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La privatización del agua y el
Banco Mundial
Por Raúl A. Wiener
Alai-amlatina, 02/07/04
En un spot publicitario que se pasa
por cable, el Banco Mundial toma el rostro y la voz de algunos niños y niñas,
que inocentemente anuncian que el sueño de dicha institución es un mundo
sin pobreza.
Pero cuando están despiertos, los
del Banco Mundial, que son siempre mucho mayores y recorridos que los de
la propaganda, promueven las privatizaciones, a lo largo y ancho del
mundo.
Otro sueño propagandístico del
Banco Mundial es que todos los habitantes de la Tierra logren acceso al
agua limpia, para mejorar su calidad de vida.
Pero cuando están despiertos, los
del Banco Mundial están más preocupado en las transnacionales que van a
comprar en las subastas de los servicios nacionales de agua, que en ayudar
a cambiar el desbalance mundial en la distribución de este vital recurso
e impulsar políticas públicas y participaciones del sector privado para
llegar a los que no son atendidos.
Actualmente un habitante del sur
consume un promedio de 20 litros de agua por día. Un estadounidense
supera los 600 litros.
A la velocidad actual consumo se
llegará al final de los próximos 20 años con más de 3 mil millones de
seres humanos sin acceso al agua potable.
Y con una perspectiva de conflicto
global por el control de las fuentes de abastecimiento, que podría ser la
guerra más pavorosa que se haya conocido.
Todo esto podría evitarse de dos
maneras: (a) reduciendo el sobre consumo del norte a un nivel razonable,
lo que permitiría desacelerar la tendencia de agotamiento de las reservas
y compartir mejor con los pobres del sur; (b) ampliando nuevas fuentes de
agua para su uso planificado, evitando su depredación.
¿Qué hace y qué propone el Banco
Mundial, que concentra un enorme capital para créditos y donaciones
aportado globalmente, y que tiene un indiscutible poder de convencimiento
sobre los gobiernos que saben cualquier pelea con ellos equivale a chocar
con la banca y las inversiones internacionales, ante este escenario de
desastre que se anuncia en el horizonte?
Promueve las
privatizaciones
El Banco Mundial, ha defendido
permanentemente la tesis que la forma de aumentar la disponibilidad de
agua, es tratándola como un producto más del suelo y del subsuelo, que
como el cobre, el oro y el petróleo, debe ser explorado y desarrollado
por capitales privados que tengan el aliciente de la ganancia para
animarse a invertir.
Pero, como la condición para que
el capital invierta en explotaciones nuevas es que no tenga obstáculos
para apropiarse también de las viejas, el Banco Mundial también defiende
la privatización de las empresas de servicio de agua en operaciones.
Al final, por cierto, este termina
siendo el tema clave y no las inversiones nuevas.
En términos de capital los plazos
no están dictados por la velocidad en que las poblaciones pueden quedarse
sin bebida, sino en el que pueden hacer las mayores ganancias, por el más
largo tiempo y con el menor costo d inversión y riesgo de capital
posible.
Por eso hablamos de la necesidad de
tener más agua y se contesta que hay que vender las empresas de agua,
como si una cosa tuviera que ver con la otra. Como si alguna de las
experiencias de privatización de servicios públicos, el objetivo de los
compradores hubiese sido llevar el servicio al que le falta, si tienen
tanto techo para explotar a los que ya están conectados.
El Banco Mundial, sin embargo,
tiene su propia respuesta. La privatización conduce a llevar a nivel real
el precio de venta del agua a los usuarios finales.
¿Cuál es el precio real? No el
que cuesta extraerlo y distribuirlo. Sino el que el mercado esté
dispuesto y en condiciones de pagar en un escenario de creciente escasez,
de incapacidad de reemplazar por un sustituto y de oferta monopólica.
El Banco Mundial además dice que
en el largo plazo funcionará un mercado mundial del agua, tal y cual hay
con el petróleo. Así que el precio real será, todo lo anterior, pero
bajo condiciones de competencia en la demanda:
- mucho mayor consumo en el norte
con poder adquisitivo mucho más alto que en el sur ¿cuál puede ser el
resultado?
En el futuro, para que una empresa
o una familia de Estados Unidos, Europa o Japón puedan seguir consumiendo
los volúmenes de agua que hoy mantienen, van a tener que pagar por ello.
