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La
Constituyente en estado de coma
Econoticiasbolivia,
01/09/06
La
Paz.– La Asamblea Constituyente de Bolivia está a un paso de
reventar, tras que el gobernante Movimiento al Socialismo (MAS), del
presidente Evo Morales, optara por imponer su mayoría y dejara sin
efecto un pacto que otorgaba un poder de veto a la oposición
petrolatifundista.
Dejando
atrás los acuerdos previos con la oposición, los congresistas del
MAS aprobaron en solitario la madrugada de este viernes una norma que
les permite definir por sí solos la nueva Constitución Política del
Estado y dar poderes absolutos a la Asamblea, en medio de incidentes
violentos que dejaron como saldo el retiro de los opositores y una caída
fortuita que dejó en estado de coma al jefe de bancada del MAS.
El
reglamento aprobado en su primera instancia, y que aún debe ser
aprobado en detalle, faculta a la mayoritaria bancada de asambleístas
del MAS a redactar todos los artículos de la nueva Constitución, sin
necesidad de negociar con la oposición ni alcanzar los dos tercios de
los votos, tal como inicialmente había sido acordado en la ley de
convocatoria a la Asamblea Constituyente.
Este
reglamento define que sólo el texto final de la nueva Constitución
tendría que obtener el apoyo de dos tercios para su aprobación,
aunque deja establecido que si en tres votaciones consecutivas no se
logra este nivel de adhesión, la nueva ley sería puesta a
consideración del pueblo a través de un referéndum.
Con
esta acción, el MAS intenta recuperar la libertad de acción en la
Constituyente, aunque los opositores creen que ya no tendrían ni el
derecho al pataleo, por lo que adelantaron su retiro.
Asamblea
sin oposición
El
asambleísta José Arequipa, uno de los voceros de la ultraderechista
y neoliberal agrupación Podemos del ex presidente Jorge Quiroga,
advirtió que la aprobación del reglamento era "un golpe
institucional que se encamina a un régimen cuasi dictatorial", y
dijo que en las próximas horas podrían abandonar oficialmente la
Asamblea, demandarla de nulidad ante Tribunal Constitucional y
emprender una campaña de denuncia internacional ante la OEA y otras.
Arequipa
acusó al vicepresidente Alvaro García Linera de ser el responsable
de la aprobación de este reglamento y de romper el acuerdo, ideado
por el propio García Linera, para que todos los artículos y el texto
final de la nueva constitución sean aprobados por dos tercios de los
votos, a los que no alcanza el oficialismo.
Conspiración
En
respuesta, el vicepresidente acusó a los opositores de intentar
anular la acción de la Asamblea y de tratar de imponer un veto
inadmisible para las minorías, a través del voto de los dos tercios
que obligaba a lograr acuerdos entre la mayoría de asambleístas del
MAS y los representantes del poder petrolatifundista, aglutinados en
torno a Podemos y otros partidos de derecha minoritarios.
El
propio presidente Morales acusó esta mañana a los opositores de
Podemos, a los dirigentes cívicos y autoridades de Santa Cruz, Tarija
y Chuquisaca de intentar "empantanar y conspirar contra la
Asamblea Constituyente", tal como lo hicieron con la
"nacionalización" de los hidrocarburos, que no plantea ni
la expropiación ni confiscación de las petroleras, pero sí la
legalización de sus inconstitucionales contratos en mejores
condiciones económicas para el Estado.
Cambio
de discurso
Sin
embargo, la nueva posición de García Linera sobre la Constituyente
contrasta abiertamente con lo que sostenía hasta hace poco.
"Este diseño electoral (de la Asamblea Constituyente) ha
impedido la presencia de mayorías abrumadoras. Por el propio diseño,
que fue resultado de un acuerdo entre la oposición y el Gobierno,
nadie, nadie podía obtener más del 65 por ciento de la votación. Se
privilegió, se respetó la presencia de minorías políticas, y
encima, en la Ley de Convocatoria a la Asamblea Constituyente, se
colocó un candado: la obligatoriedad de los constituyentes a tener
dos tercios del voto para aprobar sus decisiones. Por lo tanto, la
obligatoriedad de alianzas, de acuerdos, de consensos, todo eso está
en la misma Ley de Convocatoria a la Asamblea Constituyente, fruto de
un acuerdo de oposición y de Gobierno", decía García Linera
durante su reciente visita a Estados Unidos.
