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Capital y Trabajo
La tentación del "Loft
Management"
Posesión total de los
empleados
Por
Stéphane Haefliger (*)
Traducción de Lucía Vera
Correspondencia de Prensa Nº 461,
23/04/04
Los criterios de reclutamiento y
selección de personal por las empresas contemporáneas enfocan no
tanto las capacidades técnicas de los potenciales empleados como sus
características de personalidad y conducta, acordes con una exigencia
de adhesión a la empresa más interna, profunda, y por consiguiente más
alienante.
Antes, las empresas esperaban que
sus empleados simplemente estuvieran presentes y trabajasen. Ahora
exigen que se muestren transparentes. Ayer, eran los cuerpos y los
movimientos los acosados en las fábricas por Frederic Winslow Taylor
y Henry Ford. Hoy, los valores de los colaboradores, sus creencias, su
interioridad, su personalidad, son objeto de codicia. Se trata de una
evolución sociológica importante. Bajo la influencia del management
posmoderno la frontera entre la esfera privada y la esfera pública se
convierte en apuesta de lucha histórica, como en el programa Loft
story, que expone mediáticamente lo que antes se escondía, la
intimidad.
Los managers buscan la
"eficacia total", con grandes operativos de organización
matricial, de lógica de redes, de oficina virtual, de team, de task
force, de incentive y otros fringe benefit (1). A este modelo de
administración corresponde un colaborador mutante, una suerte de
superhombre cuyas cualidades personales (el "saber ser") se
vuelven tan importantes para
su carrera como sus talentos profesionales (el "saber
hacer").
Ayer, excepción hecha de su
preocupación por las opiniones políticas y sindicales del futuro
empleado, los jefes de personal examinaban antes que nada las
capacidades "técnicas" de los candidatos, garantizadas por
la experiencia y los diplomas, validadas por los certificados de
trabajo y sacralizadas por el pliego de condiciones. Actualmente, los
directores de recursos humanos completan sus investigaciones
estudiando con extrema atención el "perfil de personalidad"
del candidato potencial, sus "competencias sociales", su
"inteligencia emocional" (o CE, cociente emocional), su
resistencia, su talento para crear vínculos, animar redes internas,
comunicar, gestionar conflictos. En resumen, para encarnar los nuevos
cánones de la excelencia organizativa.
A la conquista de la
intimidad
Durante las entrevistas específicas
(de contratación, de evaluación, de corrección, de despido), las
empresas se permiten lo antes prohibido: interrogar al colaborador, de
manera seudo científica, sobre sus valores personales (¿es usted
"dominante" o "seguidor"?); su psiquis (¿es usted
"emotivo" o "racional"?); su intimidad (¿tiene
usted necesidad de sentirse valorado?, ¿por qué se divorció?); sus
cualidades personales (describa sus tres puntos fuertes, brevemente,
por supuesto); sus creencias (¿cuáles son sus valores?); su red
social (profesión del padre y de la pareja, participación en clubes
de servicio: ¿Rotary, Lions, Kiwanis?); su capacidad de seducción,
de organización, de comunicación (¿usted se considera
emocionalmente inteligente?), etc.
El "management loft story"
exige la transparencia total de los registros personales que hasta
ahora pertenecían al individuo y sólo a él. El "sí
mismo" ya no es únicamente para sí. Se ha vuelto un terreno de
conquista de la empresa.
Para lograrlo se han desarrollado e
implementado numerosos "instrumentos" de management. Cabe
mencionar los tests psicométricos y otros alegres assessment centers
originados en la voluntad de las direcciones de empresa de no
equivocarse al reclutar personal. Piensan que un mal contrato cuesta
caro y todos los managers han leído resúmenes de la célebre obra Le
principe de Peter (2).
Para tranquilizarlas no hay nada
como el informe de un consultor externo que valide las mil y una
competencias exigidas para el puesto. Cuanto más caro es el informe,
más seriamente se lo considera. Así es como se organizan
regularmente assessment centers, a veces dentro de las empresas, a
veces afuera; a veces de manera muy profesional y ética, a veces no
tanto.
Con frecuencia se supone que estos
dispositivos "científicos" pueden verificar si el candidato
se adapta al perfil del puesto, adhiere a los valores de la empresa,
se dedica a sus clientes al mismo tiempo que está soldado al team (el
equipo). Se podría llamar a esto el "management anti-teflón",
que exige en última instancia que el colaborador se fusione con la
empresa en un dúo ingenuo.
Con gran refuerzo de tests psicométricos,
entre los cuales el más conocido sigue siendo el Myers-Briggs Type (MBTI)
(3), los consultores tranquilizan a los empleadores ofreciéndoles síntesis
"científicas" de la personalidad de los candidatos. También
se emplean juegos de rol, entrevistas estructuradas, confrontaciones y
simulaciones informáticas para acceder a algunos datos personales del
candidato.
Sin cuestionar los fundamentos de
estas prácticas, conviene señalar la ingenua pretensión "científica"
de estas acciones cuando se nada en pleno empirismo, ya que el
reclutamiento de personal sigue siendo una disciplina muy subjetiva.
