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Entrevista a Jorge
Beinstein
Capitalismo senil,
narcomafias y crisis civilizatoria
Por Karina Moreno (*)
ZNet, noviembre 2004
¿Qué son las
narcomafias y qué relación tienen con la economía mundial?
Existen dos formas de
aproximarnos al tema; la primera consiste simplemente en hacer las cuentas
del capital que maneja la narcomafia a nivel mundial. Según cálculos
hechos por Naciones Unidas sobre lo que significa todo el negocio mafioso
ilegal strictu sensu, hacia fines del decenio pasado, éste representaba
un billón de dólares ; si a esto sumábamos todos los otros negocios
legales o semilegales controlados por las mafias, se llegaba a los 3
billones de dólares , cifra que equivalía a algo menos del 10 por ciento
del producto bruto mundial.
En segundo lugar, podemos
analizar la narcomafia desde la lógica del capitalismo y preguntarnos por
qué el fenómeno aparece ahora con tanta importancia. Para comprender la
evolución del proceso más general de desaceleración del crecimiento de
la economía mundial, debemos remontarnos al decenio de los setenta y
sobre todo al del ochenta, cuando la rentabilidad de los negocios
productivos comienza a mostrar una persistente caída, tendencia que
continuará presente en el transcurso de estos últimos treinta años,
cuando surgen excedentes financieros conseguidos en la esfera de la
producción que son cada vez más difíciles de recolocar en el propio
sector productivo y se vuelcan entonces a las actividades financieras.
Este segundo escalón
(financiero) comienza a desplegarse en este momento, favoreciendo
especialmente a una amplia variedad de grandes empresas trasnacionales que
compensan la caída en la tasa de ganancia desplazándose hacia las
actividades especulativas. Es importante destacar que el crecimiento de la
deuda pública cumplió un rol muy importante en los países de alto
desarrollo, así como el proceso de financierización de empresas que
necesitaron librar papeles al mercado, para conseguir dinero, poder
invertir y meterse en la guerra comercial.
El problema es que la
expansión del negocio financiero tiene un límite, ya que no es un
negocio infinitamente elástico donde pueden colocarse, colocarse y
colocarse excedentes indefinidamente. Como ejemplo del nivel más alto al
que llega la locura financiera hoy en día tenemos a los llamados negocios
con los “productos derivados”, que son encadenamientos de veinte,
cincuenta, cien operaciones, que pueden llegar a dar beneficios muy altos.
Este tipo de negocios representa, actualmente, el doble del producto bruto
mundial.
En resumen, primero,
podemos observar la desaceleración de los negocios productivos y, luego,
la expansión de la burbuja financiera, la cual es insuficiente a largo
plazo y, por lo tanto, empiezan a aparecer cuellos de botella e incluso
problemas en la colocación de los excedentes generados por la propia
hipertrofia financiera. Como consecuencia, va abriéndose una tercer área,
que es el área que yo llamaría ilegal, semilegal, del pillaje, del
saqueo o del negocio mafioso y que tiene por característica que las tasas
de beneficios son altísimas, porque se trata de comercios ilegales, pero
al mismo tiempo protegidos, como la droga, que es ilegal, pero que cuenta
con organismos poderosísimos de control de la oferta, para mantener alto
el precio y el negocio de armas que es muy parecido en cuanto a la mecánica.
Éstos sí son negocios que rinden el 100 por ciento anual o incluso más.
Por otra parte, el negocio
financiero en general y el negocio mafioso operan en la práctica de la
economía como un sistema de saqueo de la economía productiva, por lo
cual la cifra que daba antes, de 3 billones de dólares , no es un
producto de la perversión del capitalismo y tampoco un problema de
gobernabilidad o de moralidad, sino de la propia lógica del capitalismo
en crisis. Esta crisis emerge de la hipertrofia financiera que tiene como
corolario la emergencia de gobiernos mafiosos intrínsecamente
relacionados con la esfera económica: las empresas se financian, convirtiéndose
en mafiosas, mientras que el poder político se vuelve progresivamente más
un poder capturado por la trama financiera y mafiosa.
