Brasil bajo Lula

 

Contribución del Movimento Esquerda Socialista (MES), 28 de febrero de 2004

Por la construcción de una oposición de izquierda socialista con influencia de masas

Introducción

En vísperas del carnaval, en febrero de 2004, estalló la primera grave crisis política del gobierno Lula. Un flagrante caso de corrupción envolviendo al principal hombre de confianza, al operador del ministro más fuerte de Lula, el ex presidente del PT José Dirceu, detonó un escándalo relacionado al juego de apuestas clandestinas, (llamado “jogo do bicho”), crimen organizado, estafas en licitaciones y doble caja de las campañas electorales de candidatos petistas. Sumado al caso de Santo André, este nuevo escándalo coloca el PT en el centro de la escena de la cual antes el partido aparecía siempre como denunciante: la sospecha sobre altos dirigentes del partido y del gobierno y la acusación flagrante sobre hombres de confianza envueltos en casos de estafas, extorsiones y propinas.

Cuando escribimos este documento las respuestas desorganizadas dadas a la crisis política demostraban un elemento importante de debilidad y de improvisación en el gobierno. Sea como sea el proceso final del escándalo, lo cierto es que el gobierno Lula suma un desgaste extra en el terreno de la ética, y comienza su segundo año más comprometido con los intereses de la burguesía, más amarrado por las clases dominantes para ser un mero agente de sus políticas. En 2003 fue lo que ya vimos. El gobierno Lula aplicó el modelo de ajuste del Consenso de Washington, esto es, dió continuidad a la política económica de FHC/Malan y siguió el recetario del FMI, cuya reforma de la previdencia en beneficio de los bancos y de los fondos de pensión fue la expresión más contundente. Para el país y el pueblo trabajador el resultado fue previsible: la caída de la producción de la riqueza nacional, con el PIB cayendo 0,2%, la mayor caída desde 1992 cuando Collor era el presidente, mientras el crecimiento poblacional fue de 1,3 %. Brasil, por tanto, se hizo más pobre.

Así, a lo largo de 2003 las masas comenzaron su experiencia con el gobierno y con el PT, un proceso que ha sido razonablemente acelerado, cuyo escándalo actual es un nuevo ingrediente significativo. Fue en la primera ola de esta experiencia, con la huelga nacional de los servidores públicos federales que se produjo el embate de los llamados radicales contra el giro a la derecha del PT. La ruptura de una parte expresiva de la base social petista, en particular de los trabajadores estatales, fue acompañada también por sectores intelectuales, segmentos de la juventud y por una franja de masas importante, con conciencia reformista y convencida de que el PT no defiende más sus propias banderas históricas. 

Ahora, el desafío es la construcción de una oposición de izquierda socialista con influencia de masas. Por tanto un proyecto de izquierda consecuente, o radical, para usar la expresión en boga, con capacidad de atraer e influenciar sectores de masas que pueda ofrecer un canal positivo, un puente entre el descontento inexorable de la clase trabajadora y de la juventud y la necesidad de una alternativa política de los propios trabajadores delante de la crisis inevitable. Tratase de una necesidad para que el proyecto socialista, frente a la quiebra del PT, no sea ilegitimo. Para que exista un polo de lucha por los intereses de los trabajadores en la sociedad. Caso contrario, el fiasco  provocado por el PT será atribuido a todas las fuerzas de izquierda. Iremos a la dispersión y al fortalecimiento de las tendencias indicativas de un retroceso político del país.

Tal proyecto de construcción de una oposición socialista con influencia de masas no es de corto plazo ni lineal. Se trata de una construcción. La asimetría entre las fuerzas de la izquierda socialista y las de la burguesía es enorme. La burguesía, en tanto clase, tiene poderosos instrumentos para engañar el pueblo pobre, para mantenerlo bajo su hegemonía. Delante de la debilidad de sus partidos tradicionales logró integrar completamente el propio PT y de carambola al PC do B en su sistema de dominación. Ambos cargan la mayoría de la dirección de la CUT, de la UNE, de innumerables sectores de las direcciones de los movimientos populares. Hasta el MST, cuya combatividad fue innegable durante los años FHC, ahora asume una posición dudosa, marcada por un pragmatismo que, al fin y al cabo, sostiene a un gobierno ejecutor del ajuste neoliberal. De esta forma, con la izquierda oficial aplicando las reformas antipopulares y con otra parte cediéndole espacios y posiciones, la confusión y la desorientación alcanzan una parte expresiva del pueblo.

A la vez, las fuerzas socialistas cuentan con medios sumamente modestos, sin recursos financieros, aunque reagrupándose de modo relativamente rápido. Todavía, sus lazos con el pueblo pobre son débiles. Cuenta a nuestro favor la experiencia con el PT en curso y la necesidad social de que los trabajadores tengan una representación política de sus intereses. También contamos con una conquista política enorme: el hecho de que los parlamentarios llamados radicales, Luciana Genro, Babá, João Fuentes, Heloísa Helena, han sido levantados a una situación de enorme representatividad nacional, con un destaque mayor para la senadora de Alagoas, convertida en menos de un año en la segunda principal referencia de la izquierda brasileña, después de Lula, a los ojos de las masas, siendo la primera en los sectores más avanzados, sobretodo después que Lula dijo que nunca fue de izquierda.

Entonces, aunque esta bancada combativa de parlamentarios haya encontrado para sus posiciones poco respaldo en la superestructura partidaria y parlamentaria – por la evidente capitulación de la mayoría de la llamada izquierda petista – ganó prestigio producto de la identidad, percibida por los sectores del pueblo que acompañan la política, de sus batallas unidas a la historia del PT. Estos sectores saben que el PT cambió. Mismo entre los sectores del pueblo que acabaron aceptando los cambios del partido hay el reconocimiento de que los llamados radicales se mantuvieron coherentes. Son banderas sin manchas. El voto contrario a la reforma de la previdencia fue el símbolo de esta coherencia. Cabe a los socialistas aprovechen este espacio conquistado.

Así, por abajo, en el tejido social, entre millones de trabajadores, la ruptura con el PT se extiende. Su fuerza ha provocado desplazamientos con repercusiones en la superestructura de los movimientos sociales y mismo en partidos como el PSB, PSTU, en menor escala en el PC do B y lógicamente en el PT.  Aunque el partido del gobierno siga teniendo apoyo de masas, sobre todo electoral, hay un espacio a la izquierda claro, un espacio abierto para el movimiento por un nuevo partido. Finalmente, cuenta a favor de los socialistas el escenario de ofensiva de las luchas de los trabajadores de América Latina, en particular en países como Bolivia, Argentina, en menor medida Venezuela, y la crisis de los modelos capitalistas de ajuste. Aunque Brasil sea el eslabón más fuerte de esta cadena, sus amarras están ligadas a las amarras de los pueblos que  se están irguiendo para destrozarlas. 

Este año, entonces, la mayor exigencia será el inicio de la construcción del nuevo partido de oposición socialista al gobierno Lula. La constitución del movimiento, sus primeros debates programáticos, la consolidación de su coordinación nacional y de las coordinaciones estaduales, la busqueda de la legalidad, la inserción en las luchas, la construcción de núcleos de base, la preparación de las elecciones de 2006, momento de primera prueba de la fuerza de una oposición de izquierda al gobierno Lula.

Será una batalla difícil, llena de obstáculos. Los primeros de ellos serán las pesadas exigencias legales impuestas para formar un partido, sumado a las dificultades de las movilizaciones sociales, cuyas direcciones tradicionales están en su mayoría cooptadas por el gobierno. La reunión del día 19 de enero en Río de Janeiro - así como las primeras plenarias de Río de Janeiro, Sao Paulo, Porto Alegre, la reunión nacional de los servidores públicos del movimiento por el nuevo partido – mostraron la representatividad del movimiento y las posibilidades abiertas para un trabajo de confluencia y reagrupación de los socialistas ante la quiebra del PT.

El movimiento por el nuevo partido tiene un valor estratégico y de su éxito depende la viabilidad de la construcción de un partido de los trabajadores anticapitalista, antiimperialista y revolucionario con influencia de masas en los próximos años. Los trabajadores más avanzados pueden ser base activa de esta construcción. Importantes dirigentes sindicales (Andes, UNAFISCO, FENASPS, FASUBRA, CPERS, etc) intelectuales y dirigentes políticos como Carlos Nelson Coutinho, Milton Temer, Leandro Konder – además de las corrientes organizadas y lógicamente los parlamentarios radicales (Heloísa Helena, Luciana Genro, Babá, João Fontes) - todos representativos de una franja importante de la vanguardia, ya asumieron este desafío. Intelectuales paulistas como Chico Oliveira, Paulo Arantes, Ricardo Antunes, Roberto Romano, Leda Paulani también están aportando mucho.

Con este texto queremos evaluar la situación nacional y presentar sugerencias, propuestas y reflexiones para la elaboración colectiva de todos aquellos empeñados en la construcción de esta nueva herramienta. Elaboración colectiva imprescindible para transformar en fuerza material nuestro proyecto político. Así, esperamos un fluido intercambio de ideas con nuestros compañeros de este desafío común. Hay muchas cuestiones abiertas, muchas preguntas sin respuesta y hasta ausencia de preguntas. Estamos seguros, sin embargo, de la necesidad de construir una oposición de izquierda al gobierno Lula que luche por la influencia de masas y tenga capacidad de presentar una salida socialista para la crisis del país. Seguros, además, de la perspectiva de continuidad del estancamiento crónico de la economía,  transformada en su condición normal. En cuanto a la crisis social, es lógico que tendremos un agravamiento. Los conflictos de clases de una forma u otra se irán expresando. Las experiencias de las masas con el gobierno también intensificarán la erosión de la base social del PT. En este cuadro, nuestra orientación y política buscan desarrollar las tendencias que favorezcan el camino de la organización y de la movilización directa de las clases trabajadoras, su confianza en sí misma y en su porvenir.

