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La
verdad sobre la autonomía y las logias de poder
Por
Sergio López
Econoticiasbolivia, junio de 2006
Santa Cruz.– En
Bolivia, de forma un tanto prejuiciosa, de un tiempo a esta parte se
cree que Oriente y Occidente bolivianos inevitablemente se confrontan,
que cambas y collas son como agua y aceite. Este en realidad es un
plato preparado para que nos lo traguemos sí o sí.
Aunque Bolivia no es
una realidad homogénea, la diferencia entre estas regiones no es su
contradicción central, tampoco otras que en cada rincón del país
surgen, contradicciones internas reales pero minúsculas. El
centralismo también es otro argumento real pero deformado para no ver
que hay una contradicción superior que se quiere opacar con la lucha
regional y esa es la lucha entre sectores sociales. Si no se reconoce
esta lucha sólo se empobrece la comprensión de lo que somos,
beneficiando a los que se empeñan en dominarnos dividiéndonos para
servir intereses antipatrias. Ellos nos quieren imponer un locro
(comida típica de Santa Cruz) empalagoso.
Cualquier imagen de
la realidad regional será más o menos verdadera en la medida en que
se pueda y se quiera ver los hechos en su dimensión auténtica y que
la gente pueda escoger, pero si los hechos son deformados sistemáticamente
y en base a ello se manipula, entonces el pueblo se come un locro
intragable que le sirven diciéndole que no tiene que pensar más y sólo
sentir, haciéndole creer que este locro es delicioso. Así un
laberinto de manipulaciones se monta para engañar al pueblo y para
que no exija su locro. Reconocer cuál es la verdad del locro cruceño
es difícil.
Los que se sientan a
la mesa cruceña y gritan más son los sectores empresariales y cívicos
que sobresalen por extrovertidos y bulliciosos y porque además tienen
los medios para hacerlo. Estos definen el locro a su gusto, muestran
la realidad de Santa Cruz como de maravilla, el modelo productivo del
Oriente ¡qué lindo! Pero no se dice nada de cómo aprovechan de la
energía regional a su gusto, de los créditos, del control de las
cooperativas, de las tierras para alimentar sus fortunas personales,
de cómo terratenientes quebrados acaparan, especulan y venden la
tierra cruceña a extranjeros y transnacionales, de cómo explotan
brutalmente a los obreros con salarios de hambre.
La verdadera Santa
Cruz está debajo, la de los humildes que no tienen voz ni organización
porque se la han destruido. Sin liderazgo y dirección no pueden hacer
valer su número, y si alguna vez se hicieron sentir no fue para su
beneficio sino de caudillos, traficantes del sindicalismo, que se
vendieron a las logias.
La clase media
empobrecida, los humildes, en gran parte desmoralizados, se ven
obligados a tragarse el locro repelente y terminar repitiendo lo que
tanto se machaca por los medios que es la voz de empresarios y cívicos.
Pero otros protestan a escondidas y de vez en cuando abiertamente,
cuando exigen soluciones a los problemas inmediatos de la pobreza, el
abandono y señalan como responsables a los patrones, "tirándose"
contra alcaldes o prefecto y contra las deformadas cooperativas de
servicios públicos controladas por los ya conocidos
"logieros". Ese silencio encuba la rebeldía, la movilización
y acción directa que le da sabor al locro y puede hacer callar a los
poderosos.
Para cocinar el falso
locro ya se ha estandarizado la imagen de las regiones, por ejemplo
que Santa Cruz es alta, blanca y habla inglés y La Paz es puro
indios. Estas imágenes son forzadas por los cocineros racistas que
tenemos, que colaboran mutuamente. La lista de cocinero es: los
grandes medios de comunicación, los cívicos, las logias, los
empresarios y sus ayudantes los dirigentes gremiales, sindicales y
otros vendidos.
Los logieros, grupos
de poder que desde las sombras digitan y manipulan la realidad cruceña
y que es la parte más conservadora, racista y declarada
"anticomunista" de la llamada oligarquía regional cocinan
promoviendo el regionalismo y la discriminación al colla, aunque
tienen collas protegidos con los que comparten intereses, caso de Monín
Camacho, Carlos Rojas, Yoyo Pando, Arturo Mendivil, entre otros, y
"cambas" repudiados que no están con ellos como los
personeros del gobierno anterior y el actual entre los que destacan
Carlos Hugo Molina, Guido Guardia, Salvador Ric, Hugo Salvatierra,
este último catalogado de "enemigo público". También
tienen sus preferidos y esos son los funcionarios de transnacionales
con los que se sientan y planifican "reclamos cívicos", los
casos más descarados con la Repsol, y últimamente con la EBX y la
Jindall.
Los grandes medios de
comunicación manipulan la información obedeciendo intereses de
potentados con mentalidad retorcida y provocadora que saben cómo
ajustar todo a la medida de sus cálculos económicos ligados al
capital foráneo. Ellos pretenden uniformizar el pensamiento de la
población en torno a las ideas de cívicos y empresarios. Por ello
los medios de comunicación insisten una y otra vez en que lo que cívicos
y empresarios, la "institucionalidad cruceña" dice, es la
voz oficial de Santa Cruz. Les colaboran los periodistas con miedo,
conformistas o seguidistas siempre dispuestos a agradar al patrón,
pero el pueblo cada día les critica más por sus platos
sensacionalistas y poco éticos.
