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Mujeres
Bajo el
yugo de la maquila
Mujeres
Hoy
Enviado
por Correspondencia de Prensa, Nº
651, 23/07/04
Mano de obra barata. Muy barata. Producción en serie, precariedad
laboral y abundancia de mujeres obreras sometidas a extenuantes jornadas.
No estamos hablando de la mítica y “eficiente” Asia. En nuestra América
Latina lamentablemente también abunda este viejo sistema de “producción”
y “explotación”, conocido como maquila.
Es la lógica obvia del libre mercado: bajar costos y aumentar
productividad. Pero la fórmula es perversa, porque retrocede en el tiempo
cualquier terreno ganado en materia de derechos laborales.
Y lo peor de todo es que la falacia
del “chorreo” neoliberal, se ampara en los beneficios que traería la
supuesta “industrialización local” en manos de transnacionales.
Elegantemente se le llama “relocalización”.
Es decir, fábricas de países desarrollados, que se instalan en los
subdesarrollados para bajar sus costos de producción y –dice el
verso– dar trabajo a la población local, aumentar exportaciones y
productividad nacional.
Pero lo cierto es que las cifras
dicen otras cosas. Un comprador canadiense pagará hasta 35 dólares por
una camisa de la reconocida marca GAP. Y en el Salvador, la mujer que la
confeccionó en una de las tantas plantas maquiladoras, apenas ganará 27
centavos de dólares por cada una.
Eso no es todo, porque las
condiciones laborales en las que esa obrera cosió y ensambló las partes
de la cotizada camisa, son simplemente medievales. Su “sueldo”
dependerá sólo de las prendas que sea capaz de confeccionar, en un
salvajismo neoliberal que no respeta condición humana, derechos básicos
como descansos y menos protección de salud ante accidentes o
enfermedades.
Ellas, porque casi todas las
maquilas funcionan con mano de obra femenina, son parte clave del sistema
productivo, pero trabajan bajo la constante amenaza de quedarse sin fuente
laboral, debido a la gran cantidad de postulantes disponibles en nuestros
“subdesarrollados” países.
Y el que sean mayoritariamente
mujeres no es casualidad. Se les paga menos, trabajan incluso más y las
medidas de presión aprovechan la imperiosa necesidad del gran número de
madres solteras que deben alimentar a sus hijos a cualquier costo. Ni
hablar del embarazo.
Atrás quedan las viejas ideas de
desarrollo nacional, dando paso a la economía globalizada que ofrece mano
de obra abundante, joven y barata, pero que además tiene todas las
facilidades legales entregadas por los necesitados gobiernos de América
Latina para promover la instalación de las añoradas empresas
internacionales… sin mayores regulaciones locales que “pueda espantar
la inversión extranjera”
Estas son las maquilas. Que como su
etimología lo dice, se inspiran en el goteo casi miserable de una
irrisoria fracción del trabajo desarrollado. Maquila es un término árabe
que significa “porción de grano, harina o aceite que corresponde al
molinero por la molienda”.
Vieja costumbre
Entre los años sesenta y setenta
comienza el proceso de traslado de ciertas industrias de ensamblaje desde
los Estados Unidos hacia América Latina. Pero para los años noventa, la
práctica se hace masiva, gracias al impulso liberalizador del comercio
internacional.
Sin embargo, estas industrias no
representan ningún beneficio para los países donde se instalan. Lo son,
en todo caso, para los capitales que las impulsan, en tanto se favorecen
de las ventajas ofrecidas por los países receptores.
Y el traslado de este tipo de
industrias se ha producido fuertemente desde Estados Unidos hacia México,
América Central y Asia, pero también desde Taiwán, Japón y Corea del
Sur hacia el sudeste asiático y hacia Latinoamérica, con miras a
abastecer al mercado estadounidense.
En el caso de Europa, las empresas
italianas, alemanas y francesas primero trasladaron sus actividades
productivas hacia los países de menores salarios como Grecia, Turquía y
Portugal, y, luego de la caída del muro de Berlín, a Europa del Este.
Actualmente se han instalado también en América Latina, donde incluso la
mano de obra puede resultar más barata que en Taiwán o Corea del Sur.
a Red de Solidaridad de la Maquila,
con sede en Toronto, Canadá, calcula que la ganancia en el papel del
presidente de Nike, Phil Knight, es de 215 millones de dólares, ¡10
veces las ganancias totales de 55000 trabajadores indonesios de la
transnacional!
os beneficios que obtienen las
maquilas son aún mayores si se toma en cuenta que éstas reciben dólares
de Estados Unidos por sus ventas y en cambio pagan salarios en moneda
local que se devalúa constantemente con relación al dólar.
Sin embargo, las maquilas cobran
una creciente importancia en todo el continente. En México, una cuarta
parte de la mano de obra industrial trabaja en las 4.079 plantas
maquiladoras ubicadas ya no sólo en los estados fronterizos con Estados
Unidos sino en el interior del país. El tratado de Libre Comercio de América
del Norte –vigente desde 1994– ha favorecido y potenciado la instalación
de grandes transnacionales, como General Electric, AT$T, Ford Motor,
General Motor y Mattel Toys, sólo por nombrar algunas.
En Costa Rica, El Salvador,
Honduras, Guatemala, Panamá y República Dominicana los puestos de
trabajo en las maquilas superan holgadamente los 500.000.
Pero muchos gobiernos, sobre todo
centroamericanos, alardean de sus cifras de exportación que supuestamente
aumentan rápidamente gracias a la industria de las maquilas. Seis países
de la región (Costa Rica, El Salvador, Guatemala Honduras, Nicaragua y
Panamá) exportan más de 3.000 millones de dólares, según el estudio
Les Republiques Maquilas de Karin Lievens, de Oxfam Solidaridad de Bélgica.
Pero la realidad es otra.
En El Salvador, por ejemplo, en
1996, las maquilas exportaron alrededor de 709,7 millones de dólares,
pero, en el mismo tiempo, las empresas importaron alrededor de 541,5
millones de dólares. De hecho, se trata de los mismos productos: del país
de origen se importan camisas, pantalones, camisetas o vestidos que luego
de ser confeccionados, planchados y empaquetados son de nuevo
reexportados.
El saldo que queda de las dos
operaciones es de apenas 168,2 millones de dólares. Se trata del valor añadido
por concepto de arriendo de terrenos a las maquilas, salarios, costos de
aprovisionamiento como agua potable, electricidad y mantenimiento de las máquinas.
No se cobran impuestos sobre las exportaciones y las importaciones ni
tasas comunales o derechos de aduana.
as maquilas no hacen uso de las
materias primas nacionales (salvo si se trata de productos de madera o agrícolas),
porque importan todos los insumos, desde el hilo hasta los botones. Y
tampoco transmiten conocimientos y tecnología, porque la industria del
vestido, en esta etapa, no requiere de tecnologías avanzadas, según el
estudio de Oxfam Bélgica.
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