1) América Latina marcada por el ascenso del movimiento de masas

Brasil es un país continental, y, por tanto, tiene características muy específicas en el interior de América Latina. Al ser casi otro continente su ligazón con el resto de los países de América Latina es más mediada, más desigual, aunque sea un grave error no ver la combinación y los puntos en común. Hay un proceso general, una totalidad continental en el cual todas las partes están integradas, combinadas de modo desigual. Brasil está inserto en una “situación de crisis continental”, como señalan Charles-André Udry y Ernesto Herrera en su documento “Crisis Continental y Alternativas Radicales” (ver Correspondencia de Prensa, Dossier Nº 5, febrero 2004) en el cual encontramos preciosos aportes para analizar la situación del continente e insertar Brasil en este contexto.

Queremos aquí destacar los aspectos más decisivos de la situación latinoamericana, exhaustivamente descrita en el texto mencionado, para poder establecer como esa situación se manifiesta en nuestro país, las relaciones que se establecen entre una y otra, llevando en cuenta las desigualdades y peculiaridades de la misma de las que ya hablamos.

a) Una nueva situación continental

La insurrección boliviana, de septiembre/octubre que puso fin al gobierno pro-yanqui de Losada, fue hasta el momento el punto más alto de un proceso de ascenso de la lucha de clases que viene enfrentando a los gobiernos neoliberales amarrados en su política al imperialismo yanqui. Antes fueron derribados los presidentes de Ecuador, Perú y Argentina, también por movilizaciones revolucionarias e insurrecciones. Todo eso debe ser sumado a la insurrección venezolana que repuso a Hugo Chávez en el poder.

Si la primera rebelión indígena en Ecuador a fines de los años 90 puede ser considerada como un punto de partida, el argentinazo de fines de 2001 aceleró claramente esta situación continental. Luego, el mismo se dio la derrota del golpe imperialista en Venezuela y la revolución boliviana, donde la insurrección indígena, campesina y popular que derribó el gobierno de Losada y colocó de forma clara, para las masas, la cuestión del poder.

Éstos han sido los hechos más notables de un continente atravesado por luchas, como la huelga general de Santo Domingo, las batallas contra las privatizaciones en Perú, en Paraguay, la huelga de la Salud en Salvador, las movilizaciones de Panamá, entre otras.

Estas luchas son un elemento esencial de una situación continental en la cual se combinan la intensificación de la lucha de clases y la intensificación de la crisis económica social y política. 

El ascenso de la lucha de clases tiene una amplia variedad de sectores (trabajadores, obreros, campesinos, indígenas y sectores populares urbanos) y una multiplicidad de formas de lucha. Las reivindicaciones de los diferentes sectores se enlazan en una lucha de carácter antiimperialista como respuesta a una expoliación que afecta la gran mayoría de la población. Adquiere también un carácter radical democrático, de enfrentamiento contra esos gobiernos sostenidos en regímenes de una “democracia restringida apenas de los ricos y corruptos”.

Conjuntamente, hay un avance de la conciencia antiimperialista en amplios sectores sociales que viven y sienten en carne propia la política imperialista. Y esto ocurre al mismo tiempo en el que se viene forjando -especialmente en Europa- un importante movimiento contra la guerra de Irak, cuando es visible para las masas que los pretextos de las armas de destrucción en masa utilizados por Bush y sus socios para su guerra de conquista fueron mentirosos. Y en momentos en que su política en Irak se encuentra empantanada como consecuencia de la gran resistencia del pueblo iraquí. 

b) La política del imperialismo

El otro polo de la situación latinoamericana es la política del imperialismo yanqui, ampliamente hegemónico en el continente. Su crisis económica lo obliga a sostener su dominación dando continuidad a los planes de expoliación económica, llevando adelante una política de contra reformas permanentes que no hace otra cosa que agravar la crisis, al aumentar la expoliación y consecuentemente el empobrecimiento de los países y la miseria creciente de amplios sectores de masas. Imposibilitado de llevar adelante una política que amortigüe la pobreza creciente, mina sus bases de dominación y las de sus aliados locales y echa leña en el fuego de la resistencia de las masas.

 Lo qué se ha llamado crisis del modelo neoliberal, es en la realidad una crisis estructural de cada uno de los países. No solo hay una crisis económica, sino también una crisis general de los Estados por su desmantelamiento, la pérdida de sus mínimas funciones sociales, la corrupción indiscriminada, etc.  Esta crisis es también de los regímenes políticos que se volvieron débiles y desestabilizados como consecuencia del desgaste y desprestigio que sufren los viejos partidos tradicionales que pierden su base social al convertirse en apéndice de las políticas del imperialismo. Es lógico que en este terreno tenemos desigualdades, como es el caso de Brasil.

En este cuadro, para mantener su dominación, el imperialismo tiene diferentes políticas o tácticas dentro de una estrategia contra-revolucionaria que no es otra sino derrotar el proceso de ascenso de la lucha de clases en curso en el continente. Una de ellas es la política de una confrontación más directa como en el caso del apoyo al golpismo en Venezuela y en Haití. Otra es canalizar la lucha de clases mediante gobiernos como lo de Lula en Brasil o Kirchner en la Argentina. Esto significa utilizar o apoyar gobiernos que por ahora tiene respaldo de masas gracias a su viejo prestigio (Lula) o su nuevo discurso de limpieza del régimen (Kirchner). Pero esto en el marco de que el imperialismo está aumentando su presencia militar con el objetivo de montar una política contra-insurgente que ya se expresa en el Plan Colombia, proceso que tendrá nuevas expresiones en la medida en la que las luchas se profundicen.

La política que los nuevos gobiernos están aplicando, Lula en Brasil, Gutierrez en Ecuador, Kirchner en la Argentina, expresan que no hay alternativa al modelo neoliberal dentro del marco de la subordinación a los intereses del capital internacional y sin romper con la burguesía, clase incapaz de llevar adelante una política independiente. Si por un lado esto va a llevar la crisis de estos gobiernos, por el otro, va colocando la cuestión del poder y la necesidad de la construcción de una alternativa de masas que dé una respuesta a las necesidades urgentes de las mismas mediante la independencia del país y medidas anticapitalistas. Eso fue colocado objetivamente en la Argentina, en Venezuela, en Ecuador y en Bolivia. En Brasil nuevamente encontramos una situación más mediada, en particular por el papel del PT y de las elecciones como el canal escogido por las masas como principal mecanismo del cambio político.

c) Crisis económica generalizada

Dentro de una situación que, en el conjunto, tiene  importantes desigualdades, podemos decir que la crisis económica y social es altamente generalizada, existiendo en todos los países de una forma más o menos aguda. Éste es denominador común más evidente del continente. Esto es así porque la política de saqueo, de dependencia y neocolonización del imperialismo no respeta países y fronteras. Es una crisis estructural que no se puede superar y que abarca todos los países y alcanza también de forma brutal Brasil como veremos en los próximos capítulos, sin ninguna posibilidad de ser revertida veía planes asistenciales.

d) Desigualdades y combinaciones

El ascenso de la lucha de clases no es el mismo. Los países más sacudidos por la movilización son: al norte Venezuela, donde se da una polarización aguda entre el chavismo de un lado y el Imperialismo y la oposición patronal de otro. Colombia, donde el régimen - con la ayuda del imperialismo - no ha conseguido derrotar la guerrilla que se sigue fortaleciendo. Al sur tenemos la  Argentina y Bolivia, en particular este país donde están las mayores condiciones para un nuevo levante insurreccional. Brasil y Chile han tenido importantes luchas, sin embargo visto de conjunto son los países donde la movilización ha sido menos aguda.

Tampoco es igual a la situación de gobernabilidad de los regímenes. En este sentido los más estables parecen ser también Chile y Brasil. En Chile la burguesía y el imperialismo consiguieron una transición tipo la española en el fin del franquismo, asegurando el gobierno de coalición que no sufrió aún grandes embates de la lucha de clases.

Por su parte, en Brasil el PT ha asegurado una transición entre un gobierno y otro conquistando una amplia base parlamentaria gracias a la aplicación de la misma política económica. Sin embargo, si hay algo que comprueba que Brasil no es una isla ajena a la situación continental, es la crisis política abierta por el episodio Waldomiro Diniz, el primer hecho que ha debilitado al gobierno y que lo muestra como un gobierno burgués normal, con los problemas comunes de estos gobiernos.

Es importante tener en cuenta estas desigualdades, sin perder de vista que acontecen como parte de una situación global donde ningún país está aislado. Antes de nada, porque todos los países están bajo el mismo enfrentamiento con el imperialismo, su política de re-colonización y sus instrumentos concretos como la ALCA y el Plan Colombia. Esto significa que cada vez es más probable que haya una mayor interacción de país para país y una integración de los procesos que ocurren.

La historia de la lucha de clases de América Latina fue marcada por procesos continentales, como la etapa de la revolución cubana, el ciclo de los golpes abiertos por el brasileño en 1964 – antes aún por la ocupación de la República Dominicana – después el ascenso de 1968,  abierto con la insurrección estudiantil mejicana y el cordobazo, que se extendió por casi todo el América Latina. Salvando las distancias, estamos ahora delante de un proceso análogo, en el que Brasil no se quedará afuera y será influenciado por nuevos hechos de la lucha de clases como los de la Argentina y Bolivia.

