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Bush,
Reagan y Heritage
La
guerra contra los pobres
Por
Edgar González Ruiz (*)
Red Voltaire, 10/10/04
Los
gobiernos de Reagan y de los Bush se han ocupado de alimentar y poner en
operación una poderosa maquinaria de agresión contra varios países del
mundo, así como de llevar a sus límites el puritanismo y la explotación
capitalista. Han sido los apologistas de esas políticas decenas de
“expertos” agrupados en organizaciones como la conservadora Fundación
Heritage.
Los
gobiernos de Reagan y de los Bush se han ocupado de alimentar y poner en
operación una poderosa maquinaria de agresión contra varios países del
mundo, así como de llevar a sus límites la explotación en aras de la
libertad económica.
Han
sido ideólogos y voceros de esas políticas genocidas, decenas de «expertos»
agrupados en organizaciones como la Fundación Heritage, creada en 1973
para «formular y promover políticas públicas conservadoras, basadas en
los principios estadounidenses tradicionales de empresa privada, gobierno
limitado y libertad individual así como una firme defensa nacional».
El
fundador y primer presidente de Heritage fue Paul Weyrich, quien además
creó en 1974 el Committee for the Survival of a Free Congress, y en 1977
la Free Congress Foundation. Refiriéndose a sus proyectos Weyrich llegó
a decir que «...nuestro principal interés está en la guerra cultural.
¿Recuperará
América la cultura que la hizo grande, nuestra tradicional cultura
occidental judeo cristiana, o continuaremos la decadencia moral y cultural
de lo políticamente correcto? En este caso, América, que fue un día la
nación más grande de la Tierra, llegará a ser simplemente un país del
tercer mundo».
Esas
palabras de Weyrich y sobre todo los frutos de sus proyectos evocan el espíritu
totalitario del siniestro ministro de propaganda de Hitler, Joseph
Goebbels, quien afirmaba que «...puede uno rehacer una nación por medio
de una revolución espiritual, con lo cual al adversario no se le
aniquila, sino que se le domina», precisamente una revolución
conservadora es lo que ha tratado de impulsar Heritage mediante
actividades, abiertas o disfrazadas, de cabildeo, propaganda y
desestabilización de gobiernos extranjeros o, por el contrario, de apoyo
a los gobernantes impuestos por Estados Unidos.
La
propaganda de Heritage pretende ser sutil pero sus recursos son antiguos,
especialmente el de la autocalificación como una institución «seria» y
«no partidista», pese a que sus planteamientos son muchas veces
meramente retóricos y coinciden plenamente con los del gobierno de Bush
quien con su reconocimiento a dicha Fundación contribuye a fortalecer la
imagen de ella.
Heritage
tiene un directorio de una veintena de miembros así como 185 empleados,
entre ellos 75 «especialistas» en asuntos de política nacional y
exterior. Su presupuesto anual es de 28.4 millones de dólares que
incluyen donaciones de empresas, entre ellas Exxon, beneficiaria de la
guerra de Irak y adversaria de grupos ecologistas, que desde 1998 ha
aportado más de medio millón de dólares a Heritage.
Se
calcula que un tercio de su presupuesto lo gasta en mercadotecnia dicha
Fundación que publica unos 200 documentos anualmente destinados a
impulsar y justificar la política estadounidense, incluyendo el
armamentismo, y a «calificar» a los países según el grado en que se
adecuan al sistema capitalista. Por ejemplo, en lo que concierne a la
carrera armamentista, en su trabajo titulado «La Fundación Heritage: su
influencia en el debate sobre la defensa contra misiles», Baker Spring,
investigador de dicha fundación argumenta que esta «ha empleado durante
las dos décadas pasadas una variedad de medios para influir sobre el
proceso político en Washington en lo que respecta a la defensa contra
misiles».
Concretamente,
para desarrollar programas militares. Afirma el analista que «El estudio
High Frontier, patrocinado por la Fundación, que recomendaba el
despliegue de un sistema efectivo de defensa contra misiles balísticos,
fue publicado en 1982. Desde entonces, la Fundación Heritage, como
organización no partidista de investigación de política pública con
sede en Washington, ha venido trabajando para educar a los formuladores de
políticas acerca de la necesidad de desplegar ese sistema».
