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Destino letal de las IED en Rusia,
Japón, China, India y México
El
mito de las Inversiones Extranjeras Directas
Por Alfredo
Jalife-Rahme(*)
Red Voltaire, 21/10/04
En el último número de Geoeconomía
Mensual abordamos el tema del mito global de las IED (Inversiones
Extranjeras Directas) que redundan en un manejo casi -exclusivo del G-7.
En México existe un prototipo de gerentes parasitarios, (que todavía no
alcanzan la alcurnia de «empresarios»), subsidiados por la población
desposeída, que le echan insensatamente la culpa a la ausencia de la IED
como pretexto a su disfuncional discapacidad.
En sus alegres cuentas parasitarias, alucinan que la disminución de la
IED se debe a la ausencia de «reformas estructurales» dictadas por el
desacreditado decálogo neoliberal del «Consenso de Washington», entre
las que se encuentra la venta de PEMEX que naturalmente abultaría a la
IED, como sucedió con Banamex, lo que dejó al país peligrosamente sin
el 96% de bancos que pasó a manos foráneas.
Justamente, México ha sido de los
«favorecidos» por lo que hemos llamado las IED «altamente malignas»
(ver Geoeconomía Mensual 5.7.04) y ha sido receptor de mayores IED que
tres países de «economía mixta» (China, India y Rusia), que han
crecido en forma espectacular sin su necesidad, ya no se diga Japón que
prácticamente carece de ellas.
¿Cual fue el beneficio para México,
salvo para los «amigos de Salinas-Zedillo-Fox», haber quedado sin bancos
y haber capturado US$ 12,500 millones catalogados como IED que sepa Dios adónde
fueron a parar?
Según las poco actualizadas cifras
del Banco Mundial -que, a propósito, estafó más de US$ 100,000
millones, como acaba de denunciar el Senado de EEUU había sido receptora
de US$ 3,000 millones de miserables flujos netos en IED que han mantenido
el mismo promedio desde 1998. El PIB de Rusia, que creció el año pasado
al ritmo de 8%, corresponde a US$ 346,500 millones para el año anterior y
su IED equivale al 0.8% de su PIB.
Sus reservas alcanzaron este año
US$ 81,800 Millones y el rebote de su economía no se debe desde luego al
espejismo de las IED ,sino a un «rublo» bajo en su cotización y ,sobre
todo, a los altos precios del petróleo (como México, nada más que aquí
se esfumaron gracias a la deuda oculta de la «mano invisible» del
neoliberalismo tropical).
El manual de la CIA coloca a Rusia,
una genuina «economía mixta», en el décimo lugar de la economía
global, según su PIB medido por el «poder de paridad de compra» (más
moderno), y admite que «desde el año 2,000 las inversiones y la demanda
interna de consumo han jugado un rol cada vez más notable»; además, su
deuda externa ha mejorado al pasar del 90% de su PIB a alrededor del 28%
que ha llegado a pagar por adelantado. Mejor ni hablamos del tropical
neoliberalismo salinista-zedillista-foxiano que ha desahuciado a México
con su deuda interna y externa cada vez más asfixiantes.
En la etapa del zar Vladimir Putin,
Rusia ha dado marcha atrás en la privatización petrolera alocada y el
gobierno ha retomado el control de su importante sector energético tan
estratégico, como enseña el paradigmático caso de la petrolera Yukos y
el encarcelamiento de su criminal director Mikhail Khodorkovsky, quien
resultó ser un vulgar evasor de impuestos en los paraísos fiscales.
India, uno de los principales
centros del software global, desconoce las supuestas bondades de la IED y
exhibe un raquítico flujo de US$ 3,000 Millones (año 2002)que representa
el 0.58% de su PIB (todavía menos que Rusia). Su crecimiento se debe a su
asombroso ahorro interno que representa un poco más del 22% de su PIB.
Su economía sigue siendo mixta con
una gradual apertura muy bien calculada, y el triunfo del Partido del
Congreso (muy parecido al PRI, previo a su desfiguración tropical
neoliberal) disminuirá el fervor privatizador del partido fundamentalista
hindú, el Partido Barathya (que se parece mucho al segmento trasnacional
del PAN mexicano).
Sin el «apoyo» de la IED, India
ha crecido sostenidamente 6% cada año desde 1990, lo que ha reducido la
pobreza en 10%. Sus reservas son del orden de US$ 114,300 millones, y su
secreto subyace en su población muy bien educada -mejor que la de México,
que con un infame quinto año de primaria de promedio educativo desea ser
«competitivo», pese a que Salinas estuvo en el Centro de Estudios del
PRI a perder el tiempo con sus entonces quimeras maoístas, y Zedillo haya
sido el peor Secretario de Educación donde empezó a «mochar», antes
que los ignaros foxianos, al «libro de texto gratuito» ayudado por la
visión cordobista del anexionista «grupo Nexos».
