|
La
guerra mundial por el petróleo y el gas
Por Adán Salgado Andrade (*)
Argenpress, 28/12/04
En
pleno siglo XXI, nuestra dependencia de los combustibles fósiles para
satisfacer las crecientes necesidades energéticas es casi total y
justifica plenamente la escalada militar de naciones como Estados Unidos,
quien así busca asegurarse el control de las reservas petroleras y gasíferas.
Resulta
irónico que en plena era digital, con redes de Internet por todo el
mundo, haciendo maravillas dentro del espacio virtual (efectos especiales
cinematográficos, sofisticados softwares, cable óptico, banda ancha),
bombas inteligentes, naves no tripuladas a Marte, en varios aspectos
tecnológicos, todavía la humanidad aún se valga de viejas invenciones
para que pueda continuar su avance hacia el futuro.
Una
de ellas es el motor de combustión interna, ideado allá por 1884, o sea,
hace 120 años. Su funcionamiento básico consiste de cilindros,
contenidos en una cámara, en la que una mezcla de aire y combustible,
encendida por una chispa eléctrica, explota, impulsando a los cilindros,
lo cual genera un movimiento que se traslada, mediante mecanismos
transmisores, al eje motriz del automóvil.
Ese
es, básicamente, el principio, el cual, con algunas mejoras, se sigue
aplicando. Y desde entonces, las fuentes energéticas han sido dos
derivados del petróleo: el diesel y, sobre todo, la gasolina. Así,
actualmente, del petróleo se extrae el 95% de los combustibles para
transportación (además del diesel y la gasolina, el keroseno, el combustóleo,
la turbocina, entre otros). Pero, además, proporciona el 40% de los
requerimientos energéticos mundiales, es materia prima en miles de
productos industriales (plásticos, telas, ácidos?¦) y es indispensable
en la producción alimentaria (por ejemplo, con él se elaboran
fertilizantes y otros agroquímicos).
Podrá
comprenderse, entonces, lo importante que resulta su control,
especialmente por el conjunto de países más industrializados, como
veremos.
Glotonería
petrolera
De
la producción mundial, actualmente cercana a los 72 millones de barriles
diarios (mbd), tan sólo EEUU consume el 31.3% (22.5 mbd), Europa le sigue,
con 19.3% (13.9 mbd) y en tercer lugar, Japón, que requiere el 6.9% (5
mbd) es decir, estas regiones se engullen el 57.5% (41.4 mbd) del petróleo
extraído todos los días, más de la mitad, debido, por un lado, a su
evidente industrialización, mayor a la del resto del mundo, sus mayores
gastos energéticos (aire acondicionado generalizado en verano y calefacción
en invierno) y, además, a su mayor concentración de automotores, casi el
75% de los aproximadamente 650 millones de vehículos que circulan por
caminos y carreteras del mundo, o sea, unos 487 millones de contaminantes
máquinas rodantes (las que, por cierto, son responsables del 80% de la
contaminación atmosférica).
Otro
país que por sí solo está aumentando considerablemente su consumo de
crudo es China, considerada como la futura potencia económica del siglo
XXI.
China
consume el 6.9%, es decir, 5 mbd de petróleo, debido a su creciente
actividad industrial. El resto del consumo se reparte como sigue:
Australia: 1.08%, Corea del sur: 2.98%; América latina: 5.9%; Antigua Unión
Soviética: 4.9%; Países asiáticos: 10.1%, Medio oeste: 6.6%; Otros:
4.3%.
Y
la tendencia es a seguir empleando intensiva y extensivamente al petróleo
hasta que se acabe, confiada la humanidad en que aún quedan muchas
reservas, algo que se está poniendo en duda.
Petróleo
baratísimo
El
hecho de que se siga dependiendo tanto del petróleo, con el consecuente
altísimo consumo actual, se debió, sobre todo, a la estrategia de
abaratamiento que se estableció, justamente, entre Europa y EEUU, después
del histórico embargo petrolero de mediados de los setentas, gracias al
cual, los países productores lograron elevar, en esa época hasta los $38
dólares el precio del barril.
Los
países industrializados, como respuesta, buscaron formas de producción más
eficientes, con maquinaria ahorradora de energía eléctrica y la
incorporación de algunas fuentes alternativas energéticas, como la solar
y la eólica, así como medios de transporte más económicos, logrando
producir 10 años después del embargo el doble de productos industriales
empleando 40% menos petróleo. Así, las compras disminuyeron y con ellas,
los ingresos de los productores, quienes para compensar la brutal reducción,
comenzaron a vender más petróleo, inundando en pocos meses el mercado,
el cual se saturó, con la consecuente disminución en los precios,
bajando el crudo casi a niveles incosteables de $9 dólares o menos por
barril. Incluso, este precio llevó a la quiebra a varias empresas
estadounidenses en esos años, mediados de los ochentas, incapaces de
obtener utilidades con un valor tan reducido.