La victoria electoral de direcciones y organizaciones políticas vinculadas con el movimiento de masas fue otro reciente proceso común. Venimos de la victoria de Lula en Brasil, Gutierrez en Ecuador y antes de ellos el triunfo de Chávez en Venezuela. Kirchner de la Argentina agarró la misma ola y probablemente veremos la victoria de la “Frente Amplio” en Uruguay y de Evo Morales en Bolivia. Tal proceso abrió la hipótesis de que los gobiernos expresasen un enfrentamiento mayor con el imperialismo, siguiendo aunque sea de lejos el paso dado por Chávez.  Sin embargo, salvo los roces de Argentina que son muy coyunturales, el camino seguido fue el opuesto. Chávez y Fidel Castro son los únicos que expresan un enfrentamiento claro con el imperialismo. 

e) Las diferencias de Chávez

Hugo Chávez gobierna un estado burgués y, por tanto, sigue siendo un gobierno dentro del marco de ese Estado, sin haber resuelto en nada la brutal crisis social del país, una crisis que se agrava día a día. Entonces, en este sentido ha sido como Lula, Gutierrez y Kirchner, sin embargo con tres diferencias fundamentales: a) Chávez tiene una política relativamente independiente del imperialismo; b) está en confrontación con la burguesía de su país; c) se sostiene en un régimen político distinto y apoyado en la movilización de masas.

En Venezuela hubo un cambio de régimen político. La Asamblea Constituyente fue el resultado de un prolongado proceso de ascenso de la lucha de clases que debilitó extremadamente los partidos tradicionales. La polarización provocada por el golpe aumentó los antagonismos de la burguesía con el gobierno de Chávez. Éste se sostiene esencialmente en la institución del Ejército  - depurado y radicalizado como consecuencia de esa misma polarización - y en la radicalización y movilización de un gran sector del pueblo, los más pobres de la población. Su proyecto de relativa independencia se apoya esencialmente en la nacionalización del petróleo gracias al control de la PDVSA ( empresa de petróleo), que fue uno de los grandes conflictos con la burguesía y el imperialismo.

Lula es un gobierno de continuidad casi total dentro del mismo régimen, a punto tal que su base de apoyo incluye el PMDB, que hacía parte del gobierno anterior. Kirchner, por haber sido electo después del argentinazo, está obligado a cabalgar una situación de ascenso que quebró los partidos tradicionales. Y por eso, se ha visto obligado a hacer algunas operaciones de cambios en instituciones del régimen, como el ejército y la justicia,  para poder mantener la gobernabilidad del país. 

La política internacional de Chávez es progresiva. Es antiimperialista ya que defiende de forma bastante consecuente una integración latinoamericana diferente y por eso podemos hacer unidad de acción no solo en la defensa de su gobierno ante los ataques de la derecha y del imperialismo, como también de su política de integración Latinoamericana (Fue el único gobernante a votar contra la Alca en la reunión de Monterrey)

Kirchner como consecuencia de la situación Argentina está a la izquierda de Lula. Está renegociando la deuda externa con las instituciones privadas desde una posición de dejar de pagar 75% de la deuda, lo que ha llevado a roces con el imperialismo.

Lula, como fiel representante de la burguesía brasileña, que es tradicionalmente a más ligada a EEUU en América del Sur, se postula como el interlocutor de América Latina con el imperialismo. La burguesía brasileña trata de hacer contemporizaciones, siendo el ala derecha de contención de este proceso con el objetivo de sacar provecho propio en la relación con el imperialismo norteamericano. La prueba más importante es que no apoya Kirchner en su negociación para dejar de pagar 75% de la deuda externa.

f) La desgeneración de las direcciones tradicionales

La política del PT de conciliación con la burguesía y el imperialismo es la máxima expresión del proceso de institucionalización de los partidos que se agrupaban en el Foro de São Paulo. La social-democratización absoluta y crisis del PT es también la crisis del PRD de México, del sandinismo en Nicaragua, de la M 19 de Colombia, que acabaron capitulando para la burguesía y asimilándose a la gestión del estado burgués.

Esta nueva situación abre un espacio a la izquierda que ha colocado como tarea presente y concreta la construcción de alternativas radicales o de nuevos partidos/movimentos socialistas de influencia de masas. Movimientos que en medio a la crisis y la radicalización adquieren un carácter de transición, esto es, mismo sin tener un programa revolucionario acabado son anticapitalistas por las medidas que proponen y por sus acciones, en las cuales los revolucionarios tienen una influencia substancial en su construcción. Por ahora solo hay embriones de ese proceso.

Vale decir que hay condiciones de construir alternativas políticas que defiendan reivindicaciones y planes de urgencia que contengan medidas objetivamente anticapitalistas con influencia de masas. Formados y o apoyados en los movimientos sociales, en las luchas independientes y que puedan transformarse estratégicamente en una alternativa de poder creíble para las masas.

Como parte de este proceso general latinoamericano encaramos la construcción del nuevo partido en Brasil. Un nuevo partido que estará íntimamente relacionado a esta situación latinoamericana y a la construcción de sus alternativas radicales, como a la lucha contra el ALCA, la defensa de Venezuela, el apoyo a las medidas progresivas que propone Chávez. La construcción del movimiento por el nuevo partido es parte de este proceso general que vive América Latina, en una estrecha relación con la misma. No se puede avanzar en Brasil y con el nuevo Partido sin tener en cuenta la lucha de la COB y de los campesinos de Bolivia y los piqueteros de la Argentina, por ejemplo. Así como también las posibilidades y el futuro de América Latina están ligados al proceso brasileño. Veamos entonces más de cerca el cuadro nacional, sin diluir las particularidades en lo general, pero sin perder de vista la perspectiva y el panorama general. Bajemos, por tanto, la discusión a Brasil.

2) El carácter del gobierno Lula: un gobierno social-liberal

a) El año 2003 no fue en vano

En una breve pasada de ojos por el año 2003 constatamos que en el primer año del gobierno Lula el Producto Interno Bruto retrocedió. La crisis social continuó aumentando. El desempleo no paró de crecer. En SP ya son más de dos millones de hombres y mujeres sin trabajo, casi 20% de la población económicamente activa. La agigantada cola de millares de desempleados, por horas en el intenso calor carioca esperando una ficha para prestar concurso de recolectores de residuos, con la policía reprimiendo para imponer algún orden en el caos instalado, fue una entre tantas expresiones de esta tragedia social en 2003. La renta de los trabajadores cayó más del 10%. Los salarios están más bajos y los pequeños reajustes alcanzados por algunas categorías profesionales fueron en general resultados de huelgas económicas. La violencia urbana provocó tantas muertes como las terribles guerras civiles del planeta.

La reforma agraria, tan propalada, mismo con un ministro de la llamada izquierda petista, no salió del papel. Solo 13 mil familias fueron asentadas - cuando el gobierno prometía 100 mil en el primer año de mandato - y en el campo siguió la represión y el crecimiento de las brigadas paramilitares del latifundio, con más de 60 asesinatos de trabajadores rurales, una cifra superior a de 2002, último año de Fernando Henrique. Líderes sin tierra, como Mineirinho, Diolinda y José Rainha se quedaron meses encarcelados. El plan de combate a él hambre, el tan alardeado Hambre Cero, existió como marca publicitaria, y casi nada se hizo para aminorar efectivamente este azote. Finalmente, las inversiones del Estado en infraestructura, escuelas, hospitales, habitación, energía, carreteras, puertos, fueron tremendamente bajos, comprometiendo la capacidad productiva futura del país y empeorando los ya insuficientes servicios públicos. Ésta es una cara del balance.

Por otro lado, el superávit fiscal fue mayor que el acordado con el Fondo Monetario. Los grandes bancos aumentaron sus ganancias. El Bradesco, por ejemplo, tuvo un logro record de 2,3 mil millones de reales, un crecimiento del 14% sobre 2002. Los rentables títulos del gobierno explican esta bonanza del sistema financiero. Los intereses se mantuvieron entre los más altos del mundo. Los gastos del sector público con el pago de los intereses de la deuda alcanzaron al fin del primer año del gobierno Lula 145,2 mil millones de reales, lo que corresponde a 9,49% del PIB. Dos meses de pago de los intereses equivalen al gasto anual con el Sistema Único de Salud. Diez días de intereses superan los dineros anuales del Programa Bolsa-Familia. Una montaña de recursos drenados para el casino financiero, superior incluso a 2002, cuando los intereses pagados fueron de 114 mil millones de reales, o 8,47% del PIB. A la vez, el endeudamiento externo se profundiza y es visto por el gobierno y los medios de comunicación como señal de progreso. Ya en éstas primeras semanas de 2004 más de 2 mil millones de reales en empréstitos fueron contraídos, aumentando la dependencia externa. La seguridad pública por su parte siguió en los marcos de la política del Departamento de Estado de EEUU. Las reformas aprobadas, en especial la previdenciaria, (sistema de jubilaciones) fueron las mismas que FHC no logró aprobar en sus dos mandatos y que eran necesarias para la continuidad de su política. Por todo eso no es exageración decir que un año de gobierno del PT completó nueve años de gobierno FHC.

No está demás recordar que la victoria electoral petista solamente fue posible por la crisis del modelo neoliberal. Su proyecto de conciliación de clases y desarrollo industrial burgués acabó recibiendo el apoyo de una parcela de la burguesía por prevención política, para evitar un conflicto de clases más intenso y por confianza de que no habría políticas de ruptura con la clase dominante. El resultado de esta alianza ha sido un cambio cualitativo e irreversible del PT. De manos dadas con el capital burgués industrial el gobierno Lula acabó abrazado por el capital financiero con lo cual el capital industrial está indisolublemente imbricado. De más o menos opositor a los planos neoliberales, cumpliendo en esta medida un papel aún progresivo en algunas situaciones, hasta el inicio de la campaña electoral presidencial, el PT en el gobierno pasó a cumplir un papel reaccionario, de gestor del Estado Burgués a servicio de la burguesía y ejecutor fiel del recetario neoliberal reciclado y del FMI. Ahora, con la revelación de los escándalos involucrando el principal asesor del todo poderoso ministro José Dirceu, se pone público incluso la continuidad de la corrupción como marca del régimen político sostenido actualmente por el PT.

