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El lado oscuro de la soja
Por Gustavo Capdevila
Inter Press Service (IPS), 07/09/04
Ginebra. Unas 22 millones de hectáreas
de bosques y sabanas de América del Sur pueden desaparecer en los próximos
16 años bajo cultivos de soja, una oleaginosa tanto ensalzada por sus
notables propiedades proteínicas como difamada de depredar la naturaleza
por su avance actual sobre tierras vírgenes.
De las dos facetas se ocupa el
Fondo Mundial para la Naturaleza, conocido por sus siglas en inglés WWF,
en un informe que concentra su preocupación en el peligro de destrucción
para 2020 de vastas zonas de Argentina, Brasil, Bolivia y Paraguay, que
hoy se encuentran entre los ocho principales países sojeros del mundo.
Por su riqueza en proteínas, a la
soja le cabe un puesto de vanguardia en el combate contra el hambre en el
mundo, observó Leonardo Lacerda, responsable de la iniciativa de áreas
protegidas del WWF.
La producción mundial de esa
oleaginosa en 2002 ascendió a 179,9 millones de toneladas, 88 por ciento
de las cuales fue molida para elaborar harina (pellet) o aceite, mientras
que el resto se dedicó a semilla o se comercializó directamente como
grano.
Ese volumen cubre 60 por ciento de
la demanda mundial de alimentos ricos en proteínas destinados a consumo
animal, principalmente aves, cerdos y reses.
El aceite vegetal más consumido en
el mundo es el de soja, que retiene 25 por ciento del mercado. Los
principales importadores son Irán, Bangladesh, Rusia, Marruecos y Egipto.
La progresión constante de la
demanda de soja ha estimulado la producción mundial, que saltó de 115
millones de toneladas en 1993 a las casi 180 millones del 2002. También,
consecuentemente, creció 26 por ciento la superficie sembrada entre 1990
y 2002, para ubicarse en la actualidad en 77,1 millones de hectáreas.
El área plantada con palma
oleaginosa, la otra gran abastecedora mundial de aceite, subió 43 por
ciento desde 1990 a 2002 para alcanzar hoy a 10,7 millones de hectáreas.
A ese ritmo, la demanda de soja
para 2020 ha sido estimada en unas 300 millones de toneladas.
Pero de los ocho principales países
productores (Estados Unidos, Brasil, Argentina, China India, Paraguay,
Canadá y Bolivia), sólo los sudamericanos disponen de tierras para
extender la frontera de la labranza sojera, previno Jan Maarten Dros,
autor del estudio de la WWF.
En consecuencia, los cuatro
productores de la región deberán aportar 80 millones de toneladas de las
nuevas 110 millones necesarias para atender el consumo para 2020.
Esa es la cuestión que desvela a
los conservacionistas de la naturaleza, pues las superficies libres en América
del Sur corresponden a santuarios ecológicos como el "Cerrado"
brasileño, inmenso paisaje silvestre de sabana y árboles, y el Chaco
paraguayo-argentino, consideradas las áreas de mayor diversidad biológica
del mundo.
El Cerrado, que con sus 200
millones de hectáreas cubre 23 por ciento del territorio de Brasil, ya
aporta la mitad de la cosecha brasileña de soja. Y a un paso al norte de
esa amplia zona se encuentra la selva del Amazonas, la presa apetecida de
las industrias forestales, que cada día pierde 7.000 hectáreas de su
espesura.
La organización mundial para la
conservación, que tiene sede en la ciudad suiza de Gland, pronostica que
el avance de la soja seguirá el modelo conocido de invasión de sabanas y
de expulsión hacia los bosques de los ganaderos y pequeños agricultores.
Esa expansión del cultivo requerirá
la transformación para 2020 de 16 millones de hectáreas de sabanas y de
seis millones de hectáreas de bosques tropicales en los países
sudamericanos productores, advirtió WWF.
Aquí entra la propuesta de WWF,
consistente en una forma de explotación que integre el cultivo de la soja
con la cría del ganado en las mismas superficies. Esa manera de estímulo
de la producción puede reducir a sólo 3,7 millones de hectáreas el área
necesaria para obtener las cosechas de soja que reclamará la demanda en
2020.
Al mismo tiempo, esas tierras de
doble vocación sojera y ganadera, podrían acoger a 23 millones de
cabezas de ganado en igual plazo de 2020, visualizó Matthias Dimer, jefe
de la iniciativa de transformación de bosques del WWF.
Lo que sostenemos es que, sin
necesidad de talas masivas en nuevas áreas, el crecimiento requerido para
2020 se puede acomodar mediante la rotación de soja y ganado, insistió
Lacerda.
