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Derechos humanos-Brasil:
Sin techo y bajo ataques mortales
Por Mario Osava
Inter Press Service (IPS), 24/08/04
Rio de Janeiro.- El asesinato a
porrazos de seis habitantes de la calle (sin techo) y graves heridas
causadas a otros nueve en la ciudad brasileña de Sao Paulo, se
convirtieron en una cuestión nacional de derechos humanos, destacando el
drama de los sin techo.
Diez personas que dormían en las
calles céntricas de la meridional metrópoli fueron agredidas en la
madrugada del jueves pasado, cinco de ellas murieron. Entre el viernes y
el domingo sufrieron ataques otras cinco víctimas, una de ellas mortal.
Golpes en cabezas y rostros fueron
la forma común que adoptaron los ataques, presuntamente a cargo de fanáticos
neonazis, como los ”skinheads” (cabezas rapadas, en inglés).
La sorpresiva y letal ofensiva
atemorizó a los habitantes de la calle en esta ciudad de más de 10
millones de personas. El flujo a los albergues aumentó 25 por ciento en
los últimos días, dijo a IPS Hedwige Knist, coordinadora de la católica
Pastoral del Pueblo de las Calles en Sao Paulo.
Además, se registró un
desplazamiento de los sin techo desde el centro de la ciudad hacia los
barrios más alejados, acotó.
Un censo hecho por la Pastoral en
octubre pasado apuntó 10.400 personas sin techo en Sao Paulo, con un
aumento respecto de los 8.700 censados en 2000, debido al ”proceso de pérdidas”
provocado principalmente por la situación económica, como el desempleo y
la desunión familiar, según Knist.
La ciudad ofrece 36 albergues y
casas de acogida especiales para más de 6.000 personas, lo cual
representa un déficit de cerca de 4.000, estima la Pastoral. Durante el
invierno y en períodos de emergencia, estos refugios pueden ampliar su
capacidad en 20 por ciento.
Pero muchos habitantes de la calle
se niegan a dormir en albergues, en gran parte porque no aceptar sus
reglas rígidas, como horarios de entrada, de comida y de acostarse. Otros
ya tienen ”raíces” en las calles, son alcohólicos o aún mantienen vínculos
con sus familias, explicó Knist.
Poco más de 400 de esas personas
son recogidas por el servicio de asistencia, pero unos 50 se niegan a
permanecer en los refugios ofrecidos por la alcaldía, reveló.
Los albergues tampoco pueden ser
una residencia permanente, uno puede pernoctar allí hasta seis meses, o
poco más, según los casos. Quienes se alojan, reciben orientaciones
educativas para su reinserción social y familiar, a cargo de varias
instituciones en convenio con el gobierno municipal.
Los asesinatos ponen otra vez sobre
la mesa la urgencia de definir y profundizar políticas públicas
dirigidas a esa población que revela de forma más aguda las llagas
sociales del país, sostuvo la coordinadora de la Pastoral, quien lleva
ocho años en la institución.
Para buena parte de los sin techo,
”salir de la calle” es cuestión de trabajo, vivienda, salud,
capacitación, es decir su reintegración no depende sólo de la
asistencia social, sino de condiciones que ofrezca el municipio, observó.
Otros, ”que viven de hecho en las
calles y no aceptan atención de la red de servicios”, padecen de
problemas más serios de salud mental y alcoholismo, para los cuales hay
que mejorar o ampliar la red de protección social, argumentó.
La masacre de Sao Paulo conmovió
el país, movilizando a la Secretaría Nacional de Derechos Humanos, que
destinó a su oidor general (ombudsman), Pedro Montenegro, a acompañar
las investigaciones policiales en Sao Paulo.
Está claro que se trata de un
crimen de un ”grupo organizado”, lo que exige mayor protección social
a los habitantes de la calle, porque no es una acción aislada, comentó
Montenegro, refiriéndose a los frecuentes atentados y homicidios
similares.
Uno de esos crímenes de gran
repercusión se cometió en 1997, cuando un grupo de jóvenes mató al indígena
Galdino Jesus dos Santos, echándole gasolina y prendiéndole fuego en
Brasilia, donde se encontraba en misión de su grupo Pataxó, del lejano y
nororiental estado de Bahía.
En esa noche fatídica, Dos Santos
durmió en la calle porque ya era demasiado tarde para volver a la casa de
acogida de los indígenas.
Son muchos los casos de asesinatos
de mendigos en las calles de las ciudades brasileñas, pero casi siempre
aislados e intermitentes. La masacre de Sao Paulo tuvo mayor impacto por
la cantidad de víctimas en pocos días, en atentados claramente
planificados en una suerte de ”limpieza social”.
En la meridional Porto Alegre
existe temor de que grupos de fanáticos repitan atentados, inspirados por
los de Sao Paulo, dijo a IPS Clarina Glock, periodista que coordina la
publicación de un periódico hecho por residentes de la calle, ”Boca de
rua” (Boca de la calle).
En esa ciudad del sur del país no
existen los grupos tradicionales de Sao Paulo, que discriminan y atacan a
los procedentes del Nordeste, la región que es fuente de la mayor migración
interna de Brasil.
Pero ”sí hay grupos de skinheads”,
y la demora en identificar a los criminales de Sao Paulo puede estimular
ataques similares en otras partes, sostuvo Glock.
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