Estos cocineros
locales tienen alianzas con medios del interior del país (redes de
televisión, radio Panamericana y otros) propiedad de otros poderosos
empresarios, que dan cobertura amplia a cívicos y empresarios cruceños
como si no hubiesen otros sectores en Santa Cruz que puedan opinar
sobre uno y otro tema. En esos medios y para consumo del interior del
país los cívicos son maquillados, presentados como individuos
ejemplares, luchadores o como angelicales, amistosos, fraternos con
los "hermanos bolivianos", para que les vean su lado
"bueno", que buscan el bien de todos los bolivianos; pero
cuando están aquí, en su potrero, pelan las garras, amenazantes y
radicales discriminan, expresan rechazo a todo el que no esté de su
lado, son fanáticos defensores de transnacionales y el modelo
productivo neoliberal. En otras palabras manejan un doble discurso,
uno conciliador y otro provocador.
Los cívicos
abiertamente cuentan con un "brazo armado", la llamada Unión
Juvenil Cruceñista, que ha servido para hacer respetar, a veces a
palos, los frecuentes paros cívicos frente a quienes no quiera
acatarlos. Los ataques y golpizas a grupos e individuos descontentos
han sido frecuentes pero no los cubre la prensa o si lo hace los
deforma. ¡Si alguien no quiere comerse el locro hay que reventarlo!
Si algún dirigente en occidente, al conocer esos atropellos aparece
amenazante, jurando venganza y anunciando trasladarse a Santa Cruz a
descargar su furia sobre los que golpean a sus hermanos collas,
inmediatamente provoca el fortalecimiento de los cocineros cívicos
que se nutren del miedo y el pánico despertado por la prensa ante
esas amenazas a "toda" Santa Cruz.
Así los reclamos en
el interior contra los cívicos cruceños se entienden como agresión
a toda Santa Cruz y se vuelven bandera.
En cambio merman los
argumentos cuando desde la misma Santa Cruz, sectores de reconocido
origen regional, critican el locro logiero porque ya están
empalagados, ahí los cívicos apelan a calificarlos de anticruceños,
traidores, collas, masistas y otros apelativos.
Otros sectores como
la CAINCO (Cámara de Industria y Comercio), la CAO (Cámara
Agropecuaria del Oriente) son quienes exigen mano dura cuando sus
intereses son afectados, como en el caso de las tomas de tierras,
gritando que son una "afrenta a toda Santa Cruz", como si
cada cruceño fuera poseedor de enorme cantidad de tierra.
Todos estos cocineros
se denominan autonomistas pese a que muchos en el pasado vivían del
centralismo, pertenecían a partidos tradicionales y al verse sin más
apoyo en el resto del país decidieron atrincherarse en Santa Cruz
desde donde creen que podrán seguir fabricando el locro a su gusto y
gozando del centralismo llamado autonomía. Han fracasado en su propósito
de convencer al resto del país y buscan desesperados arrastrar al
pueblo cruceño dándole a su campaña fuerte toque regional, y
apelando al chauvinismo, asegurando que con la autonomía habrá más
de todo, de aquello y de esto, y lo más importante, que ya no se harán
más trámites en La Paz y la plata se quedará en Santa Cruz,
cuestiones minúsculas si vemos que lo más importante, el poder,
estará en manos de los ricos y logieros.
Ahora, sin embargo,
no se ponen de acuerdo sobre la receta. Los Nación Camba, Podemos,
APB y Andrés Ibáñez aseguran, cada uno, ser inventores de la
autonomía, dicen que la dominan mejor, que la sienten más, ¡están
hechos talco! pero igual llaman a la gente a votar SI, sin importar qué
dice la pregunta o a quién elegir como constituyente. Debajo de la
manga ocultan un ingrediente, la victoria del SI los hará fuertes en
Santa Cruz y se salvarán. Están en un juego peligroso apostando su
cargo de cocineros.
Sectores que se han
dado cuenta y tienen mejor paladar ya no soportan el plato logiero y
se orientan a repudiar la autonomía, pero lo hacen silenciosamente,
tienen ganas de hacer su propio locro y buscan consejos válidos. La
prensa, los cívicos y PODEMOS aseguran que si no comen el plato de la
autonomía hay que comer la lagua del MAS que sería antiautonomista,
chavista, comunista y demás vainas, pero esto no es verdad, pues el
partido de gobierno es una torre de babel donde hablan distintos
idiomas, hay autonomistas a rabiar, ubicados en las cúpulas, hay
quienes no quieren saber nada de ninguna autonomía, ubicados en las
bases, hay conservadores y radicales.
No se podía esperar
más de un partido sin programa, sin brújula, que respeta y teme
mucho a los cívicos y muestra diligencia en atender sus protestas. En
toda ocasión escucha solícito sus "demandas" y les asegura
respeto a sus propiedades. Su oposición a los cívicos es endeble y
momentánea. Como se ve el MAS no es cocinero confiable, sólo sabe de
recetas electorales, demagógicas y recalentadas que no llenan la
barriga, que no alimentan ni orientan la lucha popular sino que son
puro aire para inflar la constituyente y la propia autonomía.
Por eso, alerta, la
Constituyente no es el plato con el que hay que oponerse a la autonomía,
ninguno de los dos sacia el hambre. Esta es una cuestión que a nivel
nacional se siente y que no es sólo preocupación en Santa Cruz. Por
todo esto se advierte que la verdad del locro cruceño no es muy
distinta a la verdad de la milanesa en el resto del país, que las
supuestas contradicciones oriente "occidente o autonomía"
constituyente son menos importantes que las verdaderas contradicciones
del momento: ricos–pobres, explotadores–explotados,
reforma–revolución, capitalismo–comunismo.
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