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Corrupción
El dinero sucio se lava más y
mejor en el Norte
Por Miren Gutiérrez (*)
Inter Press Service (IPS), agosto 2004
Roma.- En el ambiente de las altas
finanzas, las siglas en inglés PEP ("politically exposed person")
se utilizan para definir a líderes políticos o funcionarios de gran
exposición pública. Manejar sus cuentas es un negocio grande, pero
peligroso.
El Banco Riggs, con sede en
Washington, debió pagar una multa de 25 millones de dólares por
administrar de modo indebido activos de PEP y cuentas bancarias de
extranjeros con dinero de origen cuestionable.
La estadounidense Red de Control de
Delitos Financieros estima que por año se lavan en el mundo 1,5 billones
de dólares, la mayor parte en instituciones de los países ricos, y no en
los paraísos fiscales o la banca offshore (extraterritorial) del Caribe o
el Pacífico.
Las operaciones de lavado son, en
esencia, la introducción en el sistema financiero legal de dinero
obtenido en delitos como narcotráfico, tráfico de armas o cobro de
sobornos, entre otros.
Las transacciones del Riggs fueron
expuestas en julio por un subcomité de investigaciones permanente del
Senado de Estados Unidos, según el cual el banco tenía como clientes
favoritos al dictador Teodoro Obiang Nguema, del país petrolero Guinea
Ecuatorial, y al ex dictador chileno Augusto Pinochet (1973-1990).
Este mes, la Comisión de Valores y
de Bolsas de Estados Unidos comenzó a investigar a cinco compañías
petroleras de ese país (incluida la gigante ExxonMobil) que depositaron
millones de dólares en cuentas de Obiang Nguema, sus familiares y
colaboradores. ExxonMobil negó cualquier acción ilegal.
Según la investigación del
Senado, esas cuentas con más de 700 millones de dólares estuvieron
abiertas entre 1995 e inicios de este año.
“El Riggs estaba claramente
advertido de las preocupaciones sobre la corrupción en Guinea
Ecuatorial”, afirma el reporte del Senado.
En el caso de Pinochet, la
evidencia obtenida por el subcomité indica que “entre 1994 y 2002 el
Banco Riggs abrió al menos seis cuentas y emitió varios certificados de
depósito para Augusto Pinochet… mientras éste estaba bajo arresto
domiciliario en Gran Bretaña. Los depósitos agregados a sus cuentas
fueron de cuatro a ocho millones de dólares de una vez”.
Según el diario londinense The
Observer, Pinochet percibía un salario anual de 16.000 dólares en 1997,
como comandante en jefe del ejército de su país, cargo que reservó para
sí cuando la democracia fue restaurada en Chile, en 1990.
Hasta ahora el general sólo había
sido investigado por la justicia por las graves violaciones de derechos
humanos cometidas por su régimen.
El colapso del Banco de Crédito y
Comercio Internacional (BCCI), en 1991, es considerado el fraude bancario
más grande de la historia, pues involucró miles de millones de dólares.
Aunque su casa matriz estaba en
Luxemburgo, era administrado desde Londres. Pero el proceso de liquidación
involucró a tribunales de muchos países.
En 2001, la británica Cámara de
los Lores autorizó el inicio del juicio contra sus responsables.
El banquero Agha Hasan Abedi fundó
el BCCI con una intrincada estructura diseñada para eludir controles en más
de 70 países en los que llegó a operar.
Los propietarios y ejecutivos del
BCCI han sido acusados de delitos que incluyen lavado de dinero, sobornos,
financiación de terrorismo y tráfico de armas y de drogas.
Los depositantes legítimos de la
institución perdieron millones de dólares cuando ésta cerró sus
puertas al hacerse pública su insolvencia. En su momento de mayor
esplendor, llegó a contar con activos por 20.000 millones de dólares.
Los liquidadores, que han
recuperado 75 por ciento de los depósitos perdidos, culpan al Banco de
Inglaterra de haber hecho muy poco pese a conocer las “debilidades”
del BCCI.
Los problemas del banco databan de
1985. Tres años después, una de sus colaterales fue cerrada en Tampa,
sur de Estados Unidos, tras una acusación de lavado de dinero.
La reconstrucción de lo ocurrido y
los testimonios de los gerentes documenta su sistemático respaldo a depósitos
de bancos centrales de países en desarrollo, sus favores a los PEP y su
renuencia a adoptar controles.
“Si bien los paraísos fiscales
están metidos hasta el cuello en el lavado de dinero, es erróneo creer
que la mayor parte del dinero sucio es lavado allí y en países en
desarrollo, una impresión cultivada por los gobiernos de las naciones
centrales para culpar a otros de lo que pasa en su propia casa”, dijo el
editor de Offshore Alert, David Marchant, una publicación de investigación
con sede en Miami.
En Nueva York y en Londres se lava
más dinero que en cualquier otro lugar del mundo, afirmó Marchant
entrevistado por IPS mediante correo electrónico.
