|
Crecimiento de las ganancias
petroleras, declinación de los descubrimientos y signos peligrosos
El colapso energético que se
avecina
Por Michael T. Klare (*)
TomDispatch.com, 22/03/05
Reproducido en La Jornada, México,
31/03/05
Traducción, Ramón Vera Herrera
Los datos publicados por las
principales compañías petroleras acerca de su comportamiento del año
previo, rara vez generan mucho interés fuera del mundo empresarial. Pero
con la elevación perenne en los precios y cuando Big Oil publica
ganancias récord, este año es excepcional. Muchos medios de comunicación
cubrieron el anuncio de las enormes ganancias de ExxonMobil, la corporación
pública más rica de la nación, y de otras grandes firmas. Las entradas
de Exxon, relativas a los últimos cuatro meses del año pasado, suman 8
mil 420 millones de dólares, lo que representa el ingreso cuatrimestral más
grande jamás visto en empresa estadounidense alguna.
''Esta es la compañía más
rentable del mundo'', declaró Nick Raich, director de investigaciones de
Zacks Investment Research en Chicago. Pero por más animados que sean los
recientes anuncios para mucha gente de Wall Street, contienen también una
señal menos auspiciosa. Pese a haber gastado miles de millones de dólares
en exploración, las principales empresas energéticas informan de pocos
nuevos hallazgos y, como nunca, han estado excavando en lo profundo de las
reservas existentes. Si esta tendencia continúa -y hay muchas razones
para asumir que seguirá- el mundo se encamina a un aplastamiento energético,
severo y prolongado, en un futuro no muy distante.
Para poner esto en perspectiva,
tomemos en cuenta que, hasta ahora, la industria petrolera global ha sido
capaz de incrementar su producción combinada año tras año, manteniéndose
al ritmo de la creciente demanda mundial. Es cierto, ha habido ocasiones
en que la demanda ha sobrepasado el abasto, lo que produjo escasez
temporal y un aumento en los precios de la gasolina que se vende en las
esquinas. Pero la industria siempre ha podido emparejarse de nuevo y
satisfacer la insaciable sed mundial de crudo. Esto ha sido posible debido
a que las compañías energéticas mantuvieron una constante y exitosa búsqueda
de nuevas fuentes de petróleo que complementaran las existencias extraídas
de las reservas. Las reservas mundiales conocidas contienen todavía mucho
crudo -aproximadamente 1.1 billones de barriles, según las estimaciones
de los expertos- pero no pueden satisfacer indefinidamente la creciente
demanda global. Así, en ausencia de nuevos descubrimientos importantes,
enfrentamos una contracción gradual del abasto petrolero mundial.
Signos de un aplastamiento energético
En este contexto, las siguientes
informaciones, hechas públicas en meses recientes, adquieren gran
significación.
*
ConocoPhillips, la amalgama de
Continental Oil y Phillips Petroleum, con sede en Houston, anunció en
enero que las nuevas adiciones a sus reservas petroleras de 2004 sumaban
únicamente un 60-65 por ciento de todo el crudo producido ese año, lo
que entraña un vaciamiento significativo de tales reservas existentes.
*
ChevronTexaco, la segunda empresa
energética estadounidense después de ExxonMobil, informó también de un
desequilibro significativo entre su producción y la restitución de sus
reservas petroleras. Aunque no estuvo dispuesto a develar la naturaleza
precisa del déficit de la compañía, el ejecutivo en jefe, Dave O'Reilly,
dijo a los analistas que espera que su ''tasa entre las reservas de 2004 y
la restitución de las mismas, sea baja''.
* Royal Dutch/Shell declaró que el
año pasado había sobrestimado sus reservas de crudo y gas natural en 20
por ciento y que recientemente bajaron sus existencias estimadas otro 10
por ciento, lo que hace que su pérdida neta equivalga a 5 mil 300
millones de barriles de crudo. Es aún más preocupante que Shell
anunciara en febrero que había podido restituir únicamente 45-55 por
ciento del crudo y el gas producidos en 2004, lo que representa una cifra
inesperadamente desalentadora.
