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Enron y
Cía
La debacle de la nueva economía “made in USA”
Por Eric
Toussaint [[i]]
Correspondencia de Prensa - Dossier Nº 6, Marzo 2004
Traducción de Miguel Angel
Djanikian
Veinte años
de desreglamentación y de apertura de los mercados a escala mundial
suprimieron las vallas de seguridad que hubieran podido limitar los
efectos en cascada de las crisis que atravesaron la Enron y cía. El
conjunto de las empresas capitalistas de la Tríada y de los mercados
emergentes evolucionaron, ciertamente con sus particularidades, en el
mismo sentido que en los Estados Unidos. Las instituciones privadas
bancarias y financieras, así como las empresas de seguros del planeta, se
encuentran en mala posición: adoptaron prácticas cada vez más
aventureras. Todos los grandes grupos industriales conocieron una
financiarización pronunciada y por ende se han vuelto muy vulnerables.
Enron, Worldcom, Global Crossing, Vivendi Universal, Ahold, Parmalat,...
la sucesión de escándalos mostró la vacuidad de las afirmaciones de los
dirigentes de los Estados Unidos y de sus laudatorios en los cuatro puntos
cardinales. Es tiempo de pensar en otro sistema, tanto en los Estados
Unidos como en otras partes.
Desde
fines de los ‘90 hasta el 2001, el funcionamiento del capitalismo de los
Estados Unidos había sido erigido como modelo. Los presidentes de los
Estados Unidos y de la Reserva Federal no dudaban al hablar del genio de
los Estados Unidos. En Europa, la mayor parte de los periodistas y de los
responsables políticos (incluidos los socialistas o laboristas) les hacían
el juego.
Este
modelo, que fue impulsado por los gobiernos de todos los colores políticos
y la Comisión Europea, se extendió progresivamente a la gestión de las
empresas multinacionales “europeas” (Vivendi, Vodafone, Arcelor). Las
críticas más corrientes que se escuchaban en la época decían que no se
iba lo suficientemente rápido en la aplicación de dicho modelo. En
Francia, el gobierno de Jospin, o mejor dicho el gobierno de la llamada
Izquierda Plural, hizo que la Asamblea Nacional adoptara (2 de mayo del
2001) una ley sobre las “nuevas regulaciones económicas” directamente
inspirada en el modelo norteamericano aún en vigencia en aquella época.
Lejos
de apreciar el carácter no reproductible y artificial del crecimiento
sostenido de los Estados Unidos entre 1995 y el 2000 (la burbuja
financiera en formación, la inflación del crédito y el enorme flujo de
capitales europeos y japoneses a los Estados Unidos), los candidatos
imitadores de todas partes del mundo estaban obnubilados por la “corporate
governance” y por el “gobierno de empresa”, que según aquellos
permitirían valorizar lo máximo posible los intereses de los accionistas
devenidos en su mayoría “zinzins” (inversores institucionales: fondos
de pensión seguros, bancos de negocios). Al adoptar el “gobierno de
empresa” querían resolver la contradicción entre los intereses de los
accionistas y los de los managers.
En efecto, según los partidarios del “gobierno de empresa”, los managers
buscan acrecentar su poder y su remuneración beneficiándose de las
informaciones privilegiadas de las que disponen en razón de su función
en la empresa. El “gobierno de empresa” tiene particularmente el
objetivo de impedir esto, o sea, trata de reducir las “asimetrías de
información” entre managers y
accionistas. Trata de obligar a los managers
a abastecer regularmente a los accionistas vía informes trimestrales. El
“gobierno de empresa” trata de incitar a los managers
a gestionar las empresas en interés de los accionistas haciendo todo lo
posible para que aumente el valor de las acciones. A fin de lograr este
objetivo, la remuneración de los managers
se establece (en principio) en función de los resultados de la empresa.
Una de las principales técnicas utilizadas es el sistema de las stock-options, modo de remuneración de los directivos y de los
cuadros de la empresa que consiste en darles la posibilidad de adquirir
acciones de la misma (opción de compra) a un precio inferior al de la
Bolsa, así como el de revenderlas en el futuro cuando éstas hayan
aumentado (luego veremos a qué dio lugar esto en el caso Enron). Las stock-options incitarían entonces a los directores y cuadros
superiores de la empresa a tomar decisiones conforme a los intereses de
los accionistas: obtener un aumento del valor de las acciones en la Bolsa
así como dividendos crecientes. Lo que fue presentado como un nuevo
capitalismo terminó en un lamentable fiasco desde el punto de vista
capitalista y en un drama social para los asalariados. A partir de
2001-2002, tanto las quiebras monumentales como los escándalos sucesivos
sirvieron para mostrar las prácticas delictivas sistemáticas a la vez
que nos recordaron el final de los años ‘20 y la crisis de los años
‘30.
Esta
sucesión de escándalos durante 2001-2002 fue precedida por el desarrollo
de una burbuja financiera a escala internacional que va desde 1998 al 2000
(en particular en Norteamérica y en Europa): el curso de las acciones en
la Bolsa y el volumen de la capitalización bursátil aumentaron de manera
impresionante.
La
burbuja en expansión produjo un delirio de fusiones/adquisiciones sin una
verdadera viabilidad, así como una ola de inversiones masivas (en
particular en las telecomunicaciones y la informática) sin ninguna relación
con las posibilidades reales de dichas empresas. La burbuja financiera
escondía un fenómeno completamente inquietante para los capitalistas:
una caída importante de la tasa de beneficio de las empresas a partir de
1997-1998 (Robert Brenner, 2002). Con la euforia de los mercados
exuberantes, los “zinzins” no quisieron ver el carácter completamente
especulativo y desproporcionado del aumento de los valores bursátiles de
las empresas, entre las cuales algunas ni siquiera percibían beneficios
(fue el caso de numerosas “start-up”).
En
la carrera frenética de aumento de las cotizaciones en la Bolsa, los managers,
a sabiendas de los accionistas, endeudaron muy fuertemente a las empresas.
Este endeudamiento de las empresas permitía adquirir otras empresas del
mismo sector (para las empresa, uno de los objetivos de las adquisiciones
era el de alcanzar el mayor tamaño posible a fin de evitar que ésta
fuera comprada por otras). El endeudamiento perseguía un segundo
objetivo: las empresas se endeudaban para comprar sus propias acciones en
la Bolsa a fin de poder mantenerse en carrera. En Francia, la ley autoriza
a una empresa a comprar hasta el 10% de sus acciones cada año:
multinacionales como Danone o Peugeot no se privan de esto. El
endeudamiento de las empresas en los Estados Unidos progresó de manera
formidable hacia fines de los ‘90 (también el de los hogares, lo que
permitió mantener un nivel de consumo elevado). La exuberancia bursátil,
el endeudamiento masivo de sus empresas y el frenesí de las recompras y
las fusiones, el nivel elevado de la inversión en ciertos sectores para
aumentar las capacidades de producción, la propensión de los hogares a
aumentar el consumo recurriendo cada vez más al crédito, todo eso fue lo
que produjo el llamado “efecto riqueza”. Numerosos comentadores
laudatorios del capitalismo mistificaban todo hablando de la “nueva
economía”.
Cuando
aparecieron los signos de la implosión de la burbuja financiera y la
carrera de la Bolsa bajó, a partir del segundo semestre del 2000, los
directivos de las empresas trucaron sus cuentas a fin de presentar
simulacros de beneficios y convencer a los mercados de continuar comprando
sus acciones. Aumentaron una vez más el endeudamiento de “su” empresa
con el objeto de comprar más acciones para sostener la carrera bursátil.
Ciertas empresas inflaron todo y sus cifras de negocios para hacer creer
que su crecimiento continuaba. Frente a estos enormes trucos, las
autoridades monetarias de los Estados Unidos –Alain Greenspan,
presidente de la Reserva Federal, y Larry Summers y luego Paul O’Neill[[ii]],
que se sucedieron en la Secretaria de Estado del Tesoro– adoptaron una
posición de Tartufo, haciéndose pasar por quienes ignoraban lo que se
estaba llevando a cabo a la vez que seguían profesando una confianza a
toda prueba respecto de la genialidad de los mercados. Sin embargo, las prácticas
de los directivos de empresas como Enron eran bien conocidas (“delito de
iniciado”): el presidente G. Bush y el vicepresidente D. Cheney habían
recurrido a estos artilugios algunos años antes (ver más adelante). Por
su parte, Greenspan había salvado a la empresa LTCM en septiembre de
1998, y además conocía bien el recorrido que había llevado a ésta a la
quiebra.