“Asimismo, mucho del dinero
lavado en países pobres lo es en bancos que son filiales, subsidiarias o
socias de bancos en los grandes países, como Estados Unidos y Gran Bretaña”,
abundó.
“Londres, Nueva York, Tokio, París,
Francfort y, por supuesto, Suiza, tienen sus propios y lucrativos negocios
parafiscales. Y muchos delincuentes prefieren transacciones con los
grandes centros, donde el enorme volumen de dinero cambiando de manos
cubre sus huellas”, decía en 2002 un informe de la cadena británica de
noticias BBC.
“Los 1.600 millones de dólares
robados a Nigeria por la familia del ex dictador Sani Abacha (1993-1998)
no se hallaron en islas del Caribe o del Pacífico, sino en prestigios
bancos de Gran Bretaña y Suiza”, añadía la investigación.
“Y el dinero desviado por Raúl
Salinas, hermano del ex presidente mexicano Carlos Salinas (1988-1994),
terminó en el que era entonces el grupo bancario más grande del mundo,
Citibank”, afirmaba.
Una investigación del Senado
estadounidense de 1999 concluyó sin hallar evidencias de que el Citibank
hubiera cooperado a sabiendas con Salinas, cuyos negocios turbios le
dejaron una fortuna de 100 millones de dólares. Pero el banco no aplicó
los procedimientos que hubieran evitado el ingreso de dinero sucio, advertía
el reporte.
Raúl Salinas fue acusado de
canalizar dinero de sobornos y venta de drogas fuera de México utilizando
subsidiarias del Citigroup en Suiza y Gran Bretaña, entre 1992 y 1994. En
1995 fue arrestado y sentenciado a 50 años de prisión por la muerte de
un alto dirigente de su propia colectividad política, el entonces
gobernante Partido Revolucionario Institucional.
Asif Ali Zardari, esposo de la ex
primera ministra paquistaní Benazir Bhutto (1988-1990 y 1993-1996), el
presidente de Gabón, Omar Bongo (en el poder desde 1967) y los hijos de
Sani Abacha, Mohammed e Ibrahim, fueron otros PEP citados en el informedel
Senado estadounidense, en 1999.
Ese mismo año, el Banco de Nueva
York fue investigado por el origen de miles de millones de dólares
traspasados desde cuentas en Rusia hacia Londres y Nueva York.
Un artículo del diario The New
York Times aseguraba que “miles de millones de dólares han sido
canalizados a través del Banco de Nueva York el año pasado en lo que se
cree una enorme operación de lavado de dinero del crimen organizado
ruso”.
En febrero de 2000, una ex
ejecutiva del banco neoyorquino en Londres, Lucy Edwards, y su esposo,
Peter Berlin, se declararon culpables del cargo de lavado de dinero y
admitieron haber aceptado 1,8 millones de dólares para armar un mecanismo
de introducción de dinero ruso a la institución.
La Reserva Federal del estado de
Nueva York sancionó al banco por deficiencias en sus prácticas contra el
lavado de dinero, una medida sin ninguna multa en dinero y que “está
muy lejos de una orden firme que los reguladores podrían imponer”, opinó
el New York Times.
“Según mi experiencia, las
mayores instituciones financieras lo son en parte por su voluntad de hacer
negocios y aceptar dinero de cualquiera, si creen que pueden obtener
beneficios”, dijo Marchant, quien ha investigado el lavado de dinero en
el Caribe.
“Cuanto más grande es el banco,
más grande es el problema del lavado de dinero, y de ninguna manera puede
llevarse a cabo sin conocimiento”, dijo.
La lista de países y territorios
que no cooperan con las acciones para frenar este delito, elaborada por el
Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), creado por la Organización
para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), sólo incluye a países
pobres como Islas Cook, Indonesia, Birmania, Naurú, Nigeria y Filipinas.
Hay un vínculo sospechoso entre
las medidas del GAFI y una armonización impositiva global liderada por la
OCDE, en gran medida diseñada para ayudar a los países más grandes a
recaudar más impuestos, dijo Marchant.
Cincuenta y nueve de los 100
mayores empresas contratistas del gobierno estadounidense tienen alguna
subsidiaria incorporada en un paraíso fiscal, según un informe de una
oficina de investigaciones del Congreso legislativo estadounidense,
publicado en febrero.
La quebrada Enron, por ejemplo,
incorporó cientos de subsidiarias en las islas Caimán, pero no tenía
siquiera una oficina instalada allí.
“Estas subsidiarias permitieron a
Enron esconder miles de millones de dólares cuando la firma era litigada
por sus accionistas e investigada por posibles prácticas contables
fraudulentas”, según una carta de enero de 2002 de la organización de
consumidores Public Citizen dirigida al entonces secretario (ministro) del
Tesoro de Estados Unidos, Paul O’Neill.