Como
explica Spring, Estados Unidos se ha retirado del Tratado de Misiles
Antibalísticos de 1972, que prohibía el despliegue de un sistema
efectivo de defensa contra misiles, y «la administración Bush persigue
un programa de defensa antimisiles para desplegar un sistema eficaz tan
pronto como sea posible». Enfatiza: «Estos deseados acontecimientos no
se produjeron por accidente. Numerosos grupos y personas, dentro y fuera
del gobierno de Estados Unidos, desempeñaron papeles importantes en el
cambio de la política estadounidense en lo que respecta a la defensa
contra misiles».
Parte
de sus fondos los gasta Heritage en apoyar a los disidentes de gobiernos
como el de Cuba. Por ejemplo, se ha dado a conocer que en enero de 1996
John Sweeney, de la Fundación Heritage, viajó a Cuba en calidad de
turista para entregar ayuda financiera a varios contrarrevolucionarios...
(www.ain.cubasi.cu/).
Heritage
ha gestionado también contactos y recursos estadounidenses en otros países
latinoamericanos, como El Salvador, gobernado por el derechista partido
ARENA.
Asimismo,
otros viajes de miembros de Heritage han tenido entre sus objetivos la
participación en supuestas tareas de «observación electoral»
tendientes a legitimar triunfos de la derecha, como en México, en las
elecciones de 2000, donde Stephen Jonson, analista de Heritage para América
Latina participó en la misión organizada por el IRI, Instituto
Republicano Internacional, en la transición derechista encabezada por
Vicente Fox. Formaba parte del grupo de «observadores electorales» nada
menos que Roger Noriega, colaborador de Bush de muy negra trayectoria.
La
mafia de Bush
En
junio de 2004, Heritage financió el viaje de Carlos Ploter, un ex
comandante guerrillero colombiano de 34 años, desde ese país hasta
Washington, para pedir al gobierno estadounidense más dinero para
combatir a los grupos armados en su país.
En
la elección fraudulenta que llevó a Bush a la presidencia, fue decisiva
la actitud de magistrados conservadores que validaron al elección, entre
ellos Clarence Thomas, acusado hace años por una de sus subordinadas de
acoso sexual, y cuya esposa, Virginia Lamp Thomas, trabajaba para Heritage
analizando prospectos de funcionarios para el entonces probable gobierno
de Bush. En un artículo publicado el 12 de diciembre de 2000 en el New
York Times, ella dijo que no vio conflcito alguno de intereses entre su
trabajo y las deliberaciones de su esposo sobre la elección del futuro
presidente.
Refiriéndose
a la influencia que tuvo Heritage sobre el expresidente Ronald Reagan,
Susan George señala que «...Una semana después de su victoria
electoral, el director de la Heritage dio al personal de Reagan un
documento de mil páginas con consejos sobre política, llamado Mandato
para el Liderazgo (Mandate for Leadership), fruto del trabajo de 250
expertos neoliberales. Sus recomendaciones fueron distribuidas a través
de la nueva administración; la mayoría se convirtieron en ley» (Susan
George Cómo Ganar la Guerra de las Ideas: Lecciones de la Derecha
Gramsciana.
Resume
«George que La Heritage ha sido el «cerebro» colectivo detrás de
Reagan y George Bush». Efectivamente, las ideas que impulsa Heritage
coinciden con las principales tendencias de esos gobiernos: política
exterior agresiva y militarista, promoción incondicional de los intereses
empresariales y guerra a las reivindicaciones sociales, defensa de una
moral sexual y familiar basada en la abstinencia sexual.
Como
una maniobra propagandística, Heritage disfraza con un ropaje académico
la retórica de la abstinencia sexual, que predica junto con instituciones
conservadoras tanto católicas como protestantes con pretensiones
transnacionales, ya sea el Consejo Pontificio para la Familia, del
Vaticano, o el grupo Focus on the Family.
En
2003, al participar en un evento de este último, Melissa Pardue, de la
Fundación Heritage, afirmó haciéndose eco de una vieja consigna de la
abstinencia que «Las personas que empiezan a tener relaciones sexuales
cuando son adolescentes están más propensas a contraer una enfermedad de
transmisión sexual, a quedar embarazadas, a tener un aborto y a sufrir
problemas emocionales devastadores».