Sin
embargo, una vez lograda la meta de abaratar el petróleo, hubo una
especie de retroceso de las países industrializados quienes, nostálgicos,
felices del regreso a los viejos tiempos del crudo barato, se
desinteresaron por el desarrollo de métodos eficientes de producción,
ahorradores de energía, así como del desarrollo de energías
alternativas (solar, eólica, oleaje, geotérmica).
De
nuevo, se dio paso al derroche. Así, los motores de los autos volvieron
al poderoso V-8, en lugar de los lentos cuatro cilindros y surgieron,
sobre todo en EEUU, los imponentes SUVTs (vehículo utilitario deportivo,
como los mal afamados Explorer, los cuales sufren frecuentes volcaduras),
glotones de gasolina. Pero, además, se generalizó aún más la cultura
del desperdicio y, actualmente, una buena parte de lo fabricado es
desechable o posee una vida útil muy corta, manufacturado con derivados
del crudo, como plásticos, incrementando su uso como base industrial (por
ejemplo, los envases de la mayoría de los alimentos son de plástico y
son desechables, así como el 60% de los componentes de un auto).
Esto,
acompañado del boom económico de fines de los noventas, elevó
considerablemente el consumo de crudo, con lo que el círculo económico
en donde el incremento de la demanda genera el consecuente incremento de
los precios, se repitió. Poco a poco, nuevamente, los precios comenzaron
a recuperarse, manteniéndose durante algún tiempo en los $18 dólares
por barril.
Y
otra vez petróleo caro
Durante
el apocalíptico año 2000, el mundo no se acabó, gracias a Dios, pero en
EEUU se produjo la debacle financiera debida a la quiebra de las .com (las
virtuales empresas del Internet, como Yahoo o Amazon), consideradas en ese
entonces las estrellas económicas de la mal llamada Nueva Economía.
Enseguida,
se produjeron los muy sospechosos atentados terroristas a EEUU (pues dieron
lugar, principalmente, a su escalada bélica), tiempo durante el cual, los
precios del crudo se estancaron. Sin embargo, a partir de la invasión a
Irak, comenzaron a subir rápidamente los precios por barril, debido a la
supresión del petróleo iraquí provocado por la guerra.
Pero
a pesar del alza, el consumo sigue en ascenso. Esto se debe, por un lado,
a una aparente reactivación económica estadounidense, provocada, sobre
todo, por la devaluación inducida del dólar que la Reserva Federal ha
impuesto (después de haber importado EEUU por tantos años más de lo que
exportaba, ahora los países exportadores tienen exceso de dólares muy
baratos).
Las
industrias de EEUU, al ser el dólar más barato, han aumentado sus
exportaciones, con tan solo aprovechar su capacidad instalada, la cual,
durante la recesión se mantuvo a media carga (por esta razón, la
reactivación se ha dado sin empleos o muy pocos). Así, el aumento en la
actividad económica, requiere, por tanto, de un incremento en los energéticos
y productos derivados del petróleo. Dicho aumento se calcula en un 2%
para este año del cual, tan sólo EEUU absorberá el 20%, unos 288.000
barriles diarios más, que deberán obtenerse a toda costa, so pena de
detener la recuperación, pues la carencia de dicho insumo podría, por
ejemplo, obstaculizar los procesos industriales, por la falta de materia
prima o energéticos suficientes para la generación eléctrica o escasez
de combustibles.
Dicha
recuperación lleva atada a otro país, China, cada vez más un fuerte
socio comercial de EEUU, que para este año absorberá el 40% del aumento de
la producción de crudo, o sea, unos 576,000 barriles diarios más al día,
el doble del consumo estadounidense. Esto porque su producción
industrial, tiende a aumentar, especialmente la maquilación de productos
estadounidenses, europeos y japoneses, cuyas grandes corporaciones se han
llevado sus fábricas allá, armando sus productos y reexportándolos a
sus países de origen o a otros lados, pues de esa manera les sale más
barato hacerlos.
Tanto
es así, que de la producción total china, un 65% proviene de empresas no
chinas. De las cuarenta mayores empresas exportadoras de China, nada menos
que 10 son estadounidenses, como Motorola Inc. y Dell Inc., fabricante la
primera de celulares y, la segunda, de computadoras (así que cuando Bush
y sus secuaces critican que por culpa de China, están perdiendo los
estadounidenses trabajos, más bien deberían hacerlo contra sus
corporaciones).