El movimiento de masas acompañó este proceso. Una parte mayoritaria sigue haciendo fuerza para que el gobierno tenga éxito, nutre esperanzas en Lula. Al mismo tiempo, crece la sensación de que el PT es un partido igual a los otros y de que Lula pasó para el otro lado en la medida en la que asumió el poder. Todo eso en apenas un año de gobierno. Con certeza el año de 2003 no pasó en vano. Las masas están haciendo una experiencia con el PT que vale por muchos años. Tamaña experiencia acumulada aún ésta siendo procesada. La población, la clase trabajadora, la juventud, todos van sacando conclusiones, con la cabeza abierta, sin saber para adonde hay que ir, pero con la certeza de que no se quiere que todo continúe como está.

b) Un giro anunciado en la campaña electoral

En la campaña electoral, con la carta al pueblo brasileño y en el aval al acuerdo con el FMI, la dirección del PT dejó claro que su unidad con la burguesía y con la banca trabaría el despegue para un nuevo modelo o para una orientación antiimperialista. Sus acuerdos políticos con la burguesía, primero con el PL, luego enseguida con el PMDB de José Sarney, confirmaron esta imposibilidad, para la cual la reforma ministerial actual, con la entrada de todo el PMDB en el gobierno, no trae ninguna novedad y apenas es su consecuencia lógica, aunque tal coalición represente un choque más para quien mantenga la identidad con la cultura petista histórica.

Fue entonces en la campaña electoral cuando consolidamos la caracterización más general que veníamos adoptando desde 2000 acerca de un eventual gobierno del PT: “como estamos en el terreno de las hipótesis, podemos decir que el carácter reformista de la dirección petista nos lleva a prever una capitulación de un eventual gobierno del partido a las presiones del capital financiero” (Documento del MES – diciembre de 2000) Con esta capitulación totalmente confirmada incluso el proyecto petista de desarrollo industrial burgués empieza a  quedar comprometido.

En el inicio de 2003, en marzo, definimos de modo más categórico: el gobierno Lula no solo como un gobierno burgués, sino también como agente del imperialismo. Cualitativamente diferente, por tanto, de Chávez o de Allende y al mismo gobierno de Goulart, Vargas o de Perón. Desde entonces asumimos el proyecto de impulsar la ruptura del PT.

c) La unidad con la burguesía y la debilidad estructural

El poder del Estado lógicamente no sufrió ningún cambio con la ascensión del gobierno petista. Tampoco el régimen político fue alterado. En ese particular el MES incorporó las evaluaciones presentadas por el compañero Pedro Fuentes: “no hay fracturas ni modificaciones importantes en las instituciones del régimen. Ésa es una diferencia importante con el gobierno de Chávez, que ascendió como consecuencia de un prolongado período de ascenso revolucionario de masas que liquidó los viejos partidos tradicionales, desde el cual fue realizada una reforma política progresiva del régimen. En Brasil, al contrario, prima la continuidad del régimen a punto tal que el PT está sujeto a las alianzas con partidos burgueses para lograr mayoría parlamentaria y al acuerdo con los gobiernos estaduales, dominados por los partidos burgueses. Este régimen político es lo que también condiciona el PT a una alianza con los partidos burgueses para gobernar el país y pone sus límites institucionales a la política del PT en la medida en la que el partido quiere preservar este régimen o por lo menos no osa desafiarlo”. (Documento Nacional del MES de marzo de 2003).

Vale decir que la mayoría conquistada ha sido utilizada no para aprobar los cambios prometidos históricamente por el PT, sino para aprobar lo que FHC no consiguió. Instituciones del imperialismo y sus publicaciones presentaron innumerables veces el gobierno Lula como ejemplo. Alabanzas no faltaron del FMI, del Tesoro norteamericano, del Financial Times. Con este aval y el apoyo de la mayoría de la clase dominante nacional, la base del gobierno en el Congreso llega hoy a casi 80% de los parlamentarios. Pasó a contar con el apoyo de 11 de los 15 partidos con representación parlamentaria. Por la izquierda, la oposición se restringe a los parlamentarios radicales, algunos del PDT y los circunstanciales y minoritarios desprendimientos de otros partidos, del PC do B y de la llamada izquierda del PT, generalmente acomodada. Por la derecha, tanto el PFL cuanto el PSDB disminuyeron su peso numérico en el Congreso. El PSDB perdió 12 diputados y el PFL perdió 9. La oposición de ellos es tibia, cruzada aún por el pacto de gobernabilidad, por el ajuste hecho entre el gobierno federal y los gobernadores estaduales, parte importante de ellos del PSDB y del PFL. No se puede olvidar, tampoco, los cuatro diputados perdidos por el PDT debido a los ataques de Brizola al gobierno.

Por este apoyo burgués al gobierno, combinado con el pacto de los gobernadores y la cooptación de las direcciones de los movimientos sociales, particularmente de la CUT, UNE, UBES y, en menor medida del MST y de la CPT, no faltan análisis impresionistas comparando el proyecto del PT con el PRI mejicano, una nueva versión de los 20 años de poder defendido por Sérgio Motta para los tucanos. (Se llama así al PSDB, partido del ex presidente Cardozo) 

Esta fuerza creciente en el parlamento, aunque garantice una estabilidad política coyuntural, expresará a una entre las muchas señales cambiadas entre el parlamento y las calles. El inicio de la caída del PMDB fue en el momento en el que el PMDB más engulló  apoyo electoral y parlamentario en las elecciones de 1986. Con las esperanzas depositadas en el Plan Cruzado y en las figuras públicas burguesas promocionadas durante la campaña de las directas ya, la clase trabajadora fue entusiasta del PMDB, convertido enseguida en el partido del poder. Desde entonces, con la implementación de su política a servicio de las clases dominantes, la esperanza fue dando lugar el chasco y al abandono. El PMDB no tiene ni sombra de lo que fue para las masas trabajadores en la década de 80. El PT seguirá el mismo camino. Puede ganar elecciones, elegir diputados, alcaldes, gobernadores, etc, pero está de espalda para el futuro; perderá su base social histórica, razón de su tendencia a su debilitamiento estructural.

Finalmente, la corrupción continúa como parte estructural del régimen político y se reproduce en el gobierno petista. La revelación de los casos envolviendo los principales asesores de los máximos líderes del PT compromete aún más el gobierno con el conjunto de la burguesía, en una red de complicidad y defensa mutua de que nada sea investigado y mucho menos punido “duela a quien duela”. La continuidad de la república de la “demopropina”, sin embargo, representa la certeza de la debilidad de este proyecto, por lo menos en lo que dice respeto su capacidad de ganar  apoyo de masas sostenido durante muchos años. Probablemente no sea una caída tan acelerada como la del PMDB, pero con certeza no permitirá ni aun la realización petista de los 20 años deseado por los tucanos.

d) Ni siquiera se trata de un gobierno de frente popular

Para evaluar las características y la dinámica del gobierno y del PT es fundamental partir de la propia victoria de Lula. La misma fue consecuencia de la combinación de dos factores: a) la crisis del plan neoliberal, la oposición social al mismo y la identificación del PT con esta oposición y sentimiento de cambios; b) al acuerdo del partido con sectores de la burguesía dispuestos a respaldar un gobierno petista, consciente de que no sería un gobierno de ruptura. Así, Lula vence las elecciones en alianza con un sector burgués y sin ascenso de las luchas de masas.

Con la victoria y sus ya reiteradas demostraciones de fidelidad a los intereses de la burguesía, el gobierno pasa a contar con el apoyo de la mayoría de la clase dominante. Lejos, por tanto, de una situación revolucionaria, el gobierno Lula presenta características muy diferentes de la Frente Popular francesa de 1936, analizada por Trotsky. En este caso, la burguesía estaba sumamente débil y dividida, consecuencia de la crisis económica, del ascenso de masas y de la existencia de poderosas organizaciones obreras que llegaron al poder en conjunto con una fracción de la clase dominante, como recurso extremo del Estado burgués. Trotsky llamó a estos gobiernos de último recurso de la burguesía que abrían una revolución obrera o una contrarrevolución burguesa. El gobierno de Salvador Allende, en Chile, y de Chávez, en Venezuela, pueden ser encasillados en esta definición, aunque en estos casos sean en países atrasados; lo que puede dar un carácter contradictorio al gobierno, reaccionario cuando ataca los trabajadores y progresivo cuando enfrenta el imperialismo. Encuadrar a Lula en cualquiera de estas categorías es mucho más relativo.

En general nos inclinamos a definirlo como un gobierno de mayor estabilidad – comparado con los casos anteriores citados – como eran considerados los gobiernos de este tipo por la III Internacional dirigida por Lenin y por ella denominados como gobiernos obrero-burgueses u obreros liberales. Una definición más reciente y más precisa nos parece ser la de social-liberal. En esta definición también tiene mucha importancia el brillante aporte de Chico Oliveira, según lo cual el PT es un hermano del PSDB, ambos partidos interesados en utilizar los fondos públicos para la acumulación capitalista, transformando sus dirigentes en gestores de estos fondos y enriqueciendo con su asociación a los capitales privados.

e) No hay política externa progresiva

Como hemos afirmado en el primer capítulo sobre la situación de América Latina, también no vemos que el gobierno Lula tenga un carácter contradictorio, con algún aspecto progresivo en la relación con el imperialismo. Actúa bajo medida de los intereses comerciales del capital exportador brasileño. En este marco negocia el ALCA light y los tratados comerciales y políticos. En el escenario regional se presenta como estabilizador político, intervenido en Venezuela para contener la resistencia antiimperialista y en Bolivia para congelar y desviar la insurrección. Está lejos de asumir el discurso bolivariano y de desarrollar una política contra la agresión a Cuba y contra el Plan Colombia.

