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Cumbre mundial sobre cambio climático en Buenos Aires
Preocupa la situación
actual de América Latina por el cambio climático
Por Roberto Molina
Prensa Latina, 12/12/04
La preocupante situación
actual de América Latina en materia de cambios climáticos, pero también
las posibilidades de revertirla con una adecuada estrategia de desarrollo
fueron expuestas ampliamente en Buenos Aires por un alto funcionario de la
ONU.
El director de la Oficina
Regional para América Latina y el Caribe del Programa de Naciones Unidas
para el Medio Ambiente (PNUMA), Ricardo Sánchez Sosa, sostuvo un
encuentro informal con un grupo de periodistas de habla hispana para
abordar este tema de incuestionable actualidad.
Lo hizo en un pequeño
salón del centro de prensa de la X Conferencia de las Partes de la
Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático, iniciada en Buenos
Aires el pasado día 6 y que concluirá el 17.
Sánchez Sosa, quien
presentó en este foro una versión del informe Cambio Climático en América
Latina y el Caribe, empezó su introducción al diálogo elogiando el
programa de Brasil, expuesto aquí, para el control de la deforestación
en la Amazonia.
Lo calificó de muy
completo, abarcador, objetivo y con tareas muy claras y bien definidas que
deberán arrojar resultados positivos a corto, mediano y largo plazos.
Enseguida, abordó el
tema de los gases de efecto invernadero (GEI) en América Latina y el
Caribe (ALC) sobre lo cual subrayó que la región tiene emisiones muy
bajas en comparación con el resto del mundo.
Sin embargo, apuntó, en
relación con las emisiones debido al cambio del uso del suelo, produce más
del 48 por ciento del total global, como consecuencia de los procesos de
deforestación de los últimos años, que en la década de 1990 rebasó
los 46 millones de hectáreas.
Como ejemplo de ese
proceso señaló los 25 mil kilómetros cuadrados perdidos en 2003 en la
Amazonia, más de 700 mil hectáreas por año en México, unas 300 mil
anuales en los países andinos y Centroamérica con la principal tasa de
deforestación del planeta.
'En la región -remarcó
Sánchez- sólo hay tres países que han incrementado sus superficies de
bosque, Uruguay, Costa Rica y Cuba, todos los demás continúan con
tendencias de disminución de su cubierta forestal'.
Resaltó que el tema de
las emisiones de GEI es muy importante para América Latina y el Caribe, y
de ahí la importancia que la región le concede, de lo cual es muestra
que 32 de sus países ratificaron la Convención Marco sobre Cambio Climático,
27 el Protocolo de Kyoto y 31 han presentado sus comunicaciones nacionales
sobre este tema.
Ello se debe al alto
nivel de vulnerabilidad en esta área geográfica, debido a la deforestación,
degradación de suelos y la urbanización acelerada en la segunda mitad
del siglo XX.
Este último aspecto,
recordó, incrementó los problemas en las ciudades con la polución del
aire, el manejo de los residuos sólidos, el agua y la contaminación.
Subrayó que en la región
apenas el 40 por ciento de los residuos sólidos se maneja adecuadamente y
entre el 10 y el 15 por ciento de las aguas residuales urbanas reciben
tratamiento adecuado antes de verterse a ríos, corrientes subterráneas y
zonas marino-costeras.
A este panorama se añade
que el 75 por ciento de la población latinoamericana y caribeña vive en
ciudades y de ellas varios millones lo hacen en zonas no calificadas para
el hábitat.
Sánchez apuntó que
debido al cambio climático crecieron fenómenos como El Niño, la
frecuencia de las lluvias y huracanes y el aumento de las inundaciones
debido a la deforestación.
Recordó que en la Cumbre
de la Tierra de Río (1992) se proclamó que para emprender acciones hay
que resolver primero dos problemas: el cambio de los patrones de producción
y consumo de los países desarrollados y el de la deuda externa de los
estados en desarrollo.
En estos momentos, remarcó,
cuando aún no se han resuelto esas dos cuestiones, se generaron nuevas,
pues con el modelo económico asociado al Consenso de Washington, se ha
producido la volatilidad financiera y ello derivó en las crisis económicas
en México, Brasil y Rusia, y la agudización del impacto de los desastres
naturales.
Puntualizó que en América
Latina y el Caribe en la década de los 90, hubo un crecimiento de casi el
doble de las pérdidas como consecuencia de esos fenómenos de la
naturaleza y el pronóstico es que eso puede crecer aún más con el
aumento de su frecuencia.
Como ejemplo puso que en
1998, el año más caliente, cuando la temperatura del mar en el Caribe
tuvo un grado por encima del promedio histórico, murió el 30 por ciento
de los arrecifes coralinos.
Si el Caribe vive del
turismo y se afectan sus zonas costeras como resultado de la elevación
del nivel del mar y de la temperatura del agua, esa industria sufrirá
sensiblemente, vaticinó.
El alto funcionario de la
ONU dijo que, a pesar de esta grave situación, si se produce un cambio y
se establece una estrategia de desarrollo sostenible adecuada, la región
tiene oportunidades importantes.
Ello se debe, dijo, a que
con sólo el nueve por ciento de la población mundial tiene el 30 por
ciento de los recursos hídricos, las mayores reservas de tierras agrícolas
y el llamado bono demográfico, es decir, que en los próximos 25 años el
grueso de la población estará en la edad productiva.
También, remarcó Sánchez,
es la región en desarrollo con mayor esperanza de vida, mayor población
urbana, mayor nivel de alfabetización y de igualdad de la mujer,
indispensable para un desarrollo sostenible, que puede alcanzarse sin
mayores complicaciones.
Opinó que para revertir
el proceso actual y beneficiarse de esas ventajas comparativas con otras
regiones en desarrollo, América latina y el Caribe tiene como prioridad
luchar contra la pobreza y la desigualdad.
Dijo que hay 224 millones
de pobres y su número crece en cifras absolutas, y la región es la más
desigual del mundo, con una relación de 19 a uno entre el 20 por ciento
de población con mayores ingresos y el 20 por ciento con los menores.
Subrayó que debe
resolverse el problema del empleo, sin los mecanismos del mercado, con
inversiones enfiladas a la creación de puestos de trabajo de calidad,
para cortar la alucinante fuga de cerebros, que alcanza más de medio millón
de profesionales.
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