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Perspectivas de la economía
mundial
Los sabios van a equivocarse de
nuevo
Por Juan Torres López (*)
La Opinión de Málaga, 19/09/04
Se acaban de reunir los
gobernadores de los principales bancos centrales del mundo y anuncian que
la economía mundial evolucionará cómodamente el próximo año. El Fondo
Monetario Internacional también vaticina un horizonte tranquilo y afirma
que "a parte de un atentado terrorista mayor o un problema geopolítico
devastador, es difícil imaginar por dónde podrían llegar las amenazas
al sistema a corto plazo".
Son análisis de los economistas
que se presumen más sabios y mejor informados del mundo. De hecho, sus
opiniones se convierten en directrices de casi obligado cumplimiento para
todos los gobiernos del planeta.
Pero no llevan razón. Se van
equivocar como se han equivocado en tantas otras ocasiones.
Hay amenazas para la economía
mundial. Amenazas muy concretas y que van a provocar que 2005 sea un año
mucho más que difícil. Vienen de Estados Unidos, que una vez más
descarga a su alrededor los costes que generan sus políticas imperiales.
George W. Bush ha conseguido evitar
lo que le ocurrió a su padre: que la Reserva Federal le subiera los tipos
de interés al final de su mandato, ocasionando una ralentización del
crecimiento y un gran deterioro económico que, como a papá, le hicieran
perder las elecciones. Para ello debe haber presionado hasta la extenuación
al "independiente" Alan Greenspan. Es bien significativo el dato
que revelaba hace unos meses la revista francesa Alternatives Economiques.
Mientras que el todopoderoso presidente de la Reserva Federal acudió una
media de sólo tres veces al año a despachar con el ex presidente Clinton
en los cuatro años de su segundo mandato, con Bush lo ha hecho en
cuarenta y cuatro ocasiones de media anual.
Gracias a ello, Bush ha podido
gobernar este periodo pensando solamente en su reelección. Bajó los
impuestos a sus votantes más ricos y multiplicó el gasto militar,
generando así un déficit presupuestario que este año superará los
500.000 millones de dólares y que se une a un déficit exterior de casi
la misma envergadura.
Esos déficits están siendo
financiados en parte por los bancos centrales de China, Japón y otros países
asiáticos.
Todos ellos están exportando
masivamente a Estados Unidos e invierten sus ingresos comerciales
exteriores en Bonos del Tesoro norteamericano para evitar que sus monedas
se aprecien excesivamente, lo que los haría menos competitivos.
La cuestión estriba en saber hasta
cuándo podrán seguir haciéndolo, sobre todo, si se confirma que China
puede pasar de un crecimiento anual del PIB en torno al 10% a uno del 6 o
7%.
Por eso, y por la presión que esos
déficits implican para la propia economía de Estados Unidos, están
siendo ya materialmente insostenibles. Requieren una entrada de capital
mucho mayor de la que se está produciendo y eso debería haber obligado
ya a subir considerablemente los tipos de interés. Sólo la presión de
Bush para que eso no ocurriera antes de las elecciones, poniendo en
peligro su reelección, ha evitado que hayan subido ya en mayor medida.
Pero comenzarán a subir considerablemente una vez que se celebren las
elecciones en noviembre. Es la única forma de que Estados Unidos se
garantice las entradas de capital que necesita.
La duda es en qué medida subirán
y cómo de grande será el efecto recesivo que a continuación se producirá
inevitablemente. Mi opinión es que hay dos escenarios posibles, el que
podríamos llamar el gradual y el "imperial".
El escenario gradual consistiría
en una subida, en cualquier caso inevitable, más bien suave, aunque
continuada y sin llegar a niveles excesivos.
Una subida de esa naturaleza se
traduciría en la caída de la actividad en Estados Unidos, en pérdida de
empleos y en una nueva recesión que, más o menos rápidamente, afectaría
de igual manera a los demás países, y principalmente a la Unión
Europea.
Pero si predomina una consideración
moderada de la situación la subida quizá pudiera graduarse lo suficiente
para evitar una recesión grave y que sería especialmente fuerte fuera de
Estados Unidos.
De todos modos, no es fácil que la
gestión inminente de los déficits sea así de moderada porque la deuda
que se acumula en Estados Unidos es inmensa, casi una media de más de
400.000 dólares de media por cada familia tipo de cuatro miembros si se
computa globalmente.
Con un endeudamiento tan extendido
y abundante, lo que cabe esperar a poco que suban los tipos es que se
multipliquen los impagos y las quiebras. Sobre todo, en sectores como el
inmobiliario que precisamente han sido los que han impulsado en mayor
medida la expansión del gasto.
El otro escenario sería el que
llamo "imperial", es decir, el que se deriva de considerar que,
también en el campo económico, los intereses de Estados Unidos son
prioritarios y que no hay razón para que las medidas de saneamiento que
allí sean necesarias se hagan depender de lo que pueda ocurrir en otros
sitios. Si predomina esta
idea, la subida de los tipos sería mucho más brusca, sin contemplaciones
hacia el resto de las economías, más elevada y rápida. La recesión que
llevaría consigo sería mucho más grande y extendida pues se podría
llevar por delante, una vez más, a las economías con elevada deuda
externa como, por ejemplo, Brasil.
Pero, desde la visión imperial que
ahora impera en el equipo dirigente de Bush, la posibilidad de
desencadenar una recesión de gran envergadura en el resto del mundo quizá
no fuese un obstáculo. Incluso igual se contemplaba como todo lo
contrario. Puesto que compite constantemente con el entorno, a Estados
Unidos hasta le podría venir bien que este se debilitara. De esa forma
podría volver a disponer de la ventaja comercial que ahora mismo ha
perdido, aliviándose así considerablemente su déficit exterior.
