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del capitalismo

 

El cerebro del Pentágono

Wolfowitz: del lobby judío al Banco Mundial

IAR-Noticias, 17/03/05

Hasta ahora, y como segundo de Rumsfeld en el Pentágono, comanda un grupo de funcionarios y tecnócratas de la derecha fundamentalista, en cuyas manos está el diseño y la ejecución de la política militar norteamericana. Fue el principal instigador de la invasión Irak, y hoy hace lobby para que Washington ataque a Irán y a Siria. Quién es Paul Wolfowitz, al que Bush quiere colocar al frente del Banco Mundial.

El subsecretario de Defensa de Estados Unidos, Paul Wolfowitz, a quien se considera uno de los principales cerebros instigadores de la guerra en Irak, ha sido propuesto por el presidente George W. Bush para encabezar el directorio del Banco Mundial (BM).

Wolfowitz es el segundo funcionario en jerarquía del departamento de Defensa estadounidense, detrás del secretario Donald Rumsfeld, con quien conforma la dupla de poder del Pentágono.

Fue el creador (junto a Rumsfeld) de la disuelta Oficina de Planes Especiales desde donde se "fabricó" la argumentación justificatoria de la invasión y ocupación de Irak.

Está señalado como el operador de las empresas del lobby judío que actúan en el negocio de las guerras y de la "reconstrucción", y se lo sindica como el principal introductor de la técnicas de tortura en la prisiones iraquíes de la ocupación.

Bush hizo el anuncio de su posible "pase" al BM en una rueda de prensa en la Casa Blanca. En realidad no hizo una presentación, sino que respondía a una pregunta cuando aseguró que "Paul (Wolfowitz) será un gran presidente del Banco Mundial".

"Es un hombre de mucha experiencia. Ha manejado grandes organizaciones. El Departamento de Defensa es una gran organización, el Banco Mundial es una gran organización", señaló el jefe de la Casa Blanca.

Bush también habló del trabajo de Wolfowitz como embajador en Indonesia (1986-1989).

"Es un hombre compasivo y decente, muy comprometido con el tema del desarrollo y por eso lo propongo", afirmó Bush ante los periodistas.

El BM tiene una cartera de préstamos de unos US$ 20.000 millones anuales, maneja una plantilla de 10.000 empleados distribuidos en oficinas en más de 100 países.

Antes de ser confirmado, Wolfowitz debería recibir el apoyo de los 184 países que integran la mayor organización bancaria del mundo, un proceso que normalmente es sólo un trámite.

Tradicionalmente, EEUU nombra al jefe del Banco Mundial, mientras que los europeos seleccionan al presidente del Fondo Monetario Internacional.

Pero por la naturaleza del trabajo que ha desarrollado desde el Pentágono, Wolfowitz es una figura polémica, y según muchos observadores, no goza de buena imagen entre muchos países europeos.

El cerebro del lobby judío

Desde hace tres décadas, Paul Wolfowitz participa en casi todos los gabinetes civiles del Pentágono. Discípulo de Leo Strauss, comanda un grupo de expertos pro-israelíes quienes justifican el uso de la guerra para "extender la democracia de libre mercado" a todo el planeta.

Se dice que de su cerebro y de la pluma de Condoleezza Rice ha salido, tras el 11-S, la doctrina de la "guerra preventiva" que justifica las intervenciones militares y la intimidación a los países considerados "dictatoriales" o "terroristas", generalmente ricos en petróleo o en algún otro recurso estratégico.

Convertido en una figura clave de los neoconservadores, es reclutado por George W. Bush (hijo) en el otoño de 1998, con el fin de servirle de asistente en las cuestiones de política exterior, al lado de una personalidad muy cercana al entonces candidato republicano, Condoleezza Rice.

Por entonces integra un equipo especializado en relaciones internacionales que está compuesto además por ocho miembros: Rice y Wolfowitz, naturalmente, pero también Richard Armitage, Richard Perle, Dov Zakheim , Stephen Hadley, Robert Blackwill y Robert Zoellick.

Al mismo tiempo se crea un segundo equipo durante la segunda campaña de George W. Bush (hijo), conducido por Rumsfeld, con el objetivo de promover el proyecto del escudo antimisiles, en el que participan Rice, Wolfowitz, Hadley y Perle, pero también otras personalidades externas como George Schultz o Martin Anderson.

En la actualidad Wolfowitz lidera un grupo de funcionarios y tecnócratas de la derecha fundamentalista, en cuyas manos está el diseño y la ejecución de la política militar norteamericana.

La mayoría de estos expertos y tecnócratas que manejan las estructuras estratégicas del Pentágono provienen principalmente del lobby sionista de Israel, la derecha cristiana, los think-tanks, las fundaciones y los grandes consorcios mediáticos -diarios y cadenas televisivas y radiales- que integran la logia empresarial contratista del Complejo Militar Industrial.

El lobby, dirigido políticamente desde la Casa Blanca por el vicepresidente Dick Cheney, y liderado en la secretaría de Defensa por su titular, Donald Rumsfeld, representa en esencia el interés de las armamentistas, las petroleras y los consorcios de servicios que operan contratos millonarios con el Pentágono estadounidense.