Pero
poco después, en la inauguración de la Asamblea, el 6 de agosto, ese
acuerdo de los dos tercios, es señalado como contrarrevolucionario y
pro neoliberal por el presidente Evo Morales, a pesar de que éste
también avaló y firmó la ley de la Constituyente y el candado de
los dos tercios.
Principio
del fin
La
decisión de imponer a rajatabla la mayoría simple, sin respetar los
dos tercios, ha generado sin embargo resistencias y muchas dudas entre
los propios asambleístas del MAS. Uno de los más influyentes, Raúl
Prada, llegó incluso a advertir que la falta de acuerdos podría ser
"el principio del fin de la Asamblea" y del propio gobierno
de Evo Morales.
"Es
fundamental que la Asamblea no pierda legitimidad", dijo al
advertir que los operadores del oficialismo habían perdido el
"olfato político".
Prada,
presidente de la comisión redactora del Reglamento Interno de la
Asamblea Constituyente, admitió que su partido no tuvo la capacidad
política para sellar los acuerdos con los partidos y organizaciones
minoritarias.
"Todo
se cayó, creo que por la falta de un olfato político (…) Yo creo
que la aprobación del reglamento por dos tercios y la revisión del
reglamento, además del texto final del documento por dos tercios no
nos hubiera traído mayores problemas", lamentó después de que
fuera desautorizado por el MAS para lograr acuerdos con los
opositores.
Un
lunes crucial
La
sesión para definir si se ratifica en detalle la propuesta del MAS y
si se oficializa o no el retiro de los opositores está prevista para
el lunes. Desde ya, Prada convoca a "no perder el control de los
acontecimientos" ni a dejar "sin legitimidad a la
Asamblea". El mismo vicepresidente García Linera convocó a los
opositores a "recapacitar" y volver a las deliberaciones,
prometiendo que la mayoría de asambleístas acogerá sus sugerencias
y propuestas en la elaboración de la nueva Constitución.
A
media tarde de este viernes, muchos de los asambleístas estaban en
ascuas sobre la suerte de la Asamblea y seguían con preocupación la
suerte del jefe de bancada del MAS, el líder campesino y ex senador
Román Loayza, que aún se debatía entre la vida y la muerte.
Loayza
llegó esta madrugada al borde de la muerte, al Hospital Gastroenterológico
de Sucre, después de una caída sufrida en el hemiciclo del Teatro
Gran Mariscal donde se desarrollan las sesiones de la Asamblea
Constituyente.
Según
los médicos, el diagnóstico de Román Loayza es un traumatismo encéfalo
craneal severo que ha provocado un edema cerebral y una inflamación
de la masa encefálica. Por el momento, la junta médica descartó una
intervención quirúrgica puesto que no se ha detectado hemorragia y
la prioridad es bajar la inflamación cerebral que permita al paciente
recuperar la conciencia y salir del estado de coma. En esa misma
situación crítica se encuentra la Asamblea.
La
Constituyente y el dilema del MAS
Econoticiasbolivia,
04/09/06
La
Paz.– Intentando rescatar el carácter progresista de la Asamblea
Constituyente, que había sido previamente hipotecada a las fuerzas
del neoliberalismo, el gobernante Movimiento al Socialismo (MAS) se
enfrenta a un verdadero dilema: romper con el poder petrolatifundista
y avanzar más allá de su tibio reformismo o llegar a nuevos acuerdos
con quienes son los dueños de la tierra, de sus riquezas naturales y
de Bolivia.
Hasta
ahora, la intención–decisión del presidente Evo Morales y del MAS
de anular el poder que tiene la oligarquía petrolatifundista al
interior de la Asamblea, derivó en la amenaza de huelgas,
movilizaciones y protestas antigubernamentales en cuatro de los nueve
departamentos (regiones) de Bolivia, donde pisan fuerte las
organizaciones empresariales, las logias de poder y los gremios
defensores de las transnacionales y los capitalistas criollos.