Tampoco se visualiza la perspectiva de un modelo desarrollista capaz de promover un fuerte desarrollo industrial. La etapa desarrollista autárquica, de producción para el mercado interno, de Vargas y Perón de las décadas de 30/40/50, ocurrió en circunstancias absolutamente diferentes, cuando el proceso de globalización no había comenzado y se estaba en un período muy marcado por la guerra mundial, quiere decir, en medio a un desplazamiento del poder imperialista. Hoy el avance de la globalización es innegable y mismo con evidentes crisis inter-imperialistas estamos lejos de tamaño desplazamiento de fuerzas del período de la segunda guerra. Los países imperialistas están asociados en el interés común de profundizar la expoliación del continente, con España, Francia, Alemania, defendiendo en Brasil sus intereses, los de sus multinacionales, exactamente como hace EEUU. Es mistificación reaccionaria, por tanto, creer que en las relaciones con Europa se puede encontrar un camino alternativo al dominio de EEUU.

Aún así, el gobierno Lula no dejará de reflejar, por lo menos parcialmente, algunas de las contradicciones existentes entre Brasil, como país dependiente, y EEUU y el imperialismo en general, porque tal contradicción también se refleja en las clases dominantes nacionales en la medida en la que algunas de sus fracciones se asocian a los intereses del desarrollo económico nacional, del mercado interno brasileño, o al menos en la busca de espacio en el mercado mundial y en la división mundial del trabajo. Pero ocurre que la burguesía brasileña – y el gobierno Lula como su representante político actual – está más asociada a los intereses del imperialismo, a la estabilidad política del sistema mundial, que a cualquier interés nacional. Su dependencia de la tecnología mundial, de los capitales externos, su asociación empresarial con las multinacionales, el tipo de inserción anhelada en el mercado mundial – como exportadora de commodities – y, sobretodo, el temor delante de la movilización de masas hace la burguesía brasileña, aunque con contradicciones y eventuales choques parciales - como ocurrió durante el gobierno de Sarney – situarse no apenas como enemiga de las conquistas económicas y sociales del pueblo trabajador, sino de cualquier lucha seria por la independencia nacional y la integración latinoamericana. Y el gobierno Lula está situado en ese mismo lugar.

Entonces, al contrario de lo que muchos sostenían – y hasta Palloci afirmaba en el inicio – no hay período de transición después del cual el país iría para un nuevo curso de independencia y de cambio del modelo económico. La llamada izquierda del PT, sin embargo, se quedó durante meses batiendo en esta tecla. Ahora son pocos los que utilizan éste argumento desacreditado para defender la manutención del apoyo al gobierno. La última escena vergonzosa de una parte importante de esta “izquierda” fue el respaldo dado al ministro José Dirceu, cuyo asesor principal hacía de puente – según las grabaciones reveladas por la revista Época- con los banqueros del juego del juego clandestino de apuestas - que tienen vínculos con el crimen organizado con el objetivo de recaudar fondos de las campañas electorales petistas del Distrito Federal y de Rio de Janeiro.

f) El cambio de clase del PT

Es sabido que el cambio cualitativo del PT no fue un rayo en cielo azul. En el MES hemos trabajado con las caracterizaciones presentadas en el libro “Una visión por la izquierda” del compañero Roberto Robaina. Citamos aquí los tres elementos sociales explicativos de la integración del PT en el régimen burgués: “La existencia de un régimen político basado en las elecciones y la real acumulación del partido en este terreno fortaleció la utilización de la disputa institucional como eje total del PT. El partido ganó millares de concejales, decenas de alcaldes, diputados, senadores, y después gobernadores. Todos con una legión de cargos de confianza, desarrollando una nueva camada social en el partido: la burocracia estatal con lazos de empleos  garantizados por los vínculos con los jefes. El salto en este sentido se dio en 1988 con la conquista de los ayuntamientos. Una fuerza social dando base para la idea de que se puede acumular fuerzas constantemente, sin grandes enfrentamientos, sin choques, aproximando cada vez más la dirección del partido de una franja de la clase media interesada en la reducción de los conflictos de clase”

Una segunda razón estructural estuvo presente desde el origen del PT: “la existencia de una emergente aristocracia obrera, débil, pero aún sí con un nivel de vida superior la mayor parte de los trabajadores, dispuesta a prosperar junto con el desarrollo de las empresas, asociando su suerte al progreso económico de las multinacionales aquí instaladas. Una presión material para una línea de colaboración de clases”.

Finalmente, la tercera razón sociopolítica fue la ofensiva del neoliberalismo. “Además, cuando el neoliberalismo alzó vuelo en Brasil, en el inicio de los años 90, se inició una fase de desindustrialización procesada de modo combinado con inversiones de millones de dólares en las privatizaciones, en las fusiones y parcialmente en el sector productivo. Una parte de las direcciones sindicales vinculadas a la dirección del partido, aunque minoritarias, pasaron a integrar la dirección de los fondos de pensión de algunas empresas estatales, instituciones de ahorro fundamentales en el proceso de acumulación de capitales, transformándose en activos nuevos propietarios de las empresas privatizadas, en asociación con grandes corporaciones privadas nacionales y extranjeras”. ( Una visión por la Izquierda, página 128 – Roberto Robaina – edición del MES, enero de 2003). Meses después Chico Oliveira dio una explicación brillante, totalmente clara de esta cuestión en su famoso artículo “Ornitorrinco”.

Cuando asumió el gobierno federal el PT dio el paso que faltaba para una alteración de su naturaleza: de una fuerza con características aún progresivas para una formación política reaccionaria. Un salto en su integración en el régimen burgués. Pasó a ser el principal ejecutor de los planes capitalistas. Realizando un gobierno de coalición con la burguesía, un gobierno burgués, el PT vive el mismo proceso experimentado por la social democracia europea, cuyos partidos obreros oportunistas fueron transformados en partidos burgueses normales, representación política directa de los intereses del imperialismo europeo. En el caso de la social democracia su dirección tiene esta naturaleza burguesa dentro o fuera del gobierno, con sus dirigentes siendo parte del empresariado europeo. En el caso del PT el proceso está en curso. Los dirigentes petistas se están incorporando al “piso de arriba”, como parte de la clase dominante, por la ventana de la utilización de la máquina estatal y de fondos públicos diversos. Muchos planean salir del gobierno ya haciendo parte de la burguesía directamente, como agentes económicos y no apenas políticos.

Con estas características, el gobierno del PT irá perdiendo apoyo de masas. Estamos lejos de prever la derrota de Lula en su evidente proyecto de reelección. Al contrario. La cobardía de las candidaturas burguesas tradicionales, las ilusiones de las masas, a cooptación de la mayoría de las direcciones sindicales, el acuerdo con las elites y el apoyo de los grande medios de comunicación, puede conducir Lula al segundo mandato. Es temprano para decir que tal hipótesis es probable y por el momento tales posibilidades no pasan de conjeturas. Lo cierto es que las bases del PT irán rompiendo con el partido, completando su transición de partido obrero oportunista para un partido burgués, transición aún no completa aunque en curso muy avanzado. Como siempre, la experiencia de las masas más fuerte para el pueblo ha sido hecha vía el modelo y/o el plan económico adoptado.

3) Economía estancada: una normalidad de la condición de dependencia

Como correctamente apunta François Chesnais, la economía mundial se encuentra en su fase de acumulación con predominancia financiera. Según este marxista francés, “el régimen financierizado es una “producción” de los países capitalistas avanzados, con Estados Unidos y Reino Unido a la cabeza. Esto es indisoluble de las derrotas sufridas por la clase obrera occidental como de la restauración capitalista en la EX URSS y en las pretendidas “democracias populares”. Él no es mundializado en el sentido en que englobaría el conjunto de la economía mundial en una totalidad sistémica. Inversamente, es efectivamente mundializado en el sentido en que su funcionamiento exige, a punto de ser consubstancial con su existencia, un grado bastante elevado de liberalización y desreglamentación no solo de las finanzas, sino también de la inversión externa directa y de los cambios comerciales. Ésas medidas no deben ser impuestas solamente en los países donde este régimen de acumulación fue implantado. Deben ser impuestas en todos los lugares” (página 52 – Una nueva fase del capitalismo – editora Cemarx).

Cabe añadir, de acuerdo también con el pensamiento de Chesnais, que países como Brasil no son beneficiarios en nada de este régimen, siendo apenas financiadores de la acumulación capitalista en el centro del sistema. Se trata de una inserción dependiente y subordinada a los intereses del capitalismo mundial, dominado por el capital financiero. Desde Collor la agenda dominante en Brasil ha sido la del llamado  Consenso de Washington, pautado por las privatizaciones y la desreglamentación económica, financiera y comercial. Además del ajuste salarial y de la flexibilización de las relaciones de trabajo, en un esfuerzo permanente de extracción de plusvalía de los trabajadores para dar bases materiales mínimas al creciente capital ficticio de los países centrales, en particular EEUU. La crisis política durante este período y enseguida la caída del gobierno atrasaron, pero no alteraron la agenda neoliberal, continuada por Itamar Franco y profundizada en los dos mandatos de FHC. El agotamiento de este mismo modelo llevado a cabo con más fuerza en la Argentina de Menem y De La Rua, indicaba una dinámica de agotamiento generalizado en América Latina. La crisis del Plan Real en Brasil fue más una evidencia de esta realidad.