Pero, para plasmar la idea de la
entidad conservacionista, se requiere la participación de todos los
sectores involucrados en el negocio, como son productores, inversionistas,
compradores y entes reguladores, que deberán promover prácticas más
sustentables y presionar a los gobiernos para que hagan cumplir las leyes
ambientales y del uso de la tierra, aclaró Dimer.
La WWF está organizando un foro
internacional sobre la soja sustentable, que se realizará el 11 y 12 de
marzo del año próximo. La reunión se efectuará en Iguazú, aunque
todavía no se ha determinado si se hará en el lado argentino o en el
brasileño de ese centro turístico fronterizo.
Dros observó que países como
Argentina y Brasil deben escoger entre la opción de dedicarse al
monocultivo de un producto básico de exportación y la de invertir en el
desarrollo de las economías internas.
Aunque el autor del informe se
preguntó, sin responder, qué margen de libertad disponen los dos países
para una elección de esa clase.
En este punto, el secretario
general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y
Desarrollo (Unctad), el brasileño Rubens Ricupero, disintió con la visión
de que los dos grandes países sudamericanos afrontan el riesgo de caer en
un monocultivo de la soja.
Por un lado, los precios de la soja
no son ahora tan atractivos como el año pasado y en las dos naciones se
ha propagado una plaga originaria de Asia, denominada en Brasil "ferrugina
asiática", que ha aumentado los costos de la producción, comentó
el funcionario a IPS.
Ricupero dijo que en una visita
reciente a Brasil y Argentina observó una diversificación de las
exportaciones de la industria agropecuaria.
"En Argentina me enteré del
éxito del aumento de productos de valor agregado en la cadena de la
industria alimentaria", detalló. Son bienes de origen agropecuario,
pero han dejado de ser productos básicos, recalcó.
"Lo mismo ocurre en Brasil.
Todos esos productos crecen a un ritmo mayor que la soja. Por tanto, no
creo que los dos países vayan a caer prisioneros de la soja",
reafirmó.
El autor del informe del WWF
describió el panorama del negocio de la soja, donde los actores clave son
los consumidores, los comerciantes y los bancos privados que financian la
expansión del cultivo en Brasil y Argentina, sostuvo.
Aunque en realidad no son bancos
sino negociantes de productos básicos los que controlan 80 por ciento del
comercio mundial de la soja y también un porcentaje similar de todas las
operaciones internacionales con cereales y cacao, precisó Dros.
Esas empresas, Cargill, Bunge y
Archer Daniels Midland (ADM), todas con sede en Estados Unidos, trabajan
como bancos. Ellas proveen insumos y créditos a los productores y reciben
la soja cosechada como parte del pago.
También Dros estimó que la posición
de Argentina, Brasil y Paraguay en el comercio de productos básicos
resultará fortalecida si sus gobiernos coordinan las políticas.
En este momento no son el gobierno
estadounidense, ni el brasileño ni los consumidores europeos quienes
establecen las reglas. Son esos tres grandes negociantes quienes realmente
determinan el destino de las tierras y los valores de la soja, pues ellos
suministran insumos, fertilizantes, maquinarias y se quedan luego con la
soja, ratificó Dros.
Esas empresas no tienen problemas
en enfrentar a un país con otro, en especial si se trata de Brasil y
Estados Unidos. Lo que les interesa es el volumen de soja para negociar en
el mercado, refirió.
Dros afirmó asimismo que esas
compañías transnacionales estimulan actualmente a los agricultores de
Estados Unidos para que comiencen a cultivar la soja en Brasil, donde la
tierra es más barata.
En Estados Unidos, el mayor
productor mundial de soja, los agricultores se enfrentan al problema de la
superproducción de la oleaginosa, pero obtienen compensaciones de las
subvenciones que el gobierno de ese país otorga al sector rural.
Aunque todo el mundo sabe que ese
sistema de protección comercial no durará mucho tiempo, dijo Dros en
alusión a las negociaciones para la eliminación de barreras comerciales
a la agricultura que se realizan en la Organización Mundial del Comercio
(OMC), en Ginebra.
La Unión Europea, que figura a la
cabeza de los países importadores de soja, junto con China, acepta el
ingreso de la oleaginosa sin cargas de aranceles. En cambio, grava con
esos derechos de importación a los productos con valor agregado de la
soja, como las carnes de aves, cerdos y reses.
Dros estimó que sería conveniente
para países como Argentina y Brasil, la formación de un cartel de
productores de oleaginosas, a semejanza de la Unión de Países
Exportadores de Petróleo (OPEP). La unión con Indonesia y Malasia, los
grandes productores de palma oleaginosa, les otorgaría el control de tres
cuartas partes del mercado mundial, evaluó.
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