Brasil

Una capitulación con pocos antecedentes en
el trotskismo latinoamericano

El PSTU entra a un frente popular en Belén

Por Antonio Soler,
de Praxis - Socialismo ou Barbárie[1], 10/08/2012
Publicado en español de Socialismo o Barbarie, periódico, 06/09/2012

A continuación presentamos una versión abreviada de un texto de nuestros compañeros de Praxis de Brasil, donde se polemiza con la decisión del PSTU de integrarse a un frente popular puesto en pie en la ciudad de Belén para las elecciones municipales de octubre próximo. Para la versión completa de este texto, ver http://praxisbr.blogspot.com.br/2012/08/o-pstu-e-frente-popular-eleitoral-em_8.html

En el final del mes de junio, fue firmado un acuerdo electoral en Belén (capital del estado de Para) entre el PSOL, PC do B y el PSTU. Es una unión electoral que busca disputar la elección municipal en octubre del corriente año. En esta composición Edmilson Rodrigues (PSOL) es el candidato a prefecto y Jorge Panzera (PCdoB) es el vicecandidato de la lista. En la disputa para los cargos de concejal, fue firmado un acuerdo sólo entre el PSOL y el  PSTU, que irán a hacer campaña prioritariamente para dos candidatos: uno del PSOL (Marinor Brito) y otro del PSTU (Cleber Rabelo).

En el segundo semestre la situación política nacional estará marcada por las elecciones municipales y todo lo que significan: campaña diaria en la TV y en la radio, debates entre los candidatos con la mayor intención de voto y las típicas ilusiones de que el voto dentro de la democracia formal puede alterar alguna cosa importante en la vida de las personas. Las elecciones municipales se centran en los temas locales, porque no interesa a los candidatos de la burguesía llamar la atención sobre los grandes dilemas nacionales. La cuestión es que en las ciudades los problemas son semejantes y solo pueden ser resueltos a partir de profundas transformaciones nacionales.

Aunque las señales de intensificación de la lucha de clases se mantendrán en el segundo semestre, las elecciones no dejarán de tener su importancia política y efecto paralizador. Pero la participación en las elecciones para los partidos socialistas revolucionarios tiene como objetivo –aprovechando el momento de mayor discusión política entre los trabajadores– presentar la crítica socialista al capitalismo y una alternativa de sociedad radicalmente opuesta a la actual.

¿Por qué la coalición electoral en Belén merece la atención de las organizaciones revolucionarias
y de la vanguardia estudiantil y obrera?

Es en este marco que se coloca la polémica con la posición del PSTU en Belén. Aunque de no posee influencia de masas, esta organización es tenida como referencia por sectores importantes de la vanguardia, principalmente en el sindicalismo público y en la juventud; por eso la posición que asumió en Belén y todas las falsificaciones políticas y teóricas que intenta construir para justificarse, merecen un análisis crítico.

El PSTU apunta las siguientes posibilidades y objetivos para la coalición: 1) Edmilson Rodrigues canaliza un “sentimiento de oposición de izquierda al gobierno federal”. Está en primer lugar en las encuestas y tiene una amplia ventaja en relación al segundo en disputa; 2) la campaña potenciaría la agitación de “un programa revolucionario en la ciudad, el que se expresa en nuestro slogan Belén para los trabajadores”; 3) con la coalición se abren las posibilidades de elegir “un obrero socialista y revolucionario para la cámara de Concejales”; 4) es una posibilidad de fortalecer nuestro partido, incorporando muchos nuevos obreros y trayéndolos para militar con nosotros. O sea, “nuestros objetivos en esta coalición son los objetivos tradicionales de los revolucionarios cuando estos participan en el proceso electoral”.[2]

Y esos objetivos podrían ser alcanzados por la dirección del PSTU en el frente en Belén bajo las siguientes condiciones políticas: 1) los partidos burgueses que inicialmente iban a componer el frente desistieron de participar del mismo, y solo quedó el PC do B, que es un partido de base del gobierno pero no es un partido burgués. 2) El PSTU dio la batalla para que el frente de izquierda estuviera integrado solamente por partidos obreros, pero perdió la batalla y por eso debió hacer una elección entre participar o no. 3) La política revolucionaria es extremadamente “flexible” y comporta una infinidad de tácticas y se pueden hacer acuerdos con “cualquiera”, siempre que se “mantenga la libertad política”...

A sabiendas de las críticas que llovieron sobre el PSTU por el paso que acaba de dar, y para intentar “responder” a ellas, el artículo citado se plantea las siguientes cuestiones: “¿estaría el PSTU entrando en la misma lógica de los partidos que tanto critica? ¿Sería esta una alianza sin principios, como tantas que existen por ahí?[3]

Desde Praxis decimos, categóricamente, que todas las respuestas para estas preguntas son positivas. La dirección del PSTU abandona totalmente el criterio de que la política revolucionaria se desenvuelve en una franja muy precisa entre el oportunismo y el sectarismo; nunca se puede desestimar la realidad concreta (sectarismo), ni mucho menos los principios (oportunismo). Se trata de hacer la debida síntesis entre la realidad política y la “norma”, donde el resultado es la línea política concreta para un momento determinado. 

