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Economía
La próxima crisis mundial del
petróleo
Por Angelo Barraca (CUBASOLAR)(*)
Argenpress, 29/12/03
El problema de los recursos petroleros está
determinando desarrollos sumamente negativos e inquietantes en los
acontecimientos mundiales. La taza de extracción de petróleo en el ámbito
mundial debe alcanzar su nivel máximo en la presente década y luego
empezará a bajar dramáticamente.
Vale la pena analizar en detalle este problema, que es
de vital importancia para todos, y actualizar los conocimientos y los
puntos de vista generales, para que se puedan tener criterios más
conscientes. El desarrollo mundial se basa en la 'economía del petróleo':
las economías industrializadas extraen 80 % de la energía que necesitan
de los combustibles fósiles, extraídos naturalmente en países más
pobres.
Parece dominar todavía un punto de vista común que
se afirmó en las últimas décadas en las investigaciones, sobre todo de
las multinacionales petroleras, según el cual los depósitos naturales de
petróleo y de gas natural del planeta son tan grandes que durante muchas
décadas, a lo largo del siglo, no habrá que preocuparse por el
suministro de estos combustibles fósiles.
En realidad, aparece cada día más claro que las
cosas no están absolutamente de esta manera. Pero, aún antes de entrar
en este tema, vale la pena subrayar cómo dicha actitud conlleva a varios
disparates y absurdos. En primer lugar, hace falta recordar que la
humanidad, a lo largo de una historia de miles de años de civilización,
está acabando totalmente con estos recursos naturales en menos de dos
siglos. Y, no menos grave, los está literalmente derrochando por el modo
en que los emplea. En efecto, estas moléculas naturales complejas han
incorporado un alto nivel de organización y de información (en términos
físicos, de entropía negativa), en procesos que se han dado en
condiciones muy particulares de la superficie del planeta, que no se van a
repetir fácilmente y que en cualquier caso necesitarían millones de años
para reproducir estos recursos.
No sólo, pues, se trata de recursos no renovables,
sino que las utilizaciones principales que se hacen de ellos consisten en
quemarlos: no es necesario tener conocimientos profundos de termodinámica
para darse cuenta de que la combustión descompone estas moléculas
altamente organizadas y degrada su orden en el movimiento caótico que
constituye la energía térmica. No sólo cuando se queman estos
combustibles en las centrales termoeléctricas se obtiene una cantidad de
energía eléctrica que es de 30 a 40 % de la energía térmica producida
en su combustión (y mucho menos en los motores de los carros), sino que
también se produce una grave contaminación del medio ambiente (baste
mencionar, entre otras, la cantidad de CO2 producida en la combustión,
principal responsable del efecto invernadero y del calentamiento global);
y además (y quizá sobre todo) muchas de las utilizaciones, tanto de
estos combustibles como de la electricidad, podrían obtenerse con
procesos más eficientes y ahorradores, de fuentes primarias renovables,
con una menor degradación de la energía y menos contaminantes.
La 'economía del petróleo', entonces, es un absurdo
en sí misma, y contradice cualquier lógica de desarrollo sostenible.
Todo esto es agravado por el hecho, subrayado por los análisis y los
datos más actualizados, de que esta economía no podrá sostenerse por
mucho tiempo, y debe explicarse el porqué. El punto de vista que se
sustenta en la alta consistencia de los depósitos naturales de
combustibles fósiles (se habla principalmente del petróleo, pero
consideraciones parecidas se aplican también al gas natural), aparece muy
distorsionado y engañador: el parámetro relevante que se considera, más
que la cantidad de petróleo, es su 'tasa de extracción', o sea, el número
de barriles que se extraen anualmente.
El hecho fundamental es que durante la explotación de
un pozo o de un área petrolera después de su descubrimiento, la tasa de
extracción crece rápidamente, puesto que se extrae el petróleo más
superficial y abundante, con una necesidad relativamente limitada de
recursos técnicos y energéticos.
Pero a medida que su explotación procede, la tasa de
extracción empieza a disminuir hasta que alcanza un máximo cuando el depósito
está alrededor de la mitad de su consistencia total, y luego empieza a
bajar: el motivo es que gradualmente queda el petróleo más profundo, o más
difícil para extraer, así que son necesarios más recursos técnicos,
económicos y energéticos. ¡Mucho antes de que el pozo o el área se
agote, sucede que para extraer un barril de petróleo es necesaria una
energía superior a la que él contiene! Así, en el depósito natural
queda una cantidad considerable de petróleo que no se puede extraer. Y no
se trata sólo de un aumento de los costos económicos de extracción:
cuando se llega a este límite sería absurdo continuar en la extracción
aunque el petróleo se vendiera a muy altos precios, porque contiene menos
energía que la necesaria para su extracción.
