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Tragedia en Sudán
¿Son los ocupantes de Irak la
respuesta aquí?
Por Charlie Kimber
Socialist Worker, nº 1912, 31/07/04
Traducción libre hecha por Liga
Marxista, Islas Canarias
Tony Blair dice que 5.000 soldados
británicos están dispuestos para intervenir en Darfur, el Oeste de Sudán.
Nadie puede dudar del terrible sufrimiento de la región. Pero la
intervención de las fuerzas militares no hará sino empeorar la situación.
Las tropas británicas ya han ayudado firmemente en conflictos petrolíferos
vendiendo armas a lo largo del continente africano. Lo que Darfur necesita
es una avalancha de comida, agua y otras asistencias, no bombas ni armas.
La tragedia de Sudán es producto
del colonialismo, un sistema mundial que sujeta a cientos de millones de
africanos a la casi hambruna, y las maniobras de los grandes poderes y las
multinacionales. Los poderes imperiales que presiden este sistema no
resolverán los problemas de Sudán.
El pasado mes el informe de
desarrollo humano de las Naciones Unidas mostró que la expectativa de
vida en África está cayendo. En siete países, está ahora por debajo de
los cuarenta años. La malnutrición y la pobreza están subiendo.
Este es el mundo que Blair y Bush
defienden: uno en donde la gente todavía hambrienta, con falta de
protección básica y sin acceso a agua potable, mientras que los EEUU
gastan 400 billones de dólares al año en armamento. Esta supuesta
preocupación para África es una cortina de humo sobre sus motivos
reales.
División artificial
La crisis en Darfur está rodeada
de mitos. Muchos acontecimientos de la lucha sugieren que es entre “árabes”
y “africanos”. Algunos incluso dicen que es entre musulmanes y
cristianos. De hecho, toda la gente en Darfur es musulmana.
Hay están las distinciones
tradicionales entre diferentes grupos. Pero, como en otras partes de África,
éstas están basadas más en funciones económicas que en la raza.
Existen dos clases de grupos en la sociedad de Darfur. Los primeros son
granjeros, quienes se dedican al cultivo. Los segundos son pastores nómadas
que cuidan de camellos y ganado. El primer grupo es al que los medios de
comunicación llaman los africanos. Al segundo, lo llaman los árabes. De
hecho, los dos grupos se parecen el uno al otro, hablan el mismo lenguaje,
dependen el uno del otro para los medios de vida y, en muchos casos,
comparten vínculos familiares.
Como Alex de Wall escribió en el
“Observer” el domingo, “Los árabes de Darfur son negros, indígenas,
africanos y musulmanes –justo como los no-árabes de Darfur, quienes son
originarios de Fur, Masalit, Zaghawa y una docena de tribus más pequeñas”.
Durante siglos estos grupos han
tenidos enfrentamientos en diversas ocasiones, pero también se han casado
entre sí y cooperado entre ellos. En la mayoría de los casos, las
disputas sobre el agua y los derechos sobre la tierra fueron resueltos por
negociaciones y compromisos.
Cuando los medios de comunicación
y los gobiernos del mundo hablan de guerra entre árabes y africanos,
ellos están haciéndole el juego a los gobernantes de Sudán. Lo que
ahora llamamos Sudán, es una creación del colonialismo, por el que
lucharon Francia y Gran Bretaña hace un siglo.
Es en este país en donde el héroe
británico imperialista, el General Gordon, fue asesinado en Khartoum en
1885 por los indígenas que se habían alzado contra las leyes
extranjeras.
El colonialismo británico dividió
Sudán entre norte y sur, (las raíces de otra guerra civil moderna en Sudán,
separadas una de otra por en Darfur), y atizó las divisiones étnicas
para hacer su dominio más fácil.
Trabajo barato
Desde su independencia en 1956, el
gobierno sudanés ha suprimido violentamente cualquier movimiento hacia la
autonomía regional, porque esto puede amenazar su control sobre las
reservas de petróleo.
En la última década, la pobreza
de Darfur ha empeorado. El gobierno central también ha presionado para
abaratar el trabajo en la zona. Todo esto condujo a la revuelta, que se ha
incrementado exponencialmente desde hace un año.
Para romper la rebelión, el
gobierno ha acentuado las diferencias étnicas, animando a algunos grupos
a verse así mismos como los únicos “árabes”.
Esto es la trastienda de a presente
guerra, con el gobierno usando helicópteros, armas y jet para respaldar a
las milicias que crecen para destrozar poblados y asesinar a sus
oponentes.
Occidente ya ha intervenido
desastrosamente
Conflictos como Darfur no tienen
una explicación sencilla en lo referente a lo que ocurre en la zona. Los
EEUU hace mucho que están interesados en Sudán. Sonará
“sorprendente” que los motivos han girado siempre sobre el poder y el
petróleo.
En 1970 Sudán era un aliado
preciadísimo de la Guerra Fría, en ese sentido Jaafar Nmeiri movió Sudán
desde las alianzas con el bloque soviético a abrazar a occidente. Llegó
a ser el mayor beneficiario de asistencia extranjera de los EEUU en todo
el África sub-sahariana.
En los años ochenta, la firma
estadounidense Chevron invirtió un billón de dólares en prospecciones
de petróleo en el sur de Sudán. Hasta después de la caída de Nimeiri
en 1985, los EEUU respaldaron al gobierno sudanés para promocionar su
petróleo y sus intereses estratégicos.
Los EEUU mantuvieron la asistencia
y aliviaron a deuda a Sudán, a la vez que estaban llevando a cabo una
cada vez más destructiva guerra en el sur, más que la actual en Darfur.
Pero en 1989 la Guerra Fría terminó, y a la vez, el movimiento islamista
de Omar al-Bashir tomó el poder en Sudán. Chocaron con los EEUU porque
rehusaron apoyar en 1991 la guerra con Irak. Los EEUU respondieron
deteniendo la ayuda con alimentos en una época de hambre desesperada.
Sudán era ahora señalada como país
“terrorista”. Pero el dinero de nuevo habló, y la Administración de
Bill Clinton comenzó a hacer tratos con el gobierno para explotar sus
reservas de petróleo. La política cambió otra vez después de las
bombas en las embajadas de EEUU en Kenya y Tanzania.
En 1998, Clinton anunció que Sudán
estaba ayudando a los terroristas y lanzó una ráfaga de misiles
cruceros, destruyendo la única planta farmacéutica del país. Ésta
producía el 50% de las medicinas y vacunas veterinarias del país. La
destrucción de la planta de al-Shifa condenó a muchos miles de personas
a la muerte, y los EEUU han rehusado a día de hoy a indemnizar al
gobierno sudanés o a los propietarios de la planta.
Ahora Bush ha girado de nuevo otra
vez para mantener relaciones más amistosas con el gobierno para limpiar
el camino para más acuerdos petrolíferos.
Hasta muy recientemente EEUU
evitaba toda mención a los disturbios en Darfur en caso de poner en
peligro los acuerdos de paz entre norte y sur. Estos acuerdos podrían
permitir mayor estabilidad para las multinacionales del petróleo.
Hace una década, EEUU fue a
Somalia en la misma región, dio marcha atrás por las imágenes de hambre
y guerra entre brutales señores de la guerra. En unos pocos meses, los
EEUU fueron odiados por los somalíes, quienes les habían dado la
bienvenida. Las tropas de EEUU no hicieron nada por parar el hambre y
finalizó entregando el poder a los señores de la guerra que se suponía
que habían desarmado. Es improbable que sea muy diferente de las tropas
británicas en Sudán.
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