Reunida
en Santa Cruz, la oligarquía ha movilizado a los Comités cívicos
(que aglutinan a casi todas las fuerzas vivas de los departamentos,
desde los grupos empresariales, vecinales e incluso sindicales), a
muchos parlamentarios y asambleístas neoliberales, a los prefectos y
a casi todos los partidos de derecha en contra del gobierno de
Morales. Ellos están dispuestos al desacato y a declarar la guerra
para impedir que el MAS y Evo Morales dominen por sí solos la
Asamblea, definan la nueva Constitución y delimiten lo que será la
autonomía regional.
La
amenaza de la oligarquía ha obligado, en lo inmediato, a que la
Asamblea Constituyente, reunida desde la tarde de este lunes en Sucre,
sin la presencia de los opositores, aplace sus deliberaciones por 48
horas, deteniendo la aprobación de un reglamento que deja fuera de
juego a la oligarquía y que ha puesto a la Asamblea al borde de la
fractura y al país a un paso del conflicto.
"Es
una oportunidad para desbloquear la situación y se debe aprovechar
este tiempo para recomponer la relación y llegar acuerdos", dijo
el asambleísta Jorge Lazarte, de la derechista Unidad Nacional.
Por
instrucción directa del presidente Evo Morales este plazo ha sido
aceptado, aunque a regañadientes por la mayoritaria fracción indígena
y campesina del MAS, que aún cree que es posible arrinconar a la
oligarquía. Hay alivio, sin embargo, entre los representantes de las
clases medias del MAS, que aún piensan que se puede recrear un
acuerdo con los partidos y representantes de la derecha neoliberal.
El
pacto con la oligarquía
Desde
su concepción hasta su instalación, la Constituyente estaba marcada
por un pacto de largo aliento entre el MAS del presidente Evo Morales
con las logias de poder y partidos representantes del imperialismo y
la oligarquía interna. El acuerdo, refrendado en la Ley de
convocatoria a la Asamblea y hecho realidad en las urnas, daba al MAS
el control de la mayoría de los asambleístas y la posibilidad de
marcar el rumbo de la Constituyente, dejando a la derecha neoliberal
el veto para frenar cualquier iniciativa o acción que vaya en contra
de sus intereses. El pacto se sintetizaba en los dos tercios, que el
MAS no tenía y que eran necesarios para elaborar la nueva Constitución
Política del Estado, según lo admitía hasta hace poco el propio
vicepresidente, Álvaro García Linera, gestor del pacto.
"Este
diseño electoral (de la Asamblea Constituyente) ha impedido la
presencia de mayorías abrumadoras. Por el propio diseño, que fue
resultado de un acuerdo entre la oposición (petrolatifundista) y el
Gobierno, nadie, nadie podía obtener más del 65 por ciento de la
votación. Se privilegió, se respetó la presencia de minorías políticas,
y encima, en la Ley de Convocatoria a la Asamblea Constituyente, se
colocó un candado: la obligatoriedad de los constituyentes a tener
dos tercios del voto para aprobar sus decisiones. Por lo tanto, la
obligatoriedad de alianzas, de acuerdos, de consensos, todo eso está
en la misma Ley de Convocatoria a la Asamblea Constituyente, fruto de
un acuerdo de oposición y de Gobierno", decía García Linera.
Este
pacto se orientaba a minimizar las reformas a la Constitución
previstas por el MAS a cambio de moderar al máximo las pretensiones
autonomistas y separatistas de la oligarquía asentada en el oriente
del país.
Conspiraciones
y fracciones
Este
pacto, sin embargo, no ha marchado como estaba programado. La oposición
neoliberal, concentrada en la ultraderechista Podemos del ex
presidente Jorge Quiroga, la derechista Unidad Nacional del millonario
Samuel Doria Medina y el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR)
del derrocado ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, entre otros,
han interpretado el pacto como la licencia plena para boicotear todas
y cada uno de las iniciativas del MAS, para que la Asamblea
languidezca y muera de inocuidad.
En
respuesta, el MAS, timoneado por su fracción indigenista, ha lanzado
al canasto los dos tercios gestionados por la fracción pequeñoburguesa
urbana de García Linera y aprobó el viernes, en la primera de dos
etapas, un reglamento que le faculta a imponer su mayoría y a
prescindir de la oposición en la redacción de la nueva Constitución.
