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África y el neoliberalismo
Por Mbuyi Kabunda Badi
Revista Globalización, noviembre 2004
Los expertos, numerosos gobiernos y las agencias de cooperación
occidentales para el desarrollo suelen atribuir las causas del
subdesarrollo, o el bloqueo del desarrollo, en el llamado Tercer Mundo en
general, y en África en particular, a diversos factores internos.
Estos pueden resumirse en: la explosión demográfica, el retraso de
mentalidades, la ausencia de o escasez de espíritu empresarial, las
condiciones naturales desfavorables, la falta de capitales nacionales y el
intervencionismo del Estado, entre otros aspectos.
Conforme a este planteamiento, el desarrollo ha de ser impulsado desde el
exterior mediante la ayuda, la industrialización y la participación en
el comercio internacional. Dicho de otra manera, se presenta al modelo
occidental de desarrollo, basado en el productivismo, la econometría y el
economicismo, es decir el western way of life, como una referencia
obligada, al margen de las realidades y especificidades africanas.
Ante el fracaso del ajuste interno llevado a cabo por muchos gobiernos
africanos a finales de la década de 1970 y comienzos de la de 1980, los
expertos del Banco Mundial explican que esto se debe al mantenimiento
artificial de altos precios y salarios en el sector público, el auge del
sector informal, las inversiones improductivas y de prestigio, la huida de
capitales, el abandono de las inversiones privadas, la falta de rigor y de
continuidad por temor a las sublevaciones y motines populares.
Debido a ello se impuso a los países africanos, a partir de 1981, el
'ajuste real' o los Programas de Ajuste Estructural (PAE) del Banco
Mundial (BM) y del Fondo Monetario Internacional (FMI), convirtiendo al
continente africano en la región donde más se han aplicado los PAE, o
sea, 162 programas de ajustes contra 126 en le resto del mundo, entre 1981
y 1993.
Basadas en las racionalidades externas y no internas, estas medidas, sin
ser responsables de la crisis africana, la han agudizado, añadiendo la
austeridad a la pobreza, al influir negativamente en los aspectos del
desarrollo humano y en el modo de vida de las capas más desfavorecidas.
Se han equivocado totalmente de planteamientos: el fracaso del desarrollo
en África no es el resultado de la estatalización de la economía, sino
de su patrimonialización y de los mitos del Estado-nación y de la
industrialización.
La obsesión para la creación de Estados-naciones ha conducido a la
primacía de lo político o ideológico sobre lo económico. De igual
modo, la asimilación del desarrollo con la industrialización es
responsable de las ineficientes industrias pesadas y 'elefantes blancos',
con el excesivo endeudamiento externo.
El neocolonialismo liberal, basado en el 'pensamiento único' o la
internacionalización de la política económica homogeneizada, en la que
lo material prima sobre lo humano para servir los privilegios de los
poderosos de los países ricos, consiste en reproducir el modelo
occidental en África, en lugar de desarrollarla.
El objetivo es la incorporación neocolonialista y subordinada de África
en el mercado mundial, con la complicidad de las élites locales, que
nunca han planteado los problemas de desarrollo en términos de ruptura.
Al ser incapaces de identificar los objetivos, los aspectos, las
estrategias, los obstáculos externos y los beneficiarios del desarrollo,
han entregado sus pueblos al orden neoliberal dominante, con graves
consecuencias sociales, medioambientales, políticas económicas que
expondremos brevemente, tras analizar los fundamentos teóricos del
pensamiento neoliberal en el que se fundamentan los PAE.
Los fundamentos teóricos de la ideología neoliberal
Los PAE de las instituciones de Bretton Woods (BM y FMI), financiadas por
los países capitalistas, tienen como principal objetivo la construcción
y el mantenimiento de un sistema capitalista mundial.
Inspirados en el modelo neoliberal, que aboga por el poder del mercado en
el desarrollo económico y social, y la consiguiente primacía del sector
privado sobre el sector público, los PAE consisten en la imposición de
unas condiciones económicas y financieras a los países endeudados, para
ajustar el comercio exterior, suprimir los desequilibrios financieros y
conseguir nuevos préstamos.
De una manera resumida, el fundamentalismo económico de los PAE se
fundamentan en los principios siguientes:
La eliminación de la función económica y social del Estado; las
privatizaciones y la deificación del mercado en todos los aspectos de la
vida nacional; la máxima apertura externa, a través del fomento de las
exportaciones y del trato favorable a las inversiones extranjeras,
conforme a las exigencias del mercado mundial.