Por
ejemplo, cadenas de tiendas de autoservicio como el gigante Wal-Mart
Stores Inc. (una de las mayores corporaciones mundiales, con ventas
superiores a los $247.000 millones de dólares durante 2002) o Target Corp.,
cuentan con los bajos precios de las mercaderías chinas para ofrecer sus
'grandes ofertas', no sólo en sus cadenas estadounidenses, sino en todo
el mundo. Wal-Mart ha duplicado sus importaciones chinas durante los
pasados cinco años, a $12.000 millones de dólares anuales, lo cual
representa 10% de las importaciones totales chinas a Estados Unidos.
Ganancias
máximas
Pero
además de lo ya citado, la excesiva producción de crudo se debe también
a la necesidad creciente de las empresas petroleras por aumentar sus
ganancias al máximo posible, como es el caso, por ejemplo, de Exxon-Mobil.
Esta compañía bombea por sí sola más petróleo que Kuwait (2,54 mbd) y
es una de las así consideradas 'cinco grandes' (sus ventas en el 2003
ascendieron a la enorme cantidad de $229.000 millones de dólares, la
mitad del PIB mexicano), junto con Royal Dutch/Shell, British Petroleum,
Total y Chevron Texaco.
Justamente
para mejor dominar al mercado mundial, Exxon compró en 1999 a Mobil, por
la astronómica suma de $81,000 millones de dólares (una quinta parte del
PIB mexicano), y por tanto, siempre anda en pos de nuevas regiones
petroleras para explotar sus reservas. Por ejemplo, intentó 'asociarse'
con Yukos-Sibfneft, el gran consorcio petrolero ruso, cuyo ex presidente
Mikhail Khodorkovsky está preso en una cárcel de Moscú, que muchos
especulan fue un desesperado movimiento de Vladimir Putin, el mandatario
de Rusia, para contrarrestar esa asociación y evitar que, así, dichas
empresas se quedaran con el petróleo ruso, despojando a ese país de una
vital fuente de ingresos.
Y
lo mismo busca hacer Exxon en México, junto con otras empresas, en donde
la privatización parcial que se dio desde el período de Salinas y luego
se reforzó con Zedillo, ha permitido la concesión velada de
explotaciones, con los tramposos 'contratos de servicios múltiples',
gracias a los cuales, ya se cedió la explotación a corporaciones
extranjeras de la llamada cuenca de Burgos, en los estados de Tamaulipas y
Nuevo León, y de las cuencas de Sabinas y Piedras Negras, en Coahuila,
para extraer gas natural.
Dichas
reservas ascienden apenas a 8.8 billones de pies cúbicos, según la
publicación Oil & Gas Journal, y a 15 billones de pies cúbicos, según
la revista World Oil, ambas estimaciones muy reducidas, si se comparan con
las reservas de EEUU, país al que se le va a vender el gas natural, y que
cuenta con 187 billones de pies cúbicos.
El
anterior presidente de Exxon, el gerontócrata Lee Raymond (sustituido por
el vicepresidente Rex Tillerson), además de agresivo protector de los
intereses de su empresa, es uno de los más acérrimos opositores al
control de emisiones contaminantes debidas a los hidrocarburos, alegando
que no hay ninguna base científica para afirmar que a ellas se deba el
calentamiento del planeta, a pesar de las fehacientes pruebas de los
expertos. Y obsesionado como todos los grandes CEOs (los jefes ejecutivos
de las empresas) en lograr las máximas ganancias, Raymond tiene el
compromiso permanente, sobre todo con sus codiciosos accionistas, de
incrementar la producción, o sea, la extracción petrolera, nada menos
que 3% anual.
Esto
puede no parecer mucho, pero el problema con los pozos petroleros es que
al explotárseles, la baja de presión tiende a reducir la producción en
un 5%. De hecho, tras un año de bombeo, si un pozo producía, digamos,
100.000 barriles diarios, significará que al final, rendirá solamente
95.000. Así que si Exxon Mobil intentara mantener a flote la producción
de petróleo y aumentarla 3%, tendría que buscar otro pozo que, al menos,
pudiera rendir 8% de la producción anterior, es decir, 8.000 barriles
diarios, para reponer la declinación de 5.000 más otros 3.000, para
cumplir los 'compromisos' con sus accionistas.
Por
ello, Exxon-Mobil invierte más de $11.000 millones de dólares anuales
para exploración y explotación de nuevos yacimientos petroleros, sobre
todo en los países árabes, que se consideran los mayores poseedores de
reservas de crudo, incluido Irak, segundo en cantidad, el cual invadido y
con un gobierno títere, será el próximo paraíso petrolero para Exxon-Mobil
y sus cuatro 'hermanas'.
¿Reservas
infladas?