Estas informaciones y otras
semejantes sugieren que las principales compañías petroleras privadas no
están pudiendo descubrir nuevas fuentes promisorias de petróleo, justo
cuando estalla la demanda por sus productos. Según un estudio reciente
publicado por PFC Energy, de Washington, DC, en los últimos 20 años las
principales firmas petroleras han estado produciendo y consumiendo el
doble del crudo que encuentran. ''En efecto -dice Mike Rodgers, autor del
informe- las existencias mundiales de crudo son todavía muy dependientes
de las posesiones de antaño, descubiertas durante los tiempos de auge en
la exploración''. Es cierto, las vastas reservas de petróleo no
explotado fueron descubiertas en aquellos ''tiempos de auge'', casi todas
en las décadas de los cincuenta y sesenta. Pero estas reservas, siendo
finitas, terminarán por agotarse y, si no se les restituye pronto, dejarán
al mundo ante un devastador aplastamiento energético.
La noción de que las existencias
del crudo mundial tienen mucha probabilidad de contraerse en los años
venideros es impugnada ardientemente por muchos de los analistas del
gobierno y la industria, que sostienen que hay muchos enormes yacimientos
por descubrir. ''¿Es lo suficientemente grande la base de los recursos
[para satisfacer la creciente demanda mundial]?, pensamos que sí'', afirmó
en diciembre el presidente de la ExxonMobil, Rex W. Tillerson. Pero otros
expertos tienen dudas acerca de esas afirmaciones y señalan las
desalentadoras tasas entre las reservas y sus restituciones. ''Ya se nos
acabaron los buenos proyectos'', dijo Matt Simmons, director del banco de
inversiones petroleras Simmons & Co. International. "No es un
problema de dinero... Si estas compañías tuvieran proyectos fantásticos,
estarían allá fuera [desarrollando nuevos campos petroleros]''.
Que las principales compañías
petroleras no avizoren nuevos yacimientos en los cuales invertir por ahora
es algo que queda sugerido en los informes donde se afirma que estas
empresas invierten sus colosales ganancias en megafusiones o en programas
de recompra de acciones, y no en la exploración o en el desarrollo de
yacimientos. Por ejemplo, ExxonMobil gastó 9 mil 950 millones de dólares
en comprar sus propias acciones en 2004, mientras ChevronTexaco invirtió
2 mil 500 millones en hacer lo mismo. Entretanto, se dice que varias
grandes compañías, incluida ChevronTexaco, le pusieron el ojo como
posible adquisición a Unocal Corp., una firma con sede en California.
ConocoPhillips anunció recientemente una inversión de 2 mil millones de
dólares en Lukoil, el gigante energético ruso. Estos movimientos
consumen los fondos que podrían haberse ido a la exploración de nuevos
yacimientos -lo cual es otro indicador de las menores expectativas que se
tienen en torno a nuevos hallazgos. ''Si tuvieran cosas atractivas en qué
invertir, invertirían hasta sus cabezas en ello'', explica el director
administrativo de PFC Energy, Gerald Kepes. Pero las grandes oportunidades
exploratorias del pasado ''se secaron en gran medida''.
Es cierto, por supuesto, que las
grandes firmas privadas en materia de energéticos se ven impedidas de
invertir en México, Venezuela y los países del Golfo Pérsico, donde el
desarrollo de campos petroleros es prerrogativa exclusiva de las compañías
propiedad del Estado. Por tanto, uno de los objetivos principales de la
política energética del gobierno de Bush es persuadir o forzar a estos
países a que abran sus territorios a la exploración por parte de las
firmas estadounidenses -las cuales, se alega, poseen el conocimiento
tecnológico avanzado que haría posible el descubrimiento de yacimientos
desconocidos. Pero los profesionales de los energéticos que manejan las
compañías propiedad de los Estados insisten en que no requieren ayuda
externa para buscar crudo y que ya tienen mapeadas las principales
posibilidades de sus países. En ellos también hay una disminución
pronunciada de los descubrimientos en los últimos diez años.
El declive mundial de los nuevos
hallazgos tiene profundas implicaciones para el abasto global de energía
y, por extensión, para la economía mundial. Debido al repunte reciente
en la demanda de energía en China y otros países que se desarrollan con
rapidez, el Departamento de Energía estadounidense (DE) prevé que, para
que puedan satisfacerse todas las futuras necesidades energéticas, la
producción mundial de crudo debe crecer 50 por ciento entre hoy y el año
2025: de unos 80 millones de barriles debe aumentar a 120 millones de
barriles diarios. Siendo éste un salto en la producción global, esos 40
millones de barriles extra, diarios, equivaldrían al consumo diario total
del mundo en 1969. Sin embargo, faltando esos nuevos hallazgos, es muy
probable que la industrial petrolera mundial no pueda proveer esta energía
adicional. Sin nuevos descubrimientos masivos de crudo, los precios subirán,
las existencias mermarán y la economía mundial se hundirá en una recesión
-o en algo peor.