En el caso de África, estos principios clásicos se han acompañado de
la compresión de los gastos públicos con la supresión de las
subvenciones estatales a los bienes de primera necesidad, la devaluación
de las monedas, ilustrada por la del franco CFA en enero de 1994 y la
liberalización de los precios agrícolas y del comercio.
Los resultados de esta política han estado por debajo de las
expectativas, es decir, han producido efectos perversos: la supresión de
los déficits públicos ha nacido no del aumento de los ingresos finales,
sino de la reducción o eliminación de los gastos sociales y de las
inversiones públicas; la devaluación, a menudo, ha llevado a la mejora
de los términos de intercambio agrícola internos, a favor de los
cultivos de exportación y en detrimento de los de consumo local.
Además se añade el fomento de las exportaciones que ha tenido como
consecuencia el excedente de los productos básicos en el mercado
internacional, con la subsiguiente caída de sus precios, afectando
negativamente las economías monoproductivas y monoexportadoras africanas;
las privatizaciones, en la mayoría de los casos, han consistido para las
burguesías de Estado, en pasar del monopolio público al monopolio
privado con importantes facilidades oficiales, sin conseguir la mejora de
la producción.
Esto ha agravado así la crisis económica, como consecuencia del
abandono del sector público; la liberalización del comercio ha
favorecido la importación de los bienes de consumo en lugar de los de
equipo, profundizando de este modo el déficit del comercio exterior y los
desequilibrios financieros.
Las consecuencias sociales de los PAE en África.
La austeridad que los PAE imponen a los países africanos van más allá
de lo necesario, es decir, la restauración de los equilibrios económicos.
Han reducido dramáticamente el poder adquisitivo de los más pobres
condenados al paro, resultado de despidos masivos de funcionarios como
consecuencia de las privatizaciones que han aniquilado los importantes
progresos realizados, en décadas anteriores, en los aspectos de la
educación y de la sanidad.
En muchos países africanos sometidos a los PAE, asistimos al aumento de
los niveles de pobreza urbana y rural.
Los salarios en el sector moderno disminuyen en más del 60 por ciento.
Es aún más dramática la situación de los empresarios populares del
sector informal, que como parte de la estrategia de supervivencia de los más
pobres han tratado de asumir ciertos niveles de solidaridad, en lo cual
también se incluye a los parados.
En un país como Nigeria, por ejemplo, el sueldo mínimo ha disminuido en
el 85 por ciento desde el inicio de la década de 1980. En la actualidad
es del orden de 10 a 20 dólares al mes.
Los PAE han disminuido la capacidad de muchos africanos para pagar los
servicios de sanidad y educación, sometidos a contribuciones de las
familias ya empobrecidas.
En todas partes, la tasa promedio de matrícula de los estudiantes en la
enseñanza básica, secundaria y superior, ha bajado sensiblemente en
relación con la década de 1970, sobre todo en los países con bajos
ingresos, como resultado de la aplicación de los PAE.
Muchas escuelas, anteriormente subvencionadas por el Estado, han
desaparecido. Este, para reembolsar la deuda externa, ha operado recortes
drásticos en los presupuestos consagrados a la educación, mediante el
despido de maestros y profesores, la limitación de horas de clase y la
reducción de los que han sido mantenidos en sus puestos de trabajo y
condenados a hacer el doble del trabajo.
Lo mismo ocurre en el sector de la sanidad con el deterioro general de
los cuidados curativos y preventivos: escasez del personal médico, falta
de medicamentos y aparatos elementales, conversión de hospitales y
dispensarios en focos de insalubridad sin condiciones mínimas de higiene,
y condiciones de trabajo insatisfactorias.
Los gastos de sanidad, como el anterior caso, son exclusivamente a cargo
de las familias, en un contexto de ausencia de cualquier sistema de
seguridad social y de asistencia sanitaria.
Los resultados inmediatos son el aumento de analfabetismo, la reducción
de la esperanza o duración de vida y la reaparición de las epidemias
erradicadas o desaparecidas en otras partes del planeta. Ello contribuirá,
sin duda, al retraso del Continente en relación con los niveles
internacionales, y en su fuerza de trabajo. La depauperación de las
familias y del Estado por los PAE que han comprometido, así, el futuro o
devenir de África.
Las consecuencias medioambientales de los PAE en África.
La máxima apertura externa y el fomento de las exportaciones en los que
se fundamentan los PAE son responsables del infarto ecológico actual de
África, cuyo medio ambiente está totalmente desprotegido.
África destruye su medioambiente, el capital verde insustituible, podrá
pagar la deuda, junto al saqueo de productos naturales por las
multinacionales, para satisfacer las necesidades de la población del
Norte.