Y
el problema de tan fascinantes planes de expansión y creciente
industrialización, con la consecuente alza en el consumo petrolero, es
que las reservas de crudo últimamente se han estado manipulando e
inflando más allá de las verdaderas existencias, las probadas, no las
probables. Pero es justamente con las probables o las potenciales, que las
agencias y organismos de energía, especialmente estadounidenses, hacen
sus cálculos de cuánto petróleo tenemos y cuánto va a durar.
Esto,
por supuesto, ha generado problemas para los gigantes petroleros, como
Royal Dutch/Shell, la que, basándose en tales reservas potenciales, infló
en 20% su capacidad de producción y cuando develó las verdaderas cifras,
sus accionistas estuvieron a punto de colapsarse, exigiendo la cabeza del
presidente de la compañía, el señor Phil Watts, debido a la consecuente
baja de sus respectivos títulos accionarios, porque Shell no cumplió con
las ganancias prometidas (otro buen ejemplo de corrupción y fraude
contable, del tipo Enron, con la cual, el difunto despacho de contadores
Anderson y asociados, confabuló oscuros artilugios para presentarla como
una empresa muy rentable).
En
cuanto a la cantidad real de crudo que queda, en un foro internacional
para analizar la disminución de los mantos petroleros, realizado el año
pasado por el Instituto Francés del Petróleo, en París, se estableció
que los descubrimientos de nuevas reservas petroleras han declinado desde
los años sesenta, a pesar del uso de modernas y costosas tecnologías de
introspección y a pesar del voraz, creciente consumo. Hoy día, el mundo
utiliza más de tres veces la cantidad de crudo que se puede localizar
cada año. Y no es por falta de fondos, pues al menos las grandes
petroleras, en conjunto, invierten más de $60.000 millones de dólares al
año en exploraciones.
Las
reservas probadas montan 1.213 billones de barriles (un billón igual a
1.000.000.000.000), según el Oil & Gas Journal y 1.035 billones de
barriles, según el World Oil. Aún tomando la mayor de las cifras, al
ritmo de consumo actual, considerando además el aumento anual, de 2 a 3%,
no queda petróleo para más de 40 años, aunque los expertos (sobre todo
estadounidenses y europeos), digan que hay para '100 años'.
Y
a pesar de que muchos de esos analistas señalan que contamos con plenitud
de reservas 'no convencionales', como el crudo super pesado y la llamada
'tierra aceitosa' (el chapopote), reservas que se estiman en 3,5 billones
de barriles y que están en Venezuela y Canadá, explotarlas, al menos
actualmente, sería incosteable. Pero, además, como ya se señaló, el
mito del petróleo abundante, otra vez ha desincentivado el desarrollo de
energías 'verdes' y renovables. Y esto, más que una ventaja económica,
sería una ventaja ecológica, que, por lo pronto, sale de los alcances
del presente análisis.
Armas
para el control masivo del crudo
Y
con el conocimiento de la disminución de las reservas mundiales en mente,
los mayores consumidores de petróleo, entre ellos EEUU, se han dado a la
infame tarea de asegurarse, a como se pueda, el crudo y, por supuesto, el
gas natural, sobre todo los de los países árabes. Irak ya es parte del
temible complot, invadido y con un gobierno títere, para hacerse de sus
reservas petroleras, 112.500 millones de barriles (mdb), además de las de
gas natural, de las que posee 112,6 billones de pies cúbicos (bpc).
Irán
también se considera estado terrorista, tal vez por sus respetables
cantidades de energéticos: 89.700 mdb de crudo y la altísima cifra de
913 bpc de gas natural, la segunda, después de Rusia. Y, por supuesto,
Arabia Saudita y los Emiratos Arabes Unidos, aparentemente aliados de
occidente. Arabia ocupa el primer lugar en crudo, con reservas de 261.800
mdb, en tanto que de gas natural, tiene 225 bpc. Los Emiratos poseen
97.800 mdb de crudo y 212 bpc de gas natural.
Estos
dos países, hasta ahora, todavía se consideran amigos de EEUU; sin
embargo, baste recordar que, muy sospechosamente, los supuestos
terroristas que manipularon los avionazos que derribaron las torres
gemelas, eran todos saudi árabes, ninguno iraquí o afgano. ¿Será acaso
que EEUU, en su paranoia bélica, tomando cualquier pretexto, esté
considerando agregarlos a su lista de países del 'eje del mal', junto con
Irán, Siria y Corea del norte, a los que hay que invadir con el pretexto
de combatir al terrorismo para, en realidad, apoderarse de sus energéticos?
Quizá por eso, hasta ahora, EEUU no se haya decidido a invadir a Corea del
Norte, a pesar de ser amenaza nuclear, pues ese país no tiene ni gota de
petróleo? ¡muy mal negocio!
(*) Adán
Salgado Andrade es economista mexicano y profesor de la UNAM.
|
|