En el pasado, los
republicanos en Estados Unidos estaban convencidos de que ellos
representaban los intereses de la alta burguesía y, en consecuencia, del
capitalismo norteamericano en general. En este momento, los republicanos
encarnan los intereses de sus “amigos” directos, en un proceso de
degradación mafiosa del poder. Esta conversión de filiaciones políticas
está intrínsecamente relacionada con la financiación de la economía y
con el sistema de saqueo mafioso. Presentan buenos ejemplos en este
momento de esta degradación Bush en Estados Unidos y Berlusconi en
Italia, por no mencionar el caso de Rusia.
¿La crisis económica
actual tiene posibilidades de recuperación a largo plazo o es terminal?
Una crisis en el
capitalismo juvenil es una crisis muy rápida, de una violencia espantosa,
pero que al mismo tiempo tiene elementos para una recuperación rápida.
Podemos realizar una analogía con lo que pasa con un niño que tiene una
angina pavorosa con fiebre de 40 grados y parece que va a morir, pero al
otro día está perfectamente bien y a la semana uno se da cuenta que
tiene 3 centímetros más de altura, es decir, estamos frente a una crisis
de crecimiento. No obstante, un adulto mayor difícilmente va a tener 40
grados de fiebre; si los tiene, se muere. Suele tener una fiebre baja que
se manifiesta en un organismo que tiene un proceso de funcionamiento más
lento. Los adultos mayores saben perfectamente lo que tienen, conocen su
cuerpo y sus reacciones internas. Aunque tengan una capacidad de control
del organismo fabulosa, lo que no pueden evitar después de esa fiebre no
muy fuerte es que su organismo quede un poco deteriorado. Si volvemos al
funcionamiento de la economía mundial, vemos que Japón no se derrumbó
en el año noventa, pero quedó deteriorado. En otras palabras, no hay cómo
rehabilitar al Japón productivo, porque necesitaría un planeta cuatro
veces mayor que el actual, como para poder absorber la potencia
exportadora de ese país y permitir que su economía pueda dinamizarse.
Sin embargo, Japón tiene todas las posibilidades para regular su
decadencia, incluso ahora, cuando realmente la situación es grave, porque
ya no tiene ni el pulmón de los Tigres Asiáticos ni el americano. No
obstante, creo que Japón se apresta a caer con dignidad, lo que en otras
condiciones y circunstancias hubiera producido un derrumbe económico
colosal. En este sentido es que caracterizo la etapa actual como una fase
de dominio parasitario total, donde en el horizonte no hay ninguna
posibilidad de renovación del capitalismo; se trata de una larga agonía.
¿En qué se diferencia
el concepto de imperialismo clásico con el de capitalismo senil?
Desde la perspectiva de la
historia económica, hacia fines del siglo XIX se introducen dos elementos
muy importantes. Por un lado, occidente llega a tener el gobierno del
mundo; si miramos el mapa del año 1900, salvo Japón, el resto del mundo
es occidente, colonias de occidente o semicolonias de occidente. Nunca
llegó a ser tan importante en el plano territorial el dominio occidental.
Al mismo tiempo que se llega a esa situación, empieza a producirse un
tiempo antes, desde 1870 más o menos, un proceso en principio de muy
pequeña dimensión de financierización del capitalismo. Comienzan
entonces a manifestarse tramas financieras que controlan paulatinamente el
conjunto del sistema, con la integración de bancos e industrias. Esto
empezó a visualizarse como una tendencia importante del capitalismo. Dan
cuenta del fenómeno muchos escritos de la época: Hilferding, por
ejemplo, así como la reflexión que realiza más en términos económicos
y políticos Lenin o el trabajo de Bujarin. Ellos describían la dominación
del capital financiero a comienzos del siglo XX, fines del siglo XIX, es
decir, el “imperialismo” en el sentido moderno. Este poder financiero
emergente, al que Lenin define como capitalismo decadente o degenerado, es
presentado en el análisis teórico de Bujarin, por ejemplo, en su trabajo
Teoría económica de la clase ociosa, como el desarrollo del capitalismo
parasitario rentista, donde los dueños del capital se alejen cada vez más
del proceso productivo. Es la imagen de comienzos del siglo XX, porque, si
nosotros pensamos actualmente en un rentista, nos imaginamos a un señor
que hace una vida muy apacible y que va a cobrar una vez por mes su renta,
es decir, un capitalista estable, conservador, parasitario. La imagen
actual es otra, porque precisamente lo que caracteriza al capital
financiero a diferencia del industrial es que el primero opera con una
velocidad mucho mayor que el segundo. Una cultura productiva, así tenga
un proceso de producción muy corto, tiene un tiempo de maduración de las
inversiones; se tiene por ende una visión por lo menos de mediano plazo.
