|
No
funciona pero insisten
Por
Juan
Torres López
La Opinión, Málaga, 13/02/05
El
Fondo Monetario Internacional acaba de publicar un informe titulado Estabilización
y reforma en América Latina en el que, entre otras cosas, señala el
aumento espectacular de la pobreza en aquella región durante la última década.
El
Fondo confirma otros estudios similares e indica que ahora hay 14 millones
de pobres más que hace diez años, alcanzándose un total de 214, diez
menos que los que registra la CEPAL en otro reciente informe.
Eso
significa que casi un 45% de la población de América Latina está en
situación de pobreza. Una situación que afecta especialmente a los niños
y jóvenes. Más de la tercera parte de los pobres en América Latina y el
Caribe son niños y niñas menores de 15 años, y casi el 60% de todos los
niños y niñas son pobres.
Las
Naciones Unidas establecieron hace pocos años unos Objetivos del Milenio
que se podían considerar como realistas pero que, al paso que muestran
estas últimas cifras, casi será imposible que puedan conseguirse en América
Latina (como en otras zonas del mundo).
Lo
que resulta paradójico es que el Fondo Monetario Internacional reconoce
en este informe que "no existe vínculo entre las políticas de
reforma y la dIsminución de la pobreza".
Digo
que es paradójico porque esas políticas se han aplicado por inspiración,
o más bien podríamos decir que por imposición del Fondo.
Como
dijo en alguna ocasión el ministro argentino Lavagna, los errores del FMI
se traducen once años después en estudios que los reconocen pero
mientras tanto los individuos y las naciones los pagan sin remedio. Lo decía
cuando el Fondo reconoció en un informe de la Oficina de Evaluación
Independiente de la entidad que había cometido "el error de
respaldar durante demasiado tiempo políticas inadecuadas" en
Argentina que luego condujeron a la crisis de 2001.
Una
vez más, el Fondo ha sido responsable de un desastre social aplicando políticas
que no tienen más fundamento que favorecer a las clases adineradas y a
las grandes empresas. Y, a veces, ni siquiera a ellas porque se aplican
con torpeza, como una mera expresión del papanatismo económico de sus
burócratas que las convierte en materialmente inútiles en todos sus
aspectos.
Empecinado
solamente en controlar los costes salariales y los precios y en favorecer
a las empresas exteriores más potentes, el Fondo ha impuesto políticas
que han logrado combatir la inflación pero a un coste extraordinario, en
lo económico y en lo social. Hoy día se calcula que más de la población
empleada en la zona lo hace en puestos de trabajo informales, con salarios
paupérrimos y en miserables condiciones humanas y laborales como
consecuencia de la política de flexibilización impuesta por el Fondo.
Este
se ha despreocupado de la generación de ingreso y de su distribución o,
mejor dicho, sólo ha mostrado una preocupación falsa por cuanto es
elementalmente contradictoria con las medidas que propone. La consecuencia
ha sido que los mercados internos se han deteriorado porque hay menos
capacidad de compra al haber menos ingresos y al estar peor distribuidos.
Eso da lugar a que haya menos crecimiento y creación de riqueza para sus
ciudadanos.
El
Fondo reconoce ahora cándidamente que "haber confiado en exceso en
el mercado fue una estrategia fallida para crear oportunidades de que los
pobres generaran ingreso".
Sería
una declaración de risa si no fuese por lo patético que resulta cuando
se sabe que esa confianza no era tal mayoritariamente sino sólo el
resultado de sus imposiciones. Es el FMI quien propaga, difunde e impone
esas políticas de liberalismo salvaje que arruinan a naciones enteras.
Impulsando
esa destructiva ideología del libre mercado obligó a que los países
redujeran su gasto social, debilitando la sanidad, la educación o las
infraestructuras que son tan necesarias para impulsar el crecimiento.
Prefirió que esos recursos fueran a manos de las grandes corporaciones y
ahora sus lamentos son ya completamente inútiles.
El
Fondo también fue el que obligó a los
países a que redujeran o eliminaran sus aranceles. En lugar de ayudar a
que Haití saliera adelante le obligó a reducir los del arroz del 35% al
3%. En poco tiempo, se producía una entrada masiva de arroz proveniente
de Estados Unidos. Las empresas norteamericanas hacían el agosto gracias
al Fondo y los campesinos haitianos se arruinaban. Igual hizo con la leche
en Jamaica y con docenas de otros productos, cuya protección obligó a
eliminar para que los provenientes de los países ricos se abrieran paso
en esos mercados.
Mientras
que hacía eso con los países pobres de América Latina y del resto del
mundo, el Fondo deja que los ricos impongan sus privilegios y barreras
proteccionistas. La Unión Europea dedica a subsidiar su producción
agraria el doble que a ayudar a los países pobres y así puede colocar en
el extranjero una producción que es mucho más cara que la de los países
pobres de quienes se encarga el FMI. Aunque producimos el azúcar a un
precio tres veces más alto que los demás países, nos hemos convertido
en los primeros exportadores mundiales porque subsidiamos a las grandes
empresas productoras mientras se nos llena la boca de palabras de
solidaridad y ayuda. ¿Cómo podemos extrañarnos de que aumente el número
de pobres en el mundo si una vaca europea recibe un promedio de dos dólares
de subvención diaria, es decir, más de lo que ganan los 1.400 millones
de trabajadores que representan la mitad de la población trabajadora
mundial?
Estados
Unidos aprobó en 2002 una Ley Agraria que implica aumentar
escandalosamente las subvenciones a sus productos agrarios, lo que
inevitablemente va a aumentar la ruina de otros países más pobres a los
que el fondo les niega la posibilidad de hacer lo mismo que hacen los
ricos. Sólo los aranceles que Estados Unidos impone al zumo de naranja de
Brasil le cuestan a éste último país más de 1.000 millones de dólares
anuales.
El Fondo
Monetario y los gobiernos que lo apoyan y lo utilizan son los responsables
de estas situaciones de injusticia extraordinaria. El Fondo es un
instrumento de empobrecimiento generalizado que habría que detener cuanto
antes porque este planeta no se puede permitir más décadas perdidas y que los responsables se laven luego las manos como si el
crimen no hubiera ido con ellos.
|