La capitulación electoral del PSTU no es algo totalmente nuevo; el oportunismo electoral en Belén fue precedido de varios problemas políticos de esta organización. Para ver algo más reciente y emblemático, podemos señalar la política que adoptaron para el enfrentamiento en la ocupación del asentamiento de Pinheirinho, São José dos Campos (SP). En este episodio quedó evidenciada la línea corporativista que lleva el PSTU al frente de la dirección del sindicato de los metalúrgicos (principal sindicato de la región) de esa ciudad, puesto que no fue capaz de movilizar su base sindical para apoyar a los trabajadores sin techo. Esto por no hablar del cretinismo jurídico que caracterizó su línea política creando ilusiones de que un conflicto de esa envergadura podría ser resuelto con un mandato de la justicia[4].

Los criterios marxistas para definir un frente popular

La amalgama creada por la dirección del PSTU para justificar lo injustificable es generalizada. Dentro de esto encontramos distorsiones, falsificaciones y unilateralidades en el “análisis” de la situación concreta y de los elementos políticos que componen la coalición electoral en Belén. Esa misma amalgama también fue extendida para el plano de los criterios marxistas para que se puedan conformar acuerdos, alianzas y principalmente frentes electorales.

Contrariamente de lo que intenta transmitir el PSTU a la militancia (particularmente a las nuevas generaciones), existen grandes cantidades de material teórico que no dejan sombra de duda para caracterizar si estamos delante de un frente electoral clasista o un frente popular. Dentro de esta temática, la política revolucionaria tiene parámetros conceptuales bastante consolidados por la práctica y la reflexión política revolucionaria que retoman la experiencia de por lo menos un siglo de historia de la lucha de clases.

Al contrario de lo que hace la dirección del PSTU, es necesario considerar a las organizaciones y personalidades que lo componen, pasando por el análisis de sus programas, perspectivas políticas y tácticas concretas que fueron utilizadas para responder a los principales problemas de la realidad, además de los balances políticos involucrados. En los escritos sobre Francia y el proceso político que llevó a un frente popular en la década del 30, Trotsky aclaraba que la participación política de los bolcheviques en el parlamento (Duma) se dio en circunstancias muy específicas, formándose coaliciones electorales con los socialistas revolucionarios (partido campesino radical pequeño burgués antizarista).

Esa postura política no tiene semejanza alguna con un frente popular que “representa un conglomerado de organizaciones heterogéneas, una alianza duradera de clases diferentes ligadas para todo un período –¡y qué período!– por una política y un programa común: por una política de ostentación, de declaración y de polvo en los ojos[5]. Así el ‘frente popular’ es una alianza con sectores de la burguesía o pro burgueses que acaban por adelgazar la lucha y crear ilusiones parlamentarias. Esas alianzas nunca son favorables para los trabajadores, porque acaba siempre predominando el programa y los intereses de los capitalistas; por lo tanto anulan el programa de transformación radical, marcan los ejes programáticos conservadores, favorecen los preconceptos parlamentarios (de democracia formal) por los cuales los problemas de los trabajadores pueden ser resueltos sin la acción directa de las masas, y debilitan la disposición y la perspectiva de la lucha independiente de los trabajadores”.

Las varias combinaciones políticas de los frentes populares

Es importante tener en cuenta que los frentes populares pueden establecerse sin que haya la participación directa de los partidos burgueses en su composición. Insistimos: esos frentes pueden ser compuestos por varias combinaciones políticas, inclusive sin la participación directa de los partidos burgueses tradicionales en su composición. En la descripción y la caracterización del frente popular en España, Trotsky aclara que la política clasista, al contrario de lo que sostenían los estalinistas –que defendían la participación “amplia” en el frente electoral–, no podría encajarse apenas por la lógica aritmética simple, o sea, que al aumentar el número de participantes se aumentaría automáticamente la fuerza política de este frente.

La lógica política es mucho más compleja. La política de frentes no puede ser comprendida, ni propuesta, dentro de la lógica de suma de fuerzas políticas en abstracto, como querían probar sus defensores estalinistas. Trotsky explica que el frente popular obedece a operaciones matemáticas un poco más avanzadas, donde no siempre la “suma de fuerzas” resulta en una suma positiva.