Toda una declaratoria de guerra, que ha sido respondida por la oposición
derechista con el abandono de las sesiones y el atrincheramiento en
Santa Cruz.
La
trampa de los dos tercios
Bajo
la presión de la fracción indigenista, que es ahora mayoritaria en
el MAS, el vicepresidente García Linera archivó, temporalmente, su
discurso conciliador y oficializó la intención–decisión del MAS
de anular el poder de veto que tiene la oligarquía en la Asamblea
Constituyente.
Según
explicó el vicepresidente, el reglamento de debates, que aún debe
ser aprobado en detalle por la Asamblea en Sucre, para que tenga
validez, establece que todas las determinaciones, incluidos los artículos
de la nueva Constitución Política del Estado, serán aprobados por
mayoría simple de votos, con los que cuenta el MAS.
"Hay
cinco puntos en la propuesta del MAS. Uno que reafirma la mayoría
absoluta para los artículos (de la Constitución), tres que reafirman
los dos tercios para el texto final de la Constitución, para el
desafuero (de asambleístas) y para la modificación del Reglamento, y
el quinto punto que es una cláusula de salvedad para permitir que no
se estanque al final la Asamblea Constituyente", dijo al explicar
que "para la aprobación del texto final, si no hay dos tercios,
se debe someter la nueva Carta Magna al voto soberano por medio de un
referéndum". Con ello, se está dejando sin efecto la
obligatoriedad de los dos tercios y, por tanto, el poder de veto que
tenía la oligarquía.
La
ley de Convocatoria a la Constituyente establecía que el texto de la
nueva Constitución debía ser aprobado obligatoriamente por dos
tercios de votos y que recién se podía ser llevado a referéndum.
Movilización
popular
En
esta pulseta con la oligarquía, el gobernante MAS, atrapado por sus
propias contradicciones y devaneos, ha convocado a la movilización
popular para lograr reformas controladas en la gestión del Estado.
Por
ahora, las distintas fracciones del MAS, aguardan la reacción
opositora, concentrada en Santa Cruz, y el impacto de sus medidas. La
fracción indigenista, con fuerte arraigo y poder en las
organizaciones campesinas e indígenas, donde la Constituyente es sinónimo
de refundación del país y mejores condiciones de vida para el
pueblo, cree que la movilización popular logrará arrinconar a la
oligarquía y hará funcionar la Asamblea.
La
fracción pequeñoburguesa, más conservadora y dialoguista, dirigida
por García Linera, apuesta, en cambio, a que se establecerán nuevos
puntos de acuerdo con la oligarquía petrolatifundista, una vez que
las partes en conflicto se muestren los dientes, libren unas cuantas
escaramuzas y finalmente se sienten en la mesa del reencuentro. La
suspensión de las deliberaciones de la Constituyente por 48 horas
juega a favor de la segunda tendencia, mientras que la amenazas y
presión de la oligarquía apuntalan la radicalidad de la primera.
Campesinos
piden no ceder ante la oligarquía
Econoticiasbolivia,
04/09/06
La
Paz.– Dirigentes y líderes campesinos e indígenas vinculados al
gobernante Movimiento al Socialismo (MAS) urgieron al presidente Evo
Morales a no ceder ante las presiones de la oligarquía
petrolatifundista, que intenta retomar con una huelga de 24 horas y
otras amenazas de secesión el poder de veto que aún tiene en la
Asamblea Constituyente.
Las
organizaciones campesinas, indígenas, campesinos y colonizadores
amenazaron con bloquear caminos y cercar desde el 20 de septiembre la
ciudad de Santa Cruz, la plaza fuerte de las logias de poder asentadas
en el oriente y sur de Bolivia y que se han declarado en virtual
estado de guerra ante la intención–decisión del MAS de aplicar a
rajatabla su mayoría en la Asamblea y sin dejar ningún resquicio
para que la oposición pueda influir en sus decisiones.
El
dirigente de la masista Confederación Sindical Única de Trabajadores
Campesinos de Bolivia (CSUTCB), Isaac Dávalos, advirtió que "si
las fuerzas de la derecha política que se oponen al proceso de cambio
continúan con esos afanes de desestabilizar la Constituyente,
instruirán un bloqueo general de caminos a partir del 20 de
septiembre para garantizar la marcha del proceso refundacional del país".
