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Salarios miserables, superexplotación y prohibición de las
huelgas diseñan
el paraíso mundial de las corporaciones
Perspectivas económicas de China en el mercado mundial
Por Juan Carlos
Galindo
AIS (Agencia de Información
Solidaria), 18/12/03
Durante 2001, Estados Unidos, en virtud de un acuerdo firmado
con China, liberalizó el mercado de corpiños. Es decir, eliminó la tasa
obligatoria -en muchas ocasiones superior al precio final- que las
empresas chinas debían pagar para introducir su producto en el mercado
estadounidense. Los efectos fueron inmediatos. En tan sólo un año, China
multiplicó sus exportaciones por siete y el precio de los corpiños
descendió un 54 por ciento.
Este pequeño ejemplo explica las causas y contradicciones de
la soterrada guerra comercial entre Estados Unidos y China. Las últimas
disputas se centran en la posibilidad de tasar con impuestos especiales
los productos textiles chinos. Washington acusa a Pekín de competencia
desleal, de aprovechar su mano de obra barata y su débil moneda para
inundar el mercado estadounidense de productos “Made in China”.
De hecho, el déficit comercial de Estados Unidos con el país
asiático asciende a 125.000 millones de dólares, es decir, un 22 por
ciento del déficit total de la balanza comercial estadounidense. Según
la administración Bush, esa relación el potencial chino presenta
distintas perspectivas y matices, peligros y oportunidades, ventajas y
desventajas. Por el momento, las dos primeras potencias comerciales del
mundo (la Unión Europea y Estados Unidos) se sienten amenazadas por un
crecimiento económico asombroso. Desde 1980, China ha experimentado un
crecimiento medio por encima del 9 por ciento anual; en veinte años ha
pasado del puesto 34 en la lista de comercio mundial al quinto lugar y es,
además, el primer receptor mundial de inversión extranjera directa
(65.000 millones de dólares previstos para 2004). Por otro lado, su
economía figura entre las seis mayores del planeta.
China, con más de 760 millones de trabajadores, con sueldos
raquíticos y sin ningún derecho de asociación o huelga, está destinada
a convertirse en la fabrica mundial. En la actualidad produce el 50 por
ciento de las cámaras fotográficas, el 30 por ciento de los aparatos de
aire acondicionado y el 30 por ciento de los televisores del mundo. Y esto
sólo es el principio: está previsto que, en 20 años, acapare el 40 por
ciento de la producción mundial de manufacturas. Hoy, más de la mitad de
lo que exportan las grandes empresas multinacionales sale de China.
Las ventajas para producir en China son inmensas. Así, un
trabajador no cualificado cobra menos de una undécima parte del salario
medio europeo. Por otro lado, el próximo año 400.000 nuevos ingenieros
chinos llegarán al mercado de trabajo. Estas y otras inmensas ventajas
convierten a China en un destino preferente. Cerca de 400 de las 500
corporaciones más grandes del mundo han invertido en China, donde existen
más de 430.000 empresas extranjeras.
La exportación está lejos de ser el único objetivo de las
corporaciones extranjeras. China es un mercado de 1.300 millones de
consumidores, un jugoso pastel del que todos quieren disfrutar. A pesar
del escaso desarrollo de la clase media (entre un 5 y un 10 por ciento de
la población total) capas cada vez más amplias de la sociedad china se
suman al consumo capitalista. De hecho, existen más de 200 millones de
teléfonos móviles y en torno a los 400 millones de televisores, y el
sector inmobiliario creció un 33 por ciento durante el último año. Además,
un país con este grado de desarrollo macroeconómico y financiero
necesita infraestructuras, de manera que, para 2020 está prevista la
construcción de 78.000 kilómetros de carreteras.
Comercial deficitaria es, en gran parte, responsable de la
destrucción de puestos de trabajo en Estados Unidos. El mensaje: China
deberá abrir sus mercados y apreciar su moneda o favorecer las
exportaciones norteamericanas en China. De lo contrario, tendrá que
afrontar sanciones y tarifas. Lo que no cuenta el gobierno de Estados
Unidos es que más del 60 por ciento de las exportaciones chinas se
origina en empresas extranjeras, en su mayoría estadounidenses.
