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Ante la Constituyente
pactada
Por una Bolivia
Socialista, Obrera, Originaria, Campesina y Popular
Socialismo
Revolucionario, agosto 2006
Periódico de
Socialismo o Barbarie Bolivia
Como no podía ser de
otra manera, días atrás fue anunciado que durante el trabajo de la
Asamblea se garantizará el “funcionamiento de todos los poderes del
Estado”: es decir, el actual parlamento y demás instituciones del régimen
político seguirán operando normalmente. Otro ejemplo de que estamos
frente a una constituyente “derivada” y de ninguna manera
“fundacional”, como insistió en su propaganda electoral el MAS de
Evo Morales.
El
debate que instala la Constituyente –a pesar de sí misma– es
precisamente el de la futura conformación del país. La burguesía
“Camba” del Oriente quiere la continuidad lisa y llana del
neoliberalismo de los 90 y garantías al control monopólico de la
renta gasífera y petrolífera mediante un régimen de “autonomías”.
Evo Morales, por su parte, a lo más que aspira es a la introducción
de tibias reformas que no cuestionan el carácter capitalista y
opresor de la república fundada en 1825. Toda su trampa política
consiste en otorgar formalmente derechos a la población originaria,
declarando al Estado “multietnico” y/o “multinacional”, pero
que en ausencia de transformaciones económico-sociales de fondo, no
podrán ser realmente aprovechadas. Si hay un principio sagrado que la
Constituyente no va a cuestionar es el de la propiedad privada.
En estas condiciones, hay toda una serie de organizaciones
e instituciones originarias que cuestionan el hecho de que no se va a
declarar el estado como Estado Aymará, denunciando que, entonces, la
reivindicación originaria está siendo utilizada en forma “demagógica”
y que la opresión va a continuar.
Por nuestra parte, está claro que no levantamos programáticamente
ninguna de las perspectivas anteriores: creemos que la única
perspectiva correcta es la de una Bolivia Socialista, Obrera,
Originaria, Campesina y Popular, que respete el incondicional derecho
a la autodeterminación de los pueblos originarios, en la
perspectiva de la lucha por la Unidad Socialista de Latinoamérica. Es
decir, una perspectiva no de imposible retorno romántico al
Tiwantinsuyu (área ocupada antiguamente por la población indígena
durante el imperio de los Incas), sino el avance en un camino
anticapitalista y socialista de desarrollo de las fuerzas productivas
del país en manos de sus trabajadores y trabajadoras.
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