La posibilidad de que sea este último
escenario el que finalmente se dé depende, en primer lugar, de que Bush
sea reelegido porque, aunque Kerry no quebraría los grandes vectores
estratégicos en los que se sostiene el poder de Estados Unidos, sí cabe
pensar que adoptara, como en su día hizo Clinton, opciones globalmente más
moderadas. En segundo lugar, dependería también de que en el segundo
mandado de Bush predominen las posiciones radicales que ha mantenido en su
primera etapa.
Mi opinión en este sentido es
pesimista porque su política, como cuando uno va en bicicleta, no permite
pararse ni dar marcha atrás. A estas alturas, Bush no puede frenar el
gasto militar ni dar la vuelta a su reaccionaria política de ingresos
fiscales. Si gana mantendrá el déficit y, por lo tanto, necesariamente
tendrá que lograr que los flujos de capital se dirijan de nuevo a Estados
Unidos.
Por otro lado, hay que tener en
cuenta que los mercados financieros completamente liberalizados se mueven
como los coletazos de un látigo, multiplicando en una punta los
movimientos del otro lado. Desplazándose sin control, los capitales
especulativos pueden amplificar instantáneamente los efectos de lo que
acabo de señalar o transmitirlos a cualquier otro lugar del globo en
cuestión de horas. Si prevaleciera una posición radical del segundo
tipo, y sin ánimo de exagerar, podríamos estar a las puertas de la
primera gran crisis de la globalización.
Por lo tanto, la perspectiva de que
el próximo año se comience a desencadenar una nueva recesión provocada
por la subida de tipos en Estados Unidos se abre ante nosotros con mucha
probabilidad.
Es una amenaza tremendamente real.
Está ahí. Las grandes empresas la huelen y es fácil advertir en sus
comportamientos que se preparan para una situación que intuyen que puede
ser mucho peor que crítica.
El Fondo Monetario, sin embargo,
dice que no ve en todo ello amenaza alguna.
Una vez más volverá a
equivocarse, tal y como le ocurrió en crisis anteriores. Y las razones de
su nuevo error volverán a estar claras en la medida en que son el fruto
de su directa complicidad con los intereses de Estados Unidos.
Es verdad que, oculto tras el velo
ideológico con el que cubre las políticas tan desastrosas que aplica, no
puede o no quiere ver la realidad. Pero no es sólo eso.
Niega la gravísima amenaza que
suponen los déficits de Estados Unidos para proteger los intereses de
Bush.
Por mucho menos, y aunque los
efectos sobre el resto del mundo fueran mucho menores, cualquier otro país
habría recibido ya las amenazas y las condenas furibundas del Fondo.
Cuando el que actúa así es Estados Unidos se mira a otro lado y se le
protege. Cuando la gran potencia está poniendo claramente en riesgo a
toda la economía mundial los responsables del Fondo callan y miran a otro
lado. A los poderosos se les deja hacer cualquier cosa si les favorece y a
los débiles (que lo son precisamente por causa de discriminaciones de
este tipo) se les conmina a arrodillarse y a aplicar las políticas que
mejor convienen a los que mandan. A eso lo llaman aplicar soluciones
"técnicas" y no políticas.
Esa es la razón de que el Fondo
Monetario diga que no ve amenaza, salvo que provengan (¡qué casualidad!)
de la subida de los precios del petróleo o de atentados terroristas. Una
vez más, y con verdadero cinismo, se vuelven a confundir las causas de
los fenómenos con sus, a veces, terroríficas consecuencias.
De todos modos, el problema de
fondo no es que los que actúan como si fueran los economistas más sabios
vuelvan a equivocarse de nuevo. Lo malo es lo que ocultan, lo que se está
por venir, la envergadura de la crisis a la que podría dar lugar una
gestión de la situación económica de Estados Unidos que solamente
pensara en satisfacer a corto plazo sus intereses imperiales.
Las políticas neoliberales
aplicadas últimamente han debilitado mucho a las economías. El empleo es
precario, los mercados están en el aire, las finanzas son más volátiles
que nunca y la incertidumbre es cada vez mayor. Todo es cada vez más
inseguro y frágil. Los buenos negocios de los últimos años se han
traducido en grandes beneficios pero no han fortalecido al sistema
productivo. Eso hace que casi todas las economías nacionales y la economía
internacional en su conjunto tengan ahora muchas menos defensas frente a
la recesión que hace unos años. Por eso los ciclos son más cortos, las
crisis más redundantes y los vaivenes de las economías más acusados.
Si Estados Unidos decidiera dar el
zarpazo sobre los demás para sacar adelante su economía, como yo creo
que posiblemente hiciera Bush e incluso quizá hasta el propio Kerry si
las cosas se le pusieran realmente feas, estaríamos a las puertas de una
situación global altamente crítica. Primero irían cayendo los demás
pero luego le tocaría también a los propios Estados Unidos porque a la
postre su sistema productivo necesita también de la expansión de su
entorno. Sería víctima de la paradoja que tantas se ha dado en las
economías: se tira el agua del baño y con ella se cuela el niño. Y eso
es, hoy por hoy, lo que en mi opinión tiene más probabilidades de
suceder a partir de los próximos meses.
(*) Catedrático de Economía
Aplicada en la Universidad de Málaga
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