beneficios petroleros hasta 20.000 millones de dólares (Financial
Times, 20-21.5.2006, p. 3). Además, mientras que EE UU paga seis dólares
por mil metros cúbicos de gas, Lula y Kirchner han puesto objeciones
al aumento del precio hasta cinco dólares por mil metros cúbicos.
Con amigos del pueblo boliviano como éstos, ¿quién necesita
imperialistas explotadores del país más pobre de América del Sur?
En
resumen, todos los supuestos políticos de Morales se basan en datos
imaginarios que no corresponden a las realidades económicas y políticas
en las que se proyectan. La falta de análisis empíricos serios de
las realidades estructurales ha dado como resultado la imposición de
una estrategia electoral basada en alianzas interclasistas, en un
mundo polarizado por el imperio y los conflictos de clase. La ideología
reformista de Morales ha creado una visión ilusoria del mundo político,
en el que se ve capaz de unir a capitalistas productivos, gobiernos
amigos de centro-izquierda, trabajadores y campesinos frente a
terratenientes improductivos y transnacionales corruptas, en busca de
una economía mixta, un presupuesto equilibrado y mayores reformas
sociales.
El
actual impasse en que se halla Morales, impuesto por sus involuntarios
socios, plantea un serio dilema a su gobierno y a sus aliados
internacionales Venezuela y Cuba: si el programa reformista no es
viable, ¿debería diluir aún más su programa nacionalista y
mantener el aspecto de un gobierno de progreso, o bien debería radicalizar
su programa y recabar el apoyo de sus aliados internacionales en
una confrontación continental más acentuada.
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