Las
autoridades de los Estados Unidos esperaban que gracias a un milagro la
Bolsa retomara una trayectoria en alza. Pero fue otro el escenario que se
produjo: la caída estrepitosa de la misma a escala planetaria mostró que
numerosas empresas norteamericanas (y de otras partes del mundo) habían
maquillado sus cuentas como jugadores que esperan rehacerse rápidamente,
y que arriesgan cada vez más tomando créditos con la esperanza de licuar
sus deudas. Entre marzo del 2000 y noviembre del 2002, con la decreciente
trayectoria de la bolsa y el desinfle parcial de la burbuja bursátil, se
esfumaron más de 15.000.000.000 millones de dólares a escala mundial
(7.000.000.000 millones en los Estados Unidos).
Un caso emblemático: el escándalo Enron
El
ascenso, declive y quiebra de Enron marcará un hito en la historia sórdida
de la mundialización capitalista. El 2 de diciembre del 2001, en momentos
en que se producía la quiebra de Enron, se creía que se trataba de la
quiebra más importante de la historia. Sin embargo, ésta fue rápidamente
suplantada por la quiebra de WorldCom. En siete ocasiones la revista Fortune había consagrado a Enron como la empresa más innovadora.
Poco antes de que se declarara la quiebra, los dirigentes de Enron se
sirvieron de 700 millones de dólares de caja. La quiebra acarreó
26.000.000.000 millones de dólares para los accionistas y 31.000.000.000
de dólares para los bancos. La mayor parte de los asalariados de la sede
central se convirtieron en desocupados cobrando por indemnización la suma
de 16.500 dólares, mientras que una parte de ellos (1.200) perdieron el
90% del valor de sus ahorros-pensión. En total, Enron y sus 2.800
filiales empleaban a cerca de 25.000 asalariados en el mundo.
Enron
era una empresa que especulaba sobre materias primas (petróleo, gas,
aluminio, carbón, madera), energía (electricidad), agua y sobre mercados
de los productos derivados (entre las innovaciones de Enron encontramos
productos derivados para protegerse de los cambios climáticos). Enron
operaba en 40 países, poseía centrales eléctricas en India, bosques en
Escandinavia, tenía actividades en las antiguas repúblicas de la Unión
Soviética y, al momento de su quiebra, intentó comprar el sector de
energía de la República Checa. Enron realizaba el 25% de su cifra de
negocios fuera de los Estados Unidos. En su apogeo, controlaba el 20% del
mercado de la electricidad en los Estados Unidos y Europa (Wall Street
Journal del 1/12/2001).
Para
organizar sistemáticamente la evasión fiscal en relación al Tesoro de
los Estados Unidos y en otros estados donde era activa, Enron utilizaba
varios subterfugios. Había creado 874 filiales establecidas en paraísos
fiscales (de las cuales 195 se encontraban en las Islas Caimanes, ver
lista en <www.transnationale.org/fiches/817512280.htm>. La cifra de
las 874 filiales establecidas en los paraísos fiscales se puede encontrar
en Public Citizen, <www.citizen.org>). Como declaraba sus
beneficios, esto le permitió no pagar los impuestos sobre ingresos al
Tesoro Norteamericano durante los últimos cinco años de su existencia.
En
los paraísos fiscales en los que se había implantado Enron los impuestos
eran exiguos, o mejor dicho nulos. Otro subterfugio: hacer una declaración
fiscal diferente a la que consta en el balance de la empresa presentado a
los accionistas. Para la mirada del fisco, las stock
options eran compatibilizadas como un costo, mientras que para los
accionistas, a quienes era necesario hacerlos participar de beneficios
crecientes, las stock options no
eran consideradas como tales. Enron quería ocultar sus pérdidas y sus
deudas a los mercados financieros para que sus acciones siguieran siendo
consideradas atractivas. Pero para ello era necesario disimular el estado
real de la empresa. Para evitar miradas indiscretas, el balance financiero
de Enron no tomaba en cuenta el balance del conjunto del grupo Enron.
Todas las manipulaciones y disimulaciones eran posibles. Además, con el
objeto de comprar la colaboración de todos aquellos que seguían de cerca
la salud financiera de la empresa, tales como los estudios de auditorias (Andersen),
los bancos de negocios (Merryl Lynch, Morgan Stanley), los bancos (Citigroup,
J. P. Morgan), todos estos eran asociados a los resultados de la empresa
de manera que fueran a la vez jueces y partes.
Enron y la desreglamentación del mercado de la
electricidad en los Estados Unidos
Las
cifras de negocios y los resultados de explotación de Enron pegaron un
salto hacia adelante a partir de fines del ‘92, cuando la empresa logró
ser exceptuada del control del Estado sobre sus actividades especulativas
sobre los mercados derivados.
Enron
mantenía contactos muy estrechos con representantes demócratas y
republicanos. En doce años (1991-2002) vertió a la caja de dichos
representantes más de 5 millones y medio de dólares. (75% para los
republicanos y 25% para los demócratas). Esto hizo de Enron una de las
empresas más “generosas” respecto a los partidos capitalistas que se
alternan en el poder. El hombre político republicano que recibió la
mayor cantidad de dinero por parte de Enron es el senador Phil Gramm,[[iii]]
quien a cambio hizo uso de su influencia para favorecer la realización de
los objetivos de la empresa en materia de desreglamentación del mercado
de la electricidad. En 1992, Wendy Gramm, su esposa, quien había ocupado
cargos durante las administraciones de Ronald Reagan y de George Bush
padre, obtuvo de la empresa que ella presidía en aquel momento, la
Commodity Futures Trading Commission (CFTC, la comisión para las
operaciones a termino sobre materias primas), que la Enron fuera
exceptuada de la obligación de rendir cuentas sobre sus operaciones en
los mercados derivados. Esta misma señora logró hacer pasar dicha decisión
de manera expeditiva en los últimos días de la administración de Bush
padre. Seis días después renunciaba, y cinco semanas más tarde era
incorporada a Enron como miembro del comité de dirección. En el seno del
comité, ella estaba a cargo del comité de auditorias, lo que le dio la
oportunidad de tener acceso de manera privilegiada a una cantidad
importante de información financiera, y por consiguiente, de estar al
tanto de las numerosas manipulaciones contables y de los crímenes
financieros realizados de manera sistemática por la empresa. Lo cierto es
que nada de esto fue dicho a la justicia. Entre 1993 y 2001, ella fue más
que holgadamente recompensada en términos de ingresos: más de 915.000 dólares.[[iv]]
La
desreglamentación del mercado de la energía se llevo a cabo en 1996,
durante la presidencia de Bill Clinton. Numerosas empresas públicas de
producción y distribución eléctrica fueron privatizadas entonces, lo
que favoreció ampliamente a sociedades como Enron. Durante 1999 y 2000,
Enron gastó 3 millones y medio de dólares para hacer lobby político con
el objeto de obtener una mayor desreglamentación del mercado de la energía
en los Estados Unidos. Los “aportes” de Enron para la campaña
presidencial de George Bush hijo fueron importantes. En diciembre del
2000, el senador Phil Gramm obtuvo el cambio de legislación que Enron
deseaba. La empresa se benefició de esto creando una filial llamada
EnronOnline, la cual pasó rápidamente a controlar el mercado de la
electricidad y del gas natural en el estado de California. Una vez
producido el cambio de la legislación, el aprovisionamiento de la
electricidad en dicho estado también se degradó rápidamente: se produjo
la multiplicación de cortes de luz de una envergadura tal que se tuvo que
decretar el estado de urgencia energética 38 veces durante el primer
semestre del 2001. Durante este mismo período, la cifra de negocios de
Enron se multiplicó por dos.
¿En que medida el comportamiento de Enron contribuyó
a crear esta situación de crisis, y como se benefició la empresa de esta
situación?
Hagamos
en principio una primera precisión importante: Enron no producía energía
en California, o al menos lo hacía en muy menor medida. Su actividad
consistía en comprar la electricidad a los productores y a revenderla al
estado de California, a las empresas y a los hogares. En el 2002,
diferentes investigaciones, en particular basadas en documentos internos
de la empresa y en declaraciones de Timothy Belden, antiguo responsable de
corretaje de la electricidad en la costa oeste de los Estados Unidos,
pudieron demostrar que la empresa provocó deliberadamente el deterioro de
los servicios de electricidad a partir del momento en que el
abastecimiento dejó de estar en manos del estado, y que la empresa pasó
a revender la energía a aquél a precios muy elevados. Al interior de la
empresa, este tipo de operaciones eran denominadas “Operación Ricochet”.
La empresa recurría de esta manera a otro tipo de operación, variante de
la primera. Se trataba de hacer creer que era una cuestión de penuria de
electricidad y de simular una compra de electricidad a otro estado para
luego venderla a consumidores californianos. En realidad, esta
electricidad vendida a “precio de oro” no provenía del exterior sino
de California misma. En la terminología interna de la empresa esta
operación era denominada “Estrella de la muerte” (Death
star). Todo esto era posible gracias a que no había ningún control
sobre lo que hacían Enron y sus filiales (principalmente EnronOnline).