¿Cuándo ocurrirá el clímax de
extracción petrolera?
Qué tan pronto ocurrirá el
aplastamiento energético y qué tan severo puede ser son materia de un
debate considerable. En gran medida, este debate gira en torno al concepto
de ''clímax petrolero'', o producción máxima sostenible diaria. En los
cincuenta, un geólogo del petróleo, M. King Hubbert, publicó una serie
de ecuaciones que muestran que la extracción de cualquier pozo o reserva
de crudo seguirá una curva parabólica en el tiempo. La producción
aumenta rápidamente después de la perforación inicial y luego pierde
fuerza conforme la extracción alcanza su máximo, su ''clímax'' o
''pico'' -como se le conoce por lo común. Este se alcanza casi siempre
cuando se ha extraído la mitad del monto total del petróleo de dicha
fuente- después de lo cual la producción cae a una tasa de caída más y
más pronunciada. En 1956, y usando estas ecuaciones, Hubbert predijo que
la producción de crudo convencional (es decir líquido) en Estados Unidos
tendría un pico o clímax a principios de los setenta. Su predicción
provocó mucha mofa en esa época, pero le dio gran renombre cuando en
efecto la extracción estadounidense llegó a su nivel pico en 1972.
Debido a los insuficientes datos que había entonces, Hubbert no pudo
aplicar sus ecuaciones a la producción no estadounidense. Sin embargo, él
predijo que la producción global -al igual que la estadounidense-
alcanzaría eventualmente su nivel pico y después iniciaría su declive
irreversible.
Hoy el concepto de nivel pico, o clímax
global de crudo, es ampliamente aceptado en el campo energético, pese a
que el debate sigue candente en torno a cuándo habrá de ocurrir en los
hechos. Aquellos que consideran que las existencias petroleras son
abundantes tienden a fijar esa fecha en el futuro, muy fuera de nuestras
preocupaciones inmediatas. El DE, por ejemplo, afirma en su International
Energy Outlook 2004 (un documento de perspectivas internacionales de
energía) que espera que el ''clímax del crudo convencional llegue hacia
la mitad, y no al principio, del siglo XXI''. Pero otros analistas no son
tan sanguíneos. ''Es mi opinión que el nivel pico ocurrirá a fines de
2005 o en los primeros meses de 2006'', dice el geólogo de Princeton,
Kenneth S. Deffeyes, en su nuevo libro, Beyond Oil. Una estimación
más conservadora es la de Mike Rodgers, de PFC Energy, que localiza el
nivel pico en algún periodo en la vecindad de 2010 y 2015. Si cualquiera
de estas predicciones resulta precisa, las existencias globales de crudo
nunca podrán trepar lo suficiente como para satisfacer los elevados
niveles de consumo proyectados por el DE para 2025 y más allá.
En este asunto crítico la posición
que uno asuma depende de la estimación que cada quien haga de cuánto
petróleo poseía la Tierra originalmente. Algunos, como Deffeyes, que
afirman que el nivel pico llegará pronto, creen que el legado petrolífero
sumaba, a grandes rasgos, unos 2 billones de barriles al momento en que
comenzó la perforación comercial en 1859. Desde entonces hemos consumido
unos 950 mil millones y hoy nos estamos quemando 30 mil millones de
barriles al año, lo que nos coloca en el escenario de estar a la mitad de
la extracción total del mundo -y como tal el nivel pico de producción se
halla a uno o dos años de distancia.
Otros, aquellos que piensan que el
nivel pico del crudo está todavía a distancia segura, alegan que el
legado petrolífero del mundo era más cercano a los 3 billones de
barriles. Esta cifra, más optimista, incluye los 950 mil que ya
consumimos, las reservas ''probadas'' que son de 1.15 billones y los
yacimientos por descubrir, que se supone añaden otros 900 mil millones de
barriles. Esta última cifra, debe decirse, representa el equivalente de
todo el crudo conocido en Medio Oriente, Asia y África combinadas.
¿Dónde pueden estar estas
reservas gigantes no descubiertas? No es ésta una pregunta inútil, pues
las principales compañías petroleras del mundo han tallado el mundo
entero durante más de un siglo en busca de nuevas fuentes de abasto -y en
años recientes regresan virtualmente con las manos vacías. Es cierto, ha
habido algunos hallazgos impresionantes -en el orden de los mil millones
de barriles- cerca de la costa occidental de África, y se descubrió un
yacimiento enorme (el campo de Kashagan, con 10 mil millones de barriles)
en el mar Caspio, en Kazajstán.
