|
¿Por qué sube tanto el petróleo?
Por Juan Torres López (*)
La Opinión de Málaga, 14/05/04
Algunas gasolinas están ya a un
euro el litro, y seguirán subiendo previsiblemente, mientras que todos
los gobernantes y especialistas coinciden en que las nuevas subidas en el
precio del petróleo van a ser muy perjudiciales para las economía. Es
interesante, pues, saber qué está pasando.
En general, hay tres circunstancias
que hacen que el petróleo tienda a ser cada vez más caro.
La primera que vivimos en una
civilización basada en el uso intensivo y creciente de este recurso
escaso. En el año 1990, se consumían 66,2 millones de barriles de petróleo
al día (un barril equivale a unos 162 litros) y en 2003 casi 80. Sólo en
el año pasado el consumo aumentó en 1,4 millones cada día. El
incremento más espectacular procede de China, pues ha pasado de gastar
2,4 millones de barriles diarios en 1990 a 6,4 en 2003.
En segundo lugar, que la oferta de
petróleo es lógicamente limitada (a diferencia de la demanda que aumenta
sin parar) y está muy concentrada.
Aunque las diferentes fuentes dan
datos algo distintos, se calcula generalmente que hay en el mundo algo así
como un 1,1 billones de barriles de crudo por extraer. Eso quiere decir
que si se mantiene la producción actual, esas reservas desaparecerán
completamente en 2043.
Esta limitación está llevando ya
a ir abriendo el 10% de las reservas que quedan sin explotar y que son de
menor calidad y más costosas. Cuando se vaya agotando, se explotarán
otras grandes reservas del llamado petróleo no convencional, aunque estas
están aún más concentradas en Canadá y en Venezuela (un dato
significativo sobre la importancia estratégica de este país y sobre lo
que ocurre con él).
Para colmo, hace un par de meses se
ha descubierto que la empresa Shell había contabilizado al alza sus
reservas, y ahora se ha reconocido que tiene un 20% menos.
Por otro lado, las reservas
mundiales existentes se encuentran, además, muy concentradas. El 65% están
en el Oriente Medio, y sólo Arabia Saudita tiene el 12% del total
mundial. En segundo lugar en cuanto a reservas se encuentra, y este es
otro dato muy interesante, Irak, con menos de la mitad que Arabia pero de
obtención menos costosa y más de cinco veces las que tiene Estados
Unidos (que tiene entre 22 y 25 mil millones de barriles). Después vienen
Rusia, Venezuela y China que tienen cada una entre el 5 y el 7% mundial.
Casi todos ellos son países sin otros recursos importantes y eso les
lleva, lógicamente, a exprimir al máximo el enorme valor estratégico
del petróleo subiendo sus precios en cuanto pueden.
Además, el mercado del petróleo
no sólo está concentrado en países, sino que siete grandes empresas
multinacionales (a las que se conoce con el significativo nombre de las
Siete Hermanas y de las que cinco son norteamericanas) tienen el control
prácticamente total de la distribución mundial. Gozan, así mismo, de
gran poder para manipular los precios, algo que se suele ocultar para
culpar del alza solamente a los países productores. Sin embargo, un
economista norteamericano muy reputado, William D. Nordhaus, demostró que
del gran alza de precios de la energía que ocasionó la llamada crisis
del petróleo de 1973 sólo un 11% podía justificarse por la subida
inicial en el precio de producción.
Pero junto a estas tres
circunstancias que presionan constantemente al alza de los precios del
crudo hay otras más concretas aunque no menos relevantes.
Estados Unidos está llegando a una
situación límite en cuanto a dependencia petrolera. Produce el 12% del
total mundial (9 millones de barriles) pero consume el 25%. De cada dos
litros de gasolina que se queman en el mundo uno corresponde a Estados
Unidos. Si se tuvieran que suministrar sólo de sus reservas propias sólo
tendrían petróleo para unos cuatro años o quizá menos.
Su aliado principal en este sentido
ha sido siempre Arabia Saudita. Pero está dejando de ser un suministrador
seguro porque tiene cada vez más inestabilidad por sus evidentes
conexiones con el terrorismo internacional (el hermano del actual monarca
ofreció en su día el Ministerio del Petróleo a Bin Laden, cuya familia,
por cierto, fue socia en negocios petroleros y financieros de Bush). De ahí
que Estados Unidos haya tenido que recurrir a garantizar militarmente
fuentes alternativas de suministro (la guerra de Afganistán se debió,
por el contrario, a condiciones de distribución del petróleo y del gas a
través de oleoductos que pasando por ese país costarán casi la mitad).
Sin ir más lejos, el subsecretario
de Defensa estadounidenses, Paul Wolfowitz, reconoció abiertamente en
mayo de 2003 a 'Der Tagesspiegel' y 'Die Welt' que el petróleo fue el
principal motivo de la operación militar en Irak. Y en una entrevista en
'Vanity Fair' afirmó que las armas de destrucción masiva no fueron sino
una excusa "burocrática" con la que se pretendía conseguir
apoyos a la operación militar.
Finalmente, hay que señalar otra
circunstancia que muchos analistas están olvidando. Estados Unidos ha
generado en los últimos años un gigantesco doble déficit exterior y
fiscal. Para financiarlos ha recurrido a la vía de permitir que baje casi
en una tercera parte el valor del dólar, una forma de hacer descansar
sobre los demás el peso de sus problemas. Los países productores venden
el petróleo en dólares y cada vez compran más mercancías o invierten
en euros, de manera que su ingreso real no se corresponde con el aumento
del precio del petróleo. Seguro que no se quedarán quietos.
El problema es que con su
estrategia Estados Unidos ha puesto al petróleo en el ojo del huracán y
que la inestabilidad que está generando tiene como respuesta la subida de
precios por parte de los países productores, subida que va seguida de las
que imponen las distribuidoras. La economía mundial se resentirá sin
duda, aunque no todos salen perjudicados porque el lobby petrolero del que
forma parte la familia Bush, Cheney y la plana mayor gobernante en Estados
Unidos se está poniendo literalmente las botas.
No me cabe duda de que si Estados
Unidos no deja de hacer presión y sigue la inestabilidad (lo que
seguramente va a seguir ocurriendo), los precios van a elevarse aún más,
quizá, hasta los cincuenta dólares el barril. Los norteamericanos se van
a envenenar con su propia medicina y detrás iremos los demás.
(*) Catedrático de Economía
Aplicada en la Universidad de Málaga
|