Las posibilidades electorales del PT y sus articulaciones con sectores de la burguesía se montaron en este marco. Su campaña prometió una tentativa de pacto desarrollista capaz de superar el modelo anterior y permitir una acumulación capitalista menos subordinada y centrada en un proyecto de industrialización más fuerte. Los lazos de las finanzas con la industria y las relaciones de las burguesías latinoamericanas con sus amos del norte, sin embargo, dan una vez más su palabra final, mostrando la inviabilidad de un proyecto nacional independiente – mismo burgués - sin ruptura con el imperialismo y sus instituciones, como el FMI y el Banco Mundial. Ruptura ésta de la cual la burguesía brasileña no quiere ni oír hablar.

La aceptación del acuerdo con el FMI durante la campaña y enseguida el nombramiento del ex presidente mundial del Banco de Boston, elector de José Serra y electo diputado por el PSDB, el Sr Henrique Meirelles, para la presidencia del Banco Central, con su jugosa jubilación de 700 mil dólares por año, fueron las primeras evidencias claras del carácter reaccionario de la política económica que estaba por venir. De esta vez, también según el Consenso de Washington II, vendría dorada con las medidas compensatorias, todo empaquetado en un demagógico discurso de combate a la pobreza.  Completado un año de gobierno, los resultados no dejan más márgenes de duda.

a) El crecimiento de la deuda pública y de las deudas privadas de las empresas

La retórica de los cambios en la economía y en la sociedad se ha mantenido a lo largo este año de gobierno, aunque ya prácticamente no se comente casi la anteriormente anunciada transición para otro modelo. El reclamo de la necesidad del crecimiento económico sí viene fortaleciéndose. La fuerza relativa de la industria –muy superior a sus vecinos de frontera– el crecimiento del agronegócio, la condición de país poco dependiente de la importación del petróleo, la inexistencia coyuntural de una recesión mundial y la propia expectativa generada con la elección de Lula – con su promesa de un pacto desarrollista -, son factores que empujan a favor de una política de Estado de incentivo a la acumulación capitalista.

Sin embargo, mismo esta presión por el crecimiento venida de la propia clase dominante no ha provocado un cambio de política capaz de transformar esta voluntad de la burguesía industrial en realidad concreta. Desde antes de la pose el modelo del PT ha sido el de dar continuidad para el ajuste del Estado promovido por el gobierno FHC. Como en el período de los tucanos, el eje de la economía ha sido el esfuerzo para dar solvencia al país con relación al pago de la deuda pública en general y de la deuda externa en particular. Con los altos intereses el gobierno ha alimentado la ruleta financiera y la entrada de dólares capaces de garantizar el pago de los intereses de la deuda externa, de las remesas de ganancias, dividendos y royalties. Ha garantizado que los títulos públicos sean el más rentable negocio de los capitalistas, de los bancos, de los fondos de pensión, lucrando en la especulación sin el riesgo de la inversión productiva.

El superávit fiscal del gobierno, que excluye el pago de los intereses, fue el mayor de la historia. Llegó a 66,12 mil millones de reales, el equivalente a 4,3% del PIB, mayor, por tanto, de lo que el acordado con el FMI, cuya meta era del 4,25% del PIB, o sea, 65 mil millones de reales. Este esfuerzo fiscal, esta economía de recursos para el pago de la deuda, fue la esencia de la política del gobierno para dar confianza a los “mercados”, esto es, a los bancos y detentadores de los títulos públicos.  Las inversiones estatales, entonces, fueron tremendamente modestas, presupuestados en 13 mil millones de reales en el año de 2003, fueron utilizados 6 mil millones. Obras en infraestructura, incentivo a la producción vía pesquisas, gastos en general capaces de alimentar la demanda efectiva fueron prácticamente inexistentes.

Como el pago de intereses de la deuda pública alcanzó 145,2 mil millones de reales, mismo con todo el superávit fiscal primario (sin contar el pago de los intereses), el déficit nominal – de esta vez contando los intereses - fue de 79 mil millones de reales en 2003, 5,16% del PIB, según dados del Banco Central. Entonces, el mayor ajuste fiscal de la historia no impidió uno de los mayores déficit nominales de la historia. La última vez que el déficit nominal había sido tan alto fue en 1999, cuando llegó a 5,78% del PIB. Y en 1999 las reservas en dólares se vaciaron sin que nuevos empréstitos externos fuesen logrados por el gobierno, con la desvalorización cambial legalizando la estrangulación de la política anterior de importaciones subvencionadas y déficit comercial.

El pago de las deudas del gobierno solo puede ser asegurado por el “socorro” del Fondo Monetario (prestando dinero con seguridades brutales contra el pueblo para pagar sus propios banqueros y acredores/especuladores norte americanos) La desvalorización, con el cambio triplicado, provocó un incremento considerable de las deudas de las empresas endeudadas en dólares. Los casos más conocidos fueron de las empresas de medios de comunicación cuyas dificultades actuales son patentes. El BNDES estudia la financiación de las deudas y de la compra de papel para la prensa. El pedido de socorro ya está hecho y el gobierno, de una forma u otra, ha utilizado este triunfo en su relación política con el medios de comunicación. De un total de cerca de 10 mil millones de reales de deuda del conjunto de medios de comunicación nacional, apenas el grupo Globo es deudor de 5.192 mil millones. 

b) La alianza con el capital financiero

La alianza del PT con la burguesía y el peso del capital financiero en el interior de la clase dominante brasileña es la razón social y política de la continuidad de la economía al servicio de los rentistas. El papel de cuadros del partido en los fondos de pensión, poderoso instrumento de ahorro público al servicio de la acumulación capitalista –con sus pesadas inversiones en las privatizaciones y en los títulos públicos– sedimentan socialmente, del lado del PT, esta unidad con el sistema financiero. Ésta fue la lógica de la reforma de la previdencia, cuyo objetivo fue beneficiar los fondos de pensión, instituciones fundamentales del capitalismo en su fase de acumulación financiera.

Así, al revés de un proyecto de desarrollo industrial, mismo en los marcos burgueses, lo que hemos visto es la economía financierizada. El discurso y la nueva ideología petista favorable al desarrollo industrial burgués y a las inversiones productivas no fue del todo abandonado (hay algunas medidas y presiones en la tentativa de envolver el Estado en la inducción del crecimiento económico), pero en la práctica del ajuste la teoría ha sido otra. Ésta es aún la tensión existente en el interior del gobierno, o sea, una tensión entre el capital financiero y el capital industrial, sea exportador – que quiere más financiación – sea el volcado para el mercado interno, exprimido por la falta de crédito y la caída de la renta de los consumidores. Es público el hecho que el ministro José Dirceu, así este integrado “al por mayor” con el Ministerio de Hacienda y con el Banco Central, intenta de rodearse de respaldo político y de técnicos capaces de ensayar medidas de respiro para el sector de la producción burguesa. Después del escándalo Waldomiro ni estos ensayos parecen estar siendo ejecutados.

Las contradicciones en el gobierno y entre las distintas fracciones de la burguesía se dan en los marcos de una unidad contra los trabajadores – dado el interés común de la burguesía en el mantenimiento del ajuste salarial, especialmente los exportadores – unidad también cimentada en la participación compartida de las empresas y bancos en la ruleta financiera. Nada que ver, por tanto, con presiones para una política de izquierda, antiimperialista y mucho menos socialista, aunque todas las contradicciones interburguesas deban ser acompañadas dado que sus desarrollos pueden provocar crisis más serias “en los de arriba” que las ocurrida en el primer año de gobierno Lula. El caso Waldomiro, en el inicio del 2004 fue la primera crisis política seria y el gobierno se demostró débil para manejarla.

Mientras tanto, el predominio de la política hacia el capital financiero salta a los ojos. La banca lucra como nunca. Ya mencionamos las ganancias del Bradesco, 14% arriba de 2002. En el Itaú las ganancias fueron aún superiores: 3,152 mil millones de reales, 32,6% arriba del año pasado. Las razones de la predominancia de la economía rentista en Brasil responde a la integración internacional de la burguesía brasileña. Fernando Henrique Cardoso nunca escondió las determinaciones de clase por detrás de la alianza de la burguesía industrial brasileña con el capitalismo internacional. En su libro Empresario Industrial y Desarrollo Económico en Brasil afirmaba: “los condicionamientos estructurales de los grupos que, en el primer momento, impulsaron el desarrollo económico de Brasil nos llevaron a tergiversaciones e incertidumbres que dieron a la iniciativa privada el liderazgo del proceso de desarrollo. Ésta, por su vez, como más adelante se verá, se encuentra en una situación en la que para expandir la industria necesita integrarla en los cuadros del capitalismo internacional y, con esto, pierde parte de la autonomía. Para escapar del dilema solo quedaría el camino revolucionario, espejismo que sobrevuela siempre como una esperanza y una amenaza, entre cuyos polos líderes populares y dirigentes industriales titubean constantemente, temiendo, a justo título, que sean dislocados por el proceso que vengan a desencadenar”. (Edición Difusión Europea, Pág 91).

Entonces, la burguesía brasileña - como el golpe militar de 64 una vez más confirmó – hizo su opción por la asociación indisoluble con el capitalismo mundial - mismo en su actual curso parasitario y rentista. El propio Fernando Henrique ocupó un papel de dirigente principal de la clase dominante al dirigir conscientemente esta asociación e integración subordinada, como él mismo reconocía. Ahora, el PT atravesó su propio dilema. Primero la revolución social fue vista como un espejismo. De allí fue un paso para asumir la opción idéntica a la de FHC. No es por casualidad que numerosos dirigentes del gobierno federal – ver entrevista de Tarso Genro en la revista “Primeira Leitura” – sostienen la unidad estratégica del PT con el PSDB, particularmente con el ala de José Serra, los hermanos Mendonça de Barros y por ésta vía con el propio FHC.

c) Las debilidades estructurales del modelo

En nuestro análisis apuntamos varias imposibilidades para el gobierno Lula y su modelo económico. Imposibilidades provocadas por una dependencia externa brutal y por un modelo que profundiza esta dependencia. Veamos por partes.