En
1999-2000, Enron entregó 1,14 millones de dólares a George Bush hijo
para su campaña electoral. En contrapartida, el presidente Bush
obstaculizó la acción de los congresistas que querían restaurar el
control público de los precios del mercado de la electricidad de la costa
oeste. Finalmente, fue necesario esperar hasta el 19 de junio del 2001
para que, a pesar de la voluntad de Bush y de otros apoyos políticos de
Enron, el Congreso, donde los demócratas tenían una pequeña minoría,
pudiera imponer la votación sobre el retorno al control de precios. El
tiempo perdido a causa de las maniobras dilatorias del presidente George
Bush costó miles de millones de dólares suplementarios a los poderes públicos
y a los consumidores californianos.
El declive de Enron
Hasta
aquí, el ascenso de Enron parecía irresistible. Su historia comenzó en
1984 cuando Kenneth Lay, de 42 años, antiguo Subsecretario de Estado de
Energía bajo Ronald Reagan, se puso a la cabeza de la empresa Houston
Natural Gas, que devendrá Enron.
Entre
1990 y el 2000, los ingresos aumentaron el 1.750% (Public Citizen,
diciembre del 2001, p. 8). El 21 de diciembre de 1991, la acción Enron
valía 21,5 dólares; el 7 de agosto del 2000, ésta había saltado a 90 dólares;
y el 3 de diciembre del 2001 (al día siguiente de la quiebra) cayó a
1,01 dólares. Entre el 2000 y el 2001, las ventas de Enron se
multiplicaron por cuatro, pasando de 12 a 48 mil millones de dólares. En
agosto del 2001 Enron declara 401 millones de dólares de beneficios; tres
meses más tarde, el 26 de octubre, la empresa reconoce 618 millones de dólares
de pérdida.
A
partir de junio del 2001 se precipita el declive de la empresa debido al
retorno hacia una mayor reglamentación. Sin embargo, la crisis venía de
más lejos: desde el año 2000, la capitalización bursátil de la
empresa, así como la mayor parte de las otras empresas norteamericanas
tenían la tendencia a hundirse; los beneficios reales también bajaban.
A
fin de que las acciones siguieran siendo atractivas, la dirección de la
empresa infló de manera completamente artificial las cuentas, registrando
como ingresos los préstamos bancarios (los otorgados por el principal
grupo bancario mundial Citigroup y por J. P. Morgan) y otras operaciones.
Para disimular las pérdidas, la dirección de la empresa las sacó
directamente del balance. Con el objetivo de mantener una cotización bursátil
lo más elevada posible, la dirección de la empresa llevó a Enron a
comprar masivamente sus propias acciones. Siguiendo esta línea, la
dirección hizo todo lo posible para que los fondos de pensión de los
asalariados de Enron aumentaran la parte de acciones de la cartera de
Enron, a una competencia del 62%. Mientras que en julio del 2001 el patrón
de Enron, Kenneth Lay, invitaba a sus empleados a comprar las acciones de
Enron, al mismo tiempo las vendía de manera oculta, embolsando una
plusvalía importante en relación al precio al que las había adquirido
en el cuadro de sus stock-options
(entre noviembre del 2000 y el 31 de julio del 2001, Kenneth Lay vendió
672.000 acciones de Enron). Esto aceleró la caída de las acciones de
Enron. Al mismo tiempo, todos los empleados se habían visto impedidos de
ejercer el derecho de vender sus acciones, dado que el fondo de pensión
Enron había sido declarado en reestructuración y todas las operaciones
habían sido bloqueadas.
La familia Bush y Enron
Tanto la familia Bush como Enron
están basadas, y tienen sus principales intereses económicos, en Texas.
La familia tiene importantes intereses en el sector petróleo. Enron y
George Bush padre e hijo tienen regularmente intereses comunes. En 1988,
George W. Bush llevó a cabo un juego de influencias sobre el ministro
argentino de Obras y Servicios Públicos para obtener un contrato a favor
de Enron sobre oleoductos. Una vez que aquél devino gobernador de Texas,
permitió a Enron violar las leyes anti-polución de dicho Estado. Más
tarde, Enron no tuvo que atravesar muchas dificultades para convencerlo de
que era necesario rechazar los acuerdos de Kyoto en lo que hace al
recalentamiento climático y la emisión de gases que afectan a la capa de
ozono.
A propósito de la energía: ¿y si hablamos del petróleo?
En el Informe 2001 de la CNUCED
sobre el Comercio y el Desarrollo los autores revelan que el aumento del
precio del petróleo en el curso del año 2000 se había producido
esencialmente a causa de las actividades especulativas sobre los stocks
de petróleo en los países más industrializados (ver también el Informe
2001 del Banco de Pagos Internacionales). Enron, principal empresa de
corretaje de los productos petroleros, había estado, junto con otras
empresas, en el origen de estas maniobras especulativas.
En el año 2000 el aumento del
precio del petróleo fue atribuido, tanto en la prensa occidental como en
los discursos oficiales de los gobiernos del norte, a la acción de la
Organización de los Países Exportadores de Petróleo (OPEP), mientras
que en realidad los actores principales eran las empresas del norte que
especulaban sobre los stocks de
petróleo.
Enron, actor principal de la crisis de la electricidad en California
durante el 2001
Del mismo modo, en plena crisis de
la electricidad en California durante el 2001, se designó como culpables
a actores secundarios, a saber, a empresas privadas californianas de
producción eléctrica que fueron acusadas por no haber invertido lo
suficiente en la realización de mejoras en los instrumentos de producción.
Era justo acusarlas,[[v]]
pero también era necesario reconocer que no eran ni las únicas ni las
principales responsables. Por otra parte, los republicanos, y en
particular George Bush hijo y su secretario de Estado de Finanzas, Paul
O’Nelly, quien renunció en diciembre del 2002, hicieron caer todo el
peso de la responsabilidad de la crisis sobre las espaldas de las
autoridades locales (el gobernador era un demócrata), a la vez que
afirmaron que la desreglamentación era benéfica. Pero como lo señalamos
más arriba, se sabe que el actor principal de los cortes de corriente no
era otro que Enron, junto con algunas otras empresas del mismo calibre, y
que son las que provocaron deliberadamente la penuria de energía eléctrica.
La prueba se encuentra en el hecho de que se pasa de un solo caso de
“estado de urgencia Nº 3” [[vi]5
durante el 2000, a 38 durante el primer semestre del 2001, es decir,
durante el período en el que Enron tuvo las manos completamente libres
para manipular los mercados vía su filial EnronOnline. El 19 de junio del
2001, el Congreso, bajo presión de la pequeña mayoría demócrata, anuló
las medidas de desreglamentación votadas a fines del año 2000. Durante
el segundo semestre del 2001, no hubo ni un solo caso más de “estado de
urgencia Nº 3”.
Cuando se habla de petróleo, uno
no puede permitirse dejar de evocar las tropelías de George W. Bush y de
Richard Cheney.
La SEC, gendarme de los mercados,
inició una investigación a propósito de George W. Bush en abril de
1991, y en octubre de 1993 llegó a la conclusión de un no-lugar. Uno
podría poner en duda la seriedad de dicha investigación, en la medida
que el presidente de la SEC, Richard Dreeden, había sido nombrado por
George Bush padre.
George Bush hijo comenzó su
carrera de hombre de negocios a comienzos de los ‘80 cuando se hizo
cargo de una pequeña sociedad petrolera bautizada Spectrum 7 Energy. Esta
empresa fue vendida en 1986 a Harken Energy. George Bush hijo recibió a
cambio 200.000 acciones Harken, un puesto en el Consejo de Administración
y un contrato de asesor cuya remuneración era de 125.000 dólares por año.
Se le reprocha a Bush el haber utilizado su puesto de administrador para
obtener un préstamo de 180.000 dólares que le permitió adquirir vía
las stock options unas 105.000
acciones suplementarias. Es una de las prácticas que George Bush hijo, en
tanto presidente, prohibió en el 2002. Se acusa a George Bush de haber
vendido un número muy importante de acciones a un precio elevado dos
meses antes de que la sociedad Harken anunciara la pérdida sin
precedentes de 23,2 millones de dólares, y antes de que el valor de la
acción cayera a la mitad en relación al precio de venta que él había
obtenido. En tanto que administrador, George Bush hijo estaba bien
informado de la mala salud de la empresa. La venta mencionada más arriba
le permitió embolsar a George Bush 848.560 dólares. Es este mismo tipo
de comportamiento que ahora él reprocha a los miembros de los Consejos de
Administración de Enron, de WorldCom, etc.
George Bush no es el único alto
mandatario político cuyas prácticas en tanto hombre de negocios se
encuentran en cuestión por parte de la crítica. Cuando era presidente
general de la sociedad Halliburton, la Nº 1 mundial en investigación
petrolera, Richard Cheney habría realizado beneficios por 18,5 millones
de dólares vendiendo en agosto del 2000 más de 600.00 acciones de su
empresa. Dos meses más tarde, la sociedad anunciaba malos resultados y su
cotización en la Bolsa caía estrepitosamente.