Los otros descubrimientos recientes
han sido relativamente pequeños, y con frecuencia se localizan en aguas
profundas en mar abierto o en algunas otras locaciones remotas donde los
costos de producción son altos. ''La razón por la que no crecen [las
inversiones]'', observa Mike Rodgers, ''es que en muchas regiones del
mundo los yacimientos se han vuelto tan pequeños que aunque fuera posible
perforar un pozo y lograr una tasa positiva de recuperación, el valor de
incremento no significa tanto''. Por supuesto, es concebible que Irak y
Arabia Saudita alojen grandes yacimientos que no fueron descubiertos en
las primeras barridas. Tal vez pudieran localizarse mediante el uso de
avanzada tecnología sísmica, como afirma el gobierno de Bush.
Sin embargo, si juntamos todo lo
anterior, ni remotamente se acerca a la escala de descubrimientos
requerida para generar 900 mil millones de barriles adicionales de crudo,
lo que hace tan significativos los informes recientes de las compañías
petroleras. Si las estimaciones más optimistas en torno al petróleo
global están en el rango correcto, debiera ser razonable que las compañías
más importantes encontraran cada año más crudo del que han estado
produciendo, pero es justamente lo opuesto a lo ocurrido en los últimos
20 años. Si esto continúa así, es difícil imaginar que el nivel pico
del crudo esté tan lejos en el futuro.
A largo plazo, ya no importará que
el nivel pico llegue en 2005, 2010 o 2015, o que el máximo nivel de
extracción diaria resulte ser de 90 o 100 millones de barriles. En
cualquiera de estos escenarios, la producción global de crudo se nivelará
y comenzará a declinar, lo que no podrá empatar la demanda mundial
anticipada de 120 millones de barriles diarios para 2025. Es cierto, algo
de este déficit puede ser absorbido por el desarrollo acelerado de
''combustibles petrolíferos no convencionales'' -condensados líquidos de
la producción de gas natural, combustibles derivados de arenas
alquitranadas y de pizarras petrolíferas, líquidos extraídos del carbón
y similares- pero es excesivamente costoso producir estos materiales y su
manufactura entraña muchos riesgos ambientales como para que sean
sustitutos prácticos del crudo convencional.
Aun con una producción mayor de
tales sustitutos, la inevitable contracción en las existencias mundiales
de petróleo sólo se pospondrá unos cuantos años. Eventualmente, los
científicos y los ingenieros podrían desarrollar fuentes totalmente
nuevas de energía -por ejemplo, sistemas geotérmicos, de biomasa o con
base en el hidrógeno- pero a las tasas actuales de desarrollo, ninguna de
estas alternativas estará disponible en la escala suficiente cuando los
productos del petróleo comiencen a ser escasos.
Así, aunque en este momento los
principales accionistas de Exxon, Chevron y otros gigantes del petróleo
se animen, el resto de nosotros quedamos muy perturbados por los informes
recientes. Pese a todo el optimismo de Washington, estamos ante una
amenaza inescapable y sustancial: la escasez global de energía, que sólo
traerá penosas consecuencias para nuestra economía y la del resto del
mundo. De hecho, vemos los primeros síntomas hoy, con el aumento de los
precios en la gasolinera del vecindario y con la caída perceptible en el
gasto de los consumidores.
Esta escasez próxima no puede
evadirse con sólo desearlo ni puede borrarse perforando en el refugio
nacional ártico de la vida silvestre, que contiene tan poco petróleo que
no hace diferencia significativa en las existencias estadounidenses. Sólo
un ambicioso programa en materia de conservación de la energía -que
entrañe la imposición de estándares mucho más estrictos de eficiencia
en los combustibles usados en los automóviles estadounidenses y en los
SUVs- y un financiamiento masivo en investigación y desarrollo y luego un
despliegue de gran escala de combustibles alternativos, ambientalmente
amigables, pueden ofrecer la esperanza de evitar el desastre que de otra
manera se avecina.
(*) Michael T. Klare es profesor de
estudios de paz y seguridad mundial en el Hampshire College y autor de
Blood and Oil: The Dangers and Consequences of America's Growing Petroleum
Dependency (Metropolitan Books).
|
|