Muy bien. Pero eso hará que los
precios del mercado sean prohibitivos para una parte muy grande de la
población del mundo. Les repartirán seguramente bolsas cada cierto
tiempo con agua racionada.
El sueño del Banco Mundial se
estará pareciendo entonces a una pesadilla
Por todo ello, además, no hay como
tomar en serio la fórmula que usan los gobiernos de países como el
nuestro para justificar la privatización y el sometimiento al Banco
Mundial:
- como no hay dinero en la caja
fiscal que prioriza el pago de la deuda externa y la compra de armamento a
los países del norte, la opción que queda es privatizar. Si hay un millón
de personas sin agua en Lima y más del doble en el resto del país, sólo
cabe pedirle al capital privado que ponga la plata y santa solución.
Centenares, tal vez miles, de
estudios se han hecho a todo costo, para llegar siempre a la misma
conclusión: si quisiéramos dar servicio a todos los que no tienen, tener
reservas para el largo plazo, modernizar el servicio, cambiar la tubería
obsoleta y reducir las fugas, etc., se necesita tanta y tanta plata que
los Estados nunca podrán hacerlo.
Curiosamente cuando se hace el
balance país por país se comprueba que lo gastado en estudios que llegan
normalmente a la conclusión que ya sabemos, y que plantean propuestas técnicas
que con seguridad no serán tomadas en cuenta ni por los Estados que
quieren privatizar ni por los compradores de la privatización, alcanza
cifras extraordinarias que hubieran permitido pagar una parte importante
de las inversiones necesarias para la mejora del servicio.
No se crea, sin embargo, que este
es un mero error por propensión al intelectualismo. Nada que ver. Los
estudios son un excelente negocio del Banco, ya que siempre se devuelve el
monto prestado con sus respectivos intereses, y se logra en cambio el
beneficio de comprometer gobiernos y sobre todo gobernantes, instituciones
y sobre todo sus equipos técnicos, en la dirección que el Banco alienta.
Muchos privatizadores han salido convencidos de los estudios del Banco
Mundial, también del BID y otras multilaterales, de que la privatización
es la única alternativa. Pero es legítimo preguntarse si lo que los
convenció fue la investigación o del sueldo pagado por ella.
Lo mismo puede decirse del trato de
prensa. La moda actual es que el Banco Mundial y sus sucedáneos inviertan
en prensa. ¿Y cuál es el problema? Que tenemos una prensa que aparenta
una sinceridad privatista, pero que suele recibir un pago importante por
el ejercicio de esa sinceridad.
Otro efecto de los estudios es que
de repente nos convencen que el problema era nuestro y mucho más grande
que como lo íbamos viendo. Creíamos que el no uso del crédito japonés
para la ampliación de las reservas de agua de Lima había sido la causa
del atraso de los planes de expansión hacia las zonas de ocupación
reciente en la ciudad y que deben consumir agua en cilindros. Creíamos
que la empresa tal o cual, era mal manejada, por la interferencia de los
alcaldes, el manejo político y antitécnico, las administraciones
corruptas, etc.
Creíamos que había soluciones a
la mano
Pero de pronto las cifras de los
estudios del Banco Mundial, irrumpen sobre nosotros y nos lanzan el
mensaje de que no hay manera como el Estado, las regiones y los municipios
puedan hacerse cargo del problema.
Así parece que la privatización
es una bendición de dinero ajeno que anda por ahí y que es cosa de
agarrarnos fuerte de ella.
No hay un plan de privatización
global; hay empresas nacionales que funcionan mal y que piden a gritos ser
privatizadas.
Este es el cuento que vende el
Banco Mundial, creyendo que también nosotros hemos terminado adormecidos
en tantos años de mecedora neoliberal.
Veamos algunos datos:
- existen procesos de privatización
de los servicios de agua potable en países desarrollados (Inglaterra) y
subdesarrollados, desde la segunda mitad de los años 80.
- desde 1994, el tema del mercado
de los servicios en todo el hemisferio americano y de la apertura de las
grandes fuentes de agua: Canadá, Amazonía, Patagonia, ha estado siendo
tratado en el marco de las negociaciones del ALCA.
- en 1995 se suscribió el Acuerdo
General de Comercio de Servicios AGCS, como parte de los compromisos
impulsados por la Organización Mundial de Comercio OMC, que establece un
proceso de liberalización, desregulación y privatización de los
servicios básicos, apuntando a la creación de mercados globales del
agua, la energía, las telecomunicaciones, la salud, la educación, entre
otros.