Pero lo fundamental es insistir en que un frente popular no siempre es el resultado directo de la participación burguesa en su interior, pues “el frente popular español no es un paralelogramo de fuerzas: el lugar de la burguesía estaba ocupado por su sombra. Por la mediación de los estalinistas, socialistas y anarquistas, la burguesía española tenía subordinado al proletariado sin ni siquiera tener el problema de participar del Frente Popular.[6]

Como se ve, los frentes populares no se constituyen apenas con la participación directa de los partidos burgueses. En el caso de la revolución española en la década del 30, fue realizado por la alianza entre “organizaciones de izquierda” donde no existía la participación directa de la burguesía en su interior[7]. Es su política de capitulación y su programa lo que acabó constituyendo y pasando a la historia como una política de traición a la revolución, responsabilidad directa de las organizaciones “de la izquierda” que participaban.

Para Trotsky, “la primera condición para aplicar la política de frente único es la ruptura total y absoluta con la conciliación sin principios”. La táctica frentista de una organización revolucionaria debe estar al servicio de esa estrategia, o sea, de la perspectiva de impulsar la lucha directa de los trabajadores y que ellos solo pueden confiar en sus propias fuerzas. Entre los clásicos del marxismo no hay separación mecánica entre táctica y estrategia (la táctica siempre está al servicio de la estrategia), mucho menos en relación a la participación en las elecciones burguesas.

La táctica de frente clasista, electoral o no, debe fortalecer la posición de los trabajadores, la movilización, y contribuir para el fortalecimiento de la posición de la vanguardia obrera contra el capital. Se constituye, en primer lugar, como necesidad práctica de los trabajadores contra los capitalistas tanto en la lucha sindical, política o dentro del parlamento. Negar que esa lucha pueda significar un punto de apoyo en la lucha directa o un avance para la conciencia política de los trabajadores, no pasa de infantilismo político.

Los frentes electorales clasistas tienen como perspectiva estratégica fortalecer, despertar, impulsar o apoyar la actividad política, sus organizaciones y el desenvolvimiento de la conciencia socialista de la clase trabajadora. Actuando en el ámbito parlamentario, un frente clasista insiste permanentemente en que el ámbito político fundamental donde las cuestiones son resueltas es el ámbito extraparlamentario, o sea la lucha de clases. Al contrario, los frentes populares solo sirven para crear ilusiones en que a través del voto se pueden resolver los problemas fundamentales de los trabajadores u obtener alguna conquista significativa sin que la clase sea protagonista.

La composición del frente electoral de Belén

Evidentemente, el problema discutido aquí es la crítica a la línea política electoral del PSTU, no cuestionar el objetivo de elegir un concejal o cualquier otro parlamentario. El espacio en el parlamento, utilizado de forma revolucionaria, puede ser muy útil y contribuir para la acción política y para la movilización de los trabajadores. Puede ser una “tribuna” para denunciar al sistema, levantar las principales reivindicaciones, apoyar las luchas y denunciar los limites de la democracia burguesa, el proceso electoral y las necesidades de superarlos.

El problema grave es que el objetivo de elegir un parlamentario para cumplir ese papel no se puede dar a costa de una política oportunista. Concretamente, intentando esconder –como hace la dirección del PSTU– que esta coalición electoral, por la historia, el programa y las organizaciones que componen el frente en Belén, no pasa de un frente popular que se colocará, de ser electo intendente de Belén (como ya ocurrió en dos oportunidades con el candidato que encabeza el frente electoral, que va por su tercera reelección), contra los trabajadores de Belén[8].

El PSTU parte de la justificación de que dio batalla para que el frente fuese “clasista”, sin partidos burgueses o gubernamentales. Pero, como perdieron esa batalla, debían resolver si participaban igualmente o no. Una vez que los “partidos burgueses desistieron de participar del frente (…) permaneció sin embargo el PC do B, que no es un partido burgués pero es un partido de base del gobierno de Dilma, gobierno este que gobierna para la burguesía (…) Ante el hecho consumado de que el PSOL cerró con el PC do B, debimos definir si permanecíamos en el frente o si nos retirábamos de él debido a la presencia del PC do B. (…) los revolucionarios no siempre escogen el campo de batalla, y mucho menos las condiciones de la lucha”.[9] El problema insuperable de esa línea política es justamente que los que firmaron ese acuerdo electoral iniciaron una escuela de ruptura con la línea marxista revolucionaria, o sea, una total capitulación al juego electoral burgués.

El argumento del PSTU de que como el hecho ya estaba “consumado” –el frente electoral del PSOL con el PCdoB– no les quedó otra que “integrarse”, no pasa de ser un verdadero escándalo oportunista. Claro que no hacemos la lucha política en condiciones que escogemos; esa es una premisa básica para los marxistas. Las condiciones son objetivamente puestas y tenemos que actuar delante y sobre ellas, de eso no podemos escapar. Tener una política electoral dentro del juego desfavorable de las elecciones burguesas –cuando los trabajadores todavía tienen ilusiones en la democracia formal– es una necesidad objetiva de la política revolucionaria. Asimismo, no participar del proceso electoral esperando condiciones más favorables de la lucha de clases cuando se tiene a disposición la legalidad para eso, significa puro sectarismo político e idealismo teórico.