"Es la guerra de los ricos contra los pobres", dijo en La
Paz.
Otras
agrupaciones de campesinos, indígenas y colonizadores del oriente,
vinculados al MAS, reunidos en Santa Cruz, amenazaron con cercar esa
ciudad desde el 20, confirmó el dirigente Ramiro Galindo, mientras más
de un centenar de cocaleros y campesinos de La Paz ingresaban a Sucre,
la sede de la Asamblea, para iniciar la presión directa sobre los
constituyentes.
Presión
sobre la Asamblea
La
presión campesina – indígena, por fuera de la Asamblea, se da para
consolidar la acción de la mayoritaria fracción de asambleístas indígenas
y campesinos del MAS, que el viernes aprobaron, en la primera de dos
instancias, un reglamento que anula el acuerdo previo gestionado por
la fracción pequeñoburguesa urbana del MAS, dirigida por el
presidente Alvaro García Linera, y que los obligaba a pactar con la
oposición petrolatifundista, mediante el mecanismo de los dos
tercios.
El
reglamento, que aún debe ser aprobado en detalle, faculta a la
mayoritaria bancada de asambleístas del MAS a redactar todos los artículos
de la nueva Constitución, sin necesidad de negociar con la oposición
ni alcanzar los dos tercios de los votos, tal como inicialmente había
sido acordado en la ley de convocatoria a la Asamblea Constituyente,
pactada por García Linera y la oposición. Ese pacto se orientaba a
minimizar las reformas a la Constitución previstas por el MAS a
cambio de moderar al máximo las pretensiones autonomistas y
separatistas de la oligarquía asentada en el oriente del país (ver:
Bolivia, la Constituyente y el dilema del MAS en
www.econoticiasbolivia.com).
En
la tarde de este miércoles, la presión campesina – indígena se
orientaba también a lograr que la Asamblea reinicie sus
deliberaciones, para continuar aprobando el reglamento que otorgará
al MAS el control absoluto de la Constituyente, que debe definir la
nueva Constitución y el carácter y alcance de las autonomías
regionales.
Sin
embargo, la sesión de hoy duró apenas media hora, tiempo en el que
se aprobó el "índice del reglamento de debates" y se
decretó un cuarto intermedio hasta mañana, para dar más tiempo a
las negociaciones que desde Palacio quieren abrir con la oligarquía
oriental.
Las
sesiones de la Asamblea habían quedado interrumpidas desde el
viernes, cuando el jefe de la bancada del MAS, el dirigente campesino
Román Loayza, el principal responsable para anular los dos tercios y
romper la alianza con el bloque neoliberal, sufrió un grave accidente
que aún lo mantiene en estado crítico en el hospital. El pasado
lunes, los asambleístas suspendieron sus deliberaciones por 48 horas,
hasta este miércoles, por instrucción expresa del presidente Evo
Morales, que aún busca un acuerdo con la oligarquía
petrolatifundista del oriente y sur del país.
El
vicepresidente de la Constituyente, Wilder Flores, reconoció que el
avance "es escaso" y culpó "a la derecha" de
buscar el empantanamiento del debate, aunque quedó claro que la
intención de fondo era no generar más conflicto con las
organizaciones empresariales y cívicas de cuatro de los nueve
departamentos (regiones) de Bolivia que confirmaron el paro de 24
horas para este viernes. Esta movilización derechista, que ha logrado
el respaldo de amplios sectores vecinales, laborales y ciudadanos al
enarbolar la defensa de la autonomía regional, está siendo
organizada desde los gobiernos locales, dirigidos por militantes y/o
simpatizantes de la ultraderechista Podemos, del ex presidente Jorge
Tuto Quiroga.
El
objetivo de los organizadores del paro del viernes es obligar al
gobierno de Evo Morales a respetar el pacto al que arribaron en el
segundo trimestre del 2006 para definir en consenso en el 2007 la
nueva Constitución Política del Estado y las características de las
autonomías regionales. La oligarquía quiere mantener ese pacto, al
igual que varios sectores al interior del MAS, que buscan neutralizar
a la fracción campesina – indígena, debilitada por el retiro
obligado de su dirigente Román Loayza, pero fortalecida por la
paulatina movilización popular.
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