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Calentamiento
global: El Protocolo de Kioto entra en vigor sin EEUU
Kiotismo,
como fascismo y comunismo
Por
Óscar Gutiérrez
AIS (Agencia de Información Solidaria), 17/02/05
"El
Protocolo de Kioto es destructivo para la ciencia y el medio ambiente,
para la salud pública, la seguridad, la economía y la lucha
internacional contra el hambre y la pobreza". Son palabras extraídas
de un artículo publicado en Financial Times (14 de noviembre de 2004) por
Andrei Illarionov, miembro de la Scientific Alliance, organización británica
de científicos escépticos con el cambio climático. Illarionov añade:
"El kiotismo es una cortina de humo que como el fascismo y el
comunismo ataca las libertades fundamentales del hombre". Las
palabras de Illarionov son un ejemplo no aislado de lo que Bob May,
presidente de la Royal Society británica, ha denominado "lobby de
escépticos profesionales" y que financiados por las compañías
petroleras de Estados Unidos, sobre todo en los años 90, sigue hoy aún
"activo".
Entre
las petroleras que señala May está Exxon Mobil, valuarte financiero del
Instituto George C. Marshall (al que aportó 90.000 dólares en 2003) y
que en su último trabajo minimiza los efectos del calentamiento global.
Su colaborador en ese estudio: la Scientific Alliance de Andrei Illarionov.
¿Por
qué los lobbistas estadounidenses miran ahora hacia Londres? Porque el
primer ministro británico, Tony Blair, lidera el G8 (las siete mayores
potencias más Rusia) justo en el momento en el que el protocolo de Kioto
ha entrado en vigor para que 30 países empiecen ya a reducir el efecto
invernadero de la Tierra. Estados Unidos no está entre ellos. Y esto a
pesar de que su anterior presidente, el demócrata Bill Clinton dejó una
patata caliente a George W. Bush con la firma de Kioto. Bush se limitó a
retirar la firma a principios de 2001. Kioto, ha defendido el actual
inquilino de la Casa Blanca, es un protocolo injusto si sólo mira a los
países industriales (no exige nada a China), además de que puede causar
la pérdida de millones de puestos de trabajo. Y aunque hoy la tasa de
desempleo en Estado Unidos se sitúa ligeramente por encima del 5%, en los
dos primeros años de su mandato, sin que Kioto tuviera nada que ver, más
de tres millones de estadounidenses se quedaron sin trabajo.
Dudas
sobre el calentamiento global
Kioto
establece que los países firmantes reduzcan sus emisiones contaminantes
para el periodo 2008-2012 en una media del 5,2% con respecto a 1990.
Estados Unidos, si no se hubiera desvinculado, tendría que reducirlas un
6%. Pero Washington ha elaborado un plan alternativo en el que se ha
comprometido a reducir hasta un 12% la ‘intensidad’ de sus emisiones.
Intensidad medida en relación al PIB, en relación a la marcha de su
economía y, por tanto, en relación a algo que poco tiene que ver con el
medioambiente.
La
actual Administración republicana se ha atrevido incluso a poner en
entredicho la gravedad del calentamiento de la tierra. Hoy ya pocos lo
hacen.
"No
hay duda de que el clima del planeta está cambiando". Dennis Tispak
ha sido el presidente de la cita ‘Evitar el peligroso cambio climático’
celebrada los primeros días de febrero en Exeter (Reino Unido). Entre las
conclusiones más alarmantes: nueve de los últimos 12 años han sido los
más cálidos desde que hay mediciones de temperatura; se prevé un
aumento de la temperatura de entre 1,4 y 5,8 grados centígrados hasta
2100; el 75 % de los glaciares de la península antártica están en
regresión; el nivel del mar ha subido entre 1 y 2 milímetros al año el
último siglo; la acidez del CO2 en el mar, a unos niveles que no se conocían
en 20 millones de años, está acabando con los corales; y plantas y
animales aceleran su reproducción.
Pruebas
del cambio climático hay muchas, como también hay consecuencias:
deshielo, subida del nivel del mar, riadas, sequías, especies en extinción,
nomadismo, inundación de poblaciones de bajo litoral, desaparición de
cultivos básicos.
El
estadounidense, el que más contamina
Incluso
la Agencia de Protección del Medioambiente de Estados Unidos (EPA)
reconoce (ya lo hizo en 2002) que existe calentamiento global y que es
gracias a los abusos del hombre en el refino del petróleo, la generación
de electricidad y la combustión de los vehículos. Según sus datos, el
estadounidense medio emite cada año 6.6 toneladas de gases de efecto
invernadero, una cantidad que no supera el ciudadano de ninguna otra
nacionalidad. Como tampoco es superable Estados Unidos como el mayor
contaminante mundial con un cuarta parte de las emisiones totales de CO2.
La
EPA es la misma agencia a la que los presupuestos que Bush acaba de llevar
al Congreso recortan un 6% en detrimento del gasto general en defensa más
el extra de la campaña Irak-Afganistán.
Otros
indicadores sobre contaminación medioambiental no dejan en tan mal lugar
a Estados Unidos. Expertos de las Universidades de Yale y Columbia (EEUU)
han presentado el ‘Índice de Sostenibilidad Ambiental 2005’, un
ranking de 146 países en el que se mide, entre otras cosas, la emisión
de gases de efecto invernadero o la calidad del agua. Estados Unidos se
encuentra en el puesto 45, no muy mal situado (Reino Unido está en el
66), pero muy lejos de su octavo lugar entre los países más
desarrollados según los criterios de Naciones Unidas.
La
negativa de Estados Unidos a Kioto, sin embargo, no es unánime. Han sido
ya muchas las transnacionales estadounidenses que han guiñado un ojo a la
compra-venta de emisiones de efecto invernadero que prevé Kioto para
facilitar su cumplimiento (los países que superen su nivel de emisiones
tienen la ‘oportunidad’ de comprar derechos de emisión a otros países
menos contaminantes). Y lo han hecho reunidas en torno al programa
‘Intercambio Climático de Chicago’ en el que participan firmas como
Ford, Baxter, Dupont, Motorola o IBM.
El motivo
de este guiño interesado al medioambiente es que estas empresas nacen en
Estados Unidos, pero negocian con países donde Kioto entra en vigor.
Empresas que, al menos, dan un empujón más al país que más contribuye
al efecto invernadero para que el vigor de Kioto, con Estados Unidos de su
lado, frene de verdad el calentamiento de la Tierra.
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