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Alimentos OGM
Transgénicos sí, transgénicos no
Por Pablo Escribá (*)
Red Voltaire, 19/05/04
La falta de legislación permite la presencia de sustancias
potencialmente tóxicas en alimentos de consumo humano.
La historia de la humanidad va, en cierta manera, ligada a la
historia de la agricultura. Cuando el hombre pasó de recoger lo que la
naturaleza le ofrecía a plantar, cuidar y disfrutar de aquello que más
le gustaba, comenzó la época moderna. Desde entonces hemos podido
manejar la naturaleza para nuestro beneficio. Desde entonces, no hemos
dejado de aumentar en número sobre la faz de este planeta (algo que, por
cierto, puede llegar a ser peligroso).
Desde entonces, hemos vivido una existencia cada vez más
segura. Durante siglos, el hombre ha ido escogiendo las cepas y razas de
hortalizas, frutas y verduras que más le han gustado. Durante siglos se
han ido cruzando y seleccionado aquellas variantes más apetitosas. Por
otro lado, hace menos de tres décadas comenzó una revolución en la
biología. La era de la biología molecular.
Los trabajos pioneros de Jacob y Monod podrían considerarse
como los prolegómenos de esta nueva época. Sin embargo, y por poner una
fecha de inicio, fue el trabajo de Southern a finales de los setenta,
sobre el marcaje de ADN sobre membranas sintéticas, el que considero como
punto de partida de la era molecular.
De ahí a la modificación genética de organismos no se tardó
mucho. Inicialmente, fueron organismos primitivos y simples, como
bacterias y virus bacteriófagos, los que se manipularon para preparar
genotecas de ADN con las que se clonaron genes de muchas especies
(incluidos humanos).
Estos estudios sirvieron para descifrar el código genético
y, con él, la secuencia de aminoácidos, de un gran número de proteínas
y, posteriormente, su función. El conocimiento que se tiene hoy en día
del hombre y las bases moleculares de sus enfermedades no sería igual sin
estos avances. Estas investigaciones han permitido desarrollar terapias
para esas patologías. Desde hace unos años, la investigación biomédica
ha evolucionado con dos nuevos hitos en la historia de la ciencia: los
animales transgénicos y las células madre. En este contexto, se ha
producido aquello que era lógicamente esperable, el cruce entre
agricultura y biología molecular. Este cruce ha dado lugar a lo que se
conoce como alimentos transgénicos.
Ahora viene la pregunta clave ¿Alimentos transgénicos sí o
no? La respuesta es mucho más compleja de lo que pueda parecer en un
principio, por lo que es mejor dar todas las explicaciones necesarias para
comprender el tema. En primer lugar, explicaré en qué consiste un
organismo transgénico. La plantas transgénicas (o cualquier otro
organismo modificado genéticamente, OGM) suelen tener genes que no poseían
en estado natural. También pueden carecer de algún gen que aparezca en
la especie natural.
Puede ser un gen de otra especie, de ahí el nombre de transgénico.
Incluso se pueden inducir algunos genes para que sólo se expresen en
determinadas situaciones, aunque este tipo de OGM suelen emplearse más
para investigación biomédica que para elaborar plantas de diseño.
Todas estas modificaciones se realizan en laboratorio y se
introducen a posteriori en la planta. Hasta aquí, todo sería parecido a
cruzar cepas para escoger lo mejor de cada una. Es decir, sería como lo
que se ha hecho a lo largo de la historia de la humanidad, pero acelerado
y dirigido. Más rápido y apuntando en una dirección concreta. Esta
estrategia abriría unas posibilidades increíbles ¿Se pueden imaginar
tomates gustosos, naranjas jugosas o pimientos crujientes? ¿Se pueden
imaginar frutas y verduras con más vitaminas y oligoelementos?
Sería maravilloso, pero la realidad es muy distinta. Los
alimentos transgénicos no se están preparando para beneficiar a los
consumidores, sino para lucro de los productores. Los alimentos transgénicos
no son mejores que los que ya hay en el mercado (de cara a los que estamos
destinados a comerlos), sino que se preparan para que resistan
enfermedades o plagas que aumentan los costes de producción. ¿Cómo
evitarlo? Introduciendo en las plantas genes que producen antibióticos,
insecticidas o toxinas. Eso puede evitar el ataque de microorganismos o
insectos, pero a expensas de mantener elevadas cantidades de productos tóxicos
en el vegetal. Naturalmente, esas sustancias tóxicas van, finalmente, a
parar a los estómagos del consumidor.
A sus estómagos y a sus hígados y a su corazón, sus músculos
e incluso puede que hasta su cerebro. Esa es la triste realidad. Algunos
quieren justificar esta estrategia en base a la producción de alimentos
suficientes para abastecer las regiones más desfavorecidas. Este
argumento es una mera excusa. Los productos como sorgo, mijo o patata, que
abastecen grandes regiones subdesarrolladas, no son objeto de investigación
en el campo de los transgénicos.
Lamentablemente, esto no es lo peor de todo. Cuando el
consumidor va a la tienda, no se le informa de cómo está modificado el
alimento transgénico (si es que tiene la suerte de que la etiqueta
indique al menos que contiene un alimento transgénico) y las sustancias tóxicas
que pueda tener. La cuestión no es, por lo tanto, transgénicos sí,
transgénicos no. Como cualquier otra cosa hecha por el hombre, los
alimentos transgénicos pueden ser buenos o pueden ser malos. Como un
cuchillo, puede emplearse para tareas domésticas o para hacer daño. El
debate no debe centrarse en legislar todo lo concerniente a este asunto.
Cualquier tipo de sustancia que se quiere introducir para uso humano debe
ser estudiada hasta la saciedad.
Actualmente, se pueden escoger alimentos sin aditivos
(conservantes, colorantes, potenciadotes del sabor, etc.), ya que su
presencia viene indicada en la etiqueta de los alimentos de muchos países.
Sin embargo, no tenemos esa oportunidad con lo alimentos transgénicos. No
tenemos opción de saber soi el alimento transgénico produce alguna
sustancia potencialmente tóxica para la salud. Por lo tanto, aun en el
caso de que contuviera un producto que no deseamos ingerir, no tendríamos
la oportunidad de descartarlo.
Ante este estado de cosas y dada la falta de legislación e
información sobre el tema, mi postura sobre el tema es no a los alimentos
transgénicos. Pero... ¿cómo sabré distinguirlos cuando estén delante
de mí?
(*) Biólogo molecular español, investigador científico y
divulgador cultural.
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