Estados Unidos no es el único que teme el brutal potencial
chino. En la Unión Europea han empezado ya ha diseñar una estrategia
para 2005. Será entonces cuando, según lo acordado por la Organización
Mundial del Comercio (OMC), desaparecerán todas las cuotas a la importación
de productos textiles. En la actualidad existen tarifas para más del 80
por ciento de estos productos. Sin embargo, China ya acapara el 53 por
ciento de la producción mundial de calzado y se prepara para el momento
en el que desaparezcan las cuotas: sólo durante 2005 se espera que esta
industria cree 10 millones de puestos de trabajo en China. Consciente de
este potencial, el país del sol naciente se prepara: durante el pasado año,
el 80 por ciento de las máquinas textiles fabricadas en el mundo fueron
compradas por China.
Pero, lejos de reducirse a un crecimiento lineal, homogéneo
y centrado en la industria textil, el potencial chino presenta distintas
perspectivas y matices, peligros y oportunidades, ventajas y desventajas.
Por el momento, las dos primeras potencias comerciales del mundo (la Unión
Europea y Estados Unidos) se sienten amenazadas por un crecimiento económico
asombroso. Desde 1980, China ha experimentado un crecimiento medio por
encima del 9 por ciento anual; en veinte años ha pasado del puesto 34 en
la lista de comercio mundial al quinto lugar y es, además, el primer
receptor mundial de inversión extranjera directa (65.000 millones de dólares
previstos para 2004). Por otro lado, su Producto Interior Bruto (PIB) es
ya el doble que el de España y su economía figura entre las seis mayores
del planeta.
China, con más de 760 millones de trabajadores, con sueldos
raquíticos y sin ningún derecho de asociación o huelga, está destinada
a convertirse en la fabrica mundial. En la actualidad fabrica el 50 por
ciento de las cámaras fotográficas, el 30 por ciento de los aparatos de
aire acondicionado y el 30 por ciento de los televisores del mundo. Y esto
sólo es el principio: está previsto que, en 20 años, acapare el 40 por
ciento de la producción mundial de manufacturas. Hoy, más de la mitad de
lo que exportan las grandes empresas multinacionales sale de China.
Las ventajas para producir en China son inmensas. Así, un
trabajador no cualificado cobra menos de una undécima parte del salario
medio europeo. Por otro lado, el próximo año 400.000 nuevos ingenieros
chinos llegarán al mercado de trabajo. Estas y otras inmensas ventajas
convierten a China en un destino preferente. Cerca de 400 de las 500
corporaciones más grandes del mundo han invertido en China, donde existen
más de 430.000 empresas extranjeras.
La exportación está lejos de ser el único objetivo de las
corporaciones extranjeras. China es un mercado de 1.300 millones de
consumidores, un jugoso pastel del que todos quieren disfrutar. A pesar
del escaso desarrollo de la clase media (entre un 5 y un 10 por ciento de
la población total) capas cada vez más amplias de la sociedad china se
suman al consumo capitalista. De hecho, existen más de 200 millones de
teléfonos móviles y en torno a los 400 millones de televisores, y el
sector inmobiliario creció un 33 por ciento durante el último año. Además,
un país con este grado de desarrollo macroeconómico y financiero
necesita infraestructuras, de manera que, para 2020 está prevista la
construcción de 78.000 kilómetros de carreteras.
En la otra cara de la moneda, la desestabilización del
mercado laboral mundial aparece como el efecto más negativo. Dos ejemplos
ilustran este proceso: IBM ha cerrado su planta de producción en Hungría
(uno de los países con costes laborales más bajos de Europa) para ir a
China, donde el coste es aún un 75 por ciento inferior; Camboya o México,
lugares donde los salarios son míseros, están perdiendo capacidad de
atracción ante la extrema competitividad china. Cualquiera que desee
rivalizar con el gigante asiático ha de aumentar su competitividad. Es
decir, reducir los salarios, hacer desaparecer los derechos laborales,
aumentar las jornadas por encima de las 70 horas semanales... Además, a
través de este increíble desarrollo, el régimen del Partido Comunista
de China (PCCh), uno de los más represivos del mundo, gana legitimidad
ante su pueblo.
Mientras, Occidente trata de sacar partida del crecimiento de
quien se proyecta como una de las grandes potencias del este siglo. Todo,
siempre, entre el miedo, la sorpresa, la admiración y el silencio. Bussines
is bussines.
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