Apenas la cuenta de intereses consume 21,8% de las exportaciones mientras en otros países dependientes como Chile equivalen a 5,8%. No es por casualidad que la agencia Stardand & Poor’s clasifica Brasil al lado de Turquía y de Senegal como inversión de carácter especulativo. Así, el esfuerzo económico fundamental del gobierno federal continúa siendo la atracción de divisas, las que son todas drenadas para dar confianza en la capacidad ininterrumpida de pago del capital externo que apuesta en Brasil. El festejo del éxito exportador del gobierno es parte de esta política, un superávit conquistado debido a la estagnación y la desvalorización del real. La deuda pública, sin embargo, no para de crecer.

Vale recordar el crecimiento del déficit nominal. Ya llegó a 913 mil millones de reales al final del año pasado. El salto se dio en el reinado tucano de FHC y continúa ahora con el gobierno Lula. Manteniendo este modelo, el gobierno no tiene como aflojar de modo importante en el ajuste fiscal. Ésta es una primera imposibilidad de su gestión. Y el ministro de la Hacienda Antonio Palloci ya garantizó un superávit fiscal igualmente fuerte para los próximos años, a punto de seguir comprometiendo las inversiones estatales. Hasta programas sociales como el Hambre Cero ha sido cortado, teniendo sus dineros reducidos de 1,7 mil millones de reales para 400 millones.

En cuanto a las tasas de intereses elevadas no hay ninguna tendencia de caída significativa. Aunque las tasas hayan caído 10 puntos entre junio y diciembre de 2003, cerrando al año en un 16,5% anual, la tasa real se quedó en un 10,5% al año, la mayor del mundo, arriba de su equivalente de diciembre de 2003 (9,3% al año). Se trata de una tasa de intereses elevado. Ha sido con estas tasas que el gobierno federal, desde FHC, ha atraído los capitales especulativos cuyas ganancias provienen del arbitraje entre las tasas de intereses externas y las de Brasil. Proviene de la ruleta financiera montada desde el Plan Real de la cual resultó la relativa estabilización monetaria derivada del aumento brutal de la deuda pública, expresión soberbia de la inflación. O sea, antes los gobiernos burgueses se financiaban con la inflación. Después del Plan Real fue vía el endeudamiento externo e interno. El gobierno Lula sigue a rajatable la receta del FMI de atracción de dólares y por eso los intereses no pueden bajar de modo cualitativo. Ésta es una segunda imposibilidad del gobierno Lula, más clara  aún con la amenaza de un alza de los intereses en EEUU, envuelto en su propia necesidad de mantener los capitales asiáticos y japoneses bancando su déficit fiscal y comercial, motor de la economía mundial, alza ésta que drenaría los recursos para la llamada fuga en dirección a la calidad.

En Brasil, además, la captación de dólares fue garantizada por las privatizaciones, aunque éstas hayan perdido aliento, dada la reducción del patrimonio disponible. Perdido aliento, aunque no enterrada, como testifica la carta compromiso del gobierno Lula y del FMI para privatizar cuatro bancos estaduales, concretada ya en el caso del Banco del Estado de Maranhão, comprado en febrero por el Bradesco

Los intereses elevados y medidas deflacionistas en general también responden a las presiones inflacionistas. Hay unanimidad de que no hay riesgo de una alza inflacionista (el gobierno se ha financiado con la deuda pública), aunque sea evidente también la tentativa reciente de aumento de precios de sectores empresariales visando recomponer margen de lucro o ampliarla, bien como el aumento de las tarifas públicas de energía y de transporte cargando más aún los hombros de la clase trabajadora en el peso del ajuste.

Como vía de acceso a un incremento productivo manteniendo el mercado interno comprimido, los intereses elevados y el ajuste fiscal garantizado, el gobierno federal apuesta todas las fichas en las exportaciones, aprovechando las llamadas ventajas comparativas brasileñas, especialmente los bajos salarios. Por eso también no hay ninguna perspectiva de mejoría de las condiciones salariales. Se trata de la cuarta imposibilidad del gobierno con su modelo. No es por casualidad  que desde 1998 hasta 2003 la renta del trabajador de SP cayó en un 30%. 

Además de la apuesta en las exportaciones, el gobierno está negociando el PPP, intentando drenar los recursos de los fondos de pensión y créditos de los bancos oficiales y del Banco Mundial para iniciativas capitalistas en la área de infraestructura, carreteras, saneamiento, habitaciones. El objetivo del presidente Lula es conseguir, vía la asociación con capitales privados, cediendo servicios de infraestructura del Estado, 10 mil millones de reales al año. La realidad, sin embargo, es otra. Tanto los fondos de pensión (Preví, Petros, Funcef), como los grandes empresarios exigen seguridades de rentabilidad del gobierno. Es más fácil seguir ganando en los títulos públicos.

Es lógico que parte del dinero del PPP será viabilizado, pero estará lejos de compensar una política monetaria draconiana y un ajuste fiscal record. Se trata de una tentativa que no tiene ninguna chance de presentar un crecimiento económico importante, capaz de reducir significativamente el desempleo ni mucho menos absorber los cerca de 1,5 millones de jóvenes que llegan cada año al mercado de trabajo.  Es poco probable incluso un importante crecimiento de la acumulación capitalista, estancada en 2003 y con posibilidad de modesto crecimiento este año (las proyecciones son de poco más del 3% del PIB y la mayoría de los analistas cree que puede venir una nueva estagnación total en 2005)

d) El estrangulamiento de los Estados

Otra imposibilidad del modelo económico del gobierno es el desarrollo de los Estados y municipios. Parte de la política de rapiña a servicio del capital financiero ha sido la estrangulación financiera de los Estados vía el acuerdo de las deudas estaduales, cuyos términos exigen 13% de la receta líquida de cada unidad estadual para el pago de las deudas con la Unión. Veamos el ejemplo de Rio Grande do Sul. El déficit gaucho en 2003 fue 696,9 millones de reales. La previsión de déficit en 2004 es más que el doble: 1,6 mil millones. La dirección del drenaje de los recursos es incontestable: mientras el repaso de la Unión para el Estado en 2003 fue 1,2 mil millones de reales los repasos del Estado para Unión en el mismo período fueron de 1,3 mil millones. Rio Grande do Sul pagó 100 millones de reales de más de lo que recibió y aún así el saldo de la deuda estadual aumentó de 24,6 mil millones de reales en 2002 para 26,5 mil millones hoy, con la proyección del pago de la deuda llegando a 2004 a 1,7 mil millones. Las inversiones en salud y educación quedan comprometidas. El ajuste salarial de los trabajadores estaduales y municipales sigue brutal y mismo el pago de los salarios se complica, como fue el caso del propio Rio Grande do Sul, uno de los Estados con más recursos de Brasil - donde el 13º salario de 2003 fue pago por medio de empréstito concedido por el Banrisul a los servidores, pues el gobierno no tenía dinero en caja para pagar.

De allí la importancia de la defensa de la moratoria en el pago de las deudas estaduales. Itamar Franco cuando gobernó Minas fue entre los gobernadores el único opositor más importante en el segundo mandato de FHC por cuenta de la moratoria de enero de 1999, detonante de la crisis que desenmascaró el Plan Real. El propio vicepresidente de la República, José Alencar, tiene un proyecto limitando en un 5% del presupuesto líquido para el pago de la deuda con la Unión. Durante el gobierno FHC su proyecto fue repudiado. En el gobierno Lula por lo visto también ocurre lo mismo, cuando está de Secretario Ejecutivo del Ministro de Hacienda Arno Augustin, dirigente de la Democracia Socialista y ex secretario de la Hacienda del gobierno Olívio Dutra (RS), profundo conocedor de la inviabilidad de este acuerdo de la deuda de los estados. 

Con seguridad este año veremos muchos conflictos estaduales, protestas y huelgas de los servidores públicos.

e) Estagnación crónica tendencial y medidas compensatorias

Como el PT ésta actuando bajo medida de los intereses de la burguesía, su política económica no tiene ningún componente de ruptura con los intereses de EEUU y del imperialismo en general. Por el peso del capital financiero en la economía mundial y el lugar reservado para países como Brasil, incluso una industrialización importante está siendo comprometida. En Brasil la inversión bruta no ha sobrepasado ni 19% del PIB, mientras años atrás llega a 23% y cuando mismo países pobres como India aún invierten en torno del 24% del PIB.

Todo eso no significa que la economía brasileña entrará en depresión como ocurrió con la Argentina desde 1999 hasta 2002, con caídas brutales del PIB y del empleo. Podemos aún en la gestión Lula vivir una crisis cambial como ocurrió en enero de 1999, pero tampoco osamos fijar como hipótesis más probable. Lo que estamos seguros es que por más que el país tenga un crecimiento coyuntural – como anuncian para este año – hay debilidades estructurales que impiden un crecimiento sostenido, con aumento substancial de las inversiones, de la renta y del empleo. La perspectiva es de una situación de estagnación crónica tendencial. 

La crisis del desempleo, por ejemplo, fue transformada en una crisis estructural brutal. El capitalismo brasileño pasó a ser un sistema incapaz de garantizar el derecho al trabajo. Y los puestos de trabajo creados son precarios. Cerca del 90% de las vacantes creadas son sin cartera de trabajo. La economía informal vino para quedarse y con mucho peso. Los trabajos formales perdidos no  volverán más. Tal proceso debilita a la clase obrera, eje en torno al cual se puede articular un proyecto estructural alternativo para el país.

