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Trabajo:
Los mal pagados
Por Gustavo Capdevila
Inter Press Service (IPS), 07/12/04
Ginebra. La situación
laboral en el mundo muestra que los actuales 185,9 millones de desocupados
son superados casi tres veces en cantidad por una categoría sui generis
de ”empleados” en ocupaciones tan precarias que apenas les reditúan
un dólar por día.
Esa franja de trabajadores
pobres preocupa tanto como los mismos desocupados totales a la Organización
Internacional del Trabajo (OIT), que les dedicó la atención principal de
su informe del desempleo en el mundo 2004-2005, presentado este martes.
Ante esas cifras, el
director general de la OIT, Juan Somavia, dedujo que ”lo que necesitamos
no es sólo más, sino mejores puestos de trabajo”.
En términos absolutos, el
número total de trabajadores pobres nunca ha sido tan alto como hasta
ahora, precisó Jeff Johnson, jefe del equipo de la OIT que preparó el
informe. Para empezar, casi la mitad de las 2.800 millones de personas que
trabajan en el mundo no están en condiciones de superar la línea de
pobreza de dos dólares por día.
En valores relativos eso
significa que 49,7 por ciento de los trabajadores del mundo y, en
particular, 58,7 por ciento de los que viven en países en desarrollo no
alcanzan ese ingreso diario. Los que viven con menos de un dólar diario
son 19,7 por ciento de los empleados en el mundo y 23,3 por ciento en los
países en desarrollo.
Pero el informe consigna un
dato alentador, pues advierte de que las tendencias de esas formas de
desempleo disminuyen durante este año en valores absolutos y relativos.
De todos modos, la conclusión
más significativa del informe determina que es necesario enfocar el
acceso a empleo decente y productivo si se pretende aliviar la pobreza en
el mundo. En ese aspecto, la productividad puede favorecer la creación de
trabajo decente y productivo.
Un obrero pobre de un país
en desarrollo puede trabajar una larga jornada extenuante bajo condiciones
físicas adversas y tendrá una baja productividad laboral. En ese caso,
recibirá un ingreso reducido, porque el trabajador o la trabajadora
carecen de acceso a la tecnología, de educación, o de otros factores
necesarios para incrementar la productividad.
En cambio, el obrero de un
país industrializado puede alcanzar una elevada productividad a pesar de
su jornada laboral sea de pocas horas, explicó el informe.
En una perspectiva mundial
se observan dos regiones con crecimiento de productividad negativo o con
caídas de la productividad, donde la pobreza se mantiene constante o en
realidad aumenta. Esas regiones son América Latina y el Caribe y Africa
subsahariana.
En contraste, las regiones
del mundo donde se han registrado aumentos marcados de la productividad
presentan una firme reducción de la pobreza. Aquí hablamos de Asia del
este, dijo Johnson.
La OIT concluye que es
necesario observar dónde y cómo trabaja actualmente la gente pero también,
concentrarse en dónde trabajará en el futuro, en qué actividades. Por
tanto, habrá que trazar y aplicar estrategias para el aumento de la
productividad y de los trabajos decentes.
El informe menciona áreas
específicas para intervenir con intervenciones políticas y estrategias.
Por ejemplo, la agricultura, pues 75 por ciento de los pobres del mundo
viven en zonas rurales.
”Si podemos adoptar
estrategias para mejorar la productividad en las áreas rurales, en
especial en la agricultura y en los servicios del área, lograremos
mejorar el bienestar de los pobres en esas regiones”, vaticinó Johnson.
La agricultura emplea a 40
por ciento de los trabajadores del mundo en desarrollo y aporta más de 20
por ciento del producto interno bruto de esas naciones.
Esa actividad es la
principal fuente de ocupación en 65 de los 162 países en desarrollo de
los cuales se dispone de información del empleo por sector.
Otro dato de peso indica
que la agricultura presenta la mayor participación de empleo de la mujer
en las regiones más pobres del mundo.
En el decenio de 1990, los
investigadores y los políticos descuidaron en gran parte el sector
agropecuario, mientras que favorecía la modernización a través de los
sectores de la industria y de los servicios.
El informe estima que en el
rendimiento de la agricultura juegan un papel primordial el clima, los
precios mundiales, las barreras comerciales externas y el acceso a los
mercados. El estudio recomienda una distribución más justa de la tierra
y menciona a América Latina como un ejemplo de desigualdad en esa
materia.
Johnson y su colega
Dorothea Schmidt observaron que el informe recomienda reformas de la
tenencia de la tierra, pero declinaron opinar sobre el proceso de reforma
agraria experimentado en Zimbabwe y en Sudáfrica para modificar el régimen
de distribución del campo establecido durante el sistema colonial en
favor de los extranjeros blancos.
Los dos expertos se
excusaron con el argumento de que no pueden comentar sobre las políticas
de países singulares.
El informe de la OIT
alienta la creación de empleos decentes y productivos, aunque el director
general de la institución favoreció también ”la promoción de una
globalización más justa” como otro de los elementos esenciales para
reducir el número de trabajadores pobres.
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