Pero el negocio financiero es un negocio donde no hay más que poner la
plata y empezar a recuperarla; no hay nada que esperar del largo plazo.
Esta vorágine genera una cultura que no es la del capitalista productivo;
es una cultura “cortoplacista” que inevitablemente tiende a romper las
normas de la sociedad burguesa. La actividad financiera tiene una
tendencia casi “natural” a la ilegalidad, así sea una legalidad que
haya impuesto Soros.
Por consiguiente, el
personaje que aparece es un aventurero, un especulador sin interés
directo en el proceso productivo; lo que le interesa es la rentabilidad
trimestral, mensual, semanal, según la velocidad de la transacción. Este
es el cáncer en el capitalismo.
Lo que ocurre en el
capitalismo a lo largo de todo el siglo XX es un proceso de financiación
ascendente, no de manera lineal. No hay un ciclo perfecto que pueda
explicarlo; existen sin embargo avances, pero también retrocesos como,
por ejemplo, el gran periodo del keynesianismo, donde el proceso de
financiación avanza lentamente.
Desde la Segunda Guerra
Mundial hasta fines de los años sesenta y comienzo de los años setenta,
observamos, por un lado, una captura de buena parte del sector financiero
por los Estados que lo regulan para subsidiar la economía en general y,
por otro lado, la subsistencia de un capitalismo productivista. El sistema
capitalista, en consecuencia, generó mecanismos de regulación tan
fuertes que, cuando entró en crisis –una crisis de sobreproducción–,
fueron esos mismos mecanismos de regulación los que provocaron un salto
de financiación colosal.
En los años setenta,
comienza el proceso de financiación acelerada de la economía y sus
derivaciones mafiosas.
Nos encontramos así frente
a un “siglo largo” de aproximadamente 120 años de ascenso del capital
financiero que empieza por ser el sector emergente, el sector de mayor
dinamismo del capitalismo, continúa por ser un sector dominante y termina
–siguiendo a Gramsci– por ser hegemónico.
El capitalismo pasa de su
infancia a su adolescencia, llega a su madurez –que básicamente es el
siglo XIX– y entonces hacia fines de dicho siglo el cáncer parasitario,
financiero, empieza a expandirse, a desarrollarse. Para concluir, diría
que puede calificarse la época actual como la época donde el parasitismo
domina totalmente al organismo; domina totalmente al sistema que deviene
senil.
¿Estamos entonces
frente a una crisis civilizatoria?
Cualquier sociedad
organizada, ya no solamente la sociedad capitalista, tiene elementos
parasitarios, incluso existen ciertas teorías que plantean que cierto
grado de parasitismo tiene alguna función de compensación, como en los
organismos vivientes, que si se eliminan totalmente se precipita la
desaparición del equilibrio orgánico. La cuestión es cuándo el
componente parasitario empieza a dominar el organismo, cuando cualquier
actividad del organismo está controlada casi al milímetro por el núcleo
parasitario.
El caso de la Roma Imperial
es bien conocido. Existe un punto en el desarrollo general de las
civilizaciones conocidas en que el parasitismo empieza a dominar la
estructura y a saquear al sector productivo que lo lleva a destruir al
propio sistema que lo alimenta.