- los acuerdos sobre servicios son
especialmente peliagudos para la negociación internacional, lo que
significa que cuando sus principales promotores que son los países
desarrollados se encuentran en dificultades para lograr decisiones finales
en escenarios de muchos países, se corren a un acuerdo de ámbito más
restringido: de la OMC al ALCA, por ejemplo, y si allí tampoco les es fácil,
pasan a los TLC bilaterales.
Todos los compromisos de libre
comercio han tenido una especial atención al asunto de los servicios y
las privatizaciones. ¿Cómo afirmar entonces que este es un problema de
alguna empresa o alguna provincia específica de un país perdido en el
mundo como el Perú?
Lo que sí es claro, es que en el
caso concreto del agua estamos ante un fenómeno que aún no ha
sobrepasado el carácter experimental. El modelo todavía no está listo.
Y es que hay detrás una tradición demasiado larga de concebir el
servicio de agua como una obligación del Estado y no como factor de
negocio.
Actualmente sólo el 5% de la
prestación de servicio de agua está bajo manejo de compañías privadas
a nivel mundial.
Además, en el caso de estas
privatizaciones, la cantidad de fracasos y reversiones es muy superior que
en cualquier otro sector: Cochabamba, Buenos Aires, Atlanta, Manila, que
fueron experiencias modelo del Banco Mundial y terminaron en devolución
de las empresas luego que la población no aceptó el ajuste de tarifas y
las nuevas reglas del servicio, y que han conducido al planteamiento de
denuncias con abultadas pretensiones de indemnización por parte de las
transnacionales.
Otras privatizaciones del agua
funcionan muy mal
Recientemente nos hemos enterado
que el primer caso de entrega de una gestión de agua a una empresa
privada en la provincia de Pacasmayo en La Libertad, concluyó en la
devolución de la concesión. Las inversiones ofrecidas no se cumplieron.
La cobertura no creció. El tiempo del servicio se redujo de cuatro horas
diarias a una hora, etc.
Recuperada por los municipios, la
empresa ha mejorado de inmediato. Este caso está requiriendo una profunda
investigación.
Una de las razones por las que la
apuesta de la privatización es tramposa y mentirosa, es que las empresas
privadas que invierten en agua en todo el mundo, son contadas con la mano,
principalmente de origen europeo y en menor grado norteamericanas. Por más
poderosas que sean cada una de ellas, la suma de toda su capacidad económica
no podría cubrir sino una fracción minúscula de las necesidades
detectadas por los estudios del banco Mundial y otros organismos
similares, y para afrontar la crisis del agua para los próximos 20 años.
Entonces, ¿cómo se puede dar como
solución a lo que no tiene capacidad de serlo?
Una sola explicación cabe aquí, y
es que el Banco Mundial está trabajando objetivamente para estas empresas
y que las cifras globales son solamente una manera de dramatizar la
situación para dar paso a inversores muy concretos.
Parece que el sueño del Banco
Mundial cuando asume su cara adulta, es que estas empresas se apoderen de
lo que puedan hacer suyo dentro del mercado de agua del mundo y que desde
allí puedan ensancharse y con las ganancias de un lugar abrir nuevos
negocios en otros, o convencer a inversionistas de otros sectores a entrar
en este pleito.
¿Eso resuelve la crisis que se
viene y las escaseces actuales?
Que cada uno de su respuesta.
Por ahora tengamos claro lo que se
busca desde el Banco Mundial al promover la privatización en el Perú.
- continuar la experimentación
hasta alcanzar el modelo eficiente de privatización.
- empezar desde algunas empresas de
provincias que podrían mejorar el servicio con un simple programa de
racionalización y ajuste de tarifas.
- preparar las condiciones para la
concesión de Sedapal que es el gran negocio a la vista por el número de
conexiones que representa, y de otras prestadoras de servicios de mayor
cobertura.
- incorporar en perspectiva al Perú
dentro del mercado global del agua.
En esas
estamos
Claro, por ahora estamos
discutiendo la solución a la crisis de las empresas nacionales y locales,
y leyendo las cifras locas que se requerirían, según los estudios del
Banco Mundial, para superar esta trágica situación.
Y sólo sospechamos que nos va a
ocurrir lo que ha pasado en otras partes y es la experiencia de las
privatizaciones de empresas de servicios en el Perú.