Expresándose
como una predicadora de la abstinencia, Pardue afirmó dirigiéndose a los
adolescentes que «Las relaciones sexuales prematrimoniales no te van a
hacer más feliz, y de hecho, es muy probable que te pongas en peligro
emocionalmente, además de correr un riesgo físico».
Asimismo,
se identifica con un conjunto de organizaciones de defensa del capitalismo
en distintos países de América que recurren a membretes y consignas como
Libertad Económica, Libre Empresa, Conocimiento Económico, Estudios
Estratégicos, Democracia, etc.., y cuyos planteamientos son tan radicales
que constituyen una especie de lucha de clases al revés, de los poderosos
contra los desposeídos: guerra a la seguridad social y a las
instituciones sindicales, así como privatización del petróleo y de
otros recursos naturales, ya sea en Irak o en México, entre otras
demandas empresariales.
Funge
como director del programa de estudios sobre Asia, de Heritage, Larry
Worzel, ex agregado militar estadounidense en Pekín y quien promueve una
política militarista contra China. En febrero de 1999, el entonces
presidente de la Fundación Heritage, Edwin Feulner, denunció las «ambiciones
expansionistas chinas en el Pacífico asiático», que atribuyó a la «debilidad
de las relaciones» entre Estados Unidos y Filipinas.
En
2003 Jack Spencer, analista de Defensa de Heritage declaró: «Necesitamos
disponer de una fuerza disuasoria creíble contra regímenes implicados en
el terrorismo internacional y el desarrollo de armas de destrucción
masiva».
Heritage
ha promovido las agresiones estadounidenses contra los gobiernos de Haití,
Venezuela y Cuba, y en varios de sus reportes ha urgido al gobierno de
Bush a enfrentar la «amenaza terrorista» en América Latina.
En
marzo de 2004, la prensa internacional comentó el informe de la Fundación
Heritage, elaborado por Johnson y por James Jay Carafano, en el que
alertaba sobre esa supuesta amenaza terrorista, centrando sus ataques
sobre Cuba y Venezuela, a las que acusaba de interferir en los «procesos
democráticos latinoamericanos», frente a lo cual convocaba a la
diplomacia norteamericana a «trabajar de forma coordinada con otros
gobiernos para neutralizar las amenazas».
En
otra guerra contra los que menos tienen, en noviembre de 1985 en una
jornada a puerta cerrada organizada por la OMS en Nairobi, Kenia, para
discutir si la industria farmacéutica debería tener el derecho de
distribuir sus productos en el Tercer Mundo sin ningún tipo de regulación,
los intereses de la industria fueron defendidos por Roger Brooks de la
Fundación Heritage, quien introdujo un papel con propaganda en las
carpetas entregadas a los participantes en la conferencia, donde acusaba a
los defensores de un código de comercialización de estar en realidad
introduciendo un plan oculto para «redistribuir por mandato la riqueza
mundial».
Luego
de que el Director General de la OMS, Halfdan Mahler, amenazara con
arrestarle, Brooks se disculpó por su acción. «Sin embargo, las
poderosas fuerzas a las que Brooks representaba lograron intimidar a la
OMS. Bajo la presión de los delegados de las compañías farmacéuticas
asistentes a la conferencia, Mahler canceló repentinamente el estreno
programado de The Pill Jungle(la Jungla de las Píldoras), una película
sobre los abusos de la industria farmacéutica que la OMS había
patrocinado junto a la Radio Nederland TV».
Asimismo,
dos años más tarde Brooks, que lideraba el Proyecto de Evaluación de la
ONU de la Fundación, fue designado para un puesto en el Departamento de
Estado de EE.UU. en la sección de planificación de políticas del
Vicesecretario para Organizaciones Internacionales, donde tenía como misión
«ayudar a formular la política general de los EE.UU. respecto a la ONU»
(E. David Werner, David Sanders, Jason Weston, Steve Babb y Bill Rodríguez.