En el 2002, las revelaciones sobre
las tropelías financieras (delito de iniciado) de George Bush, así como
su política favorable al gran capital, provocaron una toma de conciencia
en una parte de la opinión pública norteamericana. Según un sondeo de
opinión efectuado en julio del 2002 por el Washington
Post y la ABC, el 54% de las personas interrogadas consideraban que
las medidas del presidente Bush contra el fraude patronal no eran
“suficientemente duras”. En otro sondeo publicado el mismo día por el
New York Times y la CBS, se decía que las dos terceras partes de
las personas encuestadas estaban convencidas de que la administración
Bush prefería defender a las grandes empresas más que a los ciudadanos.
El 57% pensaba que el presidente disimulaba algo o mentía respecto a su
gestión pasada en la compañía petrolera Harken Energy.
Dynegy y otras CMS
Dynegy, cuya sede central está a
200 metros de la Enron de Houston, era un competidor directo de ésta. Es
controlada por la petrolera Chevron Texaco. Esta quiso comprar Enron en
noviembre del 2001 beneficiándose del desastre de la capitalización bursátil
de aquella. Pero también resultó alcanzada por un escándalo, y entonces
no se pudo llevar a la práctica dicho proyecto. Fue la multinacional UBS
Warburg la que terminó comprando por apenas un bocado de pan a la Enron.
Dynegy practicaba un truco muy
simple para maquillar sus cuentas: el round
trip (ida y vuelta). Para realizar el round
trip, es necesario que haya dos. La empresa Dynegy vende la
electricidad a CMS por mil millones de dólares el día X al mediodía.
Esto es la ida. El mismo día, a la misma hora, la CMS vende a Dynegy
electricidad por mil millones de dólares. Esta es la vuelta. Es un juego
de suma cero, pero la ventaja para cada una de las direcciones de las
empresas es que la cifra de los negocios aumenta en mil millones de dólares.
Este tipo de operación fue realizada varias veces durante el 2000 y el
2001 por las empresas mencionadas más arriba. Una de estas operaciones
pudo ser identificada a través de las investigaciones llevadas a cabo por
la Securities Exchange Commission (SEC), la autoridad de los mercados: ésta
tuvo lugar el 15 de noviembre del 2001 por un monto de 1.700.000.000
millones de dólares, lo que representa el 13% de la cifra de negocios de
Dynegy durante el cuarto trimestre del año 2001 (ver Wall Street Journal del 10/05/2002 y Le Monde del 30/05/2002). Gracias a esta operación, Dynegy y CMS
quisieron trampear los mercados aumentando la cifra de sus negocios. En el
caso de Dynegy, la operación del 15 de noviembre del 2001 representó la
mitad del crecimiento de la cifra de negocios de aquel trimestre. Hay que
señalar que esta operación se llevó a cabo en momentos en que Dynegy
quería comprar Enron. Hay también otras operaciones de este tipo
asociadas a Dynegy, como es el caso de un contrato de abastecimiento de
gas para un período de 5 años (el proyecto Alpha). El escándalo obligó
al director general a renunciar en mayo del 2002, y fue reemplazado por
Daniel Dienstbier, quien hasta ese momento había sido el presidente de
Northern Natural Gas, un oleoducto que había sido comprado poco tiempo
antes por Dynegy a Enron… ¡Qué pequeño es el mundo! El nuevo
presidente de Dynegy había sido precedentemente vicepresidente de Chevron
Texaco, la petrolera Nº 2 de los Estados Unidos. Durante octubre del 2002
continuó el desfile de los directores generales: Dienstber fue
reemplazado por Williamson, que venía de la Duke Energy, otra empresa
tejana del mismo sector que él dirigió luego de que hizo sus armas en la
transnacional Royal Dutch/Shell. La mención de estas personas y de sus orígenes
permite mostrar que los arreglos se llevan a cabo en el seno de muy pequeños
círculos; en suma, no son otra cosa que un juego de cajitas musicales.
Por otra parte, el partenaire de
Dynegy en el round trip
mencionado más arriba, la sociedad CMS basada en Michigan, fue también
objeto de investigaciones por parte de la SEC durante el 2002. Las
autoridades estimaban que la CMS había practicado mucho los round
trips, lo que le había permitido inflar su balance en 4.400.000.000
millones de dólares en 18 meses durante el 2000 y el 2001.
WorldCom: un escándalo monumental
El escándalo de WorldCom siguió
al de Enron. Siendo el segundo operador estadounidense en
telecomunicaciones y el primer operador mundial de servicios Internet, la
cifra de negocios de la empresa se elevó durante el 2000 a 35 mil
millones de dólares. En momentos en que se colocó al abrigo del capítulo
11 de la Constitución de los Estados Unidos, WorldCom tenía 41 mil
millones de dólares de deuda. WorldCom empleaba 85.000 asalariados y
contaba con 20 millones de abonados en 65 países. Como Enron, era una
estrella, símbolo de los eufóricos Estados Unidos de fines de los ‘90.
El fundador de esta empresa, Bernard Ebbers, había sido, como su colega
de Enron, Kenneth Lay, la figurita de los medios y de los diarios
financieros. En una decena de años, WorldCom pasó de ser una pequeña
start-up a un verdadero imperio que amenazaba al histórico gigante de las
telecomunicaciones ATT. Entre 1998 y 1999, las acciones de WorldCom en la
Bolsa se multiplicaron por seis. Como en el caso de Enron, igualmente dura
y fulgurante fue su caída. Entre el 1 de enero del 2002 y la declaración
de quiebra del 21 de julio, las acciones de la WorldCom perdieron 99,38%
de sus valores. Como Enron, WorldCom trucó sistemáticamente sus cuentas.
Luego del inicio de la investigación realizada por la SEC en marzo del
2002, la dirección confesó haber trucado sus cuentas en unos 9 mil
millones de dólares, lo que acarreó en abril la eyección de su
presidente general, Bernard Ebbers.
AOL Time Warner: el fracaso de la e-economía
La fusión entre AOL y el Time
Warner (impuesta por la AOL) en junio del 2002 dio lugar al nacimiento de
la más grande empresa mundial desde el punto de vista de la capitalización
bursátil y al más grande grupo mundial en el dominio audiovisual (en
aquella época a esta empresa le seguían la “francesa” Vivendi
Universal y la alemana Bertelsmann). AOL Time Warner constituía de alguna
manera el faro de la nueva economía por varias razones. AOL, la estrella
resplandeciente de Internet, pequeña start-up salida de la nada en la que
se encontraba años atrás, se dio el lujo de comprar Time Warner, una
empresa dedicada desde hace tiempo a los medios de comunicación y a la
industria tradicional de los juegos de animación. AOL se pudo permitir
esto dado que su capitalización bursátil alcanzaba en momentos de la
fusión 190 mil millones de dólares, mientras que la de Time Warner no
alcanzaba más que 129. El patrón de AOL que devino patrón de la empresa
fusionada la presentó como la empresa del futuro, dado que ésta, gracias
a Internet, iba a poner a disposición de un público cada vez más amplio
todos los productos culturales y de información realizados por empresas
tradicionales tales como la Time Warner. Un año y medio más tarde, la
capitalización bursátil de AOL Time Warner no representaba más que la
sexta parte del valor en momentos de su fusión (55 en julio del 2002
contra 319 en enero del 2000). Los 55 mil dólares de capitalización bursátil
no correspondían más que al valor estimado de Time Warner; el valor de
AOL se aproximaba a cero. El ex patrón de AOL que devino presidente
general de AOL Time Warner fue echado y reemplazado por un dirigente que
pertenecía a la Time Warner.
En julio del 2002, AOL Time Warner
era el colimador del Departamento de Justicia y de la SEC en lo que hace a
la falsificación de cuentas. Además, un grupo de accionistas
minoritarios se había constituido en parte civil y encaraba un proceso
judicial a la empresa por “promesas incumplidas” (El
País del 20 de julio 2002, Le
Monde del 30 de agosto del 2002 y Time
del 12 de agosto del 2002).