Sospechamos que las tarifas van a
ser mucho más altas. Porque cualquier empresa que esté mal, podría
estar rápidamente bien si triplica sus precios y obliga a pagar por su
condición de monopolio. Sólo que si ahora lo hacen las empresas
municipales o el gobierno de Toledo los cuelgan en una plaza. Pero creen
que es más difícil hacerlo si se trata de una transnacional.
Sospechamos que en vez de
asociarse, las ideas de venta de agua y conservación ambiental van a
estar más distantes que nunca. Y si esto ocurre, porque los
concesionarios argumentan que ellos sólo tienen el encargo de distribuir
agua potable, con toda seguridad estaremos yendo a generar daños muy
serios al entorno natural que permite el agua limpia y sana. En perjuicio
de la población.
Sospechamos que con nuestra plata
se van a realizar las inversiones que dicen que justifican la privatización.
Sospechamos, es decir lo sabemos,
pero no tomamos plena conciencia de lo que significa, que la privatización
creara fuertes monopolios. Que Sedapal privatizada será como una segunda
Telefónica, con gran poder político. Y que las provinciales serán
probablemente las empresas más importantes de cada región.
Sospechamos que perderemos
democracia, porque el tema del servicio del agua ya no será un debate con
las autoridades, sino una fría oficina de informes de una empresa
privada.
Sospechamos que otra tanda de
trabajadores va a perder su empleo para que los operadores privados
reduzcan sus costos.
Sospechamos que si nos metemos en
este camino, después va a ser mucho más difícil volver para atrás, ya
que habrá todo tipo de presiones, demandas, juicios y demás, para
castigar la osadía de intentar desarmar la privatización.
Sospechamos que el tema de los
pobres sin servicios no lo encararán los concesionarios y dirán que si
el Estado quiere aumentar la cobertura deberá pagar la extensión. Si eso
ocurre, como ha ocurrido tantas veces, la justificación de que el Estado
ya no debe seguir gastando y que la esperanza de los pobres sería una
transnacional, caerá por los suelos.
Sospechamos que cuando una o más
empresas extranjeras administren nuestras fuentes de agua potable, será
mucho más fácil vender este recurso a compradores del exterior. Parece
fantástico. Para eso se está preparando el mundo desarrollado desde hace
algunos años, que ya tiene buena parte de la infraestructura de importación.
Le faltan los exportadores confiables.
¿Excesiva suspicacia de nuestra
parte?
No creemos. Treinta años de
recetas neoliberales, consenso de Washington, ajustes, liberalización de
mercados, reformas y privatizaciones, son más que suficientes, para que
nuestros sueños actuales se realicen con los ojos bien abiertos.
El primer principio que tenemos que
subrayar cuantas veces sea necesario, es que nuestros problemas no
coinciden con los de las economías desarrolladas y en algunos casos son
contradictorios. El trato sur-norte, debe ser para cambiar las reglas de
juego, para que apunten a conservación, protección, justicia, equidad,
democracia, solidaridad. No para adaptarnos al despilfarro, la contaminación,
la desigualdad, la imposición, el interés cortoplacista que domina a los
más ricos y para los cuales trabaja el Banco Mundial.
Si tenemos un sueño es el de
cambiar lo existente. Y si tenemos instrumentos para hacerlo esos son
nuestros recursos naturales y el trabajo de nuestra gente.
El agua es una especie de línea de
frontera en el proceso de anulación de nuestros Estados como factores de
desarrollo interno y actores autónomos en el escenario global.
Pueden discutirse aquí las medidas
de salvataje y mejora, empresa por empresa, región por región. No
tenemos condiciones para hacerlo. No somos los llamados tampoco a dar
todas las respuestas.
Quede que si tenemos valores en el
país debemos usarlos en nuestro favor.
Si el fuerte tiene una debilidad,
mejorar nuestra posición de negociación.
Si requerimos capital, no vender
por ello la dignidad.
Informar, siempre decir la verdad a
la población.
Democratizar, siempre hacer que en
los asuntos importantes prime la opinión de la sociedad.
En Argentina, unos niños y niñas,
salen en un spot y dicen:
"nuestro sueño es un mundo
donde el futuro y la sed de los pobres no dependa de la sed de ganancia de
los más ricos"
"nuestro sueño es un mundo
sin Banco Mundial"
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