«Ganancias sanas en un mundo moribundo»)
Stephen
Johnson, de Heritage, escribía en un documento del 13 de abril de 2004
que Estados Unidos no puede resolver todos los problemas del mundo pues
estos son muchos y sus recursos son limitados por lo cual «otras
sociedades deben aprender a valerse por sí mismas», pero que en el caso
de Haití, siendo su estabilidad «crítica» para las restantes economías
del Caribe, «Estados Unidos tiene un interés económico y estratégico
de ayudarlo para llegar a ser autosuficiente y a gobernarse por sí mismo».
Sin
aludir a la participación de Estados Unidos en el derrocamiento de
Aristide, Johnson señala que ese país y sus «socios internacionales»
ayudan a la reconstrucción de Haití, para lo cual es un buen comienzo el
nombramiento de un gabinete formado por «tecnócratas no partidistas».
Apunta
en sus conclusiones que «hasta ahora la administración Bush ha ayudado a
Haití a preservar el orden constitucional ante una autocracia rampante»
y cita palabras del gobernador de Florida, Jeb Bush, al pedir a los
haitianos radicados en Estados Unidos participar en el «proceso de
reconstrucción», a lo que añade Jonson que «empero, nada servirá a
menos que los haitianos se ayuden a sí mismos, haciendo a un lado a los
demagogos, y construyendo instituciones duraderas. El liderazgo de Estados
Unidos para mantener el apoyo internacional es un factor clave para que la
reconstrucción tenga éxito».
El
31 de octubre de 2002 en su calidad de secretario asistente para el
Hemisferio. Occidental, en un discurso pronunciado en la Fundación
Heritage, Otto Reich arremetió contra Cuba a la que acusó de «amenazar
en toda oportunidad la seguridad de Estados Unidos», exigiendo además
que el gobierno cubano lleva a cabo «reformas políticas básicas antes
de que Estados Unidos reanude con él relaciones diplomáticas normales»
Mintiendo sobre la situación imperante en México, Otto Reich afirmó que
«el presidente Fox está luchando contra décadas de abuso que minaron la
confianza de la gente en su gobierno».
Los
descalabros electorales que ha venido sufriendo el partido de Fox, los escándalos
de corrupción dentro de su gobierno, incluyendo los protagonizados por su
esposa, Martha Sahagún, y el notorio desencanto de la población con la
falsedad de la consigna del «cambio» usada por Fox en su campaña. Cabe
añadir que Reich incorporó a su mafia gubernamental, como su asistente,
a Dan Fisk, exfuncionario de la Fundación Heritage y exasesor del senador
Jesse Helms.
Es
precisamente Dan Fisk, como máximo diplomático estadounidense encargado
de Cuba, quien ha justificado las últimas restricciones a los viajes a la
Isla y a las remesas enviadas por exiliados a sus familiares, alegando que
esas restricciones eran necesarias porque Castro intentaba «aprovechar
una parte del mantenimiento de la población cubana a la comunidad
exiliada...El régimen ha construido su reputación en base a una revolución
que dice proveer para el pueblo cubano...Es el régimen que debe
alimentar, darle ropa y servicios médicos al pueblo».
Es
decir, con un totalitarismo que envidiarían los nazis, el gobierno de
Bush quiere subordinar hasta las decisiones más personales y los vínculos
familiares a sus dictados geopoliticos.
A
la fecha, la influencia de Heritage sobre el gobierno estadounidense es
alarmante y descarada. El 6 de mayo del 2004, a través de Roger Noriega,
dicho gobierno anunció que 16 países, entre ellos Bolivia, Honduras y
Nicaragua, habían sido seleccionados para acceder a la Cuenta Reto del
Milenio, de mil millones de dólares, para «apoyar los programas de
desarrollo económico, desarrollo humano, fortalecimiento de la democracia
y fomentar la libre empresa».
Entre
otros criterios para obtener esa ayuda, el gobierno estadounidense se
refirió a la aquiescencia de organizaciones derechistas como Heritage,
que entre otras tareas se dedica a evaluar el grado de «libertad económica»
de los distintos países.
(*)
Investigador y periodista mexicano, autor de "Los Abascal",
"De los cristeros a Fox", "La sexualidad prohibida",
"Cruces y Sombras" y otros libros sobre la derecha en México y
América Latina.
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