Pero esa verdad elemental es un argumento completamente injustificable en el contexto concreto de la coalición. Porque otra cosa bien distinta es hacer una escuela de oportunismo, teniendo en cuenta solamente las posibilidades de elegir un concejal –aprovechando el coeficiente electoral del frente–, despreciando el ambiente político en que la coalición está inserta, las consecuencias para los trabajadores y los objetivos estratégicos de esa participación para los revolucionarios. Eso no pasa de un pragmatismo sin principios, una pura maniobra electoralista al exclusivo servicio de elegir un concejal; una decisión en la que nada importa el hecho de que ser parte de ese frente es contribuir de forma directa a la elección de un gobierno que necesariamente se colocará contra los trabajadores. Esta es una línea política totalmente contraria al marxismo revolucionario.

¿Es el PC do B un partido obrero?

Antes de recurrir a la tradición marxista revolucionaria –para falsificarla– sobre las alianzas y acuerdos, el PSTU intenta hacer una maniobra “iluminista” sin la cual tiene muchas más dificultades para defender la alianza firmada en Belén y para darle un carácter “ultra táctico”, pero principista. Describe al PCdoB, pero sin sacar ninguna conclusión de su propia descripción: “partido con base de apoyo al gobierno de Dilma (…) que ayudo a aprobar el Código Forestal (…) controla con mano de hierro a la UNE, entidad ex estudiantil, hoy gubernamental, que nada hace para apoyar la increíble huelga de profesores y estudiantes de las universidades federales que está aconteciendo en el país”.

Pero a pesar de todo esto, para el PSTU el PC do B continúa siendo un “partido obrero”. Sobre esa cuestión no se propone ninguna hipótesis y mucho menos una caracterización. ¿Qué define el carácter de clase de un partido? Su composición social, su dirección, su programa, su política concreta delante de las grandes cuestiones de la lucha de clases. El PC do B rompió con la orientación soviética y pasó al maoísmo en el final de la década del 70, se transformó en un partido que apoyó el orden y defensor directo de los intereses patronales en la década de los 80. Hoy apoya incondicionalmente a un gobierno burgués y corrupto.

El hecho de que el PC do B sea parte de la base del gobierno de Dilma –un gobierno burgués atípico–, significa que apoyó todas las medidas antiobreras como el código forestal (cheque en blanco para el latifundismo), la ley de la Copa (que entre otras barbaridades es garante del reino de los monopolios y ataca la libertad política de los trabajadores), construyó una de las peores burocracias sindicales y estudiantiles en la historia del país al frente de la CTB y la UNE respectivamente. También está envuelto en los esquemas de corrupción del actual gobierno.

Para el PSTU, el conjunto de esos elementos no cambia en nada la naturaleza política del PC do B, o sea, continúa siendo un partido obrero. Nosotros ya vimos que este partido perdió ya hace algún tiempo su carácter obrero, se trata de un partido pequeñoburgués. Abstractamente mantienen un programa socialista como puro barniz de una actuación sindical-estudiantil extremadamente burocrática, con una política totalmente alineada con los intereses del gran capital.


[1]. Versión traducida y editada por Martín Camacho.

[2] ¿Por qué estamos en un frente con el PSOL y el PCdoB? Ver www.pstu.org.br

[3] Ídem. 

[4] Se trata de la represión violenta con que fue desalojado un enorme predio en las afueras de la ciudad de San Pablo, un  verdadero asentamiento popular ocupado por cientos de familias desde hace varios años y que fue arrasado a pesar de una supuesta orden judicial que buscaba “impedir” que ese desalojo ocurriera. El PSTU salió a festejar por anticipado dicha resolución judicial, incluso estaba llevando adelante una “fiesta” a los efectos de ese desalojo en el momento mismo que la brutal represión se estaba preparando, agarrándolos, consecuentemente, totalmente desarmados para dicha situación.

[5] León Trotsky, ¿A donde va Francia?. Ed. Desafío, Brasil, pp.134. 

[6] León Trotsky, España revolucionaria, Escritos 1930-1940, Colección Clásicos, Ed. Antídoto, Argentina, pp. 297-298.

[7] Había, si, un pequeño partido burgués, amén de que la cúpula burguesa del ejército estaba del lado del gobierno de la República, entre otros factores.

[8] Se trata de que Edmilson Rodríguez, hoy integrante del PSOL, y ex integrante del PT, ya gobernó dos veces en Belén llegándose a enfrentar con las huelgas de los empleados públicos...

[9] Ídem.