Para el caso del
capitalismo, es necesario incluir al “siglo largo” de financiación
dentro de un ciclo mucho mayor, milenario, que nace con las primeras
formas de acumulación en el “borde”, en el Mediterráneo. Son esos
pequeños embriones de capitalismo que aparecen allí, de carácter
“mundial” (en el sentido de “economía-mundo”) con una fuerte
componenda comercial, que a partir de ahí empiezan a penetrar en el
territorio europeo occidental y central y, al mismo tiempo que hacen eso,
van desarrollando un proceso de pillaje, primero el del Mediterráneo
oriental, luego el de la Europa extremo-occidental, España, y con una
primera entrada en el borde occidental de África. Empieza el proceso de
expansión occidental, de pillaje, al mismo tiempo que va desarrollándose
el capitalismo. Bueno, ahí comienza la historia, una historia milenaria
que cumple o culmina con el máximo posible de dominio territorial a
finales del siglo XIX, coincide con el inicio del proceso de financiación,
llega ahora a su etapa senil.
Esta agonía puede ser muy
larga, y yo agrego a eso (vos no me lo preguntaste) que la agonía de este
sistema no tiene por qué engendrar automáticamente su superación. En la
historia de la humanidad, hay muchos casos de civilizaciones que decaen y
no son superadas, incluso el capitalismo en su decadencia tiene mecanismos
de regulación y de control, para impedir la superación, para abrazar al
planeta y conducirlo hacia una gran barbarie.
Eso es posible, y yo creo
que el siglo XX ha sido positivo y negativo a la vez; positivo, porque
frente al creciente parasitismo y decadencia del mundo burgués
aparecieron rupturas contra el capitalismo; precisamente porque el
capitalismo entra en decadencia es que ocurrieron las rupturas rusa,
china, cubana, etcétera.
En relación con la
pregunta anterior, ¿qué viabilidad tiene la hipótesis de que se trate
de una crisis hegemónica y qué posibilidades tiene la recuperación de
dicha hegemonía por algún país capitalista central?
El problema grave que
plantea el siglo XX es que el capitalismo entró en decadencia, pero no
perdió su hegemonía. Esta particularidad hizo que la revolución rusa
haya sido una revolución anticapitalista, más allá de las discusiones
que hubo hacia el interior de la izquierda respecto de si podía
desarrollarse el socialismo en Rusia independientemente del mundo y los
que planteaban que Rusia debía ser un elemento decisivo de la revolución
proletaria mundial, sin posibilidades de desarrollo autónomo del
socialismo.
Cuando uno observa desde
una perspectiva histórica a Lenin, a Trotsky, empieza a descubrirse el
“occidentalocentrismo” metido en todos ellos, que consideraban que
Rusia era un país “atrasado”, no “subdesarrollado”. Si éste último
hubiera sido el planteamiento, toda la discusión acerca de las etapas se
tira a la basura, porque la revolución en Rusia contra el subdesarrollo
fue la revolución contra el capitalismo; desde el comienzo fue una
revolución anticapitalista, no una revolución democrática-burguesa. La
revolución rusa fue un intento de modernización rompiendo con el
capitalismo como sistema mundial, pero que no dio como resultado una
cultura superadora del capitalismo, lo que la llevó al fracaso en el
largo plazo.
¿Qué va a pasar en el
siglo XXI? Diría que hay un elemento fundamental, la senilidad del
capitalismo va resquebrajando su hegemonía cultural y entonces existiría
la posibilidad de una superación. Existe esa posibilidad, lo cual no
quiere decir que eso llegue a ser así. En ese caso, el socialismo vuelve
a estar a la orden del día, un socialismo con raíz periférica, liberado
de trabas burguesas, plural, profundamente democrático; en suma, la
“abolición” (superación) del capitalismo como civilización.
(*) Karina Moreno es politóloga
(UBA), Maestra en Estudios Latinoamericanos (UNAM) y actualmente culmina
su doctorado en Estudios Latinoamericanos (UNAM).
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