Bancos de negocios
Los principales bancos de negocios
estadounidenses, tales como el Merryl Lynch, el Morgan Stanley, el Credit
Suisse First Boston (Credit Suisse Group), el Salomon Smith Barney (Citigroup)
y el Goldman Sachs, jugaron un rol muy activo en las prácticas
fraudulentas que dieron lugar a escándalos. Estos bancos de negocios
mezclan varias funciones: analizan la salud de las empresas para orientar
a los compradores de acciones en la Bolsa (recomiendan entonces la compra
y venta de acciones de esas empresas), y gestionan carteras de acciones
muy importantes para ellos o para terceros, como los fondos de pensión,
que les confieren sumas muy importantes de inversión en la Bolsa. Se
encargan del ingreso de las empresas en la Bolsa. Se encargan también de
la emisión de empréstitos a cuenta de las empresas, de los Estados o de
las colectividades locales que quieren recolectar capitales en los
mercados financieros. Entre ellos, algunos tales como el Credit Suisse
First Boston y el Salomon Smith Barney constituyen la rama de bancos de
negocios de un grupo bancario más amplio. Esto fue posible gracias a la
abrogación de la ley Glass Steagall en 1999 bajo la administración de
Bill Clinton. La “Glass Steagall act” fue adoptada en 1933 en plena
depresión a fin de evitar la repetición de las quiebras catastróficas
de las instituciones financieras a través de la mezcla de la colecta del
ahorro a la inversión en la Bolsa y a la participación de capital en las
empresas. El legislador americano había querido así separar los bancos
de negocios (sociedades holdings)
de los bancos. En plena euforia neoliberal, en el contexto de la
financiarización de la economía, los grandes grupos financieros como el
Citibank jugaron una gran influencia sobre la administración Clinton, la
cual fue coronada de logros que permitieron obtener que se levantaran los
obstáculos a su expansión. Fue así como el Citigroup, principal grupo
financiero mundial, pudo nacer gracias a la abrogación de la “Glass
Steagall act”. El Citigroup nació de la fusión entre el Citibank y la
Salomon Smith Barney.
Merryl, Morgan Stanley, Salomon
Smith Barney (Citigroup) y Goldman Sachs estan implicados hasta el cuello
en los escándalos Enron, WorldCom y otros. La crisis bursátil, el
descenso de la actividad económica y los efectos de sus prácticas
fraudulentas los colocaron en una situación difícil. Entre enero del
2001 y fines del 2002, la acción Merryl Lynch perdió más de la mitad de
sus valores bursátiles. Durante el 2002, todos estos bancos de negocios
fueron objeto de demandas judiciales por parte de la SEC y del
Departamento de Justicia. También fueron objeto de demandas judiciales
presentadas por parte de inversores, accionistas y asalariados. Con el
objeto de poner fin a dichas demandas, en el 2002, el Credit Suisse First
Boston y Merryl Lynch, dieron, cada unos de ellos, 100 millones de dólares
para endulzar al Tesoro. En cuanto al Citigroup, éste entregó 240
millones de dólares. Estos bancos de negocios fueron acusados de colisión
con los dirigentes de Enron, de WorldCom y otras empresas en quiebra. Las
autoridades tienen sobradas pruebas sobre la responsabilidad que poseen
los analistas de estos bancos de negocios, quienes deliberadamente
recomendaban la compra de acciones de las empresas que ellos sabían que
estaban en dificultades. Dichos analistas hacían esto porque los bancos
de negocios que los empleaban eran también accionistas de las empresas en
cuestión. Una caída de la cotización bursátil de dichas empresas habría
perjudicado a los intereses de los bancos de negocios.
En el caso de la Merryl Lynch, las
autoridades recurrieron directamente a los documentos internos editados
por su analista más conocido, Henri Blodget, el especialista de la nueva
economía. Este trataba a la sociedad AtHome como un “piece of crap”
(de m…) y al mismo tiempo recomendaba calurosamente a los inversores que
compren sus acciones. En otro documento interno, el mismo Blodget
explicaba como el y su equipo habían participado de 52 transacciones
comerciales entre diciembre de 1999 y noviembre del 2000, en desmedro de
todo deontología. El banco de negocios, para recompensar a Blodget,
multiplicó su remuneración por cuatro( de 3 a 13 millones de dólares).
Después que se produjeron estas revelaciones, clientes furiosos
presentaron decenas de demandas colectivas contra la Merryl Lynch: esto
podría llegar a costarle dos mil millones de dólares.
La Salomón Smith Barney (Citigroup),
en agosto del 2002, se sacó de encima a su analista consagrado, Jack
Grubman, quien había sido denunciado por la prensa por haber mantenido
recomendaciones positivas sobre empresas como la WorldCom. Jack Grubman
recibió, para empezar, 32 millones de dólares en concepto de prima.
“Aunque lamento, como otros, el no haber podido prever la caída del
sector de las telecomunicaciones y comprendo la decepción y la cólera de
los inversores a causa de dicha caída, estoy orgulloso de mi trabajo y
del de aquellos analistas que trabajaron conmigo” (Diario Le
Soir del 17-18/02/02).
Otra práctica corruptora: los
bancos de negocios ofrecían a clientes privilegiados, tales como a los
dirigentes de las empresas WorldCom, Qwest, Metro Media y otras, paquetes
de acciones de empresas que ellas habían hecho entrar en la Bolsa. Estos
clientes revendían las acciones en cuestión algunos días después a su
ingreso en la Bolsa, en plena euforia de los mercados, retirando de esta
manera beneficios considerables. Por medio de esta práctica, los bancos
de negocios intentaban convencer a grandes clientes para que recurrieran a
sus servicios en contratos importantes. En septiembre del 2002, B. Ebbers
y cuatro otros dirigentes de empresas fueron objeto de demandas judiciales
por parte del fiscal general de Nueva York, Eliot Spitzer, quien exigió
de aquellos el reembolso de 28 millones de dólares que habían sido
obtenidos gracias a los regalos corruptores de los bancos de negocios.
Las agencias de notación
Tres firmas, dos de las cuales son
norteamericanas, dominan el sector de las agencias de notación del
mercado mundial: Moody’s, Standar & Poor’s (EE.UU.) y Fitch
(Francia). Estas tres sociedades juzgan la situación financiera de todos
los deudores: los Estados, las colectividades locales, las empresas y los
fondos de inversión. Las notas que éstas atribuyen influyen de manera
determinante sobre las tasas de interés que deberán pagar los deudores a
sus acreedores. Durante el 2002, esto correspondía a un volumen de
30.000.000.000 millones de dólares de deudas. Ello marca el poder de las
mismas. Estas atribuyen notas que permiten a los prestamistas potenciales
evaluar la salud y seriedad de los futuros deudores. Sus notas van desde
“muy segura” a “extremadamente riesgosa” pasando por
“aproximadamente segura” y “riesgosa”. La nota “muy segura” se
expresa atribuyendo una triple A al deudor. Según la agencia de notación,
los malos alumnos son evaluados por la letra C o la letra D.
Moody’s cuenta con más de 700
analistas y emplea a 1.500 personas en quince países. Sus notaciones
abarcan a 100 países. Standard & Poor’s emplea a 1.000 analistas en
21 países, y sus análisis conciernen igualmente a una centena de países.
Fitch emplea a 1.200 personas, de las cuales 600 son analistas, y evalúa
a deudores pertenecientes a 75 países.
Estas sociedades fueron denunciadas
de manera considerable por el rol que jugaron durante la crisis de los años
‘90, particularmente durante la crisis del este asiático durante
1997-1998. En efecto, éstas mantuvieron un juicio favorable respecto de
las empresas deudoras del este asiático, mientras que tendrían que haber
revelado que se encontraban en dificultades desde 1996. Una vez que la
crisis estalló durante 1997, estas sociedades de notación dieron un giro
de 180º que dio lugar a la degradación de las empresas y los estados asiáticos
implicados. Ello implicó un aumento de varios miles de millones de dólares
de las facturas que tenían que rembolsar los endeudados. El rol de las
agencias de notación fue igualmente denunciado en lo que hace a la
evaluación del riesgo-país de la Argentina y Brasil entre 1998 y el
2002.
Ellos fueron objeto de fuertes críticas
por el rol que jugaron durante los diferentes escándalos que se
desencadenaron en los Estados Unidos durante el 2001-2002. Moody’s
mantuvo una cotización muy elevada de Enron, que estaba próxima a caer.
Estas agencias de notación son todo salvo independientes de las
sociedades que evalúan, dado que reciben su remuneración de aquellas. En
ciertos casos, con el objeto de forzar a los clientes a recurrir a sus
servicios, atribuyen notaciones no solicitadas y generalmente menos
favorables que en los casos en que hubieran sido objeto de una remuneración.
Estudios de auditorias
El escándalo Enron puso al
descubierto la coalición entre la dirección de la empresa y Andersen, la
empresa auditora encargada de monitorear las cuentas de aquella. En junio
del 2002, Andersen fue condenada por obstrucción a la justicia. Este
veredicto obligó a Andersen a bajar las cortinas. Andersen había
participado en la operación de maquillaje de las cuentas de Enron, que en
el 2000 le había pagado 50 millones de dólares como contraparte de los
diferentes servicios prestados. Con el objeto de borrar las coaliciones
con Enron, Andersen destruyó decenas de miles de documentos
comprometedores durante octubre del 2001 mientras que la SEC estaba
iniciando la investigación. “La oficina de Andersen en Houston se puso
súbitamente a fines del mes de octubre a destruir una tonelada y media de
documentos por día en lugar de los 35 kilos promedio por año”, declaró
el fiscal durante el proceso.
