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EE.UU.
tiene de rehén a
los enfermos de SIDA
Servicio Noticioso Un Mundo Que
Ganar, 06/09/04
La conferencia internacional sobre
SIDA celebrada en Bangkok en julio de 2004 presenció airadas protestas de
los habitantes de la ciudad y muchos trabajadores de salud y voluntarios
de muchos países. Estaban muy enardecidos y con razón.
En el mundo, aproximadamente 65
millones de personas son víctimas del virus VIH (que con el paso del
tiempo causa SIDA), lo que lo hace un asesino de proporciones históricas
sin precedentes. Pero ni un jefe de Estado de ninguna gran potencia estaba
dispuesto a asistir a la conferencia bianual, que es la principal reunión
mundial de organizaciones de combate al SIDA, investigadores, activistas
de servicios médicos y representantes gubernamentales.
En la conferencia, un mensaje del
presidente francés Jaçques Chirac retó a Estados Unidos por haber
“ofrecido” un trato preferencial en relaciones de comercio bilaterales
a cambio de que los países tercermundistas dejaran de producir y
distribuir versiones de bajo costo de los medicamentos antiretrovirales
que pueden ayudar a mantener con vida a las víctimas del SIDA.
Los medicamentos que fabrican las
grandes trasnacionales cuestan diez mil dólares por paciente al año,
pero una versión genérica idéntica, fabricada en Brasil, cuesta menos
de 300 dólares al año. En agosto de 2002 en Ginebra y de nuevo en la
cumbre de la Organización Mundial de Comercio (OMC) en Cancún en
septiembre de 2003, se llegó a un acuerdo que permite la venta en los países
pobres (y a éstos) de medicamentos genéricos que salvan la vida. Pese a
los acuerdos, Estados Unidos exige categóricamente que los países pobres
compren los medicamentos de las grandes farmacéuticas y sostiene que los
medicamentos genéricos de bajo costo fabricados por otros países violan
sus “derechos de propiedad intelectual”. Para circunvenir los acuerdos
hechos en las conferencias internacionales, la administración Bush ha
estado negociando acuerdos de comercio bilaterales con varios países
tercermundistas, con promesas de acuerdos benéficos en el caso de acatar
las normas de “propiedad intelectual” estadounidenses y de no comprar
las versiones de bajo costo de sus medicamentos antiretrovirales.
En noviembre de 2002, Estados
Unidos anunció un plan para amarrar un nuevo “tratado de libre
comercio” (semejante al Tratado de Libre Comercio de América del Norte
o TLCAN) con la Asociación Aduanal del Sur de África: Botswana, Lesotho,
Namibia, Sudáfrica y Suazilandia. Como parte del tratado, Estados Unidos
presiona duramente por mayores controles sobre los derechos de propiedad
intelectual y está muy determinado a prohibir la exportación de
medicamentos genéricos fabricados en otros países. Tal prohibición
impediría que Sudáfrica fabricara medicamentos genéricos contra el
SIDA-VIH y que los exportara a otros países africanos que los necesitan
con urgencia. La industria farmacéutica estadounidense hasta llevó al
gobierno sudafricano ante un tribunal para obligarlo a dejar de fabricar
una versión genérica de bajo costo de medicamentos antiretrovirales muy
caros.
En algunos países imperialistas,
como Francia e Inglaterra, la industria farmacéutica rivaliza a la
armamentista como fuente de ganancias. Pese a lo que diga el gobierno
yanqui, lo que defiende no son altas normas de fabricación de
medicamentos ni “derechos de propiedad intelectual” en general, sino
los intereses de sus gigantescas farmacéuticas. Estas empresas tienen más
peso en las riquezas de la clase dominante francesa que en las de la
estadounidense. Francia, como algunas otras potencias europeas, no duda en
criticar la campaña estadounidense de monopolizar el mercado
internacional de medicamentos porque tal campaña perjudica a algunas de
las principales empresas francesas.
Es más, el gobierno norteamericano
exige que la mayoría de sus fondos para los proyectos de combate al SIDA
debe pasar por dependencias estadounidenses, que obedecen a los intereses
económicos y políticos de la clase dominante capitalista monopolista
estadounidense en conjunto. De esta manera su férreo control del
financiamiento del combate al SIDA representa un chantaje político y económico
a los países pobres y profundiza la dependencia y la pobreza de la mayoría
de los pueblos.
El SIDA es un mal que se nutre de
la desigualdad y relaciones de poder. Hay tantas víctimas del mal en gran
parte debido a las relaciones desiguales entre hombres y mujeres que
existen en todos los países del mundo.
Por ejemplo, algunos expertos señalan
que la mejor manera de controlar el SIDA es teniendo relaciones sexuales
entre parejas socialmente iguales. Pero no existe ninguna sociedad en el
mundo actual en que hay igualdad entre hombres y mujeres. El fenómeno de
los hombres mayores que persiguen a las mujeres jóvenes es una importante
causa de la diseminación del SIDA en África y Asia. En algunos países,
el mayor sector social que corre el riesgo de contraer el SIDA son las
mujeres casadas, porque los esposos tienen esposas jóvenes y/o otras
parejas sexuales. Incluso en los países ricos, los más oprimidos son
quienes más padecen el SIDA.
Aunque a los políticos
norteamericanos les gusta hacerse pasar por defensores de las mujeres, el
historial mundial del gobierno en materia del SIDA es harina de otro
costal. La administración Bush recortó muchísimo el financiamiento a la
campaña africana y a una parte de la asiática de lo que iba a ser una
campaña mundial de 15 mil millones de dólares contra el SIDA. Bush lanzó
personalmente la campaña como “prueba” de la “bondad” y
“compasión” norteamericanas ante la furia mundial por su violación
de Irak. Justificaron los recortes diciendo que uno de los siete
organismos internacionales en cuestión participó en la campaña de
control de la natalidad en China. La oposición a la popularización y la
distribución de condones, una barrera simple y efectiva al contagio del
SIDA, es un ejemplo de que las ideas medievales sobre la mujer que
pregonan los países más poderosos e instituciones religiosas del mundo
han causado enormes daños.
Asimismo, otro elemento que
multiplica el mortífero poder del SIDA son las relaciones opresivas entre
los países. Debido a la pobreza causada por el imperialismo y sobre todo
a las presiones del imperialismo, con los nuevos medicamentos la mayoría
de las víctimas del SIDA en los países ricos ahora puede llevar una vida
casi normal por muchos años y por otro lado le depara una muerte temprana
a la gente con SIDA en los países pobres.
Las relaciones entre los países
imperialistas y los países oprimidos del tercer mundo no son meramente
relaciones entre ricos y pobres, sino relaciones en que un puñado de países
domina a la mayoría de los países y pueblos del mundo. Puede que los
imperialistas no hayan inventado el SIDA, pero su sistema mundial y las
relaciones opresivas y atrasadas que mantiene de diversas formas en todos
los países hacen que un mal peligroso pero con tratamiento amenace con un
holocausto de proporciones sin precedentes, sobre todo en África y Asia.
Eso, sin lugar a dudas, es otro crimen de lesa humanidad.
Como ilustra la lucha en torno a
los nuevos medicamentos contra el SIDA, los mayores obstáculos a la
eliminación del mal no son científicos sino sociales. El imperialismo es
el principal factor que está prolongando el sufrimiento de la humanidad.
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