La economía informal, además, es consecuencia de la política capitalista del abaratamiento del capital variable en el conjunto del proceso productivo. Se trata de una economía absoluta de una parte del capital variable, actualmente garantizada por los propios trabajadores en situación de desempleo estructural, forzados a adelantar ellos mismos el capital variable de los capitalistas, una característica hoy bastante generalizada y brillantemente apuntada por el sociólogo marxista Chico Oliveira.

En este cuadro entran las políticas compensatorias. El proyecto Hambre Cero, la Bolsa-Familia y las llamadas medidas de la área social son tentativas de detener el descontento creciente. Saben que no pueden garantizar empleo y mejores salarios, entonces se apoyan en las direcciones burocráticas de las centrales sindicales, en el medios de comunicación, etc, para callar la boca de los sectores populares y evitar la lucha por empleo y por mejores salarios. Intentan con eso una cierta versión mal construida de populismo para ganar un apoyo social de las parcelas más pobres, miserables mismo, de la clase trabajadora para su política, un respaldo social para su alianza con el capital financiero.

La política de focalización es parte de este operativo. Cuando las carencias son universales una política de foco en el combate a la pobreza y no de garantía de acceso universal a los servicios públicos, no pasa de una política de exclusión de la mayoría no beneficiada. Se trata de la legitimación de la exclusión de la mayoría con la política compensatoria para una minoría con objetivos políticos de manipulación de masas, a fin de mantener el modelo global de acumulación capitalista dominado por el capital financiero.

f) Reforma agraria transformada en promesa de campaña

El esfuerzo exportador de la política del gobierno federal ha sido centrado en el agronegócio. De este modelo exportador, concentrador y privatizante, se deriva la cuarta imposibilidad del gobierno: una real política de distribución de tierra y de asentamiento en el campo. Para los pequeños agricultores, para agricultura familiar, para las cooperativas, hay un lugar totalmente subordinado, parte apenas de la agenda social del gobierno, no de una política de estímulo y de crédito importante para la producción para el mercado interno.

Para conseguir algún avance, los campesinos y trabajadores rurales sin tierra han tenido como único camino el de la movilización. Según el INCRA fueron 222 ocupaciones de tierra en 2003 – un aumento del 115,5% con relación a 2002 - siendo 47,8% de ellas impulsadas por el MST. La CPT afirma que fueron 380 ocupaciones y 63, o sea 9%, comandadas por el MST. Sea como sea, lo cierto es que las ocupaciones aumentaron. En el caso del Movimiento Sin Tierra la presión es mayor en la medida en la que los trabajadores rurales tienen expectativas en Lula y quieren aprovechar su gobierno para conquistar. Las movilizaciones, aunque en su mayoría estén encabezadas por el MST, ya no se limitan a esta dirección.

En estas luchas, sin embargo, los trabajadores tienen en contra la impunidad de los terratenientes. Hemos visto la luz del día a acción de las brigadas paramilitares de los terratenientes y la represión a los sin tierra, con la muerte de 60 trabajadores rurales a lo largo del año - superior a 2002. Además es común la prisión de varios dirigentes, siendo Zé Rainha, Diolinda y Mineirinho apenas los más conocidos. La tendencia a conflictos graves y a tragedias en el campo es real – nuevos Eldorados dos Carajás de una solo vez o a lo largo de los meses - porque la impunidad sigue y las ocupaciones de tierra también.

La reforma agraria fue transformada en mera promesa de campaña electoral. Con la ausencia de inversiones para la realización efectiva de la reforma agraria, el gobierno se limita anunciar planes de larga duración sin ejecución práctica. Y esto teniendo un Ministro del Desarrollo Agrario que se reivindica y es reivindicado como de la izquierda del PT. En cuanto a los asentamientos los números se pusieron muy por detrás de lo prometido: no más de 13 mil familias, cuando la promesa del gobierno comenzó con 100 mil familias, después bajó para 60 mil y finalmente cumplió apenas un poco más del 20% de esta meta. Ahora el gobierno renueva sus promesas lanzando un nuevo plan de metas.

A pesar del aumento de las ocupaciones de tierra, la dirección del MST resolvió renovar sus créditos de apoyo al gobierno. La existencia de movilizaciones, producto inevitable de la ausencia de una política de reforma agraria y la existencia de un movimiento con tradición de lucha, ha sido entonces combinada con una política de conciliación de la dirección del MST como nunca había se visto en gobiernos anteriores. Así, la dirección del MST dio apoyo público al nuevo plan de reforma agraria anunciado por el gobierno. El apoyo a este plan, sin embargo, está lejos de ser unánime. En el interior del MST hay fuerzas y liderazgos defendiendo una posición más independiente. No está demás recordar que estamos hablando del movimiento social brasileño con el mayor número de cuadros de izquierda, formados en una tradición de combate, con relaciones sólidas con otros militantes sociales de izquierda, en especial los de la Consulta Popular, cuyo animador más importante, el compañero César Benjamin, tiene posiciones criticas severas no solo a la política económica del gobierno Lula, sino también a su política global de sometimiento al capital financiero y al imperialismo. Esto en menor o mayor grado también tiene incidencia en la militancia del MST en todos sus niveles. Además, hay otras organizaciones campesinas que comienzan a afirmarse. Es el caso, por ejemplo, del MTL – Movimiento Tierra y Libertad – del triángulo minero y Goiás.

Sobre el nuevo plan de reforma agraria del gobierno – para lo cual los dineros previstos en el presupuesto de 2004 son totalmente insuficientes - vale la pena ver la opinión de Ariovaldo Umbelino de Oliveira, geógrafo, estudioso de los movimientos sociales rurales, autor de varios libros e integrante del equipo del prof. Plínio Ruda Sampaio, responsable por la elaboración del PNRA de lo cual el gobierno aprovechó partes, utilizándose de él, sobretodo, para desviar al MST del enfrentamiento directo contra la política gubernamental.Según Ariolvado, "al analizar las metas del PNRA, vemos que ellas no son muy diferentes de aquello que el último gobierno hizo. Son metas que considero exactamente tímidas teniendo en vista que no alterarán de forma significativa el índice de concentración latifundiaria de Brasil. (...) en la hora que tengamos un catastro fundiario riguroso, se descubrirá que los propietarios ocupan más tierras de lo que de hecho vendrían a ocupar. Esa información es valiosa pues podría ofrecer tierras a coste casi cero para la reforma agraria" (Diario Brasil de Fato, número editado el 01 de enero). Y sigue " 150 mil van a beneficiarse de la política de lo que era el Banco de la Tierra, en la que las propiedades serán compradas. Otra parcela será asentada en tierras públicas, o en tierras recaudadas. Así, las tierras de hecho improductivas serán la menor parte del PNRA.  Los datos de octubre de 2003 revelaron la existencia de algo en torno a 112 millones de hectáreas clasificadas como improductivas. Eso ya obligaría el gobierno a cumplir y mandar desapropiar esas tierras inmediatamente. (...) cada asentamiento generaría de 2 a 3 empleos directos, y de 2 a 3 indirectos. (...) aumentando la oferta de alimentos. Y finalmente concluyó diciendo "Sería fundamental crear distritos judiciales agrarios en el país para acelerar la investigación y proceso de los crímenes. (...) Pienso que ellos actúan así porque encuentran respaldo en las elites gobernantes".

Así, en nuestra opinión, lo que hemos visto es una alianza del gobierno federal con el latifundio exportador. Con eso, la perspectiva es una agricultura cada vez más concentrada y excluyente por el carácter capitalista de las relaciones de producción en el campo. El desempleo rural tiende a aumentar. Entre 1999 2001, según levantamiento de UFRJ, la agricultura y pecuaria juntas cerraron 3,08 millones de puestos de trabajos. Los empleos creadas por las exportaciones agrícolas no compensan los millones de puestos  eliminados a causa del avance tecnológico. Hay estudios apuntando a una reducción brutal del empleo agrícola. Brasil tiene aún 25% de la población trabajando en el campo, pero dentro de diez o quince años, según los trabajos del economista José Pastore, podrá llegar a 3% ó 5%. Tales previsiones pueden ser desorbitadas, pero no obstante es claro como el agua que las tímidas medidas de la reforma agraria, sin un cambio radical del modelo de agricultura, sin el combate al latifundio capitalista, apenas representarán una variante de la política social compensatoria.

4) Las luchas sociales y las elecciones 

Se engañan entonces los que creen que la situación del pueblo trabajador puede mejorar con los próximos años de gobierno Lula. Nunca fue tan cierta a consigna histórica del PT: solo con lucha la vida va a cambiar. Solo con lucha se conquista y se puede mejorar las condiciones de vida y de trabajo. De esta vez, sin embargo, con lucha contra el propio PT, contra los grandes patrones, el latifundio, la banca y su gobierno de turno.

O sea, en el próximo período, en caso que los combates contra los planes de ajuste no sean cualitativamente intensificados, seguiremos marcados por la agravamiento de la crisis social, por la violencia urbana, por la miseria creciente de las masas, por el ajuste salarial y el desmantelamiento de los servicios públicos. Lógicamente tendremos así mayores confrontaciones de clase. En América Latina vivimos un proceso de ascenso del movimiento de masas. Brasil, aunque de modo más mediado por las características particulares, tiende a la misma situación.

No se puede desconsiderar sin embargo, que el aumento de la miseria desorganiza, dificulta la construcción de referencias políticas alternativas al reducir la capacidad de esperanza en general en la mejoría de la vida y en la utilidad de la asociación. El esfuerzo muchas veces se resume a la búsqueda cotidiana por la supervivencia. Las repercusiones en los lazos de solidaridad se hacen sentir. A su vez, facilita la penetración del narcotráfico y de la criminalidad. Las favelas acaban siendo controladas por el aparato del tráfico como extensión del propio estado burgués, una situación diametralmente opuesta a de Venezuela, donde los cerros de Caracas son escenarios de fuertes organizaciones populares y de