El manual de la CIA ubica a India
en cuarto lugar mundial de acuerdo al PIB medido por el «poder de paridad
de compra» y se encuentra a punto de rebasar a Japón (tercer lugar detrás
de China). En resumen, Rusia e India, dos potencias que marcarán al
siglo, de acuerdo al «índice BRIC» de la correduría Goldman Sachs,
deben su crecimiento económico a su economía mixta, su ahorro interno,
sus fuertes reservas, su avance tecnológico, y su alta educación (Rusia
prácticamente no tiene analfabetas), sin contar otros factores que los
catapultan como genuinas potencias geopolíticas: su extensión
territorial, su amplia población (Rusia relativamente porque su
decrecimiento poblacional puede ser uno de sus talones de Aquiles), su
poderío nuclear (India relativamente) y su proyección satelital (India ya
prepara el lanzamiento del primer cosmonauta nativo a la luna).
El hilarante Banco Mundial ni
siquiera cita la IED de Sud-Corea y coloca la de Japón en US$ 9,100
millones para el año 2002: una cifra infinitesimal y grotescamente ridícula
como proporción de su PIB de US$4 trillones (en anglosajón).
Entre los secretos de Japón radica
su ahorro (como India y China), su selectiva cerrazón legendaria a los
capitales extranjeros que filtran con sumo cuidado (y no a lo loco como
nuestros tropicales neoliberales), y la posesión de las primeras reservas
mundiales de más de US$ 800,000 millones. Pese a que pertenecen
nominalmente al acreedor Club de Paris, Rusia ni Japón participan de su
maná distributivo.
China sigue siendo una «economía
mixta» donde la propiedad es colectiva (la propiedad privada es el sine
qua non del decálogo neoliberal del «Consenso de Washington»), según
los cánones del maoísmo marxista-leninista, y los multimedia
desinformativos han engañado sobre los verdaderos alcances de su IED,
pese a haber recibido US$ 56,000 millones (más que EEUU, que está siendo
desbancado en todo, en los ámbitos económico y financiero)-por cierto,
el equivalente a la IED captada por Latinoamérica en su conjunto.
El motor de su crecimiento
espectacular se debe primordialmente a su ahorro interno, el mayor del
mundo, del orden del 44% de su PIB, según el Financial Times y que el poco
actualizado BM pone en 40.4% para el año 2002, y que ha sido prácticamente
su promedio desde 1999.
Se podría admitir que la sinergia
de su IED al lado de su ahorro interno han contribuido en su despegue
espectacular, sin soslayar la alianza geopolítica forjada con EEUU frente
a la URSS en la década de los setenta (el actual modelo chino se inicia
en 1978, a la par de su proyecto satelital, en plena guerra fría). Sin
ahondar en otras consideraciones educativas, geopolíticas, nucleares,
satelitales, y reservas de US$ 444,400 millones, el ahorro de China es el
mayor del planeta y representa US$ 600,000 millones (!casi equivalente al
PIB de México!) que equivale a casi ONCE veces su IED.
Cuando México ahorra (asintiendo
las cifras oficiales que suelen ser muy mendaces) el doble de su IED cada
vez más mermada por ausencia de ventas «estructurales» y «altamente
malignas», y sin contar con la Piedra de Sísifo de la deuda interna y
externa que legó el neoliberalismo tropical.
El «México neoliberal tropical»
es inviable aún vendiendo PEMEX, la CFE y los derechos de autor de la
maravillosa Guelaguetza zapoteca que abultarían en forma transitoria y
artificial el segmento de la IED «altamente maligna» (como sucedió en
Banamex). Los defectos de México para «competir» a escala global son
inherentes al modelo neoliberal: son estructurales y no coyunturales, como
pretende inducir en error toda la escuela mercantilista neoliberal
tropical de abajo y arriba a «Jaijo» Serra Puche, el cínicamente infame
devaluador del peso mexicano y responsable inolvidable del «efecto
Tequila».
México dejó de ser «competitivo»
desde que adoptó de espaldas a la nación al TLCAN: la camisa de fuerza
mercantil unilateral, impuesta por el bushismo paterno a Salinas,un
presidente espurio, según un reciente editorial del New York Times.
El daño del TLCAN radica no
solamente en su masoquismo autoflagelante y antidemocrático, sino en la
desideologización que literalmente «descerebró» al país que dejó de
pensar y sopesar en forma crítica las ventajas y defectos de los
proyectos nacionales que se volvieron trasnacionales, lo cual propició al
parasitismo gerencial vigente.
El mito de la IED, en la nómina de
las autodestructivas «reformas estructurales» del neoliberalismo
tropical forma parte de la descerebración de la clase gobernante, ahora
trasnacionalizada, cuya máxima expresión se subsume en la anencefalia
del foxismo, hijo putativo del salinismo y el zedillismo caducos. A partir
de Salinas, son las trasnacionales las que piensan en lugar de los
gobiernos mexicanos.
(*)
Especialista mexicano en asuntos internacionales. Es autor de
varios libros sobre los síntomas indeseables de la mundialización.
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