La connivencia entre las empresas y
los estudios de auditorias que siguen sus cuentas está abiertamente
extendida. Andersen realizó favores comparables a aquellos de los que se
benefició Enron a una buena parte de sus 2.300 clientes. Las agencias de
auditorias no se limitan a controlar las cuentas de las empresas: sus
principales recursos provienen de los consejos que prodigan. Por cada dólar
ganado en una auditoria, tres entran en caja gracias a misiones de
auditoria. Andersen no es la excepción que confirma la regla. Prueba de
ello es que los cuatro grandes estudios de auditorias son objeto de
investigaciones por parte de la SEC. La KPMG revisaba las cuentas de Xerox,
que reconoció haber inflado su cuenta de negocios de 6,4 mil millones de
dólares durante el período 1997-2001. Deloitte Touche Tohmatsu
controlaba las cuentas de la sociedad Adelphia Communications, cuya
quiebra costeó en junio del 2002. Price Waterhouse Coopers está
implicada en el escándalo de Tyco, cuyo director fue acusado de haber
distribuido de manera fraudulenta 96 millones de dólares a 51 cuadros
superiores de la empresa. Ernest & Young está acusada de haber
transgredido las obligaciones de un auditor independiente desarrollando y
comercializando software con la PeopleSoft, de la cual, por otra parte,
controlaba las cuentas (Diario Le
Monde, 18 de junio de 2002).
Antes
de la quiebra de Andersen, los cinco estudios de auditorias citados más
arriba controlaban el conjunto o casi todo el mercado mundial de
auditorias (ver cuadro a continuación). Después de la quiebra de
Andersen, los cuatro estudios restantes se dividieron sus clientes.
Cifra mundial de negocios en miles
Cantidad de empleados
de millones de dólares en 2001
en el mundo en 2001
PriceWaterhouseCoopers
22,3
150.000
Deloitte
Touche Tohmatsu
12,4
95.000
KPMG
11,7
100.000
Ernst
& Young
9,8
84.000
La administración Bush y la justicia de Estados Unidos intentan poner
orden
En el 2002 se anunció que el
proceso Enron sería en diciembre del 2003. La ocasión de una famosa
confesión. En el 2002, 25 grandes compañías, y 150 jefes de empresa o
cuadros superiores (de los cuales 45 tienen la intención de plantear
demandas judiciales por culpabilidad), fueron objeto de investigaciones en
profundidad y/o de seguimientos judiciales por parte del gendarme de los
mercados, la SEC, y del Departamento de Justicia. He aquí algunos casos
de inculpación: falsificación de las cuentas, delito de iniciado,
enriquecimiento personal en desmedro de la empresa, evasión fiscal,
asociación ilícita, obstrucción del trabajo de la justicia. La amplitud
y la generalización de los comportamientos criminales es tal que el
presidente de los Estados Unidos intervino directamente para amenazar con
prisión a los administradores de las sociedades. “Si usted es un
director general y piensa que puede trucar sus libros de cuentas para
mejorar su imagen, nosotros lo encontraremos, lo arrestaremos y le haremos
rendir cuentas” (citado en Time,
12 de agosto del 2002).
“Los jefes de empresa reconocidos
culpables de fraude serán pasibles de sanciones financieras y, si
tuvieron un comportamiento criminal, irán a prisión” (Diario Le Figaro, 1 de julio del 2002).
Alain Greenspan, presidente de la
Reserva Federal, presentó las cosas con un toque de filosofía: “Los
hombres no devinieron más cupidos que en el pasado. Simplemente cuentan
con muchas más posibilidades de serlo… La economía depende de manera
crítica de la confianza… La falsificación y el fraude destruyen el
capitalismo y la libertad de mercado y, más ampliamente los fundamentos
de nuestra sociedad… El patrón debe tener la autoridad para colocar
donde corresponde la estrategia de la empresa pero también tiene la
responsabilidad de dar cuenta de ella de manera precisa. Si este tipo de
faltas no son sometidas a penas graves, tal como muchos lo recomiendan,
nuestro sistema contable y los otros elementos del gobierno de las
empresas no funcionaran de manera óptima” (Diario Le Monde, 18 de junio del 2002). En agosto del 2002, cerca de 2.500
directores generales fueron por primera vez legalmente obligados a
certificar y firmar las cuentas de sus empresas. La amenaza del gran
garrote que pendía sobre ellos tenía por objeto forzarlos a hacer una
limpieza de sus cuentas a fin de intentar de manera desesperada
restablecer la confianza del público para evitar una deriva que trajera
como consecuencia una cascada de quiebras. En términos globales, el
ejecutivo y el poder judicial permanecieron en el plano de la intimidación:
no hubo ningún presidente general en ejercicio entre rejas durante el
2002. Dennos Kozlowski, ex patrón de Tyco, sólo se encontró entre rejas
una vez que fue echado de la empresa. Algunos cuadros superiores fueron
llevados a declarar con esposas, pero ninguno permaneció varios días en
prisión. Sin embargo, ellos acumularon de manera criminal decenas o mejor
dicho centenas de millones de dólares; provocaron quiebras que llevaron
al suicidio de asalariados despedidos; quebraron la vida de centenares de
miles de personas; hicieron perder centenares de miles de dólares a los
contribuyentes.
Por el contrario, durante este
tiempo, por delitos menores, decenas de miles de simples ciudadanos
norteamericanos se amontonan en las prisiones superpobladas.
En septiembre del 2002 el Congreso
adoptó una ley llamada Sarbanes-Oxley, cuyo objetivo era evitar la
reproducción de comportamientos como los de Enron, WorldCom, etc. Esta
ley preveía un aumento de las penas para los diferentes delitos
financieros. Las penas de obstrucción a la justicia y destrucción de
pruebas, de las cuales el estudio Andersen había sido declarado culpable
en el caso Enron, fueron duplicadas hasta alcanzar veinte años de prisión.
Las operaciones concertadas dirigidas a engañar a los accionistas son
consideradas en adelante como crímenes, y pasibles de diez años de prisión.
Los directores financieros deberán certificar y firmar sus cuentas. En
caso de falsa declaración, incurren en veinte años de prisión. Los
bancos y casas de corretaje se ven impedidos de tomar sanciones contra los
analistas que emiten informes desfavorables sobre las sociedades clientes.
Los dirigentes ya no pueden pedir préstamos privilegiados a sus empresas.
Sobre este último punto, George Bush podría haber sido condenado por los
privilegios de los que se benefició mientras era administrador de Harken
si dicha legislación hubiera estado en vigencia en aquella época.
La crisis golpeó directamente a
las principales instituciones encargadas de hacer reinar el orden en el
dominio económico: en noviembre del 2002, Harvey Pitt, presidente de la
SEC, presentó su renuncia. Así lo hizo también el responsable de los
servicios contables de la SEC. Días después lo siguió William Webster,
el nuevo presidente del Consejo de Vigilancia de los comisarios de
cuentas, creado durante el verano europeo del 2002 para poner orden en
dichos asuntos. W. Webster, viejo director de la CIA y del FBI, tiró la
toalla luego de la primera reunión del Consejo. Las causas de dicha
defección hay que buscarlas en las revelaciones inoportunas que se dieron
a luz sobre su carrera: W. Webster dirigió el comité de auditorias de la
sociedad US Technology acusada frente a los tribunales por malversaciones
contables (Diario Le Monde,
14/11/2002).
Por otra parte, apenas fue creada
por la administración Bush, la brigada financiera especial anti-corrupción
fue objeto de críticas violentas, dado que su jefe, el secretario adjunto
de Justicia, Larry Thompson, fue administrador de la Providian Financial,
una sociedad implicada en fraudes. Durante su mandato, la Providian
Financial, especializada en las tarjetas de crédito, fue forzada a
endulzar al fisco con 400 millones de dólares por poner fin a los
seguimientos judiciales de los que era objeto a causa de sus fraudes.
Otra información: el jefe de la
división anti-trust en el
Departamento de Justicia, Charles James, renunció en octubre del 2002
para pasar al grupo petrolero Chevron Texaco en el cual pasa a ocupar el
cargo de vicepresidente y consejero jurídico. Nombrado en junio del 2001
por George Bush hijo, fue el arquitecto del acuerdo concluido en noviembre
del 2001 entre el Departamento de Justicia y Microsoft. Aunque quizás no
haga falta decirlo, este acuerdo fue muy favorable a la empresa de Bill
Gates.
Los problemas de la jubilación en los Estados Unidos
Las jubilaciones de los
trabajadores están en peligro. En Estados Unidos, el sistema de pensiones
por repartición es marginal, y aquellos que forman parte de él se
benefician de un ingreso muy pequeño, del orden del 40% de su salario.