El consorcio italiano de alimentos
Parmalat, que quebró en 2003, utilizó tres subsidiarias en islas Caimán
para alterar sus activos, según fiscales de Italia.
La compañía de inversiones y
consultora J.P. Morgan Chase estima que unos 650.000 millones de dólares
en ganancias obtenidas por empresas estadounidenses en el exterior durante
décadas jamás fueron declaradas ni pagaron impuestos dentro del país.
Las medidas contra el lavado de
dinero parecen no tener efecto disuasorio en algunos casos.
El “Reporte sobre banca
corresponsal: un portal para el lavado de dinero”, realizado por el
subcomité permanente de investigaciones del Senado de Estados Unidos en
2001, señala que los bancos de ese país, “a través de cuentas
corresponsales que otorgan a bancos extranjeros, se han convertido en
conductos del dinero hacia el sistema financiero estadounidense”.
La banca corresponsal permite a una
institución de un país mover fondos, efectuar operaciones de cambios de
moneda u otras transacciones financieras en otro país a través de un
segundo banco con sede allí, actividades todas sujetas a muy pocos
controles hasta la publicación del informe.
Muchos de los más grandes bancos
internacionales ubicados en los principales centros financieros sirven
como corresponsales para miles de bancos de países más pequeños.
“Las cuentas corresponsales en
bancos de Estados Unidos dan a propietarios y clientes de bancos
extranjeros con escasas regulaciones, administraciones dudosas y a veces
corruptos acceso directo al sistema financiero estadounidense y libertad
para mover dinero dentro del país y en todo el mundo”, afirmaba el
reporte.
Entre los bancos corresponsales de
ese país con controles débiles se encontraban Security Bank NA, de
Miami, The Bank of New York, Bank of America, Amtrade Bank, también de
Miami, Citibank, First Union y Harris Bank International.
Según estimaciones del
Departamento de Defensa de Estados Unidos, los ataques terroristas del 11
de septiembre de 2001 contra Nueva York y Washington requirieron a sus
perpetradores menos de un millón de dólares.
Las sumas utilizadas en actividades
terroristas son pequeñas comparadas con los montos del lavado de dinero,
y se suelen utilizar recursos legítimos para financiarlas.
La polémica Ley Patriota
estadounidense, promulgada poco después del 11 de septiembre, en octubre
de 2001, y muy criticada por recortar las libertades individuales, presta
especial atención a los PEP y a “altas figuras políticas
extranjeras”.
La ley se detiene especialmente en
los bancos corresponsales y requiere revisión de las cuentas asociadas
con PEP, en especial sobre el origen de sus depósitos.
Una de las aplicaciones más
conocidas de la ley fue contra el ex presidente nicaragüense Arnoldo Alemán
(1997-2002), acusado de desviar unos 100 millones de dólares de fondos públicos
mientras era gobernante.
Fiscales estadounidenses acusaron
en 2003 a Alemán y sus socios de mantener más de 800.000 dólares en el
Terrabank de Miami, y decenas de millones en bancos panameños.
Alemán fue condenado en diciembre
del año pasado en su país a 20 años de penitenciaría.
Los investigadores de Estados
Unidos volvieron entonces su atención a las cuentas de bancos extranjeros
de otros dos ex presidentes latinoamericanos que abandonaron sus
respectivos países apenas concluyeron sus mandatos: Gustavo Noboa
(2000-2003), de Ecuador, y Alfonso Portillo (2000-2004), de Guatemala.
También están bajo investigación
en Estados Unidos funcionarios y banqueros de República Dominicana
implicados en la quiebra del Banco Intercontinental, conocido como
Baninter, en 2003.
El gobierno dominicano presentó un
litigio en tribunales de Miami contra el banquero Luis Alvarez Renta, como
parte de un esfuerzo para recuperar más de 2.000 millones de dólares
esfumados del Baninter.
Según la demanda, Alvarez Renta y
tres sociedades extranjeras que controlaba drenaron millones de dólares
de Baninter utilizando bancos en Miami. El banquero negó haber cometido
delito alguno.
El gobierno litigante asegura que
Alvarez Renta ocultó el dinero robado en BankAtlantic, el International
Bank of Miami y el Hamilton Bank, de Florida, y que existía un patrón
sospechoso de operaciones entre Baninter y las instituciones de Miami, en
especial muchos préstamos sin garantías a sociedades con sede en Estados
Unidos.
Ninguno de los tres bancos
implicados ha efectuado comentarios sobre el caso.
“Uno podría pensar que tras los
últimos escándalos de corrupción con depósitos de latinoamericanos en
bancos de Estados Unidos, Europa y el Caribe, los banqueros han aprendido
la lección”, sostuvo el columnista Andrés Oppenheimer en el diario The
Herald Tribune, comentando el caso Riggs. Obviamente, no lo han hecho.
(*) Miren Gutiérrez es editora
jefa de IPS y escribe una columna mensual sobre corrupción en Offshore
Alert.
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