Las teorías conspirativas sobre Bin Laden y el "terrorismo amenazante" que sirvieron para justificar la invasión a Afganistán tras el 11-S, y luego la invasión a Irak, fueron elaboradas por Wolfowitz y su equipo de tecnócrtas en la OSP, en vinculación directa con el equipo conducido por la asesora en Seguridad Nacional de Bush, Condoleezza Rice, que compone junto con Cheney y Powell la primera línea de influencia en la Casa Blanca.

Desde allí el lobby construyó las principales teorías legitimadoras de la nueva invasión a Irak en base a informes falsos como lo fue, por ejemplo, la información provista a Bush sobre las armas químicas de Saddam, y sus presuntas vinculaciones con la organización Al Qaeda de Bin Laden.

Experiencia que le valió el mote de "fabrica de mentiras" con que se conoce a esta oficina invisible del lobby en el Pentágono.

Actualmente Paul Wolfowitz y Donald Rumsfeld, ha incrementado su presión sobre la Casa Blanca para que ordene acciones militares puntuales contra Siria, básicamente bombardeos "selectivos" como los realizados en Irak antes de la invasión.

El lobby impulsa abiertamente la intervención militar en todo el mapa de Medio Oriente para eliminar "la amenaza árabe a Israel", y sostiene que Israel y Turquía son los únicos verdaderos Estados-naciones de la región y han estado pronosticando la desintegración de algunos Estados árabes desde la primera Guerra del Golfo.

La desmembración de Siria e Irak en regiones determinadas, en base a criterios étnicos o religiosos, es un objetivo prioritario para Israel, y la primera etapa de este proceso pasa por la destrucción del poderío militar de dichos estados y de los grupos de resistencia islámicos que hoy desestabilizan la ocupación militar de Irak.

Su "biblia" funcional se condensa en un documento del año1996 titulado "Un cambio nítido: una nueva estrategia para asegurar el territorio nacional," escrito por el grupo JINSA para aconsejar al entonces primer ministro entrante israelí Benjamin Netanyahu.

Este documento abreva en las raíces de la "teoría de los bolos" del Oriente Medio, según la cual un golpe dirigido contra Irak podría derribar varios regímenes árabes del Medio Oriente.

La misma teoría la repiten ahora poniendo en el centro a Siria y a las organizaciones radicalizadas árabes que combaten a la ocupación militar de EE.UU. en Irak.

Las ideas fuerza de "democratizar" a Irán y Siria "cierran" con el plan madre del sionismo judeo-norteamericano de Washington fogoneado por la troyka de expertos comandada por el segundo de Defensa, Paúl Wolfowitz.

Después de planificar la invasión a Afganistán (bajo el pretexto de destruir a la red "Al Qaeda"), y de la ocupación militar de Irak (bajo el pretexto de terminar con las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein) Wolfowitz y los halcones norteamericanos, fortificados por la reelección de Bush, y contando con la sumisión de Europa y de Rusia a la "guerra contraterrorista", han puesto la mira en tres países claves: Siria, Líbano e Irán.

El grupo de halcones militares y civiles pro-Israel planificó la invasión a Irak a partir de un principio sustentado en la "teoría de los bolos" del Oriente Medio, según la cual un golpe dirigido contra Irak podría derribar varios regímenes árabes del Medio Oriente.

Como ese principio fracasó en Irak, la misma teoría la repiten ahora poniendo en el centro a Siria, y con la mira puesta en el resto de los países agendados como "blancos" del Pentágono en el segundo mandato de Bush, caso de Irán, el otro objetivo estratégico de gran envergadura a conseguir por los halcones.

El plan, bautizado como proyecto de "remodelación del Medio Oriente", fue reafirmado por el presidente George W. Bush en su discurso de asunción del segundo mandato, el 20 de enero pasado.

Para precisar el nuevo contexto, el jefe de la Casa Blanca recordó, en su alocución, los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, como "un día de fuego", y añadió: "nuestro deber no está definido por las palabras que uso, sino por la historia que hemos visto juntos".

"La mejor esperanza para la paz en nuestro mundo reside en la expansión de la libertad en todo el Planeta", afirmó Bush dejando en claro que la política exterior iniciada tras el 11-S seguirá inconmovible y con más fuerza con la halcona negra, Condoleezza Rice, al frente del Departamento de Estado.

El discurso de Bush no hacia otra cosa que "reciclar" con palabras aggiornadas el proyecto de "remodelación del Medio Oriente", ahora vestido de cruzada libertadora contra el terrorismo y las "tiranías del mundo".

El gobierno sirio, según el decálogo bushiano de la Casa Blanca, cumple acabadamente con el modelo: es un régimen "dictatorial" que protege y promueve al "terrorismo".

La Operación Siria, pieza maestra del plan, busca como objetivo estratégico afianzar el control de las reservas energéticas en el Medio Oriente y en los Estados del Golfo, asegurar una base de control geopolítico-militar con proyección al Asia, y seguir con las conquistas de nuevos mercados, apoyándose en el poder nuclear-militar de Israel a nivel regional.

El posible nombramiento de Wolfowitz al frente del Banco Mundial, sorprendió a los analistas. La mayoría coincide en qué difícilmente el lobby del Pentágono y las empresas contratistas puedan prescindir de los servicios del cerebro del grupo en las operaciones que se avecinan.

No obstante, abren un interrogante a la espera de la decisión final de Bush sobre el destino de Wolfowitz.

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