En efecto, es muy complejo observar durante medio día a uno o varios
candidatos con el fin de identificar sus rasgos principales de
comportamiento. Y luego confrontarlos con las exigencias del puesto a
cubrir y, más ampliamente, con la "cultura de empresa",
otro concepto sociológico extraño.
La distancia científica en este
tipo de ejercicio sigue siendo casi nula. A la manera de la fisiognomía,
la grafología y la numerología, tres disciplinas que,
sorprendentemente, todavía son utilizadas por los reclutadores. Por
el momento todo parece permitido y los coaches se rodean de
psiquiatras y psicoanalistas en las organizaciones. Algo muy extraño
en una economía que, por otro lado, pretende ser muy racional.
Los tests psicométricos no son más
que una herramienta en el arsenal del management posmoderno. La
formación asegura su relevo. No hace falta precisar que no se trata
aquí de una formación "técnica" (por ejemplo, un curso de
informática destinado a dominar los rudimentos de un soft de aplicación),
sino de una formación "del comportamiento", fuertemente
vinculada al desarrollo personal del individuo.
Así, las direcciones de empresas
ya no dudan en enviar a sus cuadros superiores a seguir prácticas de
superviviencia en la selva, llevando equipos de camuflaje, disfrazados
de "rangers" y durmiendo en tiendas de campaña durante una
semana entera. Recientemente, los directivos de un gran banco suizo
fueron invitados a pasar una semana en un centro hospitalario con
enfermos terminales de sida.
Transformar al individuo
El análisis transaccional (AT), la
programación neurolingüística (PNL), el entrenamiento (coaching)
centrado en la persona, el eneagrama (modelo empírico de la
estructura de la personalidad humana articulado en 9 tipos) ocupan
todos los catálogos de formación de las empresas, incluso las más
conservadoras y pusilánimes. Los outdoor siguen siendo extremadamente
apreciados: rafting en ríos de montaña o, más chic, caminatas sobre
brasas bajo la dirección de Anthony Robbins (4), el último gurú de
moda, o incluso el salto con elásticos combinado con canyoning (5).
También son legión las prácticas de "psicología del éxito",
de meditación, de liberación de energía positiva, de
"futurismo", de management de sí mismo, de "asertividad"
(afirmación de sí mismo), de gestión de los conflictos, de
identificación de las creencias "limitantes". El management
posmoderno es claramente un "psi-management". Se ha vuelto
evangélico.
Los cursos propuestos ya no
persiguen banales objetivos de formación, sino objetivos de
"transformación" del individuo. Recordemos -cum grano salis
(6)- que formación y desempeño (performance) comparten la misma raíz
etimológica. "Enriquecer las vivencias de los
colaboradores", "desarrollar su capacidad de escucha",
"estimular su creatividad", etc., son otros tantos nobles
objetivos perseguidos por los managers contemporáneos.
Los empleados, evidentemente, no se
engañan con este movimiento perverso. Comprenden fácilmente que este
management utiliza una estrategia destinada "a poner a los
individuos a trabajar, a controlarlos, a hacerlos caer en la trampa de
sus propios deseos, a manipularlos y seducirlos" (7). La mayoría
sabe muy bien cómo desbaratar las estratagemas y oponer tácticas de
resistencia a esta necesaria transparencia y a este descubrimiento
obligado. Sienten intuitivamente que este management apunta a abolir
la distancia entre el trabajador y la empresa, y que trata de generar
la adhesión a los valores de las organizaciones. No desean caminar
sobre brasas, ni vivir raids de supervivencia, ni seguir cursos de
"management de sí mismos", ni ser psicoanalizados en su
lugar de trabajo. Saben, con toda pertinencia, que la empresa no les
ofrece un marco de protección suficiente para decir todo, mostrar
todo, descubrir todo y dar acceso a su empleador a lo más precioso de
ellos mismos, su identidad de mujer o de hombre.
Y saben, sobre todo, que los
beneficios de la empresa no se reparten de manera igualitaria.
Notas:
(*) Sociólogo, encargado de cursos
en el MBA-HEC (Master in Business Administration, de la École des
Hautes Études Commerciales) de la Universidad de Lausanne. Artículo
distribuido por el sistema para suscriptores Informe
Dipló, 21-4-04. Le Monde Diplomatique/elDipló/Argentina.
1) Literalmente "remuneración
accesoria" en forma monetaria (por ejemplo una prima) o no
monetaria (por ejemplo una formación).
2) "Cada empleado tiende a
elevarse a su nivel de incompetencia"; éste es el principio del
libro de Laurence J. Peter y otros, publicado en 1969. Actualmente en
Livre de Poche, París.
3) Se pueden mencionar también el
LIFO (Life Orientations), el TMS (Team Management System), el Leonardo
345, el CAPP, el Alter ego, el D%D, el 16 PF-R, etc.
4) Conferencista-formador
estadounidense que anima seminarios espectáculo de desarrollo
personal ante una platea de miles de personas.
5) N. de la t.: el canyoning es una
nueva modalidad de turismo de aventura que consiste en el descenso de
ríos encajonados.
6) N. de la t.: Cum grano salis:
con precaución o cierto escepticismo.
7) Eugène Enriquez, "Remarque
terminale", en Les jeux du pouvoir et du désir dans l´entreprise,
Editions Desclée de Brouwer, 1997
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