Las firmas transnacionales agroalimentarias se aprovechan de su dominio
tecnológico, de la no protección a los mercados africanos, de los
abundantes recursos naturales y mano de obra barata, para deforestar en la
impunidad total y controlar el capital verde de la farmacia vegetal,
destinadas a crear las medicinas de los ciudadanos del Norte.
En cuanto a las poblaciones africanas, destruyen el medio ambiente porque
son pobres y tienen hambre. Identifican la explotación de tierras y
selvas para la supervivencia y para la exportación. Todo lo que sale del
suelo o de la tierra africana está destinado a la exportación.
De este modo, y paradójicamente, el hambre en África no es el resultado
de la falta de recursos, sino de su exportación. Se exporta la producción
en lugar de consumirla.
La obligación de pagar la deuda y el ajuste estructural han aumentado la
interacción entre el empobrecimiento y el deterioro medioambiental. La
desertización y la erosión de los suelos nacen, además de la depredación
amplificada por la tremenda explosión demográfica, de la extensión de
los cultivos de exportación, en detrimento de la agricultura ecológica
de autoconsumo.
Para enfrentarse a la carga de la deuda y al deterioro de los términos
de intercambio, los países africanos no tienen otra alternativa que el
fomento de las exportaciones, a través de los cultivos tropicales, las
concesiones forestales, la extracción de minerales y la caza furtiva, dañando
así la fauna y flora. El uso masivo de abonos y pesticidas en el que se
fundamenta la agricultura comercial, es responsable de la destrucción de
suelos.
Tanto los Estados como las poblaciones hipotecan el medio ambiente, para
poder sobrevivir y satisfacer la demanda del mercado internacional. De
todo ello resulta que la ideología neoliberal es antiecológica, hecho
ilustrado por la desaparición de la selva en muchos países africanos,
tales como Ghana, Costa de Marfil y los países vecinos.
Las consecuencias políticas de los PAE en África
Los PAE concebidos e impuestos desde el exterior han debilitado
completamente al Estado africano, que ha fundamentado su legitimidad en
las prácticas patrimoniales y la distribución de prebendas.
Dicho Estado, históricamente ilegitimado por su carácter importador y
por las prácticas de indisciplina de las masas, que no se reconocen en
sus estructuras y mecanismos, se caracteriza en la actualidad por un vacío
o crisis de gobernabilidad. Su recolonización económica y puesta bajo
tutela internacional por las instituciones de Bretton Woods, ha consagrado
su ruptura con la sociedad civil.
La búsqueda de la solvencia internacional en detrimento de la
racionalidad interna ha llevado a la insolvencia de los Estados africanos,
confinados al mero papel del mantenimiento del orden, es decir, se han
convertido en instrumentos de la violencia simbólica y estructural.
En un Continente en el que no existe una larga tradición de Estado y
donde éste ha sido el principal inversor, administrador y empresario para
el desarrollo económico y la construcción del Estado-nación, su
debilitamiento por los PAE ha generado situaciones inéditas de
inseguridad y descomposición política, ilustradas por el resurgimiento
de conflictos étnicos y confesionales, y por el bloqueo del proceso
actual de democratización en muchos países africanos. Los dramas de
Somalia, Burundi, Ruanda, Sierra Leona, Liberia... se explican ampliamente
por la delicuescencia del ya débil Estado central.
Las recomendaciones de los PAE contienen una clara contradicción. Por
una parte se elimina la función económica y social del Estado. Por otra,
se le pide intervenir en la vida política para recortar las libertades y
limitar el ejercicio de los derechos, para someter la sociedad civil a la
ideología neoliberal.
El objetivo no es la instauración de la verdadera democracia, sino la
creación de 'oligarquías liberales', más o menos presentables,
encargadas de la aplicación del 'pensamiento único' y de la edificación
de un Estado y un desarrollo burgueses.
En otras palabras, se convierte al Estado en instrumento de la
mundialización (globalización), al mismo tiempo se le encarga la
reconstrucción y control de la sociedad civil descompuesta por dicha
mundialización.
Las consecuencias económicas de los PAE en África
Los países africanos, obligados a aplicar los PAE inspirados en la teoría
de las 'ventajas comparativas' y en el uso del comercio exterior como
factor de desarrollo, se abren al mercado internacional y a los
intercambios desiguales sin una previa protección de su industria y
agricultura, con la compra de bienes manufacturados o de equipo cada vez más
caros y la venta de sus materias primas cada vez más baratas.