Estos hechos se conocen en realidad desde hace mucho
tiempo. En 1956 el geólogo Hubbert, investigador de la Shell, al
desarrollar estos razonamientos predijo que la extracción de petróleo en
Estados Unidos (con la exclusión de Alaska) habría alcanzado el máximo
en 1970, y luego habría empezado a bajar: esta predicción fue entonces
ridiculizada, pero en realidad ¡este máximo realmente se alcanzó en el
año 1971! Desde entonces la extracción en esta área ha ido bajando rápidamente,
y las predicciones actuales son que, aunque su depósito se halle lejos aún
de agotarse, dejará de dar petróleo dentro de pocos años (sobre la
explotación de los depósitos de Alaska hay una fuerte polémica y una
oposición de los ambientalistas).
Sobre la base de estas consideraciones (que han sido
confirmadas en muchos casos concretos) y de un análisis detallado de
todos los depósitos naturales mundiales, las predicciones más
actualizadas prevén que la tasa de extracción del petróleo en el ámbito
mundial se está acercando rápidamente al máximo que debería alcanzarse
alrededor del final de esta década, y luego empezará a bajar: Alrededor
de la mitad del siglo la tasa mundial de extracción deberá reducirse más
o menos a la mitad del actual. Como confirmación de esta previsión, la
tasa de extracción en los países no-OPEP ya ha alcanzado el máximo en
los últimos años.
Es evidente el dramatismo de esta previsión. La
demanda de petróleo sigue aumentando: el Annual Energy Outlook del
Departamento de Energía de Estados Unidos prevé que la demanda mundial
de crudo se incrementará 61 % en los próximos 25 años, con relación al
año 2003.
Las grandes compañías multinacionales del petróleo
fingen ignorar estas conclusiones. Y la mayoría de sus economistas hacen
lo mismo (así como parecen insensibles a los problemas del medio
ambiente). Pero en agosto pasado Shell ha admitido que 'podríamos ver
escasez de petróleo desde el 2025'.
Además, conclusiones análogas pueden obtenerse con
un razonamiento aún más intuitivo. El máximo del ritmo de
descubrimiento de nuevos depósitos de petróleo se alcanzó en 1965: el
petróleo que se extrae ha superado rápidamente lo que se va
descubriendo.
Actualmente el petróleo total que queda por descubrir
se evalúa en alrededor de 163 Gb (Gigabarril = mil millones de barriles),
y se prevé un aumento de extracción de 6 Gb/año. Mientras, las reservas
totales ciertas y probables se evalúan en 821 Gb, y las posibles,
alrededor de 150 Gb, proveyendo una extracción actual de 23 Gb/año.
Resulta claro que los nuevos descubrimientos no pueden reconstituir el
petróleo que se extrae, así que el ritmo de extracción deberá
disminuir inevitablemente.
Para el gas natural las previsiones no son diferentes,
sólo que el límite máximo resultaría ligeramente atrasado, alrededor
del año 2030, pero con una baja sensible e indetenible hacia el 2050.
Hace falta notar que existen ingentes depósitos, tanto de petróleo como
de gases 'no-convencionales' (arenas bituminosas, aceites pesados o en
aguas profundas, gas polar, metano en cama de carbón); pero su extracción
requiere una tecnología sofisticada y en parte no todavía disponible por
sus costos adicionales; además, suelen contener menos energía, así que
nuevamente la energía necesaria para extraerlos va a poner un límite
determinante. Quedan grandes depósitos mundiales de carbón, pero este
combustible es mucho más contaminante, y su uso conlleva problemas y
costos adicionales (económicos, ambientales, sanitarios).
Las consecuencias de esta situación y de estas
perspectivas pueden ser dramáticas: ¡no habrá petróleo para todos! Los
gobiernos lo ocultan, pero deben conocerlo muy bien: sobre todo el
gobierno de Estados Unidos, cuyo actual presidente pertenece a una de las
familias de los mayores petroleros de Texas, y muchos de sus colaboradores
están vinculados con el petróleo.
Aproximadamente 64 % de las reservas ciertas se
encuentran en el Oriente Medio, y 73 % en países musulmanes. Es evidente
que las guerras pasadas y futuras de Estados Unidos son en buena parte
motivadas por el objetivo de controlar las áreas petroleras más
importantes (Oriente Medio, repúblicas de Asia Central, así como
Venezuela, mientras se agudiza el interés de Estados Unidos por África),
y las áreas estratégicas, en particular las que son necesarias para el
transporte del petróleo y del gas natural (Balcanes,Afganistán, Pakistán,
Cáucaso). El objetivo inmediato fue Irak: ¿cuáles serán los próximos?
¡Esta es la economía del petróleo!
(*)
Angelo Barraca es Doctor en Ciencias y Profesor de
la Facultad de Física de la Universidad de La Habana.
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