Bajo la administración de Ronald Reagan, el sistema de pensión por
capitalización ya bien implantado fue muy promovido en el cuadro de lo
que se llamó el “plan 401 K” (instaurado en 1982). Dado que los
mercados bursátiles estaban en alza, este sistema apareció para algunos
como fuertemente atractivo, ya que el ahorro de los trabajadores era
invertido en su gran mayoría bajo la forma de acciones. Lo que tenía que
pasar pasó: los 40 millones de trabajadores titulares de un plan 401 K se
encontraron en una muy mala situación porque no contaban con la más mínima
garantía ni seguridad. Sus ahorros, que representan aproximadamente
1.500.000.000 de dólares, se vieron sometidos a una cura de
adelgazamiento forzado de 175.000.000.000 dólares en un año como
resultado de los diferentes escándalos contables, quiebras y cracks
bursátiles. Los asalariados de Enron, de Global Crossing y de la WorldCom
cuya pensión estaba ligada al plan 401 K, perdieron todo o casi todo. En
los últimos años, numerosas empresas invirtieron el ahorro de sus
trabajadores sin consultarlos –o haciéndolo muy poco– sobre cuál era
su punto de vista respecto a la compra de acciones de la empresa misma.
Algunos ejemplos en el 2001: plan 401 K de Procter & Gamble, 94,7% del
ahorro era invertido en acciones de la empresa; Coca Cola, 81,5%; General
Electric, 77,4%; Texas Instruments, 75,7%; Mc Donald’s, 74,3%; Enron,
62%.
La otra gran categoría de
asalariados cuya pensión depende del sistema de capitalización
representa 44 millones de asalariados del sector privado. Ellos provienen
de un plan de pensión llamado “definido”, anterior al plan 401 K. Una
gran parte de los trabajadores de la industria automotriz, del transporte
aéreo, de la siderurgia, del petróleo, de la farmacéutica y de las
telecomunicaciones dependen de este sistema, que garantiza una pensión
mensual fija cuya transferencia corre bajo la responsabilidad de la
empresa que los ocupa. Contrariamente al plan 401K, estos no se
encuentran, en principio, sometidos a los vaivenes bursátiles. El
problema es que las empresas responsables del financiamiento de sus fondos
no lo han hecho de manera suficiente. La situación se volvió tanto o más
grave dado que los ingresos de las empresas están en descenso y que una
parte importante de los fondos que deben servir al financiamiento de las
pensiones provienen del rendimiento de los capitales colocados en la Bolsa
por parte de las empresas. Según estudios publicados en el 2002, 26
grandes sociedades se iban a encontrar en una situación financiera
degradada como resultado del crecimiento superfluo de sus fondos de pensión
(Ford debía colmar un agujero estimado en 6,5 miles de millones de dólares)
y algunas deberían caer en quiebra. Esto no es un problema que sólo
ocurre con las empresas norteamericanas. Citando el ejemplo de la
multinacional helvético-sueca ABB, los investigadores del banco de
negocios Morgan Stanley estiman que la proporción de deuda sobre los
fondos propios pasa de 202 a 374% cuando se incluyen las obligaciones de
jubilación y éstas son consideradas como una deuda equiparable a
cualquier otra. “Es una bomba de tiempo. No se trata de saber si va a
explotar, sino cuándo va a explotar” declaraba en el Financial
Times del 1 de octubre del 2002 Michael Hirsch, vicepresidente de la
Lynnvest Group.
Los más grandes fondos de pensión
en los Estados Unidos son los de los funcionarios públicos. El más
importante entre ellos es el California Public Employees Reirement System
(Calpers), cuyos activos se elevan a 150.000.000.000 dólares que se
reparten entre 1800 empresas. Los diferentes fondos de pensión de los
empleados públicos totalizan más de 1.500.000.000 de activos. Luego de
las quiebras escandalosas del 2001-2002, estos exigieron una modificación
de la ley con el objeto de poner en orden la gestión de las empresas
privadas de las que eran accionistas. La quiebra de WorldCom produjo pérdidas
de 585 millones de dólares a Calpers. La de Enron produjo más de 300
millones de dólares de pérdida a quien en orden de importancia
representa el tercer fondo de pensión.
Salarios: variable de ajuste
Durante las fases en que disminuye
la actividad económica, cuando las empresas acumulan resultados a la baja
y la competencia se exacerba, los patrones quieren achicar los costos. El
puesto de trabajo que invariablemente es alcanzado son los salarios
(disminución de los salarios y reducción del personal). La masa salarial
es la principal variable de ajuste que se utiliza para asegurar una mejora
o estabilidad de los resultados de la empresa. Los accionistas no quieren
soportar los vaivenes de la coyuntura económica: exigen que el riesgo sea
trasladado a los trabajadores.
Desde los años de Ronald Reagan y
Margaret Thatcher, el abismo entre los ingresos de los asalariados y de
los dirigentes de empresas, que son capitalistas aunque reciban un
salario, no hizo más que progresar de una manera vertiginosa. Según Business Week, en 1980 el director general (CEO) medio ganaba 42 veces más que el obrero (blue collar worker). En 1990 ganaba 85 veces más, y 531 veces más
en el 2000 (ver el sitio del sindicato AFL-CIO en <www.aflcio.org/paywatch/ceopay.htm>).
La AFL-CIO compara el ingreso de
tres directores generales con la evolución de las acciones de su empresa
en la Bolsa durante el período 1996-2000. Mientras que la cotización
bursátil de la empresa que estos conducían había disminuido de manera
considerable (aunque fue en un período de gran alza en general), sus
ingresos fueron verdaderamente impresionantes.
|
Compañía
|
Director
CEO
|
Periodo
|
Pago
total
acumulativo
en
el periodo
|
Performance
del stock
vs. S&P 500
|
|
Bank of America
|
Hugh McColl
|
1996-2000
|
95.6 million $
|
- 34 %
|
|
Sprint
|
William Esrey
|
1996-2000
|
218.4 million $
|
- 34 %
|
|
Conseco
|
Stephen Hilbert
|
1995-1999
|
146.2 million $
|
- 50 %
|
Fuente: ver el sitio del sindicato
AFL-CIO: <www.aflcio.org/paywatch/ceopay.htm>.
Durante el año 2001, el New
York Times publicó el gráfico siguiente, aún más sugestivo. Este
presenta la evolución global de las remuneraciones de los directores
generales, la evolución de los beneficios y la de la capitalización bursátil.
El gráfico demuestra la farsa que constituye el gobierno de empresa (corporate
governance). Mientras que la evolución del ingreso de los dirigentes
de las empresas debería seguir la evolución de los resultados de las
mismas, uno constata por el contrario el fenómeno inverso. La remuneración
de los directores generales aumenta mientras que bajan los beneficios y
los valores bursátiles.
Fuente: The New York Times (ver <www.aflcio.org/paywatch/index.htm>).
Si salimos de las fronteras de los
Estados Unidos, encontraremos situaciones similares. En el 2001, mientras
que las cuentas de Vivendi Universal entraban en rojo, el sueldo de Jean
Marie Messier aumentaba el 19% (66% de aumento sin impuestos). En Suiza,
Mario Corti, principal dirigente de Swissair, recibió 8,3 millones de
euros para reencaminar a la compañía aérea; algunos meses después, la
empresa quebró.
Las remuneraciones de los
dirigentes de empresa se componen de un salario, de stock options (que durante 1999-2000 representan en promedio el
doble del salario) y de bonos.
Es necesario agregar la jubilación
en oro, el o los departamentos de trabajo, los gastos sin límites, el o
los coches de trabajo y el chofer a disposición, y a veces el avión de
trabajo. A la remuneración de los dirigentes de empresa es necesario
agregar los ingresos que ellos deducen de sus capitales. Tampoco hay que
olvidar los regalos de las empresas-clientes (por ejemplo, los paquetes de
acciones ofrecidos gratuitamente).
Las stock-options hicieron furor a lo largo de los años ‘90 hasta el
2001. Estos rindieron sumas faraónicas a algunos miles de dirigentes de
empresas. En el 2000, Jeffrey Skilling, viejo director general de Enron,
embolsó 62,5 millones de dólares gracias solamente a las stock-options.
Gary Winnick, patrón de la empresa quebrada Global Crossing, embolsó
entre 1998 y el 2001 735 millones de dólares gracias a la venta de sus stock-options.
Por otra parte, la manera en que las stock-options
eran contabilizadas por las empresas hizo perder al fisco de los Estados
Unidos 56.400.000.000 dólares en el 2000.
El colmo de todo esto son los
regalos de despedida a los patrones que condujeron a sus empresas a la
quiebra. Percy Bavernik, director general de ABB, quien en el 2000 recibió
98 millones de prima en su despedida, dejó una pérdida de 793 millones
de euros. Aquí también se podría mencionar a Jean-Marie Messier (CEO de
Vivendi Universal), Bernard Ebbers (CEO de WorldCom) y decenas de otros.
Si los patrones no reciben
generosas primas de despedida, esto no debe interpretarse como un mal
signo. Según las autoridades judiciales, Dennis Kozlowski, ex patrón de
Tyco, habría robado 170 millones de dólares de la caja de la empresa que
dirigía, y se habría embolsado 430 millones de dólares gracias a la
venta fraudulenta de acciones de la empresa. Mientras esperaba ser
juzgado, su ex mujer pagó una caución de 10 millones de dólares en
septiembre del 2002 para que pudiera salir de prisión. En junio del 2002,
Kozlowski había organizado una fiesta en Cerdeña cuyos gastos, que
corrieron a cargo de la empresa, representaban la módica suma de 1 millón
de dólares (Financial Times,
20/09/2002).
La crisis de Enron y cía., ¿concierne al resto del mundo?
Veinte años de desreglamentación
y de apertura de los mercados a escala mundial suprimieron las vallas de
seguridad que hubieran podido limitar los efectos en cascada de las crisis
que atravesaron la Enron y cía. El conjunto de las empresas capitalistas
de la Tríada y de los mercados emergentes evolucionaron, ciertamente con
sus particularidades, en el mismo sentido que en los Estados Unidos. Las
instituciones privadas bancarias y financieras, así como las empresas de
seguros del planeta, se encuentran en mala posición: adoptaron prácticas
cada vez más aventureras. Todos los grandes grupos industriales
conocieron una financiarización pronunciada y por ende se han vuelto muy
vulnerables. Enron, Worldcom, Global Crossing, Vivendi Universal, Ahold,
Parmalat,... la sucesión de escándalos mostró la vacuidad de las
afirmaciones de los dirigentes de los Estados Unidos y de sus laudatorios
en los cuatro puntos cardinales. Es tiempo de pensar en otro sistema,
tanto en los Estados Unidos como en otras partes.
Notas:
[i].-
Eric
Toussaint, historiador y politólogo, presidente del CADTM (Comité
por la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo), miembro del Consejo
Internacional del Foro Social Mundial y del Consejo científico de
ATTAC Francia, autor de La bolsa
o la vida. Las finanzas contra los pueblos (2003).
Mas información: www.cadtm.org
[ii].- Como signo de la amplitud del fiasco, Paul O’Neill
tuvo que dimitir en diciembre del 2002.
[iii].- En
diciembre del 2002, éste fue citado como uno de los reemplazantes
posibles del secretario de Estado en el Tesoro, Paul O’Neill (Financial
Times, 9/12/2002)
[iv].- En
un informe publicado en diciembre del 2001, la asociación Public
Citizen demandó que Phil y Wendy fueran convocados a comparecer a la
justicia en el proceso Enron.
[v].- Según
un documento publicado por el Public Citizen (“Blind faith: How
deregulation and Enron’s influence over Government looted billions
from Americans”, diciembre 2001) utilizado en varias ocasiones en
este capítulo, la firma Williams Co, con base en Oklahoma y activa en
California, fue condenada por haber cerrado una de sus centrales
californianas de producción eléctrica. Esto le permitió exigir una
tarifa doce veces superior vía la otra central eléctrica que ésta
poseía en el vecindario.
[vi].- El
estado de urgencia Nº 3 fue declarado cuando las reservas operativas
de electricidad cayeron por debajo del 1,5%. Esto obligó a las
autoridades a realizar cortes masivos de electricidad a fin de
aumentar sus reservas.
Fechas
y datos sobre Enron
“Yo creo en Dios y en el mercado
libre. Es la manera más adecuada de distribuir y estimar los recursos.
Esto crea más riquezas y un nivel de vida más elevado como no lo haría
otra alternativa. Ciertamente, Jesús intentó cuidar a las personas que
lo rodeaban; intentó que ellos tengan una vida mejor. El estaba también
enamorado de la libertad; el quería que la gente tenga la libertad de
elegir. Cuanto más libre es un país en términos de mercado y de sistema
político, más elevado es el nivel de vida de la gente”.
K. Lay, The son of a baptist
minister, en The San Diego Tribune, 2 de febrero de 2001
1984: Kenneth Lay toma la dirección
de Houston Natural Gas.
1985: la fusión de Houston Natural
Gas y de Inter North da nacimiento a Enron.
1993: Enron es exceptuado del
control público sobre sus operaciones en el mercado de la energía
gracias a la intervención de Wendy Gramm, presidente de la CFTC. Seis años
más tarde, Wendy Gramm renuncia a la presidencia de la CFTC y pasa a ser
miembro de la dirección de Enron. Entre 1993 y el 2001, ella recibirá
por parte de Enron, bajo diferentes formas de remuneración, más de
915.000 dólares.
1996: desregulación del mercado de
la electricidad. Privatización de las empresas públicas locales
productoras y distribuidoras de electricidad.
1999-2000: Enron gasta 3.450.000 dólares
para obtener un cambio en la legislación.
Diciembre del 2000: el senador Phil
Gramm, marido de Wendy Gramm, promueve en el Congreso de los Estados
Unidos un cambio en la legislación a favor de la desregulación.
20 de enero del 2001: se inicia el
mandato del presidente republicano George W. Bush
Primer semestre del 2001: se
completa la desregulación en el mercado de la energía. Gracias a su
filial EnronOnline, Enron controla el mercado de la electricidad de la
costa oeste. Las autoridades californianas decretan en 38 ocasiones el
estado de emergencia energético. Se suspende el abastecimiento eléctrico
durante centenas de horas a causa de las manipulaciones de Enron, que
provocan sistemáticamente cortes de energía para hacer aumentar el
precio de la misma y los beneficios.
22 de febrero, 7 de marzo y 17 de
abril del 2001: se llevan a cabo reuniones entre Kenneth Lay y la Comisión
de Energía bajo la influencia del vicepresidente de los Estados Unidos,
Richard Cheney.
17 de mayo: la Comisión de Energía
informa que aprueba lo esencial de las proposiciones de Enron, entre ellas
el rechazo del Acuerdo de Kyoto.
19 de junio: el director ejecutivo
Jeffrey K. Skilling renuncia; Kenneth Lay asume la responsabilidad de
director general y de vicepresidente.
16 de octubre: se registra una pérdida
neta de 618 millones de dólares en el tercer trimestre.
22 de octubre: Enron afirma que la
Comisión de Vigilancia de las Operaciones Bursátiles (SEC) inicia una
investigación interna sobre la sociedad.
23 de octubre: K. Lay tranquiliza a
los inversores durante la asamblea de accionistas.
29 de octubre: K. Lay interviene en
torno de las autoridades federales, el Secretario de Comercio, con el
objeto de encubrir una información negativa de la agencia de cotización
Moody’s sobre la solvencia de Enron.
8 de noviembre: K. Lay compara la
situación de Enron con la sociedad financiera Long Term Capital
Management, un fondo especulativo que quiebra durante la crisis de 1998 y
que fue apoyado por la FED y el gobierno, lo que obligó a los grandes
bancos privados, entre ellos a algunos bancos suizos, a inyectar fondos.
9 de noviembre: Dynegy, sociedad
competidora del sector energético, encara la posibilidad de comprar Enron
por 9 millones de dólares.
28 de noviembre: la fusión Dynegy/Enron
fracasa.
29 de noviembre: la SEC amplia su
investigación a la sociedad de auditorías Arthur Andersen.
2 de diciembre: Enron se declara en
quiebra. Sin embargo, las acciones siguen subsistiendo en el mercado bursátil.
10 de enero del 2002: Arthur
Andersen reconoce la destrucción de documentos confidenciales durante los
meses de septiembre, octubre y noviembre del 2001.
Junio del 2002: condena de Andersen
por obstrucción de la justicia.
Diciembre del 2003: inicio del
proceso judicial a Enron.
Stock-Options: Jeffrey K. Skilling, entonces director general de Enron,
obtuvo 62,5 millones de dólares de stock-options sólo durante el año
2000. Kenneth Lay, entre noviembre del 2000 y el 31 de julio del 2001,
vendió 672.000 acciones de Enron en pequeñas cantidades. Jeffrey K.
Skilling vendió 500.000 acciones el 17 de septiembre del 2001. Jim
Derrick, de la dirección general, vendió 160.000 acciones desde el 6 al
15 de junio del 2001. Lou Pai, director ejecutivo de Enron Xcelerator,
vendió 1.100.000 acciones desde el 18 de mayo al 7 de junio del 2001. Las
ventas de stock-options realizadas por los dirigentes de Enron habían
sido ya masivas en el 2000: “Estos enriquecimientos personales fueron
realizados en detrimento del Estado. Beneficiándose de las medidas
fiscales en vigencia, Enron dedujo los gastos ligados al ejercicio de las
stock-options de sus beneficios. Resultado: mientras que el grupo tendría
que haber pagado durante el año 2000 112 millones de dólares de
impuestos sobre las sociedades, se benefició de un crédito de impuestos
de 278 millones” (Diario Le Monde, 6 de abril de 2002).
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