En lo interno, dichos países proceden a la reducción de importaciones,
inversiones y gastos gubernamentales y a la devaluación de la moneda,
para conquistar los mercados exteriores mediante el fomento de las
exportaciones. Estas medidas agravarán las condiciones objetivas del
subdesarrollo, a saber:
-El desarrollo de los cultivos de exportación en detrimento de los de
autosubsistencia. Los recursos excedentarios y las divisas procedentes de
las exportaciones están destinados al pago de la deuda externa, en
perjuicio del desarrollo local y de la acumulación interna del capital.
-El bloqueo de las actividades urbanas y rurales, y del desarrollo a
largo plazo, con el abandono de los aspectos del desarrollo humano
(sanidad, educación, formación, empleo).
-La desindustrialización resultado de la devaluación, que aumenta el
precio de los bienes importados y las tasas de interés, perjudicando de
este modo las inversiones.
-La profundización del deterioro de los términos de intercambio, a
causa del excedente de volumen de materias primas en el mercado
internacional, como resultado del fomento de las exportaciones de
productos básicos.
El enfoque monetarista y economicista del BM y del FMI ha agudizado la
crisis económica africana, al atacarse a las inversiones públicas en
lugar de eliminar los obstáculos y deficiencias estructurales. Esta política,
inadaptada a las todavía coloniales economías africanas, ha hundido a
cerca de la mitad de la población del Continente en la miseria absoluta y
la ha condenado a la lucha por la supervivencia.
Los PAE imponen, pues, soluciones nacionales a los problemas generados
por los desequilibrios macroeconómicos internacionales. De ahí su
fracaso o ineficacia, al no atacarse los verdaderos problemas, los de la
pobreza y de un orden internacional justo.
Los genocidios de Ruanda de 1994 constituyen un caso ilustrativo de hasta
dónde puede llevar la aplicación indiscriminada de los PAE.
Además de los evidentes factores internos, históricos y recientes, éstos
se explican también por las consecuencias de las devaluaciones de 1990
(40 por ciento) y de 1992 (15), la compresión de los gastos públicos en
la sanidad y la educación, y por el derrumbe de los precios mundiales del
café y del té, principales productos de exportación del país y fuentes
de sus ingresos, con el consiguiente deterioro de los términos de
intercambio en un 49 por ciento.
De este modo, en este país que forma parte de los más pobres del mundo,
con la más alta tasa de densidad de población, la supervivencia pasa por
la lucha para el control de los escasos recursos económicos.
Todo indica que al igual que la década de 1980, la de 1990 será también
una década perdida, a causa del descuido del capital humano por los PAE.
La ideología neoliberal, impuesta a los países africanos a través de
los PAE, ha profundizado el subdesarrollo del Continente y ha agudizado
los sufrimientos humanos de los países africanos a los que se ha sometido
a una nueva forma de colonialismo, basada en la planificación privada
internacionalizada, con la subordinación de los valores humanos a los
mercados libres. Producen exclusivamente para el mercado exterior y no
para el consumo local.
De ahí las hambrunas y la desaparición de las selvas costeras africanas
reducidas, en 30 años, del un por ciento al 10 en Costa de Marfil, Ghana,
Benin y Nigeria.
El fracaso de los PAE viene ilustrado por una serie de evidencias: la caída
de la renta per capita de África a su nivel de 1960; el agotamiento de
los recursos naturales con la destrucción del medio ambiente; la agravación
de los sufrimientos de los más pobres, perjudicados por el descuido de
los aspectos del desarrollo humano, borrando los progresos realizados en
la década de 1970. Todo ello mediante la conversión del Estado africano
en aliado del capital internacional y en contra de los pueblos.
Existen miles de alternativas a los PAE, entre ellas la integración
regional y la adopción de otro modelo de desarrollo basado en el Índice
de Desarrollo Humano (IDH).
No se trata de la integración regional librecambista, que ha fracasado a
causa de los egoísmos nacionales, los nacionalismos exacerbados y la
falta de voluntad política, sino de la basada en la orientación interna
de la producción africana y la autosuficiencia colectiva, para luchar
contra la dependencia y el subdesarrollo, previa etapa a la incorporación
en el comercio internacional en condiciones aceptables.
En cuanto al desarrollo humano, tal y como lo define el PNUD, insiste en
el desarrollo social, centrado en el pueblo o en las capacidades humanas:
necesidades básicas, reducción del paro, erradicación de la pobreza y
las desigualdades, educación, formación, salubridad, servicios sociales,
desarrollo sostenible y duradero..., es decir, un fundamentalismo
humanista colectivista y ecologista liberador, contra el fundamentalismo
económico individualista e irresponsable ante toda la humanidad.
(*) Mbuyi Kabunda es de origen congolés, profesor de las universidades.
Patricio Lumumba (en el Congo) y